Fuentes web
Entradas
Comentarios

El origen del gnomo se encuentra en la fusión de los enanos herreros escandinavos con el concepto del alquimista Paracelso de criatura elemental de la tierra, que más tarde la tradición europea asimiló con seres en nítida conexión de criaturas que habitan bajo tierra o en intimidad con la tierra e ingeniosos en los oficios. Posteriormente, en tiempos de la literatura fantástica moderna, Margaret Weis & Tracy Hickman retomaron al gnomo como una criatura ingeniosa vinculada con una tecnología preindustrial limitada en su evolución por el absurdo y el ridículo, y que toma en su vida una tediosa tarea académica en claro contraste con el entorno heroico de su universo.

En la versión de Tierra de Quimeras*, el gnomo de Weis & Hickman sublima el absurdo y el ridículo en una criatura de naturaleza enfermiza y sufriente condenada a padecer: el cabello se les cae antes de los veinte años y pueden vivir muchos miles más, en los que todas las enfermedades y penurias posibles los alcanzarán, pero sin morir de ellas, pues poseen una cualidad casi inmortal. Viven aterrados de todos y de todo: un halfling es para ellos como un ogro glotón y un ogro es el equivalente a un dragón que huele a leche pasada.

En contrapartida, el gnomo quësdaller, que se dedica a cualquier oficio no vinculado con las profesiones de peligro, alcanza una maestría supraterrena inimitable por cualquier otra especie. Por otra parte, también son lo inventores de la burocracia (o la burocracia quizá los inventó a ellos), que sostiene de modo casi invisible los grandes imperios o cualquier empresa más grande que una tienda familiar, siendo la burocracia misma un reflejo de su gris existencia, que parece aún más eterna entre sellos y papeleos que llegado el momento podrían parar un asteroide a punto de colapsarse contra la tierra, si no tiene “el permiso de destrucción masiva correspondiente”.

Sus nombres ejemplifican su naturaleza: todos se llaman como sus padres, pero llevan como apellidos el número consecutivo de sus predecesores, es decir, alguna vez hubo los primeros Svarts, Smugle, Plung, Auhg! y sus hijos se llamaron Svarts 2, Smugle 2, Plung 2, Auhg!2**.

Su aspecto es casi hegemónico en toda la especie: de 20 a 60 cm de altura, escuálidos, de piel grisácea enfermiza, con largas narices goteantes, ojos llorosos y voces gimoteantes; visten larguísimos gorros de tipo liripipe y pantalones o mallas donde algo mal les cuelga dentro, y usaron moño desde su origen hasta que hace diez mil años hubo una revuelta en el mundo de su moda y pasaron a la corbata**. Su olor natural es nauseabundo y cualquiera que entre en contacto con sus calcetines penderá de ese olor por siempre, así lo bendigan los arcángeles (que también le huirán al calcetín). Las hembras de su especie, sin embargo, son notablemente más fuertes, bravas y gruñonas, constituyendo casi el peor de los males de los varones.

Los duendes de travesura eterna, inmadurez proverbial y volatibilidad total, constituyen el opuesto complementario con los gnomos y usualmente se les encuentran en las mismas comunidades, pues nadie puede soportarlos a ambos mucho tiempo, salvo ellos mismos.

En otras palabras, el gnomo quesdaller pertenece a la tierra, sí, pero a la que se limpia uno de entre los dedos de los pies.

Y este es un día normal en la vida de uno de ellos:

Svart 654 se despierta antes del alba con el cucú y maldice su existencia. Tiene una nueva dolencia que no lo dejó dormir bien y la almohada pegada a la cara; tarda en despegársela y, al tomarse sus medicinas, descubre angustiado que se le están acabando.

Saldría a recoger el periódico El Mandra-Gore, pero el brownie vecino del barrio subterráneo está afuera y lo mira desde la ventana hasta que la calle se queda sola. Una vez que recoge el periódico resulta ser casi demasiado pesado para él y, de vuelta a su casa, descubre que le falta una página en las tiras cómicas.

Se despierta su mujer, Frowny 2222, y empiezan los problemas. Huye casi al acto, y en la calle descubre que ha olvidado su corbata, hecho que lo atormentará el día entero.

En el transporte público de barriles de topo, lo pisotean unos enanos mineros, se le pasa la estación y llega tarde a su trabajo. El capataz trasgo lo amedrenta por haberse retrasado y no llevar corbata, y ante las amenazas de ser enviado de vuelta, Svart 654 suplica para no tener que enfrentar a su mujer, “esa vieja arpía”. Lo perdonan, pero lo mandan por café. Cuando lo trae de vuelta, está frío.

Su trabajo consiste en ensamblar diminutas piezas de una maquinaria inmensa de la que desconoce su función, pero Svart 654 asume estoicamente el tedio sempiterno, porque se sabe él mismo como una diminuta pieza de la maquinaria del universo… a la que le falta grasa.

Se machuca un dedo y cómo teme peder la mano, acude a la enfermería, donde hay una larga fila de gnomos. Llegado el turno, la enfermera leprechaun lo envía de vuelta ninguneando la herida, pero a la salida sufre un grave ataque de tos por causa de la contaminación que producen las máquinas. La tos se le cruza con hipo nervioso, y por ello esta vez logra ser canalizado para obtener una receta.

Más medicinas para su botiquín personal, sólo ocho paquetes. Cuando va de regreso a su plaza, se le caen por una inmensa escalera y tiene que descender hasta las profundidades para recogerlas, y ahí descubre que uno de los frascos se atoró en un engranaje de la gigantesca maquinaria, paralizando el sector entero.

Regresa aterrado y colmado por la culpa a su puesto de trabajo. Huiría, pero hay un contrato de por medio. Esta vez el trasgo está muy enojado por la tardanza y no se aplaca hasta que le bolea los zapatos. La maquinaria se ha averiado gravemente y no hay caso, le descuentan el día y lo mandan a la calle con sus compañeros de trabajo, que deciden irse a un billar para despotricar sobre el trasgo. Svart 654 detesta sociabilizar pero no quiere ir a casa y, sin embargo, no puede ir al billar sin corbata, así que corre a comprarse una.

Las tiendas han cerrado y acude a la sastrería, donde un halfling le improvisa una que no van con sus calcetines. Se está tomando tarde su medicina para cuando regresa al billar y, por una vez ,parece comenzar a ganar la partida, cuando siente que la gangrena devora el dedo herido y pierde el juego.

Acude al doctor kobold y en la sala de espera descubre que tiene un nuevo dolor en la rodilla. El doctor le dice que sus dolencias carecen de importancia, pero le descubre angina de pecho. Le receta unas nuevas píldoras, pero que para adquirirlas necesita el papel rosa del ministerio de la caverna.

En el ministerio tiene suerte: sólo doscientas personas en la fila. Espera hasta que la rodilla lo tortura y, al final de la cola, se entera de que la ventanilla correcta es la de al lado, todo este tiempo vacía y que ahora está a punto de cerrar. Suplica a la secretaria sapo hasta que logra condolerse de su caso, pero en la revisión le evidencia que le falta el sello de la procuraduría de bienes etéreos y le cierran la ventanilla en las narices.

Es muy tarde para regresar al médico. Su mujer le encargó pasar al mercado, pero la perspectiva siniestra de encontrarse con una avalancha de latas, gusanos colmilludos en la tierra de las papas o apios cadáveres errantes lo evade.

Entonces aparecen unos aventureros que en la mañana detuvieron los barriles topo para salvar a una amiga amarrada a las vías, que después aprovecharon el gran apagón de la maquinaria para robar un tornillo mágico y que ahora huyen de una refriega en el mercado. Uno de ellos se tropieza con nuestro gnomo y lo arrastra atorado en la hebilla de sus botas hasta encontrar un pozo donde se arrojan para nadar y buscar un pasaje a la superficie, dejando sus botas atrás. Aunque jamás lo notaron, Svart 654 está convencido de que lo secuestraron y huye a su casa arrastrando la bota, corriendo con la lentitud de un mal sueño.

Gran problema con su mujer porque no ha traído el mandado. Le cuenta la historia del rapto pero ella no cree una sola palabra. Ninguna gnoma creería “la clásica de aventureros”, pues ninguna ha visto jamás a uno de ellos y saben que no existen. Frowny 2222 habló por libélula al trabajo y se enteró de que salió temprano. Está hecha una furia. A Svart 654 le da un ataque de tos e hipo, esta vez de verdad fuerte, pero ella no le cree nada y le tira la cena por la ventana.

Svart 654 se refugia en su taller, donde se dedica a hacer barquitos dentro de botellas. Los últimos cincueta años ha estado trabajando en una réplica del galeón Camorroso del famoso capitán Ñokis. Es bellísimo, pero nadie lo aprecia y estará a punto de terminarlo en cuanto detalle los tachones de la cofa.

Entonces viene la segunda y peor parte de la pelea marital, y como Svart 654 finge no escucharla, su esposa arroja la botella contra el muro…

No dormirá esa noche.


* Tierra de Quimeras es una comunidad artística vinculada por creaciones multidisciplinarias entrelazadas mediante la continuidad narrativa del juego de rol de la ciudad de México; fue constituida a inicios de la década de los 90. En el escultor Emiliano Ortega Rousset recae el mérito y la culpa de esta versión gnómica.

** Hay quien dice que cuando cayó el reino interplanar de Topacios devastado por un Demonio de Demonios, dejaron el moño para pasar desapercibidos debajo de sus narices, porque en sus credenciales estaban retratados con moño.

Los reyes de las hadas

Las olas dependen de la luna, los vientos y las corrientes submarinas.

Los terremotos obedecen a los apretujamientos de las montañas y los flujos de jugos minerales en el interior de la tierra.

Las auroras boreales brotan al son de las noches, cuando los fríos así lo mandan.

Si las olas son nereidas, los terremotos titanes enterrados y la aurora boreal el manto del ángel púrpura, podemos imaginar que sirven respectivamente al hada de plata de la luna, La medusa de Magma sirvienta del herrero del mundo y a la dama del invierno que petrifica el mundo en nieve con su mirada…

Pero, ¿a quién sirven aquellos que completan con detalles el mundo?

¿A quién sirven los gutiplunques?

Aquellas criaturas del rincón que caben en los bolsillos y habitan en las cajetillas de cerillos, son de distintos lares y nombres en todo el mundo, pero lo que aquí nos cabe es mirar a los hijos de una Europa noroccidental (¿Noraccidental?) donde los cuentos de hadas, elfos y duendes acuñaron tales nombres:

Los celtas son aquellos pueblos que antes del medioevo se regían por druidas, sacerdotes de los árboles y que primero pusieron nombres a sus espadas. El rey Arturo es cuento celta.

Y según sus leyendas, en la isla esmeralda de Erin (Irlanda), los Thuatha de Danan fueron un pueblo hermoso y poderoso que llegó del Oeste de Tir-Nan-Ogh “El reino de lo jóven” y que rigió hasta que los gigantes Formore emergieron del mar y arrinconaron a los Thuatha de Danan bajo las colinas huecas, donde pasaron a llamarse sidhe, que significa en céltico irlandés: Hada. Y esas hadas servían a Danan, “La Madre Tierra”, que también llamaron luego Dagda “El Padre”.

En las colinas forestadas de Prydain en tanto (Gales), se decía que Arawn, señor astado del inframundo de Annwn surgía del bosque junto con sus huestes, y que cualquiera que se extraviara en la bruma hacia el oeste, viajaría al otro mundo, donde las hadas y los elfos aún habitan.

Incluso mucho tiempo más tarde, cuando los franceses invadieron Inglaterra y la colonizaron con su linaje de reyes a los que pertenecería Ricardo Corazón de León, las leyendas hablaban de “Robin-Good-fellow” un niño hada intercambiado en la cuna por un hijo humano, que sirvió al señor astado de los bosques para defender a los oprimidos y marcar su nombre por siempre como Robin Hood.

El pueblo escandinavo sin embargo, cuenta lo propio; las tribus más norteñas de entre ellos fueron los vikingos sin miedo que dominaron los mares y encontraron América, asaltando y sacudiendo Europa con sus saqueos y quienes decían que el universo era un gigantesco árbol de fresno, donde entre las ramas estaba el Valhalla, el palacio de sus dioses guerreros al que se accedía por un arcoiris y que debajo de sus nueve raíces se encontraba Niflheim, el infierno, mientras que el reino de los hombres era la tierra de en medio Midgard, la Tierra Media, bordeada por Jütenheim por un lado, donde habitan los gigantes y por Alfheim quizá al oeste…

Alfheim, donde habitan los alp, los alf, los elf.

Alfheim donde habitan los elfos y cuya reina Gerdaes luz de árbol del cosmos.

Sobre estos mitos y leyendas, escritores ingleses de mucho más tarde, volvieron a tocar a los regentes de las hadas y gutiplunques:

Sir Thomas Malory en el renacimiento escribió Le Mort´Darthur, compendiando con gran herencia y talento el ciclo artúrico. Allí El rey es la tierra de Inglaterra misma, y que durante todo su reinado fue auxiliado por damas de lago y hadas que finalmente lo rescataron de su agonía para llevárselo al oeste a la isla de Avalón.

William Shakespeare durante el siglo de oro isabelino escribió “Sueño de una noche de verano” para teatro, donde el rey Oberon y Titania son los señores de todas las criaturas feericas en una parodia de los correteos de la corte, acaso.

Rudyard Kipling en el siglo XIX escribió “Puck” donde aquella suerte de duende es el más hábil y mañoso señor de las historia que constituyen a Inglaterra, como un príncipe de los cuentos.

Y J.R.R. tolkien en la segunda mitad del siglo XX compiló en una espiral narrativa en ciclos que repiten lo mitológico en lo poético en su obra, lo élfico es la memoria de la palabra que es natura y luz creación, y hay un rey y una reina cada vez más sutiles conforme la historia avanza, reyes de mito, después de leyenda y al final de cuento:

Manwë & Elbereth son espíritus, dioses o hadas mayores regentes de los vientos y las estrellas respectivamente, que circunscriben al mundo al que rigen desde el Oeste, más allá de Avallónë, en la Tierra Imperecedera.

Thingol & Melian, señor de los elfos y reina hada más tarde rigen sobre los bosques antiguos al oeste de la Tierra Media, donde nadie puede entrar sin su venia, salvo un hombre que traspasó la frontera para enamorar a su hija y engendrar un linaje que no se apagará jamás.

Celeborn & Galadriel durante los tonantes días en que transcurre El Seños de los Anillos, son los reyes y guardianes de la memoria de lo élfico, de la palabra que es oeste.

Finalmente Aragorn & Arwen quedarán para regir a los hombres en la paz, como el rey Arturo y sus hadas.

Pero, cuentos más, leyendas menos… ¿Quiénes son el rey y la reina de las hadas y gutiplunques?

El rey es siempre el principio masculino del padre, el guerrero y cazador proveedor, es el señor de los hechos de la tierra viva. El dragón de los bosques. El dragón que es el bosque. El bosque que contiene la memoria colectiva de los mitos.

El rey es la memoria en el bosque mismo.

La reina, principio femenino de la madre, la amante e hija, es la dadora de vida y dones rodeada del glamm, el encantamiento y maravilla que producía su belleza y que es capaz de trastornar y transformar a cualquier hombre para bien o para mal, según sea el encuentro. Ese es el glamour* del hada. Y ante ese glamour todo es como en un sueño verdadero. Y el sueño es el enlace espiritual de las verdades subyacentes del mundo que le hablan a los mortales. Y durante el sueño, a veces se alcanza el recodo donde todo es armonía como fue en un origen. Eso es Avalón, más allá de la muerte y de los sueños.

La reina es el ensueño que atisba desde el oeste.

Sueño y memoria son palabra e imaginación, que habitan en todo cuento.

Y los cuentos de hadas, siempre miran al oeste.


* Y que ¡Ay! Hoy se entiende solo en el concepto de las modas como “sofisticación” y “snobismo de elite”… Sin embargo hay quien dice que los vestidos de novia con todos sus velos y parafernalia, buscaban equipararse al glamour de un hada ante el altar.

…“La literatura fantástica se caracteriza

por la utilización de magia y formas sobrenaturales

como elemento primario de argumento, temática o ambiente”…

…”La ciencia ficción es un género especulativo

donde los relatos presentan el impacto de avances científicos

y tecnológicos presente o futuros, sobre la sociedad o los individuos”…

…”Se llama género de terror a un relato que tiene como objetivo

provocar una sensación de miedo extremo en el lector*”…

Pero, ¿Qué tal un relato donde partir de magia aplicada a tecnología, cuando el ser humano ha aprendido a controlar las fuentes de energía que emanan del espíritu (como en los monjes budistas) y que durante un viaje espacial, el arquetipo del dragón se manifiesta en la nave tomando una forma de vida cruenta encarnando los desechos de las almas humanas utilizadas para su funcionamiento, en tanto una computadora maestra femenina y bella es cual un hada, la única esperanza de los astronautas entre vampiros de informática y cadáveres de disco duro que desconfiguran nuestra realidad con una narrativa detallada, naturalista y siniestra?

Las clasificaciones de la literatura, las hacen quienes quieren saber que productos están vendiendo o comprando y los críticos que necesitan una taxonomía inmóvil que soporte la autopsia del texto muerto.

En el caso de los llamados géneros de “Fantasía”, “Ciencia Ficción” y “Horror”, han terminado en el mismo anaquel de las librerías más por apariencia de “obra de imaginación” que por virtud de la obra misma.

Pero imaginario es también una ecuación, las partituras de una pieza musical e incluso las acciones de compra venta de las empresas que dominan el mundo.

Pero así mismo todas las novelas y cuentos, así sean un relato verídico fiel, es un proceso de abstracción e imaginación. De ficción. Y ni siquiera la llamada “realidad” es absoluta. En la India vivir en un iglú es imaginario, en Japón un vaquero es imaginario, en México la democracia es imaginaria.

Y todo se le atribuye al “género” literario… Veamos:

La literatura fantástica, proviene de una larga herencia de reinterpretación de mitos y leyendas noroccidentales-europeas (para englobar en una sola tirada poco elegante a las olas de migraciones célticas, escandinavas, germánicas, sajonas) inspiradas así mismo en las épicas mediterráneas cual La Iliada cuyo padre mayor lo es también de toda la literatura: La epopeya de Gilgamesh.

Y ciertamente la continuidad de elementos narrativos arquetípicos, como el dragón, la lucha a espadas y las hadas son instrumentos finitos que cada escritor aprovecha para interpretarlos de modo distinto, pero ¿son las espadas, las hadas y los dragones lo que definen a la fantasía como género?… En Star Wars también tiene espadas laser, la reina Amidala viste con el encanto y de un hada y cada monstruo que amenaza con comerse las naves es una suerte de proto-dragón… los ewoks mismos podrían emigrar a cualquier novela de fantasía hallándose de lo mejor. Y Star Wars es acaso el fenómeno mediático mundial más entendido como “Ciencia Ficción”, aunque los puristas de la ciencia Ficción insisten en llamarle “Space Opera” precisamente porque definen la principal cualidad de la literatura de ciencia ficción, como ficción aplicada a la ciencia para imaginar tecnología probable (como alguna vez fue el caso del submarino y la nave espacial) y que la tecnología de Star Wars es sólo añadido al escenario.

En tanto es precisamente el escenario la significación más importante y continua de la fantasía, pero no me refiero a castillos y ropajes medievales, sino al entorno, a la ecología: En la literatura fantástica, la vida de la naturaleza es capaz de ser comprendida o involucrada con los protagonistas, porque las fuerzas naturales toman voces, ideologías, costumbres y lenguas propias. Las hadas son emanación de los bosques, los dragones descienden de las cañadas como glaciares, el unicornio surge de la espuma del mar… Y así mismo este código de interpretación del mundo tan afín con la sabiduría antigua de muchos pueblos aborígenes e indígenas del mundo, llevan a la interiorización del individuo a través de su contacto con la naturaleza, tomando parte de ella, hallando los protagonistas en sus dramas, los modos de restituir la alteración de las mismas.

En tanto, la ciencia ficción comprende su entorno, no como las montañas y los cielos inmediatos, sino que sitúan al hombre ante la infinitud quántica del universo donde la tecnología probable es acaso muchas veces la alegoría de la complejidad y posibilidades del alma y el raciocinio humano, de la potencia de alcanzar el vacío con la fragilidad de la carne y la inmensidad del ingenio en el viaje del hombre como especie en el mar del tiempo viajando en esta inmensa piedra-mundo a través del cosmos.

¿Y la literatura de Horror?

Crear miedo no es una expresión estética o un género literario en sí, sino acaso un estilo narrativo para causar un efecto, sin embargo, del mismo modo en que la fantasía se le ha circunscrito una resolución de espadas, hadas y dragones y a la ciencia ficción la tecnología, las pistolas de rayos y los viajes interespaciales, igualmente el nicho de los relatos sobre vampiros ha quedado etiquetado bajo la marca del género de “horror”, donde el autor elige la perspectiva narrativa de entidades y criaturas que comúnmente podrían ser entendidas como “del mal” o “de la sombra”, pero que son arquetipos brotados de las penumbras del alma humana, donde de pronto los muertos, los demonios y los monstruos tienen tanto que decir del modo estético como se plantee, como la natura en la fantasía o el ingenio humano en la tecnología probable… Sin embargo, hay un elemento narrativo que a parta a los relatos de horror con ambos: La aparición de una criatura extraña. En la fantasía puede ser un duende y en la ciencia ficción un ser plano y transparente de otro planeta, sin embargo en ambos casos, esa criatura extraña tiene su lugar y explicación en el entorno y contexto que le rodea. El horror aparece cuando hay una criatura o un elemento extraño sin explicación alguna.

Como levantarse una mañana a desayunar con la familia y descubrir que todos hablan normal entre ellos, pero que no tienen rostros.

Tal como el spaghetti es una mezcla de tomate americano y tallarines asiáticos integrados por una cocina europea que terminó clasificada como “Italiana”, así mismo los tres llamados géneros de fantasía, ciencia ficción y horror, son sólo una elección estética de perspectiva para relacionarse con uno mismo y relacionar a uno mismo con el universo, donde el verdadero género de cada relato es en sí mismo uno distinto.


* Valles Calatrava, Diccionario de la teoría narrativa, Alhulia, 2002, Granada.

La hidra del destino

La hidra es un dragón de muchas cabezas.

Un dragón contiene todos los elementos de la tabla periódica en su barriga, y cuando se muerde la cola se calcifica en un pequeño mundo.

La hidra de Lerma tenía nueve cabezas que al cortar Hércules se multiplicaban aún más.

La hidra del destino tiene sólo cinco cabezas.

Las estrellas son puntas del apeirón*, albor del caldero dorado de la creación, del Uldry**, llama imperecedera que desciende sobre todos los mortales para dotarlos de vida.

La hidra del destino está tejida en las estrellas.

Y cada una de sus cinco cabezas canta lo que se cuenta:

¿Quién?

¿Cómo?

¿Cuándo?

¿Dónde?

¿Por qué?

Y todo lo que ocurre debajo de ellas cuando escupe sus llamaradas de estrellas fugaces, queda bordado en el tapiz de su canto para ser repetido en la espiral de los días:

Así una vez pugnaron los dioses de la natura contra los dioses del averno por la luna y desde entonces es llena y oscura cuando unos u otros la reclaman unos días.

Así ocurrió que un hada fue maldecida como la primera medusa, petrificando el aire en nieve, en el primer invierno y el ángel púrpura quien la amaba, la salvó envolviéndola en su manto de la primera aurora boreal, y tal es una y otra vez.

Así ocurrió que la primera bestia se ocultó entre las nieves del polo para emboscar al unicornio del sol desde donde el calor era menor; le saltó al cuello y se consumió, pero el unicornio solar tardó medio año en curar y desde entonces seis meses de sombra y seis meses de sol son el modo de los polos.

Pregúntate entonces:

¿Quién eres tú?

¿Cómo has llegado a donde estas?

¿Cuándo esperarás para hacer de éste tu momento?

¿Dónde estás?

Y la más tronante de todas:

¿Por qué?

Así pues, procura ser cabal con los tuyos, hallar lo que te huelga cuanto antes y hacer de tus días pasar una fiesta de paz, pues puede que la llamarada de la hidra en estrellas fugaces alcanzarte tu horizonte alguna vez, y no será de mal agüero, si le pides un deseo…

Y estás entero.


* Caos primigenio de creación, según Anaximandro y Aristóteles.

** Uldry es el caldero de la creación, fertilidad y abundancia de en la mitología céltica, que más tarde se va a vincular con la leyenda del grial en la leyenda Arturica.

El hombre de pronto, pudo nombrar.

Y por primera vez se preservó el fuego.

Y le dieron palabras a una angustia vieja: “¿Para qué Ser?” y esa respuesta la buscaron en la naturaleza que los rodeaba y que parecía tener sus propias historias: la tristeza del crepúsculo, las edades de las estaciones, la perseverancia de la ola.

Esas respuestas ensamblaron al hombre con su entorno, perfilando la identidad de cada cultura.

Fueron su verdad. Eran los mitos.

Uno de estos pueblos, encontró un valle entre dos ríos, donde descubrieron el secreto de la tierra indomable: una semilla atendida crecería una y otra vez. Y se fundó la labranza.

Y por vez primera en millones de años de la historia de la humanidad, les sobró el alimento.

Entonces, para contar sus mercancías hace más de siete mil años los sumerios inventaron la escritura.

Era una idea demasiado buena para quedarse en números: Así como las semillas molidas puestas a cocer sobre una piedra les dio el pan; así la vieja semilla de la fuerza bruta, se mezcló con las tradiciones orales y se puso a cocer con música: Y la épica, los cantos de las guerras vino a ser casi al mismo tiempo que inventaron el pan.

Se eternizó en trazos sobre barro cocido las primeras proezas en El Gilgamesh, donde ya los más hondos de los temas aparecieron: La búsqueda de la inmortalidad, la ayuda de una mujer de sexualidad libre, la sabiduría de un anciano que tuvo la precaución de construir un arca para el diluvio y la iniciación por el inframundo. Ah, y un amante varón que los dioses le enviaron a Gilgamesh para que se sosegara.

Y la labranza, el comercio, el pan y la épica, los demás pueblos más allá de los valles y los ríos, se contagiaron y lo crecieron muy a su modo: los egipcios de las primeras casa de barro hicieron pirámides, los fenicios terminaron vendiendo en el sur del áfrica y de las primeras guerras, los micénicos obtuvieron troya.

Oh sí. Troya. Illion.

Y brotó la más grande épica de todos los tiempos, compendiada por cantores durante siglos bajo el mote de Homero, que con el pretexto de relatar la furia de un malcriado matador de hombres, que a la muerte de su amado escudero (O de su escudero amante), el cantar terminaría por educar y cimentar el imaginario de millones de habitantes durante miles de años, a medio continente a la redonda, narrado en verso con un sofisticado estilo, acerca de reinos imaginarios en un universo imaginario, donde los personajes se involucraban con encarnaciones de la naturaleza, cual dioses, driadas y arpías, junto a una ecología fantástica como el grifo igual de distante que los leones, en donde los motivos narrativos de la misión del héroe (Con Odisea queriendo regresar a casa) o las luchas de capitanes (Aquiles contra Héctor), eran piezas de luchas entre opuestos de fuerzas cósmicas mayores (Los bandos del Olimpo para devastar o salvar Troya) a la que se añadía cualquier idea buena.

Rodaron los tiempos. Nació el Cristo partiendo la historia. Cayó Roma partiendo Europa.

Y en la de esos largos tiempos de campos verdes y corazones negros, llos ecos de las épicas se cocieron con los mitos de los mares de nieblas y oscuros bosque europeos en Cantar de Gestas ratificaban sus vínculos con la tierra, resaltaban el nacionalismo de una región u otra y aportando nuevos viajes a las fronteras del mundo conocido (Casi a la vuelta de la esquina de los mapas), civilizaciones con gentes de costumbres curiosas, objetos y talismanes mágicos o espadas con nombres propios cual el “Beowulf” con su batalla final contra un dragón; de entre las colinas célticas degales “El Mabignogion” parió al rey Arturo; El Kalevala sueco compuesto una lengua con la mayor cantidad de vocales; el Voluspa de los fiordos escandinavos donde los hombres habitaban en la Tierra Media en medio de los reinos de los dioses, los elfos y los gigantes; El cantar del Mio Cid, con hechos verídicos de aquel grande español; el Roldán de Roncesvalles de los francos que luego inventarían Francia o las Lusiadas de Portugal.

Por entonces aunque nada parecía moverse, los barcos cada vez llegaban más lejos y los dineros comenzaron a ser más pudientes que los reyes: nació la burguesía y otros modos de hacer las cosas, donde de pronto la gente tuvo opción de letrarse y así es como irrumpieron los Libros de caballerías con El Amadís de Gaula como el primer gran éxito editorial contando las aventuras de la elite del momento, introduciendo por primera vez al mago, acaso eco de los druidas celtas. También surgió la magia, como una herencia caída de la religión, tinto de los rituales paganos de los viejos dioses del norte.

Surgió entonces una avasalladora ola de apócrifos, donde cada pastiches copiaba al copión tratando de ser más sorprendente y superlativo hasta llevar a la confusión del género, aunque no sin joyas entre caramelos: como el Orlando el furioso de Ludovico Ariosto o el mismísimo Le mort D´Arthur de Thomas Malory, donde terminó por solidificarse la leyenda del rey Arturo*. Incluso hubo un autor italiano que mezcló al rey Arturo con Alejandro Magno y el Preste Juan**.

Y este marasmo fue la olla para en 1610 surgiera el gran titán que sacudió la cultura occidental con el más grande relato de caballerías del mejor de todos los caballeros andantes:

“El Ingenioso hidalgo Don Quijote de la mancha”, donde la prosa poética de la lengua española, alcanzó su cumbre, potenciada su palabra verdadera por la mano de un hombre extraordinario, gentil, valiente y liberal que tuvo tanta aventura y desventura como el hijo de la mancha.

En “El Quijote” dejaban de ser los protagonistas príncipes, reyes o semidioses, que desde Gilgamesh parecían ser los únicos dignos de andanzas. Aquí la gente normal tenía episodios coloquiales de profundidad filosófica y transformaciones psicológicas que gracias a la imprenta, podía alcanzar al hombre común.

En “El Quijote” Cervantes dice ser el traductor de un supuesto Cide Hamete Benenguel, subordinando la autoría para librarse de la inquisición española. Además, el libro se contiene y se explica a sí mismo: El Quijote en la segunda parte, lee “El Quijote parte I” y también una versión apócrifa que había escrito el doloso y envidioso Lope de Vega bajo el pseudónimo de Avellaneda, al leerlo, el Quijote decide el curso de sus aventuras contrariando al apócrifo.

Y así como el comercio provocó la escritura, los saqueos inspiraron la épica, la burguesía promovió la vitalidad literaria, así la industrialización a finales del siglo XIX, la dura llaga de la perdida del mundo verde que heredamos desde que sobrevivimos a las glaciaciones, fue la que promovió la contracultura en Inglaterra de la literatura fantástica.

William Morris, un escritor y pintor prerafaelita de finales del siglo XIX, que diseñaba y fabricaba sus propios libros, fue el primero en comenzar a escribir de una edad media no como recreación histórica, ni como la realidad que imaginaban tener en torno, sino evocando una era idealizada como pudo haber sido.

Y los mitos fueron la tierra negra donde creció el bosque de las épicas donde se espesó la maleza de los cantares de gesta, y la flora de los libros de caballerías, hasta que nació en el corazón de la foresta, un árbol, una obra, que sintetizó los arquetipos de las leyendas, en una reinterpretación de los códigos simbólicos que conservando el espíritu de las tradiciones primigenias, iluminó con nuevas respuestas a la cultura de la que brotaba:

El Árbol de Amalion*.

El árbol de los cuentos de J.R. R. Tolkien, con sus raíces en El Silmarillion, su tronco de El Libro Rojo de la Comarca del Oeste al que llaman El señor de los Anillos y sus ramajes de cuentos, poesías, ensayos, apéndices y semillas para un nuevo bosque de literatura bajo su sombra.

En un mundo resquebrajado por las crisis de bloques económicos, contaminación devastadora y emporios de absurda riqueza al costo de miserias de millones y extinción de especies animales, El Señor de los Anillos reverdeció la esperanza del espíritu de los 60´s con una crítica aplicable al mundo moderno que enlaza el antiguo espíritu del heroísmo legendario con una cotidianeidad coloquial, donde el lector a través de su lectura, se descubre sino confrontado paradójicamente con su realidad, renovado de perspectivas, en su relación con la ecología, reconciliándonos con los árboles y las montañas como si hubiéramos sido nosotros aquellos primeros en nombrarlas, y otro tanto con nuestros semejantes, semejantes, pues siendo Tolkien un ferviente católico, sin mencionar una sola palabra de la iglesia que pudrió tanto el culto de Cristo, tamizó la esencia de las palabras de Jesús, aplicables para cualquier era, pueblo y más aún, para cualquier otra criatura de la tierra, animal o vegetal: La compasión.

Y si todos los logros narrativos por sí mismos no tuvieran que ser tomados en cuenta, Tolkien deja un legado más para la humanidad: soteriología laica.

Es decir, el consuelo ante de la muerte, no porque se quiera creer en el Cielo o el infierno; un lugar a donde se transmigra, sino que si se ha de morir, entonces hay que prepararse para construirnos el traspaso de este mundo del modo más grato. Y como en el Oeste donde está la memoria de la luz del origen de la palabra creadora del mundo, nosotros creamos también con la palabra, ¿Por qué no podemos nombrar a nuestra muerte para que nos signifique lo que queramos y nos resulte hermosa?

Es un Don.


* En el que se basaron para la película de “Excalibur” (1982). Ésta versión de John Boorman, es para mí la mejor versión artúrica, al sintetizar y proponer más que el mismo texto de Malory.

**Nada muy distinto de lo que hacemos los escritores de fantasía contemporáneos al juntar un hada céltica con una medusa griega y un grifo persa

* El Árbol de Amalion, es una pintura de J.R.R. Tolkien donde cada flor es un cuento distinto que en él y de él crece.

Se abre el libro y la batalla siempre está allí.

En Eä, el universo que es, en el sistema solar de Arda, en el orbe de Ámbar que es el mundo, en la Tierra Media, al final de la cordillera de Anórien, donde el río grande gira buscando el mar…

Allí están los campos de Pelenor. Casi tres mil años se han requerido para quedar presto a la colisión de las huestes de los infames y los sometidos de la sombra, contra los herederos del oeste; y ahora es el momento y lo será siempre en tanto se abra una y otra vez, El Libro Rojo de la Comarca del Oeste* en su tercer tomo y halla quien lo lea.

Ya cayó la torre de Isengard y otras dos torres están ahora frente a frente: Minas Tirirth contra Minas Morgul. Las torres que un día fueran del sol y la luna y ahora son el oeste contra el este, el crepúsculo contra el amanecer estrangulado. El seco árbol blanco contra la brujería del anillo.

Ha comenzado el sitio de Gondor.

Y tres daños mayores la fragmentarán:

La lluvia de terror que cae sobre los comunes, de las cabezas de la guarnición de Osgiliath, donde quienes amaron a los bravos, los ven retornar al hogar en el modo torcido en que Sauron cumple sus promesas**.

La locura de Denethor, pues ha visto en la palantir que Frodo está preso en la torre de Cirith Ungol y que el anillo ha vuelto a su amo y ahora en el fin del mundo, el dolor de la muerte de Boromir y la culpa del daño de Faramir lo claman a consumirse.

Y en la hora final, el poder de la memoria del daño y la antigüedad: Grond el infesto ariete nombrado como la maza del maligno mismo, con el que se enfrentó y dio muerte al príncipe de todos los príncipes elfos: Fingolfin.

Grond, eco de aquel otro dolor y desesperanza, quebranta las puertas de Gondor tal como aquella otra aplastó la cabeza de Fingolfin, pero no es solo los encantamientos de aquella memoria siniestra lo que derrotan a las puertas, pues ninguna palabra de poder ni memoria alguna puede afectar, si no hay quien esgrima su potencia con el corazón y las entrañas.

Y aquí está el rey brujo, que invoca la sombra de la que pende en la condenación del anillo que porta y que lo sostiene fuera de la vida, fuera de la muerte, encarnando la herejía de estar ausente en la espiral del espacio y tiempo que debe girar.

Sus palabras de tiniebla quebrantan las puertas de la ciudadela donde hubo un rey y un árbol blanco y que hoy de de ambos no queda sino solo leña. Tal cual cayó Fingolfin en grande ante las puertas de Thangorodrim.

Y así como entonces Throrondor, el rey de las águilas descendió sobre Morgoth para herirlo y llevarse el cuerpo de Fingolfin, así aparece el caballero blanco ante el rey brujo, no para vencerlo, pues nunca podrá, sino porque él, que fue enviado para ser el enemigo de Sauron allí está para sacrificarse como el más grande elfo, Finrod Felagund, se sacrificó luchando desnudo contra un licántropo para que Beren pudiera sobrevivir.

Pero entonces, contra todas las maquinas y palabras de hechicería que han roto las puertas, otras palabras de poder los salvan:

Un simple gallo que ajeno a la guerra, saluda al sol y a la mañana.

Que a traído a las huestes de Oromë.

¡Ah Oromë, Aldaron, señor de los bosques cuyo canto de cuerno en el bosque evite el olvido de la tradición de Avallónë! ¡Tú que te regocijas en los caballos y alguna vez dejaste libre a los mearas, que son los patriarcas de todas las nobles monturas de Rohan! ¡Tuyos son los ecos de los cuernos de aquellos que han brotado de la penumbra del bosque secreto y primigenio de Druadan para descender guiados por uno, el rey Theóden, que en su furia y ferocidad se le confundió con Arawn, tal como te llamaron los pueblos del este!

¡Abátanse los hijos de las praderas, los herederos del pueblo de Haleth, los hermanos de los caballos, para rescatarles el amanecer a los que allí mueren en nombre del oeste contra los dos nombres de las hordas de Mordor!: Los sometidos de corazón engañado de los variags en sus carros de guerra y los haradrim en sus olifantes y los infames de corazón oscuro de los orcos en wargo, de los trolls en bruto y los snaga en arco.

Allí el rey condenado de un reino roto y brujo acude montando en alas negras al encuentro, como la sombra en wyvern de Ancalagon, el dragón negro que osó atacar a la estrella de Eärendil y que entonces desciende sobre el rey de los hombres, que nacieron con el sol y que ahora luchan por sostener el alba contra la sombra.

Y así muere Theóden el viejo, el último rey que caminó en tiempo de las hadas que lo conducirán más tarde a su sepulcro*, vivió sobre caballo y ahora su caballo es su propio túmulo en medio de la batalla.

Porque no podía el rey brujo ser abatido por la mano de hombre alguno… ¡Ohea Volea! ¡Que entonces los pequeños son los más grandes! pues una valkiria pequeña y secreta brota del campo junto con otro hijo escondido de los rincones, el más céltico de los hobbits que ha llevado hasta allí un eket, una daga de guerra forjada mucho tiempo ha en Arthedain para enfrentar la cruenta mancha del reino de Angmar, y que tras tumba y cinto aquí encuentra al fin a su enemigo:

Cae el rey brujo**por el canto de un gallo, el llanto de una doncella y el rincón de uno como conejo.

Pero también cae la esperanza para los hombres: Han llegado los corsarios de Umbar.

Y Eómer, preparado para ser el último digno rey de Rohan, se arroja a la lid cantado mientras mata, riendo en la desesperanza para otorgarse a sí mismo la leyenda de su partida.

Y el eco de la leyenda más antigua lo recibe entonces en el banderín tejido por la última reina de las hadas que despliega el árbol blanco.

La llama imperecedera que Eru otorgó a lo vivo, se consagró ante los dioses en los árboles de la luz de donde el sol y la luna son hijos; ésta luz de vida acendió en el Silmaril de la frente de Eärendil para esperanza del mundo, y por otro modo una semilla del árbol de la luna floreció en Númenör hasta que a su caída, Elendil con siete barcos se lo llevó consigo a Tierra Media y su descendencia fue plantada en un patio de Gondor.

Del que no quedaba ya sino leña.

Y una vez más más Elendil ha venido del oeste en sus barcos, pues se dijo que Aragorn se le asemejaba como ningún otro, y así la luz de la palabra devida ha descendido con él del oeste con la esperanza, enmascarado en las velas negras de Umbar.

El mal se ha vuelto contra sí mismo, pues ya dijo Eru que toda disonancia será textura de un canto aún mayor que no habría podido ser de otro modo sin la afrenta herética.

…Y entonces también Eärendil descende en el reflejo de la luz en del agua del vial que la reina de las hadas regaló a Frodo ¡Oh Galadriel!, habitando en el reflejo de la luz de la estrella que es el reflejo de la luz de los silmarils, que es el reflejo de la luz de los árboles, que es el reflejo de la llama imperecedera de la creación que inició con un canto… Y entonces Sam en la desesperación con el vial al pecho, canta en élfico en la torre de Cirith Ungol y encuentra a Frodo.

En la hora de mayor necesidad, el oeste ha acudido acude al corazón misericordioso, para potenciar la luz de su voluntad, pues ninguna palabra de poder ni memoria alguna puede afectar, si no hay quien esgrima su potencia con el corazón y las entrañas.

El canto ha salvado a Frodo de la torre, al anillo de la sombra y al mundo de la tiniebla.


* Fuera de La Comarca también le llaman El Señor de los Anillos, donde a Don Bilbo  Baggins llaman  J.R.R. Tolkien.

** Pues en la primera edad, cuando era solo un capitán de Morgoth, Sauron capturó a uno de los compañeros del padre de Beren y le prometió que le devolvería a su esposa si lo traicionaba y le daba su paradero, consumada la tracción, lo mandó matar, pues la esposa había sido ya asesinada.

* Pues en verdad en el cortejo que devolvió a Theóden al túmulo de los suyos, viajaba Galadriel y Celeborn, reyes de Faerie antes de la partida del último navío de los puertos grises y también con ellos estaba Elrond, el hijo de la estrella de la esperanza y Arwen, la estrella de la tarde que sería la última reina hada de los hombres.

* * Como se dijo que …“No volvió a ser visto en aquella edad del mundo”… hay una versión apócrifa y dolosa que considera que el final de la Cuarta Edad de Tierra Media ocurre con el diluvio que abre la puerta a la era Hiperboreana en la que Robert E. Howard sitúa los días de Conan. En ésta versión, Hay un rey brujo amo del pueblo serpiente donde se insinúa que tal como Sauron suplantó a Morgoth tras su caída, así Khamul retornará a ser un señor oscuro menor de aquellos días… ¡Y que Sonia la roja y un gnomo de los bosques son la causa de su caída de nuevo!

Corros de las hadas

La reina de las hadas es peligrosa.

También escalar y nadar mar adentro.

Todo depende de quién y porqué se atrevan.

Ellas, las hadas son como ramas del bosque que pueden cantar, como vientos que saben reír y nieve que escoge donde caer, brotan de la natura y sus caprichos y danzas lo son tanto como el clima, cuando no son el clima mismo.

Tal como las hormigas se agitan antes de la lluvia y las aves duermen a pleno día durante los eclipses, cuando el mundo se ajusta y se pone serio en los solsticios y equinoccios, volátil y femenino en las lunas llenas, o cruento e intransigente en las tormentas, así las hadas de todos los reinos y linajes viven los ciclos y los encarnan: Cantan por el mundo. Canta el mundo a través de ellas.

De esta sagrada fusión algunos pueblos de algunos hombres algo han entendido y pocos rituales sobreviven a su estupidez… ¿O hay quien cree todavía que la navidad es solo ventas de invierno, el halloween una oportunidad de espantar al vecino y la fiesta de San Juan un pretexto para la borrachera?

Son el ritual de renovación del mundo, el enlace con los espíritus de los muertos y la locura de limpieza respectivamente.

Y si los hombres han olvidado sus propios rituales ¿Cómo esperar sobreviven a los rituales de la naturaleza?

Danzan las hadas y el mundo nocturno se trastorna. De día se dirá que son círculos de piedras megalíticos, círculos de hongos caprichosos, cercos de flores raras…

Pero quien de noche las he visto sabe la diferencia entre sus sueños baratos de sexualidades y temores ante los erotismos y terrores que solo son verdad bajo la luna llena.

Son los corros de las hadas ¡Y hay de quien no se prevenga!

Siempre al centro y en toda regencia está la reina, una hada dama de otoño, o una driada dama de bosque, o una nereida dama de lago, o una ninfa dama de sexos, o una bruja en aquelarre… Siempre una en eco de la diosa blanca, luna, madre, hermana, amante, bruja, santa, puta.

Le sigue el cerco de danzantes fervorosos vasallos naturales de cada reina: duendes y pixiës entorno a elfos en las cortes de hadas y driadas; nixies y silkies entorno a damas cisne en las cortes de las nereidas; sátiros y centauros en torno a minotauros en las cortes de las ninfas; trasgos y arpías en torno a espectros en los aquelarres de las brujas.

Y también están invitadas las bestias que a diferencia de los hombres, aún son fieles a sus instintos: aves y ratones, ranas y salmones, cabras y monos, gatos y lobos negros, cada cual al son de su ama y señora en los lares que ellas dispongan.

Y aquel que ose entrar en su cerco… aquel que se atreva interrumpir su canto… aquel que tenga el coraje o desespero para saltar dentro…

Tendrá doble joroba.

Vivirá cincuenta años en una sola noche.

Será de piedra y despertará en siglos con musgo encima.

Se lo llevarán a las entrañas de la tierra para devorarlo lento.

Y en el mejor de los casos, amanecerá con nombres en los dientes.

A menos que le deba un favor uno de los danzantes…

A menos que porten un objeto mágico de hierro…

A menos que sean los más grandes cantores y envidia de los danzantes…

A menos que porten una estrella en la frente…

O que tal sea la necesidad y desespero de su misión, que confían a los dioses para velar por ellos.

En todos los casos, solo se salva el que halle dentro de sí un pedazo de hada…

Soy un nerd rural.
Un anacrónico bucólico.
Un hobbit apócrifo.
Un perro de los elfos.
Un bardo en una ciudad quimera.
Un cronista de árboles crepusculados.
y uno que silba de regreso a casa.

Y heme aquí de nuevo, una vez más fuera del bosque.

En la encrucijada de lo que podría ser escrito y leído.

Cada decisión literaria, cada libro que uno elige leer por sobre cientos dejados de lado, es tomar una vereda que lleva a otras veredas de nuevos libros, de nuevas lecturas que van dejando atrás a cada encrucijada, cientos y cientos de libros, de veredas en el bosque de lo escrito, que no serán tomadas.

Muchas de ellas, nunca más.

Dejando atrás muchos más libros ignorados que veredas tomadas.

Cada quien decide su ruta a página y pluma, algunas veces brincando de una a otra a campo traviesa, cambiando por completo la región del contenido, hacia secciones inesperadas de nuestro propio ser.

Otras veces recorremos por entero, países semánticos de un tema, hasta alcanzar la costa donde todas las preguntas atracan.

O vivimos en los linderos del bosque, rondando otros valles multidisciplinarios de música, poesía plástica o narrativas etéreas e inesperadas.

Y cuando leí el primer libro entero de mi vida, a los trece años, Las cavernas del terror de Rose Estes, de aquellas hermosas colecciones ochentenas de libros juego, literalmente desde la primera elección de la mismísima primera página, crucé el umbral tomando mi ruta bosque adentro hacia las hadas y los elfos.

Nunca más aquello de querer ser paleontólogo.

Nunca más aquello de tener algo más importante que hacer.

Nunca más creer que mi deber pudiera ser otro…

*Una primavera, Merdo el mördyn escuchó cantar a una mariposa,

Que con voz de hada, contaba los ecos del limo bosque adentro,

Sobre su propio padre sirviendo de escudero a un caballero pobre,

Librando a la región de un hechicero en unas cavernas del terror.

Y él, que conocía ciegas el relato de todas las sobremesas,

De pronto llevado al ensueño por el glamour** del encantamiento,

Se vio a si mismo como su padre en las entrañas de la montaña,

Blandiendo el aguijón de su puñal como una daga de armas.

“!Estes! ¡Estes!” llamó a la mariposa cuando el cuento llegó

A su fin y una brisa cristalina se la llevó bosque adentro.

De nuevo en sus pies, sacudido en sus raíces, se volcaría

a escudriñar la maleza, como quien busca el hogar.

Y buscando el hogar, bosque adentro de las lecturas, no miré atrás por ninguna otra opción. Ni de reojo a la vereda de la maleza plástica de Bukowski o hacia las veredas fangosas y cabales de Balzac.

Y en lo lento de mi lectura, antes de descubrir donde me hallaba, ya había dejado atrás las muchas otras opciones para entintar mi juventud con páginas de otro tenor.

Y entonces, llegué al pie del árbol de Amalion.

El árbol de los cuentos de Tolkien.

Y no volví a ser el mismo jamás…

Y yendo más constante que muchos poetas y más amante que

Muchos enamorados, llegó un atardecer de un otoño cantor,

A los pies de un árbol de cuentos en el corazón del bosque,

Que había sembrado la lluvia una vez que de cristal verde.

Era el Árbol de Amalion. El árbol de cuentos de la Tierra Media.

Brotando sobre raíces en cantares de elfos sobre los orígenes,

Alzándose en ramas verdecidas, contantes de hobbits sobre los fines,

Floreciendo en poesías, con frutos de breves sueños completados.

Y llovía. Y él soñaba, pero con tal devoción, que entendió en la lluvia,

los cantares de los elfos que lo llevaron a ser aquel hobbit que contaba,

Y atisbó Avaellyön en el oeste, a donde llevan todas las malezas,

Y lloró por vez primera con la plenitud que sólo dan las respuestas.

Y desde entonces, sólo quiero retozar en su hojarasca, y mirar al oeste a su sombra.

Así comencé a escribir, trazando mi propia vereda a pie desnudo, buscando un lugar donde sembrar mis palabras, desde donde se pudiera contemplar mejor, el árbol de Amalion.

Y no deseo otra cosa, aún ahora.

Sin embargo, al poco entre la maleza, descubrí que de las semillas del árbol de Amalion, había crecido un bosque de relatos extraordinarios y tronantes, con Robert Holdsctock, Tad Williams, Lloyd Alexander, Ursula K. Leguin… pero había entre aquellas nuevas veredas circundantes, muchísimos otros que no dejaban en los pies polvo verdadero, ni conducían a ningún lado dentro de uno mismo.

Y sin embargo también encontré fragmentos de las ruinas de otros caminos ancestrales, que habían conducido a Tolkien bosque adentro hasta ese lugar: La Iliada, Gilgamesh, las Eddas, Beowulf, Le Mort´Darthur, Mabignogion

Y ronda que ronda esas rutas magnas, encontré la más alta ante el Quijote de la Mancha

Y andándo La Mancha, de pronto, mis palabras conocieron una música ante la que mi propio semilla, Emerië, el árbol de los cuentos de Vellory, comenzó a germinar sin preguntarme, con el abono de muchas libretas y borradores, estirando sus primeras ramas con mi proyecto de novela La Biblioteca: El Libro de la Dama.

Trece años la regué con mi sangre hasta convalecer.

Hasta que un hada amada llegó a mi vida.

Y con su glamour, el árbol estiró sus primeras ramas al crepúsculo y pude terminar la novela.

Pero sin que nadie supiera de su existencia.

Sin publicarse.

Pero las flores, de aquel modo, me costaría la vida.

Y sólo hasta entonces, ansiando los mejores abonos y los humus más profundos para alimentarlo, desee por vez primera mirar todas las demás veredas que había dejado atrás…

Traté de tomar unas cuantas que me alejaran del soto de mi hogar, y descubrí que muchas veredas de libros consagrados contemporáneos, no me sacudían ni el pelo. Y siendo tan lento mi caminar, tan lenta mi lectura, descubrí con tristeza y maravilla la amplitud de las regiones magníficas que no había conocido.

Y que quizá jamás conocería.

Así que desde entonces, me detengo en las encrucijadas a esperar a los caminantes, para que me cuenten de esas otras veredas perdidas, inimaginadas, y de entre las cuales, al escuchar alguna que me estrujase sin saber porqué, buscarla recorrer.

Más tarde, gracias a las más gratas hadas, encontré una escuela de bardos de plumas fieles y cantos altos, que por vez primera me comenzaron a librar del extravió, en la carrera de Creación Literaria de la UACM, donde me otorgan, semestre a semestre, pedazos de mapas de veredas perdidas.

Es un don.

El árbol de Emerië ha comenzado a florecer.

Y entonces de pronto, veinte años más tarde de haber cruzado el umbral bosque adentro, me pregunto: ¿Para qué?

*…Hadas…

¿Por qué? ¿Para qué?

…Para contarlas…

¿Por qué? ¿Para qué?

…Para el consuelo…

¿Por qué? ¿Para qué?

Hadas. Palabras. Consuelo.

Cuento.

Si tan sólo pudiera guardar las palabras.

Si tan sólo pudiera contener los cuentos.

Si tan sólo pudiera llevar a otros los ecos del consuelo.

Como una lluvia de cristal verde, con un ensueño en cada gota.

Si tan sólo supiera escribir…

…llevaría las hadas a los valles.

Y su propio cuento sería encanto.


* Estos extractos pertenecen a La Balada de Merdo el mördyn de las Colinas Evanescentes, una suerte bizarra de autobiografía ficticia.

** De glamm halo de encantamiento de las hadas que trastornar y transforman a quien lo mira, para bien o para mal, según el talante de la dama de poder.

* Extracto perteneciente al cuento La diminuta mariposa mirada: cuento de hadas para ogros y brujas, inédito.

El enroque de Merlín

…El peón blanco se detuvo, desobedeciendo a Merlín.

No se comería al alfil negro.

Y por ello, Morgana le fay se libraría del jaque, quedando el hechicero, en cambio clavado tras su peón insurrecto.

En tanto Mordred, el espurio usurpador, arrinconaba con sus huestes a los pocos caballeros fieles al rey Arturo que quedaban en la llanura de Camlan, donde están las piedras erguidas sobre hierba vieja.

Muerto el rey, moriría la tierra. Y las estaciones se desatarían del grial, del caldero de la prosperidad, que se perdería para los simples por siempre.

Todo esto se auguraba y decidía, pugnaba y resolvía, en el tablero de ajedrez de Aein Bredelain, donde se juega una sola partida que comenzó con el bosque y que terminará con él, situado en el centro de un lago, sepultado en el corazón de la foresta donde todas las malezas son una sola, donde se mueven sus piezas de fortuna y natura al ritmo de las estrellas y mareas.

La razón de ser y estar del tablero de Aein Bredelain es uno muy mayor, donde las hormigas y los volcanes están contemplados en sus rincones y anunciados en las caracolas y constelaciones, pues cada cuadro verde y azul del tablero es en sí mismo un tablero de ajedrez más pequeño que acaso en sus propios cuadros menores tiene tableros sucesivos, hasta que los suspiros más finos se atan en la espiral del tablero del mundo, donde los dioses juegan sus turnos en una sola casilla para los planetas.

Y el último cuadro del más ínfimo e infinito tablero es igual al primero, y su contar es el silencio.

A veces, las cronologías humanas se han vinculado con los devenires de la partida suprema, cuando la historia cabalga sobre los portentos, como durante la partida simultánea de dos peones que fueran neardentales y cromagnones, cuando frente a la reina de la glaciación, sólo sobrevivió esta última estirpe de la humanidad… Aunque hay quien dice que nuestras primeras madres abrazaron a sus últimos hijos y en el pelo rojo aún somos todos antiguos de la primera sangre neardental.

Más tarde ocurrió el intercambio de la reina Madre Tierra por la torre de la Atlántida y el diluvio anegó el tablero de Aein Bredelain, y fue entonces cuando Up-Napishtim el sumerio construyó su arca y el emperador Yu de Cheng-kuo lo desvió con canales creando el primer arrozal, y en las selvas del quetzal, humanos de barro se disolvieron para dar lugar a un nuevo pueblo brotado del maíz.

Y un día mucho después, se coronó el peón del Hijo del Hombre con ojos de unicornio, y su leyenda es aún de grato renombre entre las hadas, por eso maldicen a la cruenta cruz que lo invocó, pero veneran el don de su misericordia que quedó consagrada en el caldero de la prosperidad que llaman grial.

Que en la andanza de lo cruento se perdió y en lo grato de la piedad de Sir Percival, fue devuelto al rey Arturo, para que preservara el bienestar de los valles bajo la armonía.

Y que ahora el espurio de su bastardo, Mordred el intolerante, buscaba arrebatarlo para beberse el don de tantos, él solo o acaso con unos pocos de su corte y nada más.

Y como los grandes acontecimientos que afectarán la memoria de los pueblos hasta el mito encuentran su eco en el tablero de Aein Bredelain, allí acuden en sueños los espíritus de los involucrados, para luchar las potencias de sus símbolos y definir las jornadas que serán, y así es como al despertar hay quienes algo recuerdan de la partida y la anuncian como profecías: como los siete sueños de José ante el faraón, el daño de la Troya de Illion en Andrómaca y las estrellas caídas que previeron el colapso de Jerusalem.

Y así, en el tablero se cuenta del encuentro de dos reyes y el cuadro entreambos canta un tablero más de la batalla en la llanura de Camlan, donde Lancelot del lago guía a los fieles para dar de sí lo más y caer lo menos contra una horda tan espesa en espadas. Y hay tableros más pequeños por cada lid, donde las virtudes enfrentan las infamias, que con mucho avasallan ya la marca.

Y a la derecha del rey, Merlín su blanco alfil se ha interpuesto ante el tercer jaque de la reina sobre Arturo por la reina negra Morgana, una bruja de tal calada, como sólo podría haberlo sido un hada podrida, y el cuadro de maleza que los separa es un tablero de criaturas de recodos forestales, feéricos y demoníacos, con torres de licántropos contra osos druidas, trasgos jinetes de lobo contra elfos de espadas largas y ojos brillantes.

…Y un peón blanco, duende barrigón de pies peludos, que envaina su puñal, porque no herirá al alfil negro, driada de rizos melancólicos.

Porque el tablero entre ambos es de miradas, y el duende ha encontrado la suya en la reina enemiga.

…El peón blanco se ha detenido, desobedeciendo a Merlín.

No se comerá al alfil negro.

Y por ello, Morgana le fay se libra del jaque, quedando el hechicero, en cambio, clavado tras su peón insurrecto.

En tanto Mordred, el espurio usurpador, arrincona con sus huestes a los pocos caballeros fieles al rey Arturo que quedan en la llanura de Camlan, donde están las piedras erguidas sobre hierba vieja.

Muerto el rey, morirá la tierra. Y las estaciones se desatarán del grial, del caldero de la prosperidad, que se perdería para los simples por siempre.

Entonces, la driada se corona sobre el corazón del duende.

Y se abate sobre él, engulléndolo bajo la sombra de su manto y rizos.

Y con ello, Merlín no está clavado más y se enroca asestando el justo jaque a Morgana, engañándola para que en su soberbia invoque al dragón del tablero primordial de todos colores y ninguno y que todo su poder le huya por su aliento en una niebla.

Y tal niebla entonces cae sobre la llanura de Camlan cubriendo a los caballeros del rey, confundiendo a las hordas, que no saben ya cuantos son ni por dónde les parten los filos, quebrantando las líneas de lanceros y desbandando a todo arquero.

Y dando la oportunidad al rey Arturo para alcanzar al espurio y clavarle al corazón a Excalibur, la espina del dragón, filo del eje de la espiral de los tableros que un día la Madre Tierra a la humanidad diera, Mordred entonces le revienta las entrañas a su padre con la lanza dorada que destapó una vez el caldero del averno en el rincón más oscuro del tablero de Aein Bredelain.

Los dos reyes se han ahogado.

Y no hay victoria.

La era se ha roto.

El daño es ignoto.

Pero…

La reina Madre Tierra de un tablero más alto se sacrifica por los más pequeños contra el caballo negro del infortunio y de su corazón se abre el crepúsculo para que alcance al mundo una barca con las hadas de las estaciones, que toman consigo al rey Arturo y al caldero de la prosperidad.

Y mientras vuelven a Avalón, le cantan a los que heredarán lo roto, vertiendo el grial sobre las costas todas:

…”El rey retornará,

cuando se coronen en él todos los simples,

de quien es ahora el turno”…

…Y tras envolverlo bajo su manto de sombras y rizos, la driada lóbrega se lleva consigo al duende barrigón a las colinas evanescentes.

Porque la hace reír…

En un reino desolado de monstruos ciudadanos, la tierra es tan áspera que los dragones son mercenarios, los ogros siembran dientes de sol a sol y las arpías tienen que mendigar.

Los fuegos salen de sus cuevas a cazar silfos, y los estanques se defienden para no ser bebidos y las rocas ruedan lejos para que los gigantes no las mastiquen.

Las leucrottas por no tener campos de batalla en los que penar, compran soledades para no herir susceptibilidades. Y las esfinges, se prostituyen por acertijos.

Las viejas arpías un día vieron deambular una carreta rota sin dueño y tomándolo como el portento que antecedía una catástrofe, fueron a gimotear con los ogros campesinos advirtiéndoles del daño que azotaría su pobre reino, y ellos asustados, le ofrecieron su cosecha de dientes al dragón mercenario para que se comiera a la carreta.

Así pues, el dragón arreó a los silfos, a los fuegos y a las rocas rodantes hacia el estanque violento, donde parecía haberse detenido la carreta a beber. Y todos hechos barullo y medio, le cayeron encima y el dragón los revolvió a todos en un remolino que no los dejara salir, para ablandar la carreta a escupitajos de fuego antes de arrojarse él mismo a la batahola con toda su fiereza.

Los silfos devastaron a las rocas en polvos confusos, que se batieron con las aguas hasta matarlas en fango donde se ahogaron entonces las llamas, que en su último estertor, consumieron a los silfos. Y el dragón mercenario de algún modo acabó embarazado.

Desde entonces, todo ha empeorado en el reino: Donde fuera el estanque, se pudrió en verdor y los humanos han desviado unos de sus caminos allí, provocando que los ogros abandonen sus campos para asaltarlos y que las arpías los extravíen en las noches para mendigarles. Las pobres esfinges se han quedado sin trabajo y han caído en el vicio de preguntarle a los viajeros por el solo goce de sus desdichas. Y la dragona mercenaria, madre soltera en la miseria, ha tenido que vender sus tesoros a las leucrottas para que atraigan campos de batalla que puedan alimentar a su hijo.

Caídos en desgracia los monstruos ciudadanos, ahora dan pretexto a lo que cuentan de ellos las leyendas y atraen a caballeros peleoneros tras sus cabelleras.

Y de la carreta, se supo, siguió vagando.

Entradas antiguas »