El origen del gnomo se encuentra en la fusión de los enanos herreros escandinavos con el concepto del alquimista Paracelso de criatura elemental de la tierra, que más tarde la tradición europea asimiló con seres en nítida conexión de criaturas que habitan bajo tierra o en intimidad con la tierra e ingeniosos en los oficios. Posteriormente, en tiempos de la literatura fantástica moderna, Margaret Weis & Tracy Hickman retomaron al gnomo como una criatura ingeniosa vinculada con una tecnología preindustrial limitada en su evolución por el absurdo y el ridículo, y que toma en su vida una tediosa tarea académica en claro contraste con el entorno heroico de su universo.
En la versión de Tierra de Quimeras*, el gnomo de Weis & Hickman sublima el absurdo y el ridículo en una criatura de naturaleza enfermiza y sufriente condenada a padecer: el cabello se les cae antes de los veinte años y pueden vivir muchos miles más, en los que todas las enfermedades y penurias posibles los alcanzarán, pero sin morir de ellas, pues poseen una cualidad casi inmortal. Viven aterrados de todos y de todo: un halfling es para ellos como un ogro glotón y un ogro es el equivalente a un dragón que huele a leche pasada.
En contrapartida, el gnomo quësdaller, que se dedica a cualquier oficio no vinculado con las profesiones de peligro, alcanza una maestría supraterrena inimitable por cualquier otra especie. Por otra parte, también son lo inventores de la burocracia (o la burocracia quizá los inventó a ellos), que sostiene de modo casi invisible los grandes imperios o cualquier empresa más grande que una tienda familiar, siendo la burocracia misma un reflejo de su gris existencia, que parece aún más eterna entre sellos y papeleos que llegado el momento podrían parar un asteroide a punto de colapsarse contra la tierra, si no tiene “el permiso de destrucción masiva correspondiente”.
Sus nombres ejemplifican su naturaleza: todos se llaman como sus padres, pero llevan como apellidos el número consecutivo de sus predecesores, es decir, alguna vez hubo los primeros Svarts, Smugle, Plung, Auhg! y sus hijos se llamaron Svarts 2, Smugle 2, Plung 2, Auhg!2**.
Su aspecto es casi hegemónico en toda la especie: de 20 a 60 cm de altura, escuálidos, de piel grisácea enfermiza, con largas narices goteantes, ojos llorosos y voces gimoteantes; visten larguísimos gorros de tipo liripipe y pantalones o mallas donde algo mal les cuelga dentro, y usaron moño desde su origen hasta que hace diez mil años hubo una revuelta en el mundo de su moda y pasaron a la corbata**. Su olor natural es nauseabundo y cualquiera que entre en contacto con sus calcetines penderá de ese olor por siempre, así lo bendigan los arcángeles (que también le huirán al calcetín). Las hembras de su especie, sin embargo, son notablemente más fuertes, bravas y gruñonas, constituyendo casi el peor de los males de los varones.
Los duendes de travesura eterna, inmadurez proverbial y volatibilidad total, constituyen el opuesto complementario con los gnomos y usualmente se les encuentran en las mismas comunidades, pues nadie puede soportarlos a ambos mucho tiempo, salvo ellos mismos.
En otras palabras, el gnomo quesdaller pertenece a la tierra, sí, pero a la que se limpia uno de entre los dedos de los pies.
Y este es un día normal en la vida de uno de ellos:
Svart 654 se despierta antes del alba con el cucú y maldice su existencia. Tiene una nueva dolencia que no lo dejó dormir bien y la almohada pegada a la cara; tarda en despegársela y, al tomarse sus medicinas, descubre angustiado que se le están acabando.
Saldría a recoger el periódico El Mandra-Gore, pero el brownie vecino del barrio subterráneo está afuera y lo mira desde la ventana hasta que la calle se queda sola. Una vez que recoge el periódico resulta ser casi demasiado pesado para él y, de vuelta a su casa, descubre que le falta una página en las tiras cómicas.
Se despierta su mujer, Frowny 2222, y empiezan los problemas. Huye casi al acto, y en la calle descubre que ha olvidado su corbata, hecho que lo atormentará el día entero.
En el transporte público de barriles de topo, lo pisotean unos enanos mineros, se le pasa la estación y llega tarde a su trabajo. El capataz trasgo lo amedrenta por haberse retrasado y no llevar corbata, y ante las amenazas de ser enviado de vuelta, Svart 654 suplica para no tener que enfrentar a su mujer, “esa vieja arpía”. Lo perdonan, pero lo mandan por café. Cuando lo trae de vuelta, está frío.
Su trabajo consiste en ensamblar diminutas piezas de una maquinaria inmensa de la que desconoce su función, pero Svart 654 asume estoicamente el tedio sempiterno, porque se sabe él mismo como una diminuta pieza de la maquinaria del universo… a la que le falta grasa.
Se machuca un dedo y cómo teme peder la mano, acude a la enfermería, donde hay una larga fila de gnomos. Llegado el turno, la enfermera leprechaun lo envía de vuelta ninguneando la herida, pero a la salida sufre un grave ataque de tos por causa de la contaminación que producen las máquinas. La tos se le cruza con hipo nervioso, y por ello esta vez logra ser canalizado para obtener una receta.
Más medicinas para su botiquín personal, sólo ocho paquetes. Cuando va de regreso a su plaza, se le caen por una inmensa escalera y tiene que descender hasta las profundidades para recogerlas, y ahí descubre que uno de los frascos se atoró en un engranaje de la gigantesca maquinaria, paralizando el sector entero.
Regresa aterrado y colmado por la culpa a su puesto de trabajo. Huiría, pero hay un contrato de por medio. Esta vez el trasgo está muy enojado por la tardanza y no se aplaca hasta que le bolea los zapatos. La maquinaria se ha averiado gravemente y no hay caso, le descuentan el día y lo mandan a la calle con sus compañeros de trabajo, que deciden irse a un billar para despotricar sobre el trasgo. Svart 654 detesta sociabilizar pero no quiere ir a casa y, sin embargo, no puede ir al billar sin corbata, así que corre a comprarse una.
Las tiendas han cerrado y acude a la sastrería, donde un halfling le improvisa una que no van con sus calcetines. Se está tomando tarde su medicina para cuando regresa al billar y, por una vez ,parece comenzar a ganar la partida, cuando siente que la gangrena devora el dedo herido y pierde el juego.
Acude al doctor kobold y en la sala de espera descubre que tiene un nuevo dolor en la rodilla. El doctor le dice que sus dolencias carecen de importancia, pero le descubre angina de pecho. Le receta unas nuevas píldoras, pero que para adquirirlas necesita el papel rosa del ministerio de la caverna.
En el ministerio tiene suerte: sólo doscientas personas en la fila. Espera hasta que la rodilla lo tortura y, al final de la cola, se entera de que la ventanilla correcta es la de al lado, todo este tiempo vacía y que ahora está a punto de cerrar. Suplica a la secretaria sapo hasta que logra condolerse de su caso, pero en la revisión le evidencia que le falta el sello de la procuraduría de bienes etéreos y le cierran la ventanilla en las narices.
Es muy tarde para regresar al médico. Su mujer le encargó pasar al mercado, pero la perspectiva siniestra de encontrarse con una avalancha de latas, gusanos colmilludos en la tierra de las papas o apios cadáveres errantes lo evade.
Entonces aparecen unos aventureros que en la mañana detuvieron los barriles topo para salvar a una amiga amarrada a las vías, que después aprovecharon el gran apagón de la maquinaria para robar un tornillo mágico y que ahora huyen de una refriega en el mercado. Uno de ellos se tropieza con nuestro gnomo y lo arrastra atorado en la hebilla de sus botas hasta encontrar un pozo donde se arrojan para nadar y buscar un pasaje a la superficie, dejando sus botas atrás. Aunque jamás lo notaron, Svart 654 está convencido de que lo secuestraron y huye a su casa arrastrando la bota, corriendo con la lentitud de un mal sueño.
Gran problema con su mujer porque no ha traído el mandado. Le cuenta la historia del rapto pero ella no cree una sola palabra. Ninguna gnoma creería “la clásica de aventureros”, pues ninguna ha visto jamás a uno de ellos y saben que no existen. Frowny 2222 habló por libélula al trabajo y se enteró de que salió temprano. Está hecha una furia. A Svart 654 le da un ataque de tos e hipo, esta vez de verdad fuerte, pero ella no le cree nada y le tira la cena por la ventana.
Svart 654 se refugia en su taller, donde se dedica a hacer barquitos dentro de botellas. Los últimos cincueta años ha estado trabajando en una réplica del galeón Camorroso del famoso capitán Ñokis. Es bellísimo, pero nadie lo aprecia y estará a punto de terminarlo en cuanto detalle los tachones de la cofa.
Entonces viene la segunda y peor parte de la pelea marital, y como Svart 654 finge no escucharla, su esposa arroja la botella contra el muro…
No dormirá esa noche.
* Tierra de Quimeras es una comunidad artística vinculada por creaciones multidisciplinarias entrelazadas mediante la continuidad narrativa del juego de rol de la ciudad de México; fue constituida a inicios de la década de los 90. En el escultor Emiliano Ortega Rousset recae el mérito y la culpa de esta versión gnómica.
** Hay quien dice que cuando cayó el reino interplanar de Topacios devastado por un Demonio de Demonios, dejaron el moño para pasar desapercibidos debajo de sus narices, porque en sus credenciales estaban retratados con moño.