I
Yo, hijo de Héctor, domador de caballos
…“Yo, Astiánax Hectórida, Escamandro el de la espada canora,
soy hijo de Andrómaca y de Héctor domador de caballos.
Príncipe de Troya, dado por muerto entre las llamas,
viajé con Eneas de Cártago a Hispéria,* la de la loba,
oculto mi nombre y penante bajo las ramas cubierta,
forjando mi mote al lado de Eneas hijo de Afrodita,
hasta hallar el rostro de Pirro, el raptor de mi madre.
Soy el rey de Sovanna de las marismas de Etruria.
Soy el daño del catoblepas y la sangre de Aquiles.
Soy la sangre del que será el mayor caballero de Arturo.
Y este es mi breve canto y simple cuento, porque no soy aeda”….
II
De la driada Alé y la furia de Artemisa
…“Fuera todo primero por una bellota de Prydain* devorada por un salmón,
que fue engullido por un grifo de Persia, derribado por el rey Príamo
junto al río Escamandro, en las breñas de sol de bronce en torno a Troya.
Cayó el grifo en un pequeño islote forestado en un meandro de las aguas,
y libertas sus entrañas por los buitres, sembróse la semilla entre las hojas.
De la bellota creció un roble del que se desenroscó la bella y verde driada Alé,
quien pese a ser sus rizos y risas de otros vientos melancólicos de lluvia brumosa,
unió sus cantos y danzas a la sensual corte cazadora de las ninfas de Artemisa.
Pero un día se despeñó Ale “la ofuscada” de la gracia de la áspera diosa de la luna,
cuando Artemisa castigó a la ninfa Calisto por haber sido forzada por Zeus,
y Alé se atrevió a decirle al rostro a su señora lo cruel e injusto que le parecía,
y la diosa enfurecida ante su ofuscada insolencia, llamándola extranjera, la maldijo”…
III
De la maldición y el sátiro Agrión
…“Y la maldición era tal, que condenaba a Alé a morir por uno que la violentara,
y si defendiéndose con los arrestos que la merecían la driada se las armaba,
donde cayera el que le agrediera, siempre uno peor al anterior por ella vendría.
Y para hallanarla de este modo, por donde la luna hacía sangrar a la verde Alé,
llegaron Calagón y Trofonías, dos hermanos aqueos de las lanzas de Ayax,
mas ella les cubrió el pecho de flechas cuando la hostigaron, y tal como sería,
llegó después uno más empoderado, Agrión el sátiro de las danzas turbias,
y siendo él daño de ninfas, libró las flechas de la ofuscada, con saña y maestría,
ajustándose al cuerpo de la driada en un estanque, apartándole la loriga negra,
rasgando el peplo de hiedra y preparando el sátiro su ariete para el sitio y azote,
cuando alguien más apuñaló a Agrión en la cintura, distrayéndolo en sangre,
y Alé cogió al sátiro entonces con la cuerda de su arco y lo estranguló”…
IV
De Colofón, ni hombre, ni daemon
…“Y aquel que se había entrometido en oportuna hora no era ni hombre, ni daemon,
sino un pequeño patón de arbustos, de agudo verbo, sigilo presto y daga jardinera,
que por gracia provenía de la misma lejanía boscosa de donde viniera la bellota.
Era fiel y grato esclavo de Andrómaca, esposa de Héctor el domador de caballos,
y había sido enviado por ella a derribar el roble del que Aquiles había tomado su lanza,
porque en viendo el humo de los funerales de Patroclo, la princesa troyana preveía
el daño de Héctor príamida en las armas del pélida de tan grande furia y renombre,
buscando vencer el astil de la lanza desde sus raíces, dando por tierra al roble de Alé.
Y así Colofón el mediano halló al sátiro sobre la driada de tan torcido modo,
quedando prendado del verde mirar de la driada, como si recordara haberla amado.
Y a presta daga se había liado entonces a puñadas y puñaladas contra el sátiro,
y una vez muerto éste, la malpuesta Alé se aprestó a enfrentarlo también a aquel”…
V
De los augurios y voluntades
…“Pero Colofón adelantó sus palabras para contar los modos de su llegada;
enamorado extranjero, no venía a forzarla, sino a morir en su defensa.
Entonces el río Escamandro, que tenía a Alé por amiga de mucho aliento,
le dijo que veía por sus márgenes acercarse a Folo el centauro a por ella,
y que detrás y más tarde vendría el cíclope Elatreus, y después el mismo Ares.
Y contemplando triste lo que le acaecería y lo calado que le sería el sol y la luna,
le pareció más grato en cambio ayudar a Héctor priámida contra los invasores.
pero antes, por no dejarse hueca, le holgó a su gozo colgarse de Colofón,
ofreciéndole los pechos de savia, el musgo guardado y los labios de lirio,
dándose a varias cabalgadas y cabalgatas como amazona de la Tracia,
para clavarse la otra daga de Colofón, la de plata, en el ascenso de la luna”…
VI
De la lanza del pélida Aquiles
…“Y una vez caída por su propia mano Alé, Colofón hizo con ella pira del roble.
pero la lanza de Aquiles se mantuvo firme y atravesó la nuca de Héctor,
porque al final Colofón había rescatado de las llamas la última bellota de Alé,
donde el verdor de su espíritu se contuvo, traicionando a Andrómaca con ello.
Y el esclavo, viendo el polvo del carro de Aquiles y al grande arrastrado detrás,
con gran vergüenza dilató el patón su regreso, merodeando entre las breñas,
hasta que el caballo de los aqueos, el artificio de Odiseo, quebrantó las puertas.
Y hallando en flamas hundida la Illión de los sabios, los jardines y las atalayas,
se escurrió Colofón tras el rastro de ruina de la familia a la que había servido,
hasta dar con Pirro, hijo de Aquiles, en lo alto de la muralla que mira al mar,
pues el Aquélida, tras matar al rey Príamo y haber tomado a Andrómaca de botín,
cogiéndome de los tobillos me colgó de la muralla, a mí, Astiánax Hectórida”…
VII
De Atenea y Odiseo
…“Y allí lo alcanzó Colofón distrayendo con súbita puñalada a Pirro,
corriendo luego para volverle encima hasta que le cogieran al vuelo.
Pero entonces se apeó a aquel recodo de la atalaya no otro que Odiseo,
porque el ingenio de savia y la insolencia de la driada Ale contra Artemisa
le había resultado gozoso a Atenea, enemiga de Troya, que la otra atesoraba.
Y por ello aconsejó a su predilecto Odiseo, del que se había enamorado en secreto,
para que detuviera a Pirro y favoreciera otros hechos que le placía vislumbrar,
y engañando al hijo de Aquiles, se hizo conmigo para fingir un gran tiro,
para luego entregarme a los brazos de Colofón, sólo ante un sagrado juramento:
nunca más sería llamado Astiánax Hectórida, ni podría morar junto al mar.
Envolviéndome con sus ropas, el esclavo besó las manos y los pies de Odiseo,
Y se arrojó después a la marea de flama, desespero y llanto buscando la huida”…
VIII
De Créusa, Enéas y Ascanio.
…“Así robándome de la muerte, Colofón topó en una esquina con Créusa agonizante,
y aquella, reconociéndome junto al sirviente, señaló con lo último de su vida
la ruta secreta por donde su esposo Eneas había partido, cargando padre y penates. *
Y así nos unimos a la tripulación del hijo de Afrodita, a zurcar cuitas y peligros,
hacia el destino que nos esperaba en el Lacio, para fundar nuevas hombrías.
Crecí entre marinos y acampadas, compartiendo arco y flecha con Ascanio Eneida.
Conocí mujer entre las hermosas nodrizas nubias de la reina Dido de Cártago.
Aprendí vergüenza causando con Ascanio la guerra de Eneas contra Turno.
Y descubrí mi tamaño dando muerte afilada al primero de mis enemigos lacios.
Pero nunca sentí que las sandalias me ajustaran como todos de mí esperaban,
a mis espaldas siempre se burlaron mis iguales llamándome “Telémaco”,
diciendo que, a mi edad, mi padre ya había cernido el tamiz de su grandeza”…
IX
Del catoblepas de las marismas
…“Sin embargo, Eneas nunca hizo de aquellos murmullos su razón,
y cuando vio mi primera barba, decidió mandarme a ganar areté,*
enviándome a ganar de aliados a los etruscos de las marismas de Sovanna,
Allí viajé con Colofón y Alé “La ofuscada”, en un carromato en gran caldero
donde crecía el árbol y jardín breve de la driada, que me había criado con lo más.
Portaba las armas que ellos me habían forjado atrás para las guerras del Lacio:
la espada canora y el escudo naviero de la madera de los barcos-ninfas de Eneas.
En aquellos riscos rojos que anegaban la marisma etrusca, enfrenté al catoblepas,
dándole muerte al búfalo de larguísimo cuello de tripa con mucho sufrimiento,
rescatando de su guarida a la joven esclava Laoosa la insolente, del pecho erguido,
tras la que no quise esposa, para amenaza de mi renombre y risa de mis iguales”…
X
Del oráculo de Delfos
…“Tras la muerte de la bestia de las marismas, reiné sobre aquellos etruscos,
Y desde el solaz de mi trono de barro, me pesó una duda insidiosa:
¿Eran esas pequeñas breñas todo el reino que alcanzaría el nieto de Príamo?
¿Serían aquella guerra junto a Enéas y aquel catoblepas todas mis hazañas?
Ascanio a lo amplio me espetaba que debíamos volver a levantar Troya,
Pero Colofón me hostigaba con la promesa que le había hecho a Odiseo:
Así que espinado por mis sandalias, decidí acudir al oráculo de Delfos,
donde esperando ser atendido, delante de mi había un rubio guerrero en fila,
que a los sacerdotes de Apolo regateaba sacrificios para levantar su maldición,
que aquel dios había desatado contra su linaje, dándole muerte a su padre,
y secando el vientre de su esposa: Hermione hija de Menelao y Helena de Troya.
No otro que Pirro hijo de Aquiles, que alguna vez, me colgó sobre la muralla”…
XI
Pirro, hijo de Aquiles
…“Aquél había cogido a mi madre como botín y engendrádole tres hijos,
mas luego la despreció para tomar como mujer a Hermione Menelaida,
robándosela al Orestes que mató a su madre para vengar a Agamemnon.
Y sin reconocerme, viéndome en tallo y urgencia, Pirro me trató con cortesía,
y sin saber como escupirle en la cara, le hablé mas bien con el mismo tenor,
pidiéndole se armara porque allí mismo le enfrentaría, si tal le complacía,
y le revelé mi nombre: Yo, Astiánax Escamandro Hectórida rey de Sovanna.
El rubio Pirro creyó entonces que se me había enviado por Apolo para su mal,
en viendo todos los hilos torcidos, desenvainó agradeciendo el reto a muerte,
y entre riscos y columnas, volvimos a encontrarnos en lo alto que mira al mar,
hasta que le desentrañé sobre el cinto los días que ya no le vendrían”…
XII
El rey Escamandro el simple
…“Orestes y sus furias recobraron a Hermione y, esta vez, ella sí engendró.
En Épiro mi madre casóse con Heleno el vidente, hermano de mi padre.
Lloramos uno en la melena oscura del otro, nuestro gozo inesperado.
Andrómaca perdonó al fin a Colofón y tuvo a Alé la Verde por hemana.
Honrando mi promesa, visité a Odiseo en Ítaca recién por él recobrada;
le entregué las armas de Pirro e hice en verdad gran amistad con Telémaco.
De allí, Colofón y Alé partieron de vuelta a los bosques brumosos de su urgencia.
Y yo de vuelta en mi reino, mi ánimo al fin placía con lo que me dijo el oráculo:
de la semilla de mi semilla nacería el más grande caballero desde mi padre,
para servir al más renombrado rey en torno a la mesa redonda de una hermandad.
He casado con Laoosa, mandándola a ser libre, y al fin me calzan mis sandalias.
Conozco los nombres de todos mis súbditos y por ellos velo. Soy grande”…
* Tal como le llamaban en la Hélade a las tierras que más tarde serían conocidas con el nombre de Roma.
* Gales.
* Cual se le llaman a los dioses familiares en los altares de los hogares.
* “La virtud” entre los griegos, que se puede traducir como “honor y prestigio entre sus iguales”.











No cabe duda que lo épico es lo tuyo!
besos y luz
!Ah pues muchas gracias por leerme, comentarme y por ser cerca!
!Luz a besos!
Me sorprende cómo pasas del detalle de “La Biblioteca” donde construyes con toda minucia un segmento de Vellory, para luego, tan sólo con rasgar las cuerdas de otros referentes, hacer emerger con toda nitidez, en doce párrafos un relato que se desdobla para alcanzar a Peredur desde la Hélade con tintes de bruma, y con un mordyn enarbolado como Colofón.
¡¡Bravo!!, ¿Y qué, esto dónde más se publicará?
Muchas gracias por lo que me dices.
Estas tres baladas (Gilgamesh, Astiánax, Quetzacóatl) forman parte de un proyecto de doce baladas en las que el arquetipo de “la criatura de los arbustos” y “La Dama Verde” se manifiestan como testigos de eventos mitológicos cruciales.
El ciclo inicia con Gilgamesh y termina con Quetzacóatl, y en tanto tuviera el tiempo de completar las baladas que faltan (El Ragnarök, la muerte de Arturo, las Mil y una noches, El Rey Mono…)… Salvo en un compendio de “Cantos y cuentos del Reino del Verano” que esta en compilación, aún no tienen estos textos más espectivas de publicación que esta.
Dice ‘penantes’ debe decir ‘penates’ : n. pl.(Rom. Myth.) Household gods, esp.of the storeroom; (…) L (penus – provision of food)
!Muchas gracias por leer, comentar y aclarar! !Un abrazo!