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quijoteacrostico

Había una ciudad jónica que, se decía, podía determinar el final de una guerra: Colofón.

Así nació la palabra que consigna, de menos y hoy en día, el acta de nacimiento de un libro con la identidad de la imprenta, su domicilio, el tiraje y la fecha de la impresión; a veces con las características del tipo y el papel también requerido. Se trata de un paratexto, cual se nombran a todas aquellas partes de un libro objeto que acompañan al texto: el título, la portada, la cuarta de forros, los índices, los apéndices, las dedicatorias, la página legal, las ilustraciones o cualquier otro similar; que casi nunca son obra del autor, sino de un colectivo de obreros editoriales que nunca verán la inmortalidad literaria en la memoria del lector.

Así pues, desde el anonimato, desde hace miles de años, desde antes de que existieran los libros como los leemos ahora, hubo esa diminuta ventana por la que se asoman los humildes obreros de la escritura como una voz en el rabillo del ojo para recordarnos que el colofón es, en realidad, la última experiencia estética de un lector ante el libro impreso.

Estamos ante esos breves versos técnicos, donde se cuenta cuál y cuánto se hizo para que acabárase bien el libro. Estamos ante el verdadero final de una obra, donde los humildes en cuyos hombros se pararon Homero, Cervantes y Victor Hugo han maniobrado en ese mínimo espacio lúdico para saludarnos un solo instante antes de olvidarlos para siempre.

Y desde siempre sí, desde Mesopotamia hace 5000 años antes del Cristo cuando en las Tablillas de Baal se anotaba que uno era el autor del texto mítico, Atanu-Purliani y otro era el escriba Ilimilku, que le reproducía la obra en barro cocido; desde un Egipto donde 3000 antes de nuestra era se anotaba al filo de la última línea del rollo cuántas hojas pegadas contenía, contando las columnas y las líneas que lo compusiera, proporcionando los primeros datos editoriales.

Rodaron los milenos y nació el códex entre los romanos, que no hallaban cómo leer en sus literas de viaje rollos de pergaminos sin terminar envueltos en un desbarajuste de tiras. Este revolucionario invento sigue vigente en su básica tecnología, tanto como sus acueductos que aún llevan agua a Roma. En el códex se cosían pliegos de pergamino y luego papel, doblados a lo cuadrado, con tapas cosidas, para pasar las primeras páginas de los primeros libros amanuenses.

Así, los colofones en aquella época gozaban de robusta salud, en la que lo apretado de los tratados en las páginas les otorgaba el honor de presentar nada menos que al autor y al título de la obra y, ya en tan grato señorío, se les honró con expresiones devotas y agradecimientos en los que incluso pedían a los lectores que por ellos rezaran. Era aquel un jardín de oportunidad en el que incluso se llegó a incluir los créditos del miniaturista o iluminista de aquellos tan escasos libros, que todo un año tandábanse en copiar y que costaban lo mismo que hoy equivaldría a un automóvil último modelo.

Del linaje de los códex vendría su más grande hora con el ingenio de Gutenberg, que otorgó a los más el don de la lectura masiva, que terminaría por transformar la historia (y dígase también aquí de puro contento que en esas primeras reproducciones impresas se dejaban espacio en blanco para que las letras capitulares fueran iluminadas a mano), aunque aquella, su primera Biblia, no llevare colofón. El corpus máximo de la mitología judeocristiana no admitía ninguna voz perpendicular que no fuera la suya.

Empero, de vuelta a los libros sensatos que sí se tienen que cursivear, Gutenberg otorgaría el primer colofón impreso al Catholicon en 1460 de Johannes Balbus de Gauna, consignando orgulloso en la página 372r el tiraje de 300 ejemplares y aqueste primer libro como tal colofoneado había sido producido sin ayuda de cálamo o de pluma alguna, sino por entero con el diseño, la proporción y ajustes de moldes y matrices.

De allí al Quijote y a Pedro Páramo.

Y, tal cual como contra el Caballero de la Triste Figura, la censura de la Inquisición embistió al colofón y casi lo dio por tierra; porque en 1501 el Vaticano expidió una bula contra todo aquello impreso que no llevare su autorización: bien sabían que la palabra imaginada era la puerta de los libertos. Y así nacieron las portadas modernas, porque en esta censura debía mostrarse al sol y al escrutinio quién escribía, cuál era el título y peor aún: sobre quién caería la responsabilidad de haber publicado aquello con la calle de la imprenta y sobre todo el permiso eclesiástico de la impresión… Por ello fue que el primer libro en español, el Sinodal de Aguafuerte, impreso en Segovia en 1472 por Johannes Parix de Heildeberg, no llevaba colofón.

Una vez más, ante la iglesia, no se admitía ninguna voz perpendicular que no fuera la suya.

Pero esta historia, desde Mesopotamia, también llegará al reino del águila y la serpiente, y aquí hasta la cerveza lleva limón, por lo que muy a gusto el primer libro publicado en la Nueva España, la Doctrina breve muy provechosa de las cosas que pertenecen a la fe católica y a nuestra christiandad sí que tiene colofón y no cualquiera, que allí se dice sin contradicción que un día, y no cualquiera, sino un 14 de junio de 1544 nacía el libro en la tierra de la Tonantzin de Guadalupe.

Y si ya tiene limón… ¿Qué feo se le hace al chamoy y al chile piquín? Luego incluso los colofones tendrían una versión en español, otra en latín y otra en náhuatl y otra consignare su lugar de impresión como “la Gran Tenochtitlan”, en ocasiones intercediendo el autor para justificar por qué dejaba un tema suelto o por donde se podría investigar más; y así como Bernal contó cómo los invasores se azoraran ante la ciudad en el lago teniéndola como cosa de encantamiento cual en el Amadís de Gaula, así quizá (que ya quién sabe) vinieron en el siglo XVIII a sofisticarse los colofones hispanoamericanos desde la metrópoli con escudos de impresores con grabados o marcas de la casa, en forma sus versos técnicos, en pirámides invertidas acompañados de una leyenda, y unos sí y otros también la palabra “fin”.

Qué duda cabe de que andare ocupado por entonces el Caballero de la Triste Figura, o si no ¿quién le otorgare tanta gracias a los humildes?

Pero en los tiempos previos a que Napoleón abatiera a la corona española permitiendo el nacimiento del México independiente, la corona sufrió de escasez de papel y la necesidad comenzó a situar los colofones en la misma página del fin de la obra y en ocasiones simplemente suprimiéndose como terminarían haciendo muchos libros hasta nuestros días, a la usanza de la tradición anglosajona.

Y hoy los colofones se siguen utilizando de vez en vez porque la ley del 12 de abril de 1917, en su artículo 15, señala la obligatoriedad de dar por sentado en los libros el nombre de la imprenta, su domicilio, el tiraje, el nombre del autor y el responsable de la edición; que aunque no se especifica en qué parte de la publicación debiere de ir y que podría la legal cumplir con la ley en esto, sin embargo, por la tradición libresca, se siguió utilizando el colofón para asentar también el tipo, las fuentes y el gramaje del papel, emulando a los Talleres Gráficos de la Nación.

Con limón.

Qué duda cabe de lo grande de lo pequeño.

La próxima vez que lea, vuestra merced, no lo olvide.

 

Jamás.

 

*

BIBLIOGRAFÍA

 

CRUZ Soto, Rosalba, Los principios del final: el colofón <https://encuadre.org/los-principios-del-final-el-colofon/&gt;

FORRADELLAS, Joaquín y Angelo Manchese, Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria, Barcelona, Ariel, 2000.

ZAVALA Ruiz, Roberto, El libro y sus orillas. Tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y pruebas, FCE, México, 2012.

Diccionario de la lengua española (Real Academia Española), Espasa, Madrid, 2001.

Diccionario de uso del español (María Moliner), Gredos, Madrid, 2004.

***

Hobbit de las Colinas Evanescentes,

montaraz de biblioteca de los bosques de allende,

excavador de calabozos, arqueólogo de mitos y leyendas,

bardo de hadas y perro de los elfos.

 

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Hubiera preferido jamás haberla visto.

Para mí, lo mejor de la película fue la comitiva maravillosa que me llevó a verla en una noche hermosa de sutiles y sencillas aventuritas de sentir.

Sí, por supuesto que amé a BB8 a los 3 minutos y me lo quería llevar a casa. ¿Y cómo no, si es como un perrito, si es como Wall-E? Y sí que Rey y Finn están bien construidos y son entrañables. ¿Y cómo no, siendo tan marginales y desposeídos?

Y no hay duda de que la dirección es impecable, de que la cinematografía (su fotografía, pues) está al punto… PERO, si iban a destruir los postulados del final de El Retorno del Jedi, si se iba a desechar la trama de la mitología moderna más extendida en el mundo, debía ser para hacer una obra maestra. Kieslowsky espacial. No menos de 2001. Blade Runner. La Ciudad de los Niños Perdidos.

Pero no estamos hablando de arte, por supuesto. Estamos hablando de un Reboot. De hacer como que no pasó el final de la historia y volver a hacer otra vez, desde el principio, las películas del Hombre Araña. Ahí les va un nuevo Batman. Como he escuchado por aquí: «Lo peor de Star Wars era George Lucas». Así que mejor nos quedamos con la idea y le quitamos lo ingenuo, acartonado, mal dirigido de las películas anteriores y decidimos transformarlo en Game of Thrones…. o, en realidad, en una telenovela que nunca acaba, para tener los dividendos de la franquicia más popular de la historia, para hacer una película de Star Wars cada año hasta que la vaca cósmica se pueda exprimir. Como Marvel… pero sin el respeto y la congruencia narrativa de Marvel (ya me decía mi corazón que mejor esperara con tanta ilusión Civil War).

Congruencia y respeto narrativo. Eso, porque si se quería hacer un Reboot, mejor de verdad haber hecho un casting de un nuevo Luke, Han, Leia y con el traje insuperable de Vader; y quizá así lo hubiera respetado más y disfrutado mucho mejor.

Porque lo que no es, sin lugar a dudas, es una continuación. Al final del Retorno del Jedi, el imperio se ha colapsado y la República galáctica, por tanto, se restaurará. Ese es el final. Lo amamos aquellos a quienes nos gustan las eucatástrofes (término para finales felices acuñado por Tolkien, por decir lo menos); se aguantan aquellos a los que les fascina el tremendismo. Ese es el final.

PERO la película inicia con una Rebelión, como si no hubiera caído nunca el imperio. No tendría por qué haber ya ninguna «rebelión» y ninguna «alianza»; porque no hay adversario alguno. Se ha legitimado la resistencia en la restitución del antiguo orden democrático de la República. No obstante, para hacer la historia «interesante», a la rebelión se la encierra en la adolescencia; como en un capítulo de los Simpson, empieza la trama con la tensión dramática del episodio IV: A que la rebelión es débil y los fascistas bien chingones y poderosos, para darle emoción. Situándola pues, tal cual, en la situación dramática de regreso, ya no en el episodio VI, sino en el IV, para reiniciar «ahora sí, chin-chin, sin cursilerías, ni boberías» como SI DEBE ser derrotado el lado oscuro ooootra vez. Pero esta vez sin Lucas. (¡Cómo añoro y revaloro la grandeza de George Lucas ahora, en contraste, incluídos los episodios1-3!)

De tal guisa, el imperio, contra la rebelión: uuuy, qué malos; mientras la restauración de la república se ha negado en el final que le correspondía. Esta Nueva Orden ha crecido, al parecer, mientras Luke, Han y Leia han dejado de lado la convicción de lucha de las películas anteriores (junto a Niem Nub, Akbar, Wicket y mi buen Arturito), quizá tan sólo jugando ajedrez en el Halcón milenario, sin ver, ni oír, ni hablar, para, muy a modo, entronarse la Nueva Orden con supuestas «cenizas» con MUCHO MÁS PODER del que le costó a Palpatine, paso a paso, película a película desde el episodio I al VI, ascender en potencia para consolidar el imperio y pisotear la República.

Y no sólo son más poderosos, con una Estrella de la Muerte más grande, sino que el universo narrativo de Coruscant, Naboo, Bam, en una sola escena, vámonos. Lo que no pudo Palpatine en 6 películas, en una sola secuencia… Finito. ¿Para qué? Para que se sienta la precariedad de la rebelión, lo avasallante de los adversarios… tal como al principio del episodio IV. Porque cada película en Hollywood hay que salvar al mundo de una amenaza más grande, más poderosa, más absurda e inflar al marinerito es mucho más barato que apostar al guión.

Ejem. ¿Lo avasallante de los adversarios? Darth Vader es una de las imágenes de la cultura popular más poderosas de nuestro tiempo. Más universal que Obama. Más mítica que Matrix, incluso. Es la quinta esencia de la figura del mal, mucho más que cualquier representación de Satán aunque, paradójicamente, no sólo no es tan malo, sino que su redención salva la galaxia entera. Quizá esto lo hace más temible incluso para todos los bandos.

Bueno, todos vimos cómo Darth Vader era un huérfano triste que pierde a su madre, que pierde a su esposa en una malísima combinación de furia, arrogancia y poca inteligencia. Es el ícono de la caída y redención de la humanidad. Tal como Túrin Turambar -relato que le pareció crucial a Tolkien y al que le dedicó muchos años y versiones, claro que Túrin no era tan bobo como el buen Ani… ¿Se habría llamado en verdad «Anivdelarev»?-. No sólo nos explicamos su maldad, sino que deseamos y desesperamos porque alcance la redención. Él. Todos nosotros. Esta empatía en el relato, capaz de conmover a millones durante años y años, es, damas y caballeros, el poder del mito. Star Wars, tal como deciamos, constituído como el mito moderno más poderoso que el de los superhéroes; más extendido, sí, que Tierra Media en el planeta -imagínense lo que me costó decir eso… Que no dije que me gustara más, sino que es mundialmente más extendido y conocido-.

¿Y Kylo Ren? Un niño mimado y malcriado. ¿Las razones de su maldad? La superficialidad de nuestros tiempos de redes sociales donde el resentimiento puede sublimarse y transformase en ser «Cool» si eres troll. ¿Que era nieto de Vader? Cuidado con irnos por allá, porque si pasamos al asunto de la maldad genética, no habrá quien no diga que cierta etnia o grupo social puede estar determinado por la genética en su comportamiento, y ahora sí ya vieron cómo nos vamos todos al infierno una vez más.

Pero supongamos que la respuesta es que es un psicópata. Sin importar quiénes fueron sus padres, es una persona cuya química cerebral no puede modificarse y tenemos un caso de «Tenemos que hablar de Kevin». Aaaah, entonces, ¿no hubiera sido mucho más interesante explorar su sensación de inferioridad ante la figura de Vader y la tentación de «The light side of the Force»? Ambas posibilidades se plantearon en la película, pero ¿cuál es, en cambio, la solución dramática?

El asesinato de Han Solo.

Y no digo la muerte, sino el asesinato. Un mero sacrificio mediático. Para redondear la adolescencia forzada de la Rebelión, la absurda y anticlimática desaparición de Coruscant y la República, el ridículamente inflado Nuevo Imperio.

Para causar tan sólo, más allá de la verdad narrativa, golpe de efecto matando «al héroe que no creías que podíamos matar» para, de aquí en adelante, sin que se resuelva nunca nada, hacer, como decíamos, películas al infinito. Capítulos al infinito. Game of Thrones se ha apoderado de la galaxia muy, muy lejana.

Y así, no muere Han Solo como William Wallace, como Bruce Willis en «Doce monos», como Boromir. No muere porque todas las entrañas del universo narrativo nos dicen que el único final posible es que Daniel Day Lewis le dispare a Duncan Heyward en el «último de los mohicanos para liberarlo». No muere ni siquiera en la construcción aterradora y patética de las víctimas de «Das Experiment».

No, tan sólo Han Solo, el mito amado del héroe y figura cambiante, es sacrificado para causar efecto.

Se asesina el mito moderno de Star Wars, para que, muerto el rey, viva el nuevo rey de la secuela infinita, colgados de la esperanza de que «Ahora sí, chin-chin» estos SÍ son los héros que esta vez SÍ le van a traer el orden a la galaxia.

Y no con ewoks-hobbits festejando en nostalgia y melancolía, mirando los espectros de los maestros caídos e idos, al fin del imperio y el inicio de la esperanza, de la República.

Preferiría no haberla visto jamás.

Al menos ya vendrá Civil War, y si resulta un chasco, siempre puedo contar con que alguien me relate una nueva versión para juego de rol.

Al menos, mi padre, que amaba Star Wars, no tuvo que verlo.

Al menos, el 17 de diciembre que se estrenó, se cumplían también 78 años de que Tolkien escribió la primeria línea del Señor de los Anillos.

Devastado mi corazón de Ewok, me retiro de nuevo a Beleriand y Vellory, donde pertenezco. Ahí nos daremos un abrazo cuando pasen por las encrucijadas del bosque.

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Presentación del libro Póquer de cuatrillizos de Medardo Landon Maza Dueñas en el plantel Cuautepec de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México por el maestro en letras, el escritor José Carlos Vilchis Fraustro.

"Póquer de cuatrillizos" novela de fantasía para adultos de Medardo Landon Maza Dueñas.

«Póquer de cuatrillizos» novela de fantasía para adultos de Medardo Landon Maza Dueñas

UACM_Plantel Cuatepec

UACM_Plantel Cuatepe

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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Maestro y escritor Jose Carlos Vilchis Fraustro

Maestro y escritor Jose Carlos Vilchis Fraustro

 

José Carlos Vilchis Fraustro. Escritor y Filólogo hispánico medieval por la UAM Iztapalapa y por la FFyL de la UNAM. Desde el año 2013 es miembro de la Asociación Internacional de Hispanistas (Oxford, 1962) y también es investigador del Laboratorio de Investigación y Formación en Estudios de Género de la UACM bajo la dirección de la Mtra. Gezabel Guzmán Ramírez. Profesor-investigador del Colegio de Humanidades y Ciencias Sociales, adscrito la Academia de Cultura Científico Humanística de la Universidad Autónoma de la Ciudad de México.

En el 2013 publicó su primera novela Desmodus, el vampiro con la Editorial Terracota: la publicación fue resultado del concurso La escritura Invisible (Terracota/CONACULTA/INBA 2013). Los temas que estudia son el imaginario del poder, la cultura y la mujer en la España de la Edad Media. Concerniente a los estudios de género, ha trabajado en las líneas de misoginia, heterodoxia y ortodoxia. Actualmente es postulante a Doctor en Filología Medieval por la UAM-I; es Maestro en Letras españolas por la UNAM y Licenciado en letras Hispánicas por la UAM-I.

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PRESENTACIÓN DE PÓQUER DE CUATRILLIZOS

Buenas tardes. Deseo agradecer la invitación de Medardo Landon Maza para presentar su novela Póquer de cuatrillizos, editado por la Editorial Delfín. Agradezco también a la coordinación de Difusión cultural y extensión universitaria, a nuestra Casa de estudios, la UACM y al plantel Cuautepec. Agradezco también a todos ustedes por su presencia en este evento.

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Uno.

Hace algún tiempo me habían preguntado reiteradamente mi opinión sobre la saga de Joan Rowling, Harry Potter. Debo decir que muy tarde encontré el entusiasmo que me produjo, por eso antes de ello siempre contestaba: “debes leer primero a John Ronald Reuel Tolkien o a Úrsula Kroeber LeGuin, antes de preguntarme eso”. La razón se debe a que había defendido ferozmente durante mucho tiempo mi idea de que la saga de la escritora británica aún debía atravesar por el juicio del tiempo y el descubrimiento de otros consumados maestros de la literatura fantástica para que el lector hiciera su veredicto.

Puedo decirles que los libros que hablan de Terramar o la serie de libros que tratan sobre Arda y su más famoso continente La Tierra Media, son de una complejidad deslumbrante, que nos hacen saber de historias de mundos construidos por unos auténticos arquitectos de universos. LeGuin y Tolkien han sido para mí unos autores que no sólo pensaron los mundos de sus relatos, sino que los dotaron de Historia (lo digo con mayúsculas, como una disciplina de conocimiento, pues) de gestas, de misterios mitológicos que serán inherentes a los personajes y protagonistas de sus sagas y que afectan los acontecimientos relatados a partir de la memoria más antigua. Ante una imaginación tan desbordante para inventar aquellos mundos, en mi primera apreciación, Harry Potter adolecía de una manufactura tan compleja debido a que la saga sucedía en muy poco tiempo, apenas unos pocos años, mientras las otras sagas a las que me refiero tienen historias de antigüedades sobrecogedoras. Me basaba pues, de inicio y reiterándolo, en la idea de mitología, Historia vista como disciplina, como la memoria de una comunidad, en la oralidad y su halo de antigüedad, en los relatos legendarios etc. Pero esta opinión no me nubla para reconocer la riqueza inventiva del mundo de Rowling, en su detectivesco personaje principal, en sus referencias y construcciones del mundo mágico y por lo menos al respeto de la lengua latina que esgrime en los conjuros y fórmulas mágicas y mucho menos para apreciar que sus textos son cada vez más imprescindibles para regodearnos con el mundo de la fantasía. Tiene sus propios elementos y méritos, pues. Les quiero contar precisamente la anécdota que ilustra lo que comento: en la red circula una cita atribuida a Stephen King en una comparación entre Crepúsculo y Harry Potter en la popularidad que gozaban en cierto momento y que para el mundo editorial era equiparable:

Mago de Terramar_Ursula K Leguin_portada

Mago de Terramar_Ursula K Leguin_portada

“Harry Potter is about confronting fears, finding inner strength and doing what is right in the face of adversity. Twilight is about how important it is to have a boyfriend.”

«Harry Potter es sobre confrontar temores, encontrar la fuerza interior y hacer lo que es justo en medio de la adversidad. Crepúsculo es sobre lo importante que es tener un novio».

Debo decir que no son palabras de Stephen King, sino de una internauta común y corriente llamada Robin Browne. Y, ¿qué ilustra? que hay niveles para comparar la literatura de fantasía y que los lectores (nosotros, el gran público) también somos críticos.

No sé si he ilustrado correctamente lo que quiero decir en mis comentarios, pero me ahorro la especulación: como lector siempre me he visto en la necesidad de valorar lo que leo. Potter, es la primera vez que lo confieso, al mirarlo lejos de los grandes maestros como los que he comentado, y ponerlo en otros derroteros y géneros literarios, adquirió otra tesitura para mí y el reconocimiento de su estatus. Observen, pues, el ejercicio que he tenido que hacer para iniciar con ideas sobre Tolkien, LeGuin, Rowling y Meyer, para decirles que Meyer, como autora, está muy lejos de lo que valoro en la literatura fantástica. He dicho, al final mucho y nada, intentando fijar la vista en lo que me atrapa literariamente, que es el reconocimiento de complejidades que pueden hacerme sentir catarsis en un relato. Van insertas mis ideas, obsesiones y complejidades que de seguro no son únicas y que comparto con cualquiera de nosotros.

En fin, ya les dije la anécdota pero no quiero dejar pasar la oportunidad de comentarles que si me preguntan de George R. R. Martin, debo decirles que no he leído su juego de tronos, pero lo haré pronto.

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Dos.

Comencé exponiendo una pregunta reiterada hacia mí que quiero trasladar a la obra que hoy nos reúne. Si alguien me preguntara qué opino de Póquer de cuatrillizos de Medardo Landon Maza, diré que especialmente al buscador de sagas de literatura fantástica, con historias verdaderamente añejas, con una línea temporal antigua, con mitología, oralidad de rancia tradición y leyendas, que afectan las acciones y acontecimientos en el relato, habrá encontrado justamente un texto apropiado bajo estas exigencias.

No voy a ocultarlo al público, y corro el peligro de realizar un spoiler alert. Son relatos de mördyns, gente mediana a la que el propio autor reconoce como hobbits apócrifos. Pero lo hace para lograr un reconocimiento general sólo para que su lector no quede desprevenido: en realidad hay que leer la advertencia previa para descubrir que el autor no plagia a Tolkien, sino que venera la presencia del maestro y si uno se adentra más en la explicación, descubrirá que Medardo es un ingenioso lector y crítico de Tolkien para que sus mördyns tengan vida propia y un significado también propio. Esto que nos comenta Medardo de inicio es muy necesario, ya que en sí mismo es un libro de creación, influenciada, eso sí, pero también original en sí misma. Las gestas oníricas de las colinas evanescentes es un mundo propio creado con influencia de otras creaciones y autores sin que en ello yo vea contradicción alguna: la literatura, muchas veces, abreva de otra literatura y no por ello hay polémica en la originalidad del relato. El caso de nuestro póquer de cuatrillizos es complejo en este sentido ya que el mundo no tiene mayores referencias que sean iguales en estatura que el maestro Tolkien. Debo advertirles, por cierto, que mi impresión es que Medardo es un tipo muy conocedor de literatura de la antigüedad. Eso lo convierte en un autor que sabe el usus scribendi de ese tipo de producciones y a él como autor lo sitúa en ser un libre ejercitador del imitatio auctoris. Querido Medardo, no te voy a insultar diciéndote autor tipo fan fiction, dejemos esos términos para textos menos complejos, filológicamente hablando, como Cazadores de sombras y autoras como Cassandra Clare.

 Mapa_Península Twollem

Mapa_Península Twollem

Cometí esta digresión a propósito. Volveré a mencionarte Medardo con mis sospechas de tu formación literaria, que se te sale en cada línea de tu libro. Después del capítulo primero y por la trama que presenta, no querrá el lector dejarlo sin saber su desarrollo y desenlace. Quiero decirles que el texto tiene un menú imprescindible de caminos secretos, espíritus naturales, bosques encantados, hadas, duendes, enanos, trolls, dragones de leyenda, elfos, trasgos, gnomos, humanos, brujas, sacerdotes, hechiceros, hombres rata, seres temibles como el legendario y derrotado Astado Señor de las Bestias… ¿ya dije brujas? Tewa, la banshee, la arpía, bruja blanca onírica temible al servicio de Lector Mosca, el sirviente de Anchllor, dominado a su vez bajo el tirano Lomins Damottrano, el conquistador de la Península Twollem… Sociedades secretas de rebeldes y policía secreta del tirano: jóvenes mördyns que en una noche tensa habrán de dejar la niñez, la inocencia y la adolescencia a fuerza de sentir en sus hombros el peso de la responsabilidad de madurar en unas pocas horas… Una profecía que se está cumpliendo entre harina y sangre, donde un asesino serial y una mördyn insurgente peligrosísima para la policía secreta, están metidos en uno de los capítulos más tensos que leí… Merywm, no olviden ese nombre, ni a los cuatro albinos nacidos en una noche, ni la persecución de los trasgos hasta un escondite secreto…

No… no voy a decir más en este aspecto. Compren el libro.

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Tres.

Tenemos un libro con un narrador omnisciente que está dividido en 12 capítulos, cada uno con el nombre de algún personaje del relato. Atinadamente el autor supo cuidar que esos capítulos y sus protagonistas quedaran repartidos para que la voz omnisciente pudiera contarnos su génesis e incluso aventuras más allá de su existencia en el universo del mundo donde está la Península Twollem. No hay que perderse la nota previa del autor, ni el prólogo al que no hay que llegar con prejuicio porque se cometería el perjuicio de ignorar, por ejemplo, la profecía.

No importa si el lector no está avezado en Tolkien, LeGuin o Clive Stapes Lewis: Medardo ha sabido cuidar algunos aspectos primordiales para el lector:

Primero, que esto no son más que los compendios históricos de la Península Twollem que el relator y cronista

Merywm Davirom_Bosque adentro

Merywm Davirom_Bosque adentro

Merywm Davirom escribió, para leerse en las plazas públicas.

Segundo: que este texto en 12 capítulos es exhaustivo en narrar viejas historias, en recuperar la memoria y darle sentido a cada personaje en un gran entramado que nos lleva a visualizar el tejido de un mundo, de un universo por descubrir.

Tercero: si no es suficiente que se conozca la historia que se escribió en este mundo de las gestas oníricas de las colinas evanescentes, tenemos al final un conjunto de apéndices para situarnos en lugares, leyendas, personajes, objetos y palabras en desuso.

Cuarto: las acciones del relato se producen dos planos temporales que se logran capítulo por capítulo: la noche del conflicto en la insurgencia, al mismo tiempo sirve para conocer el pasado de la Península de tintes antiquísimos.

Quinto: te dije, querido Medardo, que sospecho de tu formación literaria. Si todo lo anterior no es suficiente, esas influencias de la literatura de la antigüedad y la oralidad nos llevan a pensar en épocas de rapsodas, juglares, escribanos, bardos: con rasgos grecolatinos, escrituras de runas, Edad Media, oscurantismo; géneros como la poesía épica, los libros de caballerías, cantares de gesta, mitos y leyendas propios de un universo que sí nos es reconocible. No voy a dejar de mencionar héroes, batallas, gestas heroicas es algo a lo que el público lector está familiarizado.

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Cuatro.

Debo decir que el texto es un reto, pero también un logro para nuestro autor, si juntamos varios de los puntos que he trabajado en este texto. Cuando el público lector acude a una librería, puede encontrarse con la mesa donde reposan las ediciones de literatura fantástica. El mercado es muy amplio y la reproducción de autores y obras también. Muchas veces en la literatura juvenil que es la etiqueta que persigue implacablemente a los imaginantes de este tipo de historias. El reto para nuestro joven autor es demostrar en este universo del género que vale la pena que su obra sea leída. La competitividad que exige el mercado editorial es al final lo que nos deja, como consumidores, la última decisión para adentrarnos en los mundos de la literatura fantástica. Sea pues, en esta presentación, mi sospecha de tu amplio conocimiento de la literatura la llave para recomendar este texto, ya que será el público lector quien tenga la última palabra. Por mi parte puedo decir que en su contenido no es un relato que me haya decepcionado y por ello reitero mi intención de no llamarte fan fiction, porque no has escrito a través de la idea de la imitación, sino de apropiarte de un usus scribendi.

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Cinco.

La portada nos advierte que es un libro para mayores de 18 años, que tiene temas de abuso y lenguaje picaresco.

En efecto, la portada tiene razón. Dejo a la supervisión adulta la lectura de este libro, más no así en los libros que anteceden este relato pródigo. También dejo al lector que descubra esos temas de abuso, pero también que descubra que tienen un sentido específico que nos devela los dramas de la Península Twollem.

Creo, sin embargo, pertinente decirte que el lenguaje picaresco a veces me sonaba demasiado local en el coloquialismo nacional. En mi purismo tal vez no podría ser objetivo y correr el peligro de dejar de reconocer su sentido en el relato. Por ello el desafío del lenguaje es permanente en tu texto. Pero quiero dejar, nuevamente, al público lector en su propia experiencia literaria con tu novela, para que sea quien juzgue en completa libertad el asunto.

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Seis. Punto final.

Debo finalizar subrayando que Medardo es un egresado de la licenciatura en Creación literaria de nuestra Casa

Logo UACM

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de estudios, la UACM. En el campo profesional es escritor, editor, profesor ¿eres ensayista? ¿Crítico literario? [Medardo contesta que sí. Tiene tiempo de enriquecer su visión del crítico, inteligente y amena]. Y no me cabe duda que sabes de historia literaria, y la cuestión me enorgullece porque siempre le digo a mis estudiantes de literatura que hay que ser literatos todo terreno. Y esa es la impresión que tengo de ti. Te debo la fortuna de conocer tu Póquer de cuatrillizos porque es una novela que en sentido inicial de esta exposición de ideas no me decepcionó en su manufactura, personajes, trama y conflictos. No he agotado los temas, por cierto, ni he podido apenas dejar vislumbrar en esta presentación una idea que es mi deseo compartirles: si Medardo fuera músico, no sería un compositor de un compendio de canciones para manufacturar un álbum. Tu capacidad te da para convertirte en un compositor de sinfonías completas. Estamos pues ante un creador de universos.

Muchas gracias.

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Desmodus_El Vampiro_Jose Carlos Vilchis Fraustro

Desmodus_El Vampiro_Jose Carlos Vilchis Fraustro

 

Si alguno de ustedes, querido lector, gusta adquirir la novela del profesor José Carlos Vilchis Fraustro:

 

DESMODUS, EL VAMPIRO

 Puede buscarla en la página de editorial TERRACOTA:

 

http://www.editorialterracota.com.mx

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"Quijote y Sancho & Frodo y Sam" de Medardo Landon Maza Dueñas, primer lugar en el Certamen de Ensayo Vida y Obra de J.R.R. Tolkien "Premios Aelfwine 2014"

«Quijote y Sancho & Frodo y Sam» de Medardo Landon Maza Dueñas, primer lugar en el Certamen de Ensayo Vida y Obra de J.R.R. Tolkien «Premios Aelfwine 2014»

-!Ay!-respondió Sancho Llorando- (…) Mire no sea perezoso,
sino levántense de esa cama, y vámonos al campo vestidos
de pastores, como tenemos concertado.

Miguel de Cervantes Saavedra,
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

*
Sam respiró profundamente. –Bueno, estoy de vuelta en casa- dijo.

J.R.R. Tolkien, El retorno del rey

Miguel de Cervantes Saavedra según Juan de Juareguí

Miguel de Cervantes Saavedra según Juan de Juareguí

J.R.R.Tolkien según Donato Giancola

J.R.R.Tolkien según Donato Giancola

1
Cervantes y Tolkien
(A modo de introducción)

En un primer vistazo al título y los epígrafes en obvia referencia a Cervantes y a J.R.R.Tolkien, podría parecer una elección caprichosa que sólo correspondiese a filias personales, comparar de algún modo la obra de estos escritores, titanes; el padre de la novela moderna –padrastro, diría Cervantes- y el padre de la fantasía épica contemporánea –romances, apuntaría Tolkien-, por significar lo menos de los dos y de sus obras, separados por cuatrocientos años, en naciones más que distintas, dispares y sin mucho registro de los biógrafos de Tolkien, de que hubiera leído el Quijote.


No obstante, quizás alguna evidencia harto circunstancial podría iniciar el guiño: es en Inglaterra donde comenzó la crítica literaria del Quijote, donde primero se lo tradujo y de donde muchísimos de sus estudiosos han provenido durante siglos (recordemos Tristam Shandy). Además, el padre Morgan, tutor del huérfano y joven Tolkien, era mitad galés y mitad español y lo llevó a buscar aprender algo de español. Así lo cuenta su biógrafo Humphrey Carpenter:

Su tutor hablaba un perfecto español y Ronald le había pedido a menudo que le enseñara el idioma; no fue así, pero podía utilizar con toda libertad los libros. Los leyó nuevamente y empezó a trabajar en un lenguaje inventado que llamó “Naffarin”.

Y Tolkien mismo lo relata de este modo en una de sus cartas:

Mi tutor era en parte español, y yo, a comienzos de mi adolescencia, cogía sus libros e intentaba aprender esa única lengua romance que me procuraba el placer particular del que hablo: no es exactamente lo mismo que la mera percepción de la belleza; siento la belleza (…); se parece más bien al apetito que se siente por el alimento necesario.

Así que, como connotado mitógrafo que era desde temprano Tolkien, habría podido ser una elección natural emprender o asomarse “de entre los libros de su tutor” a la obra cumbre de la lengua española: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, plagado de caballeros y aventuras que desde entonces lo fascinaran.


¿Qué trascendencia pudiera tener el comentario anterior? Si establecemos algunos paralelismos en las biografías de Cervates y Tolkien, podría ser tan caprichoso y anecdótico como comparar a otros escritores de armas y letras de mentes progresistas, como a Stendhal con Ignacio Manuel Altamirano, que pudiese resultar un juego del todo estéril pero que, acaso sólo por diversión, valdría la pena.


Ambos –Cervantes y Tolkien, ya no Stendhal y Altamirano-, hombres de letras que emprendieron sus obras cumbres después de los cincuenta años; que pese a lo innovador de sus textos, fueron despreciados como autores por sus colegas contemporáneos y que estuvieron rodeados de singulares mujeres de carácter.


Los dos tomaron parte de las más terribles batallas de sus tiempos, en Lepanto y en el Somme respectivamente , de las que los dos resultaron heridos o enfermos, y cuya participación en tales hechos históricos fue motivo de gran orgullo durante todas sus vidas.


Fue una batalla terrible. Bilbo no había pasado nunca por una experiencia tan espantosa, y que luego odiara tanto, y esto es como decir que por ninguna otra cosa se sintió tan orgulloso, hasta tal punto que fue para él durante mucho tiempo un tema de charla favorito, aunque no tuvo en ella un papel importante.


Escribió Tolkien. Y Cervantes:

Pero fuele la fortuna contraria, pues donde la pudiera esperar y tener buena, allí la perdió, con perder la libertad en la felicísima jornada donde tantos la cobraron, que fue en la batalla de Lepanto.

Tanto don Ronaldo como don Miguel tuvieron estrecheces económicas toda la vida, lo cual los obligaba a escribir contrabandeando tiempo, y que sólo hasta la publicación de sus obras maestras comenzaron a tener los recursos y la holganza para atender sus proyectos previos que se tornaron póstumos, como Los trabajos de Persiles y Segismunda o El Silmarillion.


Sus protagonistas tienen claros dejos autobiográficos. En el Quijote hay un nítido viso del viejo soldado Cervantes, como en Bilbo Bolsón hay un mucho del Tolkien escritor del Libro Rojo y de chalecos brillantes. Ambos personajes, emprendieron su gran aventura después de los cincuenta, emparentando, como se ha dicho, la edad en que los autores los emprendieron a ellos.


Más aún, sus obras cumbres surgen de una lectura abundante y acuciosa que los condujo a la renovación artística en innumerables textos de caballeros, doncellas, reyes portentosos, espadas mágicas, monstruos, criaturas proto-humanas o temibles hechiceros antagonistas. Frestón y Saruman, podrían mirar al otro de reojo a sus espaldas.


Pero, el paralelismo más notable -y acaso también casual fruto de la observación de la condición humana de sus experiencias durante la guerra -es el parecido entre la dupla contrastante de sus protagonistas: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y su magnífico escudero Sancho Panza, el señorito burgués Frodo Bolsón y su leal jardinero Samzagaz Gamyi.


De esas parejas de contrarios diserta este breve texto: del amo idealista que fueron Frodo y Alonso el Bueno y de sus escuderos coloridos.


De ellos, solos contra el mundo.

Alonso Quijano por Gustavo Doré

Alonso Quijano por Gustavo Doré

2

El hidalgo y el burgués

Alonso Quijano (o Quesada, como algunos afirman), era un “hijo de algo”, un miembro de la baja aristocracia rural española, que tres cuartos de su hacienda gasta sólo en alimentos (y el resto, bien sabemos, en libros de caballería).

Frodo Bolsón es, por su parte, un reflejo de la burguesía rural de la Inglaterra victoriana ascendente, hasta alcanzar a la baja aristocracia venida a menos.

Frodo ante Galadriel por Jian Guo

Frodo ante Galadriel por Jian Guo

Los dos, hijos de la clase acomodada rural, pasados de los cincuentas, afectos a los paseos campestres con libertad para hacer y desfazer y muy a las lecturas de hadas, caballeros y dragones, claro que para Don Alonso las ficciones de los libros de caballerías constituirán el universo narrativo de su delirio, en tanto que para Frodo esos relatos constituyen los legítimos mitos y leyendas de la sólida historicidad del corpus mitopoético de los grandes hechos de su tiempo.


Hombres de letras, humanistas de ideales que se ven forzados por su propia conciencia a aplicar todo lo leído y a transformarse para llevar a la acción las más hermosas ideas en las que se han formado:


(…)le pareció convenible y necesario, así para aumento de su honra como para el servicio de la república, hacerse caballero andante y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído (…) deshaciendo todo género de agravios(…)

Y tal se inició en La Mancha, mientras en La Comarca:

Por el momento, parece que soy un peligro para mis vecinos. No puedo conservar el anillo y quedarme aquí. Tengo que salir de Bolsón Cerrado, abandonar la Comarca, abandonarlo todo e irme. –Suspiró-. Me gustaría salvar la Comarca, si pudiera, aunque alguna vez pensé que los habitantes eran tan estúpidos que un terremoto o una invasión de dragones les vendría bien.

Abandonan la seguridad de su hogar (tan similar a la de un lector moderno) para emprender, cada uno, la más disparatada de las empresas antes vistas por sus semejantes: salir a los caminos a tornarse caballero andante “que mucha necesidad hay de ellos” o a deshacerse de la más poderosa arma para vencer a un enemigo invencible, arrojándola en la mismísima guarida de la sombra del mal.


Y a este propósito, en marcha y peripecia se hacen, adentrándose en el mundo de la aventura tal como hombres de letras que son, a través de las palabras, renombrándose a sí mismos en el nuevo cuento de leyendas en que se adentran (o creen que se adentran).


Así, el Quijote sí y sólo sí puede ser él y no Alonso Quijano a través de nombrar a su caballo Rocinante, a su dama Dulcinea (¿Dulce Idea?) y, así mismo, primero Don Quijote de la Mancha y, más tarde, ya en mote de armas y hazañas probadas, como el caballero de la Triste Figura.
En tanto, Frodo habla la lengua de la Edad de Oro en que no había “lo tuyo y el mío” , el élfico que hermana a través de la palabra, con el pueblo de los Eldar, con los caminantes de los sueños, con los moradores de los bosques; y este conocimiento lingüístico es en sí mismo una potencia de transformación de la realidad: el canto a Elbereth lo salva de los jinetes negros, y escuchar el canto élfico de Sam en la Torre de Cirith Ungol, lo salva del cautiverio.


Además, en reflejo biográfico con sus autores, ambos son escritores en potencia. Frodo será el cronista de gran parte del Libro Rojo que contiene a El Señor de los Anillos y Alonso Quijano, antes de decidirse por ser caballero:


(…) muchas veces le vino el deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran.

Una vez desplegados y armados con sus nombres y voces, se van al encuentro de numerosos y extraordinarios personajes entre los que se ha de resaltar a su mayor antagonista que terminará por derrotarlos, constituido de su otro yo, de su sombra jungiana de lo que podrían haber sido de no haber escogido la virtud.


El Caballero de la Blanca Luna y posteriormente el Caballero de los Espejos, es el (infame) bachiller Sansón Carrasco que, en la vorágine de la imaginación de Alonso Quijano, termina afectando en su realidad al modo en que hace surgir a otro caballero como el mismo, pero este otro en cambio, es un caballero de mentiras y mala entraña, opuesto por entero al caballero de la Triste Figura y quien, como dice León Felipe: “en las playas de Barcino frente al mar”, lo derrotó y lo mandó al exilio de sí mismo, que ulteriormente le causará la muerte.


Así mismo, Gollum es la sombra de Frodo. Un hobbit como él, que también fuera portador del Anillo Único y, por tanto, la única persona capaz de entender su fascinación y obsesión por la posesión que la maligna voluntad que el anillo genera y que, cuando en las grietas del monte Destino Frodo fracasa (inevitablemente), al entronarse a sí mismo con el Anillo Único, es Gollum quien logra arrancarle el anillo y, al despeñarse a la lava, salvar con ello a toda la Tierra Media.


De tal guisa que, tanto El Quijote como Frodo, son derrotados en sus apoteosis y pruebas finales, y su regreso de las aventuras al hogar es un retorno, a un tiempo, a la muerte y la inmortalidad. A la muerte de Alonso el Bueno y al Oeste inmortal de Frodo, pero también a la inmortalidad de Cervantes y del Quijote de la Mancha.


Paradójicamente, en esta aparente derrota y retorno a la despedida, se encuentra quizá la más notable eucatástrofe, como llamaba Tolkien al giro inesperado de los acontecimientos hacia un súbito final feliz, hacia la esperanza.


Y esa eucatástrofe está en Samzagaz Gamyi que, transformado por la compañía y los ideales de su amo, se ha tornado, de una a una, en héroe, en bardo y, más importante quizá, en esposo, en padre, en alcalde y en el jardinero, ya no de Bolsón Cerrado, sino de la Comarca entera, sembrando el único árbol mallorn al oeste de las montañas, para memoria de los Eldar de los cantos y los cuentos.


Eucatástrofe en un Sancho Panza que, postrado a la cama de su señor, le ruega que se tenga en pie para volver a los caminos a desfazer entuertos.


Pues tanta falta hacen los caballeros andantes en el mundo.


Y él lo sabe y ahora es uno de ellos.

Sancho Panza y Rocín por Gustave Doré

Sancho Panza y Rocín por Gustave Doré

3
El escudero y el jardinero

Sam y Sancho a la distancia, podrían confundirse. Fornidos, bajos, rechonchos, vestidos en humildes atavíos campesinos que, de más cerca, nos dan la faz de espesas barbas de rural de la Mancha o las pecas y rizos de la colinas entre Oxford y Gales.


Sí, claro que son proverbialmente conocidos por ser los fielísimos acompañantes de sus insignes señores hacia la inmortalidad literaria, pero también son recordados por sus diálogos repletos de ingenuidad e ingenio, refranes y retruécanos, representados por sus autores con un notable colorido, fruto de la recreación oral del habla cotidiana del campo de sus patrias.

Posible Sam Gamyi por Ari Aboytes Cortés

Posible Sam Gamyi por Ari Aboytes Cortés


Si hay en Alonso Quijano y en Bilbo, el tío de Frodo, un posible ánimo autobiográfico de parte de Cervantes y Tolkien, acaso en Sam y Sancho se trata del encuentro con el otro. Quizá un Don Miguel, tras todos los años de recorrer España en aquella tamaña y amarga tarea de cobrar impuestos de la corona, viendo de cerca la miseria y la necesidad de los humildes, que le resultara en claras simpatias por ellos, gestando de ese encuentro con lo agudo, simple, ingenuo y honesto a Sancho Panza, flor del campesinado del mundo entero.


Sobre el origen de Sam Gamyi, el propio Don Ronaldo nos cuenta:

Mi Sam es en realidad un reflejo del soldado inglés, de los asistentes y soldados rasos que conocí en la guerra de 1914 y que me parecieron tan superiores a mí mismo.

A diferencia del Quijote y Frodo, habitantes de los cielos de las ideas, Sancho y Sam, arraigados a la tierra –en el sentido de lo mundano y del elemento alquímico al mismo tiempo, como transformadores de la sustancia en vida, como campesino y jardinero-, sí tienen (o tendrán) esposas e hijas. Son hombres de familia que establecen una entrañable amistad con sus monturas que, si bien toscas, son sorprendentemente suertudas y perspicaces: Rocín el burro y Bill el pony, a quienes los escuderos extraviarán durante sus aventuras, pero que ulteriormente recobrarán con gran ternura y alegría.


Pese a su sencillez (o precisamente por ello), los dos tienen un encuentro singular, casi privilegiado, con la dama más bella, virtuosa y preponderante de sus respectivos relatos: Sancho Panza es quien, con la imaginación -y una vez más en la marea de alcanzar y tintar la realidad del Quijote con sus lecturas-, se transforma de escudero en subcreador, e inventa el encuentro con Dulcinea del Toboso, figurándola con una mezcla de posible gallardía señorial con el referente directo de Aldonsa Lorenzo y su olor a cebollas.


En el caso de Sam, es uno de los pocos miembros de la Compañía del Anillo que no sólo pasa la prueba de la mirada poderosa al conocer a Galadriel, sino que incluso tiene también el privilegio del íntimo encuentro con el espejo de Galadriel y las visiones de Frodo y más aún: recibe de regalo de sus manos, no un artilugio de guerra (como Legolas) o una joya singular (como Aragorn), sino una semilla de árbol élfico y tierra de Faerie.


Así pues, entre semillas y cebollas, los escuderos son dignos de tan grato encuentro con los equivalentes simbólico de la Reina de las Hadas en sus propios reinos narrativos.


Este notable par reconocido por su sólido sentido común y sus perspectivas continuamente prácticas ante los problemas -en tanto sus señores los ven desde otras honduras-, son representados en un tono muchas veces fársico, en contraste con la solemnidad e idealismo de sus amos (contraste al que se volverá más adelante) y, no obstante, pese a tener los pies tan firmemente en la tierra, siguen al Quijote y a Frodo a las más disparatadas y desesperanzadas de las empresas y ellos abrazan la causa con todo su empeño y, primero por amor a sus señores y más tarde, por la convicción propia que se les hubo forjado a través de las travesías y peripecias.


Así mismo, cuando las circunstancias los separan de sus amos e inmensas responsabilidades quedan en sus manos, Sam y Sancho despuntan entre los grandes sin desmerecer en absoluto el legado ético y épico de Frodo y el Quijote.


Sancho cuando, por argucia de los duques es dispuesto como gobernador de la Ínsula Barataria en pretendida mofa de lo que un común pudiera hacer de estropicios (como sí es la perspectiva de El Buscón, de Quevedo), despunta con sabiduría y justicia, y su sentido común para lo diario se sublima en una empírica aplicación humanista, mas que de la ley, del bien común.

Y esto lo diera firmado de mi nombre si supiera firmar, y yo en este caso no he hablado el mío, sino que se me vino a la memoria un precepto, entre muchos otros que me dio mi amo don Quijote la noche antes que viniese a ser gobernador de esta ínsula, que fue que cuando la justicia estuviese en duda me decantase y acogiese a la misericordia, y ha querido Dios que ahora me acordase, por venir en este caso como de molde.


(…)


aquella tarde la pasó Sancho en hacer algunas ordenanzas tocantes al buen gobierno de la que él imaginaba ser ínsula; y ordenó que no hubiese regatones de los bastimentos en la república; y que pudiesen meter en ella vino de las partes que quisiesen, con aditamento que declarasen el lugar de donde era, para ponerle el precio según su estimación, bondad y fama; y el que lo aguase o le mudase el nombre, perdiese la vida por ello. Moderó el precio de todo calzado, principalmente el de los zapatos, por parecerle que corría con exorbitancia. Puso tasa en los salarios de los criados, que caminaban a rienda suelta por el camino del interese. Puso gravísimas penas a los que cantasen cantares lascivos y descompuestos, ni de noche ni de día. Ordenó que ningún ciego cantase milagro en coplas si no trújese testimonio auténtico de ser verdadero, por parecerle que los más que los ciegos cantan son fingidos, en perjuicio de los verdaderos. Hizo y creó un alguacil de pobres, no para que los persiguiese, sino para que los examinase si lo eran; porque a la sombra de la manquedad fingida y de la llaga falsa andan los brazos ladrones y la salud borracha. En resolución, él ordenó cosas tan buenas que hasta hoy se guardan en aquel lugar y se nombran ”Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza.”

En tanto, Samzagaz, tras la traición de Gollum y la caída de Frodo, se ve en solitario, enfrentando con daga élfica a la araña demoniaca de Ellalaraña y luego, tornándose en portador del Anillo Único, logra rescatar a Frodo de la torre de Cirith Ungol con una combinación de astucia, prudencia, arrojo y sensibilidad poética, pues es a través de una canción élfica entonada en la desesperación, como ya se hubo mencionado, que encuentra a su amo. Y como Sancho, también le toca a Sam ser alcalde en la Comarca –siete veces reelecto-, donde otro tanto se encumbra con su compasión y sabiduría:

La mano de Sam titubeó. Ardía de cólera, recordando pasadas felonías. Matar a aquella criatura pérfida y asesina sería justo: se lo había merecido mil veces; y además, parecía ser la única solución segura. Pero en lo profundo de su corazón, algo retenía a Sam: no podía herir de muerte a aquel ser desvalido, deshecho, miserable que yacía en el polvo. Él, Sam, había llevado el Anillo, sólo por poco tiempo, pero ahora imaginaba oscuramente la agonía del desdichado Gollum, esclavizado al Anillo en cuerpo y alma, abatido, incapaz de volver a conocer en la vida paz y sosiego. Pero Sam no tenía palabras para expresar lo que sentía.


(…)


Sam plantó retoños en todos aquellos lugares donde había árboles especialmente hermosos y queridos (…) recorrió la Comarca, a lo largo y ancho, haciendo este trabajo (…) y al terminar, descubrió que aún le quedaba un poco del polvo (de Galadriel), y fue a la Piedra de las Tres Cuadernas, que es por así decir, el centro de la Comarca, y lo arrojó al aire con su bendición.
La primavera colmó con creces las más locas esperanzas de Sam.

Y sobre esta transformación del humilde hobbit, Tolkien apunta en sus cartas:

Sólo encontramos hobbits en íntimo compañerismo, los que tienen una gracia o un don: una visión de la belleza, una reverencia por cosas más nobles que ellos mismos, en guerra con su autocomplacencia. !Imaginen a Sam sin la educación que le impartió Bilbo y la fascinación que le produce lo élfico!

Y mientras los escuderos se encumbran como alcaldes y gobernadores, en su ausencia, Frodo yace herido y torturado, mientras el Quijote llora sin poder coser sus propios calcetines.


Pero más aún y como ya se ha mencionado anteriormente, al final de las novelas, encontramos al campesino y al jardinero transformados por sus aventuras y por la influencia de los ideales de sus señores, hablando en nuevos modos y con nuevas ideas que los han sublimado. Han hallado sus propias convicciones de compasión y justicia a través de sus hazañas que los han tornado en humanistas que ejercen sus ideales en sus acciones.


Héroes cotidianos

Portada_El Quijote_1605

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4
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y
El Señor de los Anillos
(A modo de conclusión)

Más allá de los paralelismos (¿forzados?) entre los autores y los protagonistas (¿pretendidos?) hay también algunos recursos estilísticos similares en las poéticas de Cervantes y Tolkien, aquí muy ínfimamente esbozadas, con la venia -espero- de sus notabilísimos críticos literarios y la disculpas del lector, por tocar temas que merecerían cien veces más abundancia y precisión que en este breve texto.


Tanto en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha como en El Señor de los Anillos el narrador se separa del autor y se constituye en un personaje, mostrándose solamente como un traductor o un compilador.

Portada_Comunidad del Anillo_edición 1973

Portada_Comunidad del Anillo_edición 1973

Es, por tanto Cide Hamete Benengelí el erudito árabe quien se supone relata los hechos del caballero de la Triste Figura, y bien conocido es el episodio en que se detiene el combate contra el vizcaíno porque se le ha acabado a Cervantes el supuesto texto traducido, y cuenta como hubo de salir a buscar la continuación en pliegos extraviados en un mercado.


En el Señor de los Anillos el fenómeno se multiplica, y dice Tolkien que él solo tradujo lo que un cronista llamado Findegil preparó una edición para el rey Eldarion, basado en El Libro Rojo de la mano consecutiva de Bilbo, Frodo y Sam.


Como se ha mencionado previamente, en ambas novelas hay un circundante universo de maravillosos portentos, hechicería, reyes, espadas mágicas, hadas y caballeros, eso sí, claro está, en manifestaciones distintas del concepto de Fantasía o Faerie: en el caso del Quijote, constituyendo un universo del delirio fársico inspirado en los desproporcionados libros de caballería con un ánimo paródico y burlesco (“el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania”) que, paradójicamente, termina afectando la realidad, manifestándose en verídicos no sólo en el Quijote que lo vive, sino en Dorotea o la princesa Micomicona y caballero de la Blanca Luna/de los Espejos que lo burlan e incluso en Sancho que lo vive como verdadero y que por tal, se verá envuelto en la ínsula Barataria tornándose en un gobernador de portento para los más y los simples que allí viven.


Faerie se ha manifestado más allá de todas las esperanzas, por convicción pura.
En tanto, en El Señor de los Anillos, la realidad se constituye a partir de la construcción del pasado mítico del Silmarillion en donde, en lugar de la parodia, es la solemnidad la que da por cierto paratextos abundantes (mapas, lenguas, cronologías, árboles genealógicos) constituyendo su verosimilitud…


Ah. Y como en El Quijote, el contraste.


Esa es la palabra clave, y uno de los más memorables recursos estilísticos que comparten Cervantes y Tolkien pues, en el Quijote se fusionan con inigualable maestría dos géneros narrativos tenidos por menores en el tiempo de Cervantes: el tono idílico de la novela bucólica y el realismo burlesco de la novela picaresca, representado el uno en el Quijote de la Mancha, y el otro en Sancho Panza, y logrando esa fusión de encumbramiento en profundidad y significado muy superior a sus predecesoras, donde lo idílico choca con el realismo y la picaresca con el idealismo, resultando en un pícaro humanismo que fundará la novela moderna, sembrando una contundentísima imagen de contraste complementario de tal eficacia, arte y envergadura, que 400 años más tarde, en el imaginario popular de millones de personas que jamás han leído el Quijote, sólo en silueta y estampa son identificables los hijos de la Mancha de calidad inmortal que, como dijo alguna vez Tolstoi, cuando llegue el Juicio Final y El Supremo pregunte a la humanidad qué hizo para merecer su existencia, todos a una señalaremos a un solo lugar:


El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.


Y así y en tanto, en El Señor de los Anillos, tal como apunta Tom Shippey, Tolkien produce un extrañamiento generador de poderosa verosimilitud con el contraste de lo cotidiano y lo épico. Del entorno de los hobbits afín al mundo burgués del siglo XIX con el que el lector contemporáneo, hijo de la posmodernidad, puede identificarse, enfrentado contra el escenario, los temas y el tono de una épica que sabe a ancestral, no sólo renovando el género epopéyico sino, en humilde opinión de quien esto escribe, generando una potencia mitopoética que supera con mucho a sus fuentes mitológicas -que suelen ser narrativamente inconexas por las miles de voces que les dieron forma-, causando un asombro y una fascinación que uno asume en el acto como verdad, con tamaña inenarrable potencia mítica como no se hubo visto desde Homero.


Pero sin dejar de mirar el reloj en la repisa con un pañuelo en el bolsillo… o quizá precisamente por ello.


Y más aún: acaso en este encuentro de contrastes entre lo bucólico y la picaresca, la posmodernidad burguesa y la épica ancestral, resalta en una lectura contemporánea una propuesta de interpretación esperanzadora:


Hay, entre el caballero andante y el escudero, el académico señorcito y el jardinero, tal amor e influencia del uno sobre el otro, que en ellos parecen reconciliarse los siempre muchos pobres con la aristocracia siempre privilegiada, en estas amistades proverbiales de dos seres humanos donde, como dice el Quijote entre los cabreros, “no existe el tuyo y el mío” y en armonía somos y estamos con nuestros semejantes diferentes, cuando el “otro” al fin es comprendido como el “nosotros”.

***

OTROS ARTÍCULOS SOBRE TOLKIEN DEL MISMO AUTOR:

1. Porqué Tolkien no era reaccionario, ni racista, ni misógino

https://elmordyn.wordpress.com/2014/03/24/porque-tolkien-no-era-reaccionario-ni-racista-ni-misogino/

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2. Poética mínima de Tolkien

https://elmordyn.wordpress.com/2012/03/25/poetica-minima-de-tolkien/

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3. Historia mínima de la literatura collen: fantasía épica contemporánea

https://elmordyn.wordpress.com/2012/03/04/historia-minima-de-la-literatura-collen-fantasia-epica-contemporanea/

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4. Tom Bombadil y un breve atisbo de la ayuda divina en la Guerra del Anillo.

https://elmordyn.wordpress.com/2014/09/11/tom-bombadil-y-un-breve-atisbo-a-la-ayuda-divina-en-la-guerra-del-anillo/

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5. La partida de Celeborn (novela corta fan-fiction, premio accesit del Premio Gandalf 2012)

https://elmordyn.wordpress.com/2014/02/26/la-partida-de-celeborn/

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Mexico versión mapa Tierra Media por "Sam de Somniator"

Mexico versión mapa Tierra Media por «Sam de Somniator»

Bibliografía
CARPENTER, Humphrey, J.R.R.Tolkien: una biografía, Barcelona, Minotauro, 1997.
CERVANTES Saavedra, Miguel de, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Punto de Lectura, Perú, 2008.
DE MADARIAGA, Salvador, Guía del lector del “Quijote”, Espasa Escalpe, Madrid, 2005.
SHIPPEY, TOM, El camino a la Tierra Media, Minotauro, Barcelona, 2002.
TOLKIEN, John Ronald Reuel,
– El Hobbit, Minotauro, Barcelona, 1990.
-El Señor de los Anillos Tomo I: La Comunidad del Anillo, México, Minotauro, 1992.
-El Señor de los Anillos, Tomo III: El Retorno del Rey, México, Minotauro, 1992.
-“Sobre los cuentos de hadas” en Árbol y Hoja, Minotauro, Barcelona, 1997.

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De izquierda a derecha (Siempre de izquierda): Escritora y académica Adriana Jiméez García, el escritor Hugo Hiriart ("Galaor", Premio Nacional), un servidor y el poeta Xhevdet Bajraj ("El tamaño del dolor")

De izquierda a derecha (Siempre de izquierda): Escritora y académica Adriana Jiméez García, el escritor Hugo Hiriart («Galaor», Premio Nacional), un servidor y el poeta Xhevdet Bajraj («El tamaño del dolor»)

Es para mi un honor presentar la reseña de mi querido amigo Salvador Del Pilar Ortega, sobre la presentación de mi novela Póquer de cuatrillizos en mi alma mater, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, campus Del Valle, con las siguientes personalidades que en la foto se encuentran: De izquierda a derecha (Siempre de izquierda): Escritora y académica Adriana Jiméez García, el escritor Hugo Hiriart («Galaor», Premio Nacional) y el poeta Xhevdet Bajraj («El tamaño del dolor»):

 

Homenaje desde la disidencia

 

Medardo Landon Maza Dueñas y no otro es antes que nada y después de todo una buena persona. Así lo definió Hugo Hiriat durante la presentación del libro “Poquer de cuatrllizos” que el recién egresado tuvo a bien compartir con la comunidad universitaria del plantel Del Valle. En esta ocasión la puntualidad no hubiese sido aliada de los acontecimientos ya que en días de marchas, bloqueos y lluvias torrenciales la audiencia no habría estado nutrida; cosa que por otro lado no hubiese trastornado el temperamento del joven escritor aficionado de los cuentos maravillosos, la mitología e historias de caballería principalmente, (aunque no exclusivamente).

A Medardo le da exactamente igual tener un foro atiborrado cual venta de fin de temporada que dos o tres extraviados que pasaran casualmente por ahí. Y es que a su entender el trabajo de un escritor no radica en esencia en la venta de sus libros, sino en la pasión con la que uno puede compartir el proceso de elaboración, porque al fin y al cabo es uno mismo el que queda decantado en cada historia, en cada frase, en cada palabra. En cuestión de amistad parece ejercer una política empresarial de “ganar, ganar” pues prefiere sumar que restar, y en su trayectoria universitaria no escatimó oportunidad de tender lazos fraternales con el que se le cruzara. Medardo no hace distingos entre la gente, no la juzga, sino que entiende que todas las personas atesoran un sin número de narraciones y, en saber reconócelas y valorarlas, puede ayudar la literatura. Pero no se piense que este autor es complaciente y apocado, si bien no juzga de antemano si fija audazmente su postura ante situaciones de injusticia y no está dispuesto a dejar de pronunciarse ante acontecimientos dramáticos y absurdos en los cuales la política gobernante o la apatía ciudadana son cómplices.

La mesa estuvo conformada por personas que el licenciado en creación literaria admira profesional y personalmente, como es el caso de su directora de trabajo recepcional Adriana Jiménez García que ahora fungió como moderadora, Xhevdet Bajraj y el antes mencionado dramaturgo Hugo Hiriat quien llamo la atención sobre el manejo poco tradicional de las estructuras narrativas que Medardo hace a la hora de rendir homenaje a los autores y las historias de las cuales abreva en abundancia, pero que no se limita a imitar diligente cual copista medieval; por el contrario, una vez entendidas las reglas y modelos se aventura a reelaborarlas y proponer actualizaciones.

Maza Dueñas no comienza de cero, como todos los grandes, parte de cosas pequeñas, se da cuenta de que son sus propias vivencias las que le pueden brindar temas que articulen sus historias. Bajraj graciosamente intimidado por las doctas observaciones del colega Hiriat, y a la caza de frases que pueda impunemente “robar” para armar su propio discurso, retoma aquello de que la mariposa es el sueño de la oruga, para aterrizarlo en la importancia de nombrar el mundo. Para él, poeta a fin de cuentas, dar nombre es dar vida, y eso precisamente hace Medardo en sus trabajos, nombra un mundo nuevo, lleno de cosas fantásticas y maravillosas que sin embargo nos hablan de asuntos inmediatos, esenciales, que nos divierten y nos duelen por igual. Finalmente le dieron la palabra al autor, “¡no lo hubieran hecho!” Medardo es en sí mismo todo un personaje, digno de la imaginación de Hugo, de la sensibilidad de Xhevdet y de la acuciosidad de Adriana, baste con decir en esta breve reseña que por alguna razón Medardo Maza Dueñas y no otro jamás usa manga larga y es que nuestro querido autor habla hasta por los codos.

Salvador del Pilar Ortega

***

Presentación del libro Póker de cuatrillizos de Medardo Landon Maza Dueñas en el plantel Cuautepec de la UACM

José Carlos Vilchis Fraustro

 

Medardo Landon Maza Dueñas es escritor de fantasía épica, cuenta cuentos, profesor de Creación Literaria del programa Niñ@s Talento del DIF-DF y asesor editorial en Delfín Editorial. Licenciado de Creación Literaria en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México (UACM) y estudioso de la obra de J.R.R. Tolkien.

Colaborador de a pie con La Brigada para Leer en Libertad; narrador oral en los programas Letras en Guardia y Letras en Llamas y miembro fundador de Inventores Culturales de la Secretaría de Cultura del Distrito Federal. Ganador del torneo de juego de rol en la convención de cómic, fantasía y ciencia ficción MECYFF 98, premio accesit por la novela corta La partida de Celeborn en el certamen Premio Gandalf 2011 de la Sociedad Tolkien Española y mención honorífica por la novela corta Bestiario del reino del verano en Casting de Novela fantástica de Online Studios en 2011.

Ha publicado en Delfín Editorial nueve libros de literatura fantástica épica algunos para niños y jóvenes y otros para público en general.

 

 

 

Buenas tardes. Deseo agradecer la invitación de Medardo Landon Maza para presentar su novela Póker de cuatrillizos, editado por la Editorial Delfín. Agradezco también a la coordinación de Difusión cultural y extensión universitaria, a nuestra Casa de estudios, la UACM y al plantel Cuautepec. Agradezco también a todos ustedes por su presencia en este evento.

 

Uno.

Hace algún tiempo me habían preguntado reiteradamente mi opinión sobre la saga de Joan Rowling, Harry Potter. Debo decir que muy tarde encontré el entusiasmo que me produjo, por eso antes de ello siempre contestaba: “debes leer primero a John Ronald Reuel Tolkien o a Úrsula Kroeber LeGuin, antes de preguntarme eso”. La razón se debe a que había defendido ferozmente durante mucho tiempo mi idea de que la saga de la escritora británica aún debía atravesar por el juicio del tiempo y el descubrimiento de otros consumados maestros de la literatura fantástica para que el lector hiciera su veredicto.

Puedo decirles que los libros que hablan de Terramar o la serie de libros que tratan sobre Arda y su más famoso continente La Tierra Media, son de una complejidad deslumbrante, que nos hacen saber de historias de mundos construidos por unos auténticos arquitectos de universos. LeGuin y Tolkien han sido para mí unos autores que no sólo pensaron los mundos de sus relatos, sino que los dotaron de Historia (lo digo con mayúsculas, como una disciplina de conocimiento, pues) de gestas, de misterios mitológicos que serán inherentes a los personajes y protagonistas de sus sagas y que afectan los acontecimientos relatados a partir de la memoria más antigua. Ante una imaginación tan desbordante para inventar aquellos mundos, en mi primera apreciación, Harry Potter adolecía de una manufactura tan compleja debido a que la saga sucedía en muy poco tiempo, apenas unos pocos años, mientras las otras sagas a las que me refiero tienen historias de antigüedades sobrecogedoras. Me basaba pues, de inicio y reiterándolo, en la idea de mitología, Historia vista como disciplina, como la memoria de una comunidad,  en la oralidad y su halo de antigüedad, en los relatos legendarios etc.  Pero esta opinión no me nubla para reconocer la riqueza inventiva del mundo de Rowling, en su detectivesco personaje principal, en sus referencias y construcciones del mundo mágico y por lo menos al respeto de la lengua latina que esgrime en los conjuros y fórmulas mágicas y mucho menos para apreciar que sus textos son cada vez más imprescindibles para regodearnos con el mundo de la fantasía. Tiene sus propios elementos y méritos, pues. Les quiero contar precisamente la anécdota que ilustra lo que comento: en la red circula una cita atribuida a Stephen King en una comparación entre Crepúsculo y Harry Potter en la popularidad que gozaban en cierto momento y que para el mundo editorial era equiparable:

 

“Harry Potter is about confronting fears, finding inner strength and doing what is right in the face of adversity. Twilight is about how important it is to have a boyfriend.”

«Harry Potter es sobre confrontar temores, encontrar la fuerza interior y hacer lo que es justo en medio de la adversidad. Crepúsculo es sobre lo importante que es tener un novio».

 

Debo decir que no son palabras de Stephen King, sino de una internauta común y corriente llamada Robin Browne. Y, ¿qué ilustra? que hay niveles para comparar la literatura de fantasía y que los lectores (nosotros, el gran público) también somos críticos.

 

No sé si he ilustrado correctamente lo que quiero decir en mis comentarios, pero me ahorro la especulación: como lector siempre me he visto en la necesidad de valorar lo que leo. Potter, es la primera vez que lo confieso, al mirarlo lejos de los grandes maestros como los que he comentado, y ponerlo en otros derroteros y géneros literarios, adquirió otra tesitura para mí y el reconocimiento de su estatus. Observen, pues, el ejercicio que he tenido que hacer para iniciar con ideas sobre Tolkien, LeGuin, Rowling y Meyer, para decirles que Meyer, como autora, está muy lejos de lo que valoro en la literatura fantástica. He dicho, al final mucho y nada, intentando fijar la vista en lo que me atrapa literariamente, que es el reconocimiento de complejidades que pueden hacerme sentir catarsis en un relato. Van insertas mis ideas, obsesiones y complejidades que de seguro no son únicas y que comparto con cualquiera de nosotros.

En fin, ya les dije la anécdota pero no quiero dejar pasar la oportunidad de comentarles que si me preguntan de George R. R. Martin, debo decirles que no he leído su juego de tronos, pero lo haré pronto.

 

Dos.

Comencé exponiendo una pregunta reiterada hacia mí que quiero trasladar a la obra que hoy nos reúne. Si alguien me preguntara qué opino de Póquer de cuatrillizos de Medardo Landon Maza, diré que especialmente al buscador de sagas de literatura fantástica, con historias verdaderamente añejas, con una línea temporal antigua, con mitología, oralidad de rancia tradición y leyendas, que afectan las acciones y acontecimientos en el relato, habrá encontrado justamente un texto apropiado bajo estas exigencias.

No voy a ocultarlo al público, y corro el peligro de realizar un spoiler alert. Son relatos de mördyns, gente mediana a la que el propio autor reconoce como hobbits apócrifos. Pero lo hace para lograr un reconocimiento general sólo para que su lector no quede desprevenido: en realidad hay que leer la advertencia previa para descubrir que el autor no plagia a Tolkien, sino que venera la presencia del maestro y si uno se adentra más en la explicación, descubrirá que Medardo es un ingenioso lector y crítico de Tolkien para que sus mördyns tengan vida propia y un significado también propio. Esto que nos comenta Medardo de inicio es muy necesario, ya que en sí mismo es un libro de creación, influenciada, eso sí, pero también original en sí misma. Las gestas oníricas de las colinas evanescentes es un mundo propio creado con influencia de otras creaciones y autores sin que en ello yo vea contradicción alguna: la literatura, muchas veces, abreva de otra literatura y no por ello hay polémica en la originalidad del relato. El caso de nuestro póquer de cuatrillizos es complejo en este sentido ya que el mundo no tiene mayores referencias que sean iguales en estatura que el maestro Tolkien. Debo advertirles, por cierto, que mi impresión es que Medardo es un tipo muy conocedor de literatura de la antigüedad. Eso lo convierte en un autor que sabe el usus scribendi de ese tipo de producciones y a él como autor lo sitúa en ser un libre ejercitador del imitatio auctoris. Querido Medardo, no te voy a insultar diciéndote autor tipo fan fiction, dejemos esos términos para textos menos complejos, filológicamente hablando, como Cazadores de sombras y autoras como Cassandra Clare.

Cometí esta digresión a propósito. Volveré a mencionarte Medardo con mis sospechas de tu formación literaria, que se te sale en cada línea de tu libro. Después del capítulo primero y por la trama que presenta, no querrá el lector dejarlo sin saber su desarrollo y desenlace. Quiero decirles que el texto tiene un menú imprescindible de caminos secretos, espíritus naturales, bosques encantados, hadas, duendes, enanos, trolls, dragones de leyenda, elfos, trasgos, gnomos, humanos, brujas, sacerdotes, hechiceros, hombres rata, seres temibles como el legendario y derrotado Astado Señor de las Bestias… ¿ya dije brujas? Tewa, la banshee, la arpía, bruja blanca onírica temible al servicio de Lector Mosca, el sirviente de Anchllor, dominado a su vez bajo el tirano Lomins Damottrano, el conquistador de la Península Twollem… Sociedades secretas de rebeldes y policía secreta del tirano: jóvenes mördyns que en una noche tensa habrán de dejar la niñez, la inocencia y la adolescencia a fuerza de sentir en sus hombros el peso de la responsabilidad de madurar en unas pocas horas… Una profecía que se está cumpliendo entre harina y sangre, donde un asesino serial y una mördyn insurgente peligrosísima para la policía secreta, están metidos en uno de los capítulos más tensos que leí…Merywm, no olviden ese nombre, ni a los cuatro albinos nacidos en una noche, ni la persecución de los trasgos hasta un escondite secreto…

No… no voy a decir más en este aspecto. Compren el libro.

 

Tres.

Tenemos un libro con un narrador omnisciente que está dividido en 12 capítulos, cada uno con el nombre de algún personaje del relato. Atinadamente el autor supo cuidar que esos capítulos y sus protagonistas quedaran repartidos para que la voz omnisciente pudiera contarnos su génesis e incluso aventuras más allá de su existencia en el universo del mundo donde está la Península Twollem. No hay que perderse la nota previa del autor, ni el prólogo al que no hay que llegar con prejuicio porque se cometería el perjuicio de ignorar, por ejemplo, la profecía.

No importa si el lector no está avezado en Tolkien, LeGuin o Clive Stapes Lewis: Medardo ha sabido cuidar algunos aspectos primordiales para el lector:

Primero, que esto no son más que los compendios históricos de la Península Twollem que el relator y cronista Merywm Davirom escribió, para leerse en las plazas públicas.

Segundo: que este texto en 12 capítulos es exhaustivo en narrar viejas historias, en recuperar la memoria y darle sentido a cada personaje en un gran entramado que nos lleva a visualizar el tejido de un mundo, de un universo por descubrir.

Tercero: si no es suficiente que se conozca la historia que se escribió en este mundo de las gestas oníricas de las colinas evanescentes, tenemos al final un conjunto de apéndices para situarnos en lugares, leyendas, personajes, objetos y palabras en desuso.

Cuarto: las acciones del relato se producen dos planos temporales que se logran capítulo por capítulo: la noche del conflicto en la insurgencia, al mismo tiempo sirve para conocer el pasado de la Península de tintes antiquísimos.

Quinto: te dije, querido Medardo, que sospecho de tu formación literaria. Si todo lo anterior no es suficiente, esas influencias de la literatura de la antigüedad y la oralidad nos llevan a pensar en épocas de rapsodas, juglares, escribanos, bardos: con rasgos grecolatinos, escrituras de runas, Edad Media, oscurantismo; géneros como la poesía épica, los libros de caballerías, cantares de gesta, mitos y leyendas propios de un universo que sí nos es reconocible. No voy a dejar de mencionar héroes, batallas, gestas heroicas es algo a lo que el público lector está familiarizado.

 

Cuatro.

Debo decir que el texto es un reto, pero también un logro para nuestro autor, si juntamos varios de los puntos que he trabajado en este texto. Cuando el público lector acude a una librería, puede encontrarse con la mesa donde reposan las ediciones de literatura fantástica. El mercado es muy amplio y la reproducción de autores y obras también. Muchas veces en la literatura juvenil que es la etiqueta que persigue implacablemente a los imaginantes de este tipo de historias. El reto para nuestro joven autor es demostrar en este universo del género que vale la pena que su obra sea leída. La competitividad que exige el mercado editorial es al final lo que nos deja, como consumidores, la última decisión para adentrarnos en los mundos de la literatura fantástica. Sea pues, en esta presentación, mi sospecha de tu amplio conocimiento de la literatura la llave para recomendar este texto, ya que será el público lector quien tenga la última palabra. Por mi parte puedo decir que en su contenido no es un relato que me haya decepcionado y por ello reitero mi intención de no llamarte fan fiction, porque no has escrito a través de la idea de la imitación, sino de apropiarte de un usus scribendi.

 

Cinco.

La portada nos advierte que es un libro para mayores de 18 años, que tiene temas de abuso y lenguaje picaresco.

En efecto, la portada tiene razón. Dejo a la supervisión adulta la lectura de este libro, más no así en los libros que anteceden este relato pródigo. También dejo al lector que descubra esos temas de abuso, pero también que descubra que tienen un sentido específico que nos devela los dramas de la Península Twollem.

Creo, sin embargo, pertinente decirte que el lenguaje picaresco a veces me sonaba demasiado local en el coloquialismo nacional. En mi purismo tal vez no podría ser objetivo y correr el peligro de dejar de reconocer su sentido en el relato. Por ello el desafío del lenguaje es permanente en tu texto. Pero quiero dejar, nuevamente, al público lector en su propia experiencia literaria con tu novela, para que sea quien juzgue en completa libertad el asunto.

 

Seis. Punto final.

Debo finalizar subrayando que Medardo es un egresado de la licenciatura en Creación literaria de nuestra Casa de estudios, la UACM. En el campo profesional es escritor, editor, profesor ¿eres ensayista? ¿Crítico literario? [Medardo contesta que sí. Tiene tiempo de enriquecer su visión del crítico, inteligente y amena]. Y no me cabe duda que sabes de historia literaria, y la cuestión me enorgullece porque siempre le digo a mis estudiantes de literatura que hay que ser literatos todo terreno. Y esa es la impresión que tengo de ti. Te debo la fortuna de conocer tu Póquer de cuatrillizos porque es una novela que en sentido inicial de esta exposición de ideas no me decepcionó en su manufactura, personajes, trama y conflictos. No he agotado los temas, por cierto, ni he podido apenas dejar vislumbrar en esta presentación una idea que es mi deseo compartirles: si Medardo fuera músico, no sería un compositor de un compendio de canciones para manufacturar un álbum. Tu capacidad te da para convertirte en un compositor de sinfonías completas. Estamos pues ante un creador de universos.

 

Muchas gracias.

 

 

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!Amig@s de una IZQUIERDA COMPASIVA, PLURAL Y TOLERANTE! Tengo una novela de fantasía épica libertaria. ¿Quién me puede ayudar a publicarla antes del 2018? !Compártanlo con quien crean que pueda ayudarnos!
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Si. Para mi corazón y mi escritura, los elfos, las hadas y los dragones que me han formado, son lo mismo que Morelos, Vicente Guerrero, Juárez o Gilberto Bosques. Cervantes y la Reforma. Tolkien y la República Restaurada tras la invasión francesa.

El matiz que los une es la injusticia. Grandes, conmovedores y extraordinarios relatos sobre la lucha por la reinvindicación de los marginales. Ambos tipos de relatos verdaderos en distinto modo.

En ambos casos, Hobbits y Tierra y Libertad son el estandarte de un escritor que no tolera ya que en una patria tan dolorida pero tan grande, mucha mediana intelectualidad prefiera la cómoda frontera de la «neutralidad».

Hadas y reivindicación de los derechos de la mujer.

Excalibur contra la tiranía.

El Quijote y Frodo junto a Sancho y Sam, en los caminos al auxilio de los miserables. Con ellos siempre van Xavier Mina y Mariano Escobedo.

Viva por siempre El Zorro y Robin Hood.

Y a los que me debo a toda pluma y voz.

(Ilustración del bravo y justo Ari Aboytes, siempre a mi lado en la batalla)

 

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The Daugther of the RiverImágen de LOTR-Sonmer http://lotr-sonmer.blogspot.com.es/

 

Existen guiños para pensar que Tom Bombadil es una encarnación de Iluvatar El Eru dentro de su propia creación: Habla en el lenguaje de la creación (canto), el Anillo no tiene el menor poder sobre de él, se sacude la lluvia de encima con agitar las manos, su dama es una mujer brotada del agua (la voz del Único), derrota a las fuerzas de la naturaleza y de la sombra (Viejo Sauce y Tumularios) con unos cuantos cantos, ademanes y risas; por último, su nombre élfico Iarwain-Ben adar» significa «El más viejo y que no tiene padre»

Siendo así, resulta para paradójico que, en la crisis más ardua de Tierra Media, el Creador ayude apenas lo mínimo y sólo porque pasaron enfrente de su casa. Imagínense a milies de miles rezando a lo alto pidiendo ayuda contra la sombra de Sauron y que el creador se limite en momento tan sombrío, a ayudar sólo a un cuarteto de hobbits salvándolos del Sauce psicópata, el tumulario serial, dándoles una buena cena, una noche en su casa, buenos consejos y ciñéndolos con una daga para el mundo en guerra más allá de la Comarca, como un padre protector… es decir, en comparación con su respuesta a Manwë con la caída de Númenor, la separación de Valinor y el mundo redondo, parecería que Gandalf hace mucho más por el mundo. Bueno, Aragorn pues.

No obstante, hay que tener en cuenta que, en el origen de Arda, cuando Melkor se interpone en los cantos de la creación, Iluvatar NO se entromete con el canto y lo resuelve, deshechando el canto, «limpiándolo» personalmente,sino que permite que siga la canción mancillda y se alimente de las maravillas que los Valars le proveen con sus voces a la armonía.

Esta es la Arda Mancillada, aquella en la que los Valars y Melkor fabrican y que esta dicho que cada edad surgirán nuevos portentos inéditos y que, llegado el fin de los tiempos (en que volverá Túrin Turambar de la constelación de Orión-Menelmacar y que dará la la muerte final a Morgoth con su espada negra, Zen Lycan); surgirá entonces la tercera Arda, no la primera proyectada antes de que Melkor la enturbiara, ni la segunda fruto de esa combinación de Natura y Sombra, sino una Arda inmaculada, donde todo lo ocurrido se sublimará en la luz, en la Llama Imperecedera.

Por tanto, Iluvatar, por su propio designo ha decidido no entrometerse (con el «set de campaña» que incluso «marcan» sus Dungeon Masters asignados. Disculpen la digresión rolera), no obstante, Iluvatar no ha abandonado a su suerte a Arda, sino que los Valar continuamente auxilian al mundo en lo que pueden contra Sauron.

Ha de recordarse que, durante el dominio de Morgoth desde Thangorodrim en la Primera Edad, los Valars se negaron a acudir contra él, porque con su llegada arruinarían el mundo y Beleriand desaparecería, tal cual como ocurrió. Así pues, los Valar se manifiestan contra Sauron a través de sutiliezas -de las sutilezas constantes y poderosas también una de las caracterísitcas principales de la poética de Tolkien-:

Los Istari. Gandalf y sus colegas, como maiars que son, han sido enviados para enfrentar a Sauron, pero para no romper el mundo con poder, se manifiestan como humanos mortales. Sólo los hechos del Caballero Blanco en la Guerra del Anillo serían gloria y honra suficiente de las fuerzas superiores en auxilio de los mortales; pero hay más. Los Valars están presentes de los habitantes del mundo numerosas veces.

El viento de Manwë que del oeste sienten llegar Ghân-Buri-Ghân, Legolas y algunos rohirrims, y que no sólo desplazaran la nube atrás de los campos de Pelennor, sino que también inflaman las velas de los navíos negros para que se despliegue la bandera del árbol blanco en la hora de mayor necesidad… !Y las águilas! Heraldos de la eucatástrofe en la Batalla de los Cinco Ejércitos y ante las Puertas Negras y salvadoras de Gandalf, Bilbo, Sam y Frodo (y unos trece enanos más de contrabando… Ah, y Maedhros incluido, ya encarrerado el ratón).

Las aguas de Ulmo, en aquel arroyuelo extraviado en Mordor y que Sam encuentra después del rescate de Frodo, donde mirando el agua y las estrellas, descubre que esas son las verdaderas joyas y tesoros del mundo (Tal como Bilbo escucha en la canción de los elfos de Rivendel de regreso a casa, donde tras tanta tragedia y patraña por un tesoro, se dice que el fuego del hogar es el verdadero oro, la luna la más bella plata y las estrellas las joyas para todos).

¿No se le compara a Theóden con el poderoso Araw-Oromë (!Ohea mi Valar preferido!) cuando desciende con sus huestes al rescate de Gondor tras el canto del gallo?

Eärendil en el vial, el espejo y la luz en la oscuridad. Yavanna siempre presente en los árboles y el mallorn al oeste de las Montañas.

Y sí pues, la natura siempre bella también en torno a nosotros, en esta Arda tardía de la Quinta Edad del mundo.

Quizá por ello, ser fan de Tolkien puede honrarse, más allá de la erudición sobre lo que escribió, con el amor a la natura y todo lo que se pueda hacer para defenderla. (También con nuestros semejantes, pero eso es material más delicado que no menos primordial).

Después de todo, es en la casa de Tom Bombadil donde Frodo soñó que ascendía la escalera en espiral de la Torre Verde que mira al mar, al Oeste imperecedero.

 

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Mi Rhiannon "Ratita" en Caer Texcoco

Mi Rhiannon «Ratita» en Caer Texcoco

 

Rhianon.

Hermosa Rhiannon Ratita.

24 de mayo de 2014.  Esa mañana me desperté (como aquel 21 de septiembre de 2006 en que envenenaron a Reynaldo), con las palabras ominosas de mi madre.

Mi amada Rhiannon Ratita había muerto.

10 años de amory beneplácito en ella, que pudo no haber conocido sino el acoso y la soledad callejera y que, en cambio, tuvo tan hermoso y provechoso amor todos estos años, ocho más que mi Reynaldo, que sólo picudeó dos años de vida y me salvó el alma con ello en uno de los años más difíciles.

Rhiannon Ratita amada…

Llegaste con las costillas caladas y la pelambre a los huesos, traída por Reynaldo de la calle, para que tuvieras que comer, como solía hacer él con los perrillos pequeños y marginales que se encontraba.

Una semana tardé en ganarme tu confianza, arrojándote comida hasta que quisiste tomarla de mi mano con gran precaución. Me miraste con tus grandes ojos tímidos, ojos grandes y me amaste, y te amé desde entonces, mañana con mañana, presente en mis rezos, amada Rhiannon, para que tuvieras la mejor vida feliz.

Gracias Matliörf, señor de los bosques y la escritura, porque ahora corre y retoza en la hermosa y marginal jauría conducida por Reynaldo, con Nixië y Toto, el amigo con el que impunemente desenterraste la pata de Reynaldo de su tumba, como reliquia del líder reverenciado.

Te abrí las puertas del jardín. Reynaldo, celoso, quiso ser el único conmigo y tú le ofreciste mansamente la panza, sin problemas, agradecida, feliz, leal, brava,  sensata y hermosa, agradecidísima de la oportunidad de un hogar y así todavía me ofreciste tu panza, plena y dichosa a la caricia de la última vez que nos vimos, el 16 de mayo.

Siete días antes y nunca más. Hasta siempre amada Rhiannon.

Te amé.

Nos amamos.

Tuviste hogar. Jauría. Libertad. Alimento. Amor y caudillo perruno. Otros amigos.

Viviste 10 plenos y largos años. Abundantes.

Y aún, después de ingerir el veneno en el paseo largo con mi madre, se te doblaran las patas pero no, resististe y heroíca, la acompañaste de vuelta a casa y, nada más cruzar la puerta del jardín, te tendiste y con un ladridito,  partiste.

Eucatástrofe para ti, que a en los primeros meses de vida parecías condenada a las patadas, el sufrimiento y una muerte anónima e inesperada.

Te amo y jamás te olvidaré.

Vivirás por siempre en el relato.

 

Rhiannon Ratita

Rhiannon Ratita

 

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Es un honor para mí compartir a todos los hispano hablantes que ronden por aquí, la convocatoria para el Premio Aelfwine 2014: X Certamen de Ensayo Vida y Obra de Tolkien, que convoca una vez más la honorable, prestigiosa y amiga Sociedad Tolkien Española.

Aquí pueden consultar las bases o bajarlas en pdf:

http://www.sociedadtolkien.org/certamenes/bases/bases-certamen-ensayo-aelfwine/

Y si ustedes se preguntan: «¿Quién ese ese tal Aelfwine y qué tiene que ver con Tolkien?»Bueno, pues resulta que cuando Tolkien en 1917 yacía convaleciente de su participación en las trincheras durante la Primera Guerra Mundial, comenzó los borradores de su extraordinario universo narrativo para develar el misterio de ese fragmento de poema medieval que había enraizado en su corazón:

…»Oh, Orvandel (Earendil),

el más refulgente de los ángeles

tú que sobre la Tierra Media

fuiste enviado a los hombres»…

¿Quién era Orvadel-Earendil? ¿Porqué había sido tan salva su presencia en la Tierra Media entre los dioses y el infierno, de la cosmogonía escandinava?

Allí y así inició una de las aventuras literarias más importantes de la historia de las letras universales. Y esos primeros borradores que más tarde llamaría «La cañaba de los cuentos perdidos», es la semilla primaria del corpus del Silmarillion y, por tanto, de los árboles, el cielo y el mar que rodearon a Sam y a Frodo.

En esos textos primordiales de Tolkien, un sajón medieval navegaba al oeste hasta lo que ahora entenderíamos como Avallónë, donde conocía a los elfos de otrora que le contaban los cantos y cuentos de allende. Este aventurero se llamaba «Aelfwine», que es la forma sajona del significado: «amigo de los elfos»… y que en élfico sería Eärendil.

Eärendil.

«En este frasco -dijo ella- he recogido la luz de la estrella de Eärendil, tal como apareció en las aguas de mi fuente. Brillará todavía en medio de la noche. Que sea para ti una luz en sitios oscuros cuando todas las otras luces se hayan extinguido. !Recuerda a Galadriel y el Espejo!»

Y el viaje portentoso de pensamiento y de vida que emprendió Tolkien desde el poema medieval de Orvadel en 1917 hasta estas palabras de nuestra Dama de la Luz publicadas en 1954, ha sido una luz para sitios oscuros para millones de lectores desde entonces y, ¿saben?, la aventura de pensamiento de todo lector desde la fiesta de cumpleaños número 111 hasta el suspiro de Sam de vuelta a casa, de un «buenos días» hasta «Gracias al cielo» pasándose el pote del tabaco, desde el canto de los Ainur hasta la partida de los últimos Eldar de los cuentos y los cantos e, incluso, una estrella en la frente de un pastel, una hoja perdida de una pintura quemada y un gigante que confundió un trabuco con un tábano… y todo lo que uno y cada uno de los lectores sintió y pensó, es cosa que a muchos como un servidor, mucho nos importa…

!Escriban esas reflexiones y participen en el certamen! No se dejen intimidar por el caracter académico que la palabra «ensayo» porta: todo lector que se hace una opinión de lo que lee, es un crítico literario con ello. !Es tan liberador poder platicar con un alguien lo que uno tanto ha pensado y sentido bajo la sombra del Árbol de cuentos de Tolkien!

Como diría Niggle:

Es un don.

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No es la intención de quien esto escribe dar por absoluta una verdad. Tolkien hablaba sobre el derecho de la “aplicabilidad” de cada lector para desentrañar a partir de su propia experiencia el sentido de su obra, en contraste con la alegoría que tanto despreciaba, como el artificio de un autor de ocultar, en una trama, un sentido único, un mensaje al borde del panfleto.

Tan sólo ejerciendo el derecho a esta aplicabilidad, no se considere este texto sino una plática de café con un servidor y sus convicciones, al rescate de las pluralidades y de los derechos de las mujeres, cuando vergonzoso resultaría recular en lo que se ha alcanzado con tanto empeño en contra de numerosas hegemonías.

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Tolkien y el relato de la política  

Un misterioso extranjero entra a una taberna. Un carismático barbagris. Poeta. Guerrero. Se sienta a la mesa de unos profesores locales y les cuenta como, en un país extranjero, vivía en un rancho tranquilo hasta que estalló una revuelta en la que un grupo de salteadores comenzó a asesinar sacerdotes, clavándoles crucifijos por los oídos y la garganta. En el caos, unos monjes carmelitas le piden que los esconda y el poeta así lo hace de todo corazón, recién tornado católico pocos años ha, por su esposa. Los salteadores alcanzan su casa y descubren a los sacerdotes, matándolos a todos. El poeta y su esposa apenas logran escapar, salvando de las llamas archivos de la iglesia carmelita. Así que el poeta decide tomar las armas y sumarse al ejército que les enfrenta, hasta que al fin, ha regresado a su país, allí en la taberna donde departe con los profesores que han quedado estupefactos por la gallardía de su relato.

Salvo uno de los maestros, quien detesta la poesía del misterioso personaje y quien desconfía de los sacerdotes por principio –tipo listo- . El poeta se ríe de él y los demás profesores desatan el escarnio contra su colega.

La taberna es The Eagle & Child. El poeta guerreo es Roy Campbell. Quien desconfía de él es el escritor C.S.Lewis, afamado por su activismo protestante, y J.R.R.Tolkien es uno de los profesores admirados por el relato del poeta. Pero el año es 1944, el país extranjero es España y “la revuelta de salteadores” era el legítimo ejército republicano, en contra del execrable golpe de estado fascista de Franco.[1]

Y no existió, en este relato, el contar de un García Lorca fusilado de espaldas en Granada por ser Homosexual. Ni un Miguel Hernández y el niño yuntero. Ni la valiente y última resistencia de Barcelona, -como Beowulf en su lucha final contra el dragón, o la Numancia céltica toda ella suicida, para no caer en la ruina de las manos de Roma, podría narrar a su vez un antifascista-, ni los cientos de miles de exiliados, hombres, mujeres, ancianos y niños, al pie del invierno en los Pirineos, para ser recluidos más tarde en los campos de concentración de Francia y deportados de vuelta a Franco por el taimado gobierno de Vichy. No hubo lugar en ese relato para un Antonio Machado, muerto de tristeza y pulmonía durante la marcha del exilio, en la fronteriza Colliure, cuando el penúltimo poema de ese gran enamorado de Leonora y Guiomar, fue para México en agradecimiento, por abrirle las puertas a miles de exiliados españoles, con estas palabras:

Varón de nuestra raza,

équite egregio de las altas tierras

entre dos sierras madres,

noble por español y por azteca

tú has sentido solicito y piadoso

-sonrisa paternal, mano fraterna-

el rudo parto de la vieja España

y a la que va a nacer España nueva

acudes con amor, Méjico, libre

libertador que el estandarte llevas

De las Españas todas

¡Te colme Dios de luz y de riquezas![2]                 

Pero nada de esto existe en el relato de Roy Campbell, donde en cambio, esos niños, y sabios que se fueron a ultramar a encontrar otro hogar, se les llama solamente “esos rojos en sus camiones envueltos en pana”. Así que esa noche y en esa mesa, sólo prevalece el poder del relato de “el poeta” y su versión épica se torna en verdad para los presentes, quienes asumen por consonancia narrativa, que todo lo malo que se dice de Franco es propaganda comunista y están dispuestos a creer lo bueno que se dice de él, porque al final, acaso sólo quedará palpitando la imagen de los sacerdotes apuñalados grotescamente con sus propios crucifijos.

Y el Señor de los Relatos, Tolkien, quizá quedara preso de la “verdad” que escoge por la pura fuerza de la narración de Campbell, tal como su cosmogonía se transformará en “verdad” sobre la condición humana para sus lectores. Hubo sido reducido por la voz de Saruman y abandonado a Theóden en las ruinas de Isengard, para subir a tomar el té con el hechicero tecnománte. Sólo C.S. Lewis ha quedado, como Gimli, inmune a la narración por su (prudente) menosprecio a la Iglesia Católica, habiendo descubierto él, amo y señor de las alegorías cristianas en su obra la fusión de catolicismo y fascismo que ordeña la miel ingeniosa e infecta del relato.

No así J.R.R., católico en una Inglaterra rabiosamente anticatólica, a quien la familia Tolkien, del lado de su padre, lo abandonarían a él, a su hermano Hillary y a su madre Mabel, porque ella se negó a abandonar el catolicismo. Y en el ostracismo y la pobreza, pronto morirá Mabel de diabetes, quedando sus hijos en orfandad, librando la indigencia sólo gracias al padre Morgan, que desde entonces cuidará de ellos hasta asegurarse que Tolkien entre a la universidad, para tornarse en uno de los más importantes filólogos de su tiempo y uno de los más trascendentes escritores del siglo XX.[3]Así que, más probablemente Tolkien se hallara impelido a tomar partido por la iglesia católica, minoría en Inglaterra.

Pero… ¿Es suficiente este episodio de falibilidad, para etiquetar a J.R.R. Tolkien de fascista? Porque esta es la única fuente que tiene wikipedia para, imprudentemente, anunciar que “apoyó a Franco”. Muchos intelectuales italianos lo consideran fascista (entre ellos Norberto Bobbio), sólo por que en los años 70, la ultraderecha italiana eligió a El Señor de los Anillos como contexto para sus grupos de choque, en donde, por ejemplo, la Alleanza Nazionale utilizó imágenes de la película The Lord of the Rings de Ralph Baskin (1978), para promover el discurso de uno de sus líderes.[4]

No obstante y del otro lado, El Señor de los Anillos ha sido una de las banderas ideológicas del movimiento hippy de los años 60 y que hubiera inspirado la causa de la fundación ecológica Greenpeace, no parece suficiente a los detractores para llamarlo “ecologista” o revolucionario”. Pero no necesitamos entrar en el terreno de la interpretación de los eventos antes mencionados, sino que son estos algunos ejemplos de la recepción de una obra maestra, de una obra de arte, tan abierta a la interpretación de sus múltiples lecturas, por tiempos o civilizaciones distintas, ajenas, por supuesto, a lo que hubiera latido o no en la poética de un autor.

Mas aún y volviendo al episodio de Roy Campbell, “el poeta”… ¿Cuántas veces en la ignorancia, algún grande no ha quedado prendado por la verdad a medias de la esperanza de alguna utopía? Tal como Sartre apoyando al régimen stalinista antes de las revelaciones cruentas de grave costo humano en la Unión Soviética? ¿Y no le dedicó Beethoven su 5ta sinfonía, la Heroica, a un Napoleón tenido como adalid de las ideas de la Revolución Francesa, para después renegar de él y de ello, tras la develación de sus campañas imperiales? De modo que, si el relato de Campbell es la única prueba del “espíritu reaccionario” de Tolkien, veamos, en las propias palabras de sus cartas, sus ideas personales sobre política, para atisbar sus opiniones sobre el nazismo, el socialismo, la Unión Soviética y los Estados Unidos.

Comencemos con el tema en candencia: la izquierda y el socialismo que, en efecto, no era de su agrado, pero no por la defensa de la propiedad privada e incluso no necesariamente antagonizado por el ateísmo a ultranza, sino como él dice más abajo:

No soy socialista en sentido alguno –pues soy contrario a la “planificación” (como debe ser evidente), sobre todo porque los “planificadores” cuando adquieren poder, se vuelven malos[5].

Curiosamente, sí fue acusado de socialista por los postulados sociales del gobierno de La Comarca, de hecho, algunos autores que han querido leer en El Señor de los Anillos a Mordor como el nazismo, han postulado el saneamiento de La Comarca como un testaferro contra el comunismo. Al respecto revira Robert Plank[6] y apunta que, en todo caso, Zarquino (Sharkey) y sus secuaces, establecen un yugo más parecido al fascismo que al comunismo, el cual lleva siempre una carga de ideología y propaganda presente en su desempeño (ausente en el saqueo de Zarquino y sicarios), en tanto el fascismo con lleva la anuencia y apoyo de la clase privilegiada, tal como ocurrió con Otho Sacovilla-Bolsón, al menos en un principio.

Aunque justo sería agregar que Tolkien aborrecía estas interpretaciones alegóricas y al mismo respecto apunta en uno de los prólogos de El Señor de los Anillos:[7]

La guerra real no se parece a la guerra legendaria, ni en su proceso ni en su conclusión. Si hubiese inspirado o encaminado el desarrollo de la leyenda, entonces, por cierto que el Anillo habría sido utilizado contra Sauron; no habría sido aniquilado sino esclavizado, y Barad-dûr hubiera sido ocupada y no destruida. Saruman (…) hubiese encontrado en Mordor los eslabones perdidos sobre la historia del Anillo, y no habría tratado en fabricar un Gran Anillo propio con el que podría desafiar al señor de la Tierra Media. En ese conflicto ambos bandos hubieran odiado y despreciado a los hobbits; no hubieran sobrevivido mucho tiempo ni siquiera como esclavos.   

Por otro lado es innegable el desprecio y la animadversión de Tolkien al nazismo, incluso desde antes de la guerra, cuando en 1939, editores alemanes que tenían la intención de traducir El Hobbit, le preguntaron si su apellido era de origen “ario” y esto es lo que respondió molesto,[8] primero a su editor:

No considero la (probable) ausencia de toda sangre judía como necesariamente honorable; tengo numerosos amigos judíos y lamentaría dar cualquier fundamento a la idea de que suscribo la doctrina racista, perniciosa y del todo anticientífica.    

Y después, responde así a la editorial alemana:

Lamento no tener muy claro a qué se refiere con ario. No soy de extracción aria: eso es, indo-iraní; que yo sepa, ninguno de mis antepasados habla indostano, persa, gitano ni ningún dialecto afín. Pero si debo entender que quieren averiguar si soy de origen judío, sólo puedo responder que lamento no poder afirmar que no tengo antepasados que pertenezcan a ese dotado pueblo.     

Más tarde, dos de sus cuatro hijos participarían en la Segunda Guerra Mundial contra el nazismo. Él se debatía en escribir El Señor de los Anillos y se lo mandaba en episodios a su hijo Christopher, en campaña en el norte de África y en una de esas cartas comenta[9]:

De cualquier modo, guardo en esta guerra un ardiente rencor privado –que me haría probablemente un mejor soldado ahora a los 49, que cuando lo fui a los 22- contra ese pequeño cabal ignorante de Adolf Hitler, por arruinar, pervertir y tornar para siempre maldito ese noble espíritu nórdico, una suprema contribución a Europa que siempre he amado e intentado mostrar en su verdadero esplendor.        

Y no obstante, no era insensible a la tragedia humanitaria que también sufrían los civiles alemanes en la guerra, irritándose con la actitud, igualmente racista, de algunos ingleses:

Sabíamos que Hitler era un pillo vulgar e ignorante además de tener otros defectos (o la fuente de ellos), pero parece que muchos (…) que no hablan alemán, si tuvieran la oportunidad, manifestarían a mayor parte de las características hitlerianas. Había un solemne artículo en un periódico local que abogaba seriamente por el sistemático exterminio de la entera nación alemana como única medida adecuada después de la victoria militar (…). Los alemanes tienen igual derecho a declarar a los polacos y a judíos alimañas exterminables y subhumanas, como nosotros a los alemanes; en otras palabras, no tiene derecho, no importa lo que hayan hecho.      

Su opinión sobre la Segunda Guerra Mundial, como su postura estética en El Señor de los Anillos, no entrañaba ningún maniqueísmo, e incluso tenía presente el doloroso proceso que entrañaba en la historia:[10]

Estamos intentando conquistar a Sauron con el Anillo (y según parece) ganaremos, pero el precio es, como lo sabrás, criar nuevos saurons y lentamente ir convirtiendo a los Hombres y Elfos, en Orcos.     

Conforme llegaba a su fin la Segunda Guerra y vio prefigurarse la Guerra Fría, no tomó partido por ninguno de los bandos, ni siquiera el de su patria:[11]

No conozco nada sobre el imperialismo británico; americano o en el lejano oriente, que no me llene de dolor y repugnancia, me temo que no tengo un chispazo de patriotismo en lo que resta de esta guerra (…). Sólo puede beneficiar a América o a Rusia (…). Pero al menos la guerra entre Rusia y América no estallará todavía por un año.

Y el ascenso del poderío norteamericano tampoco era de su agrado y ya preveía la hipocresía de su propaganda política:[12]

Las ideas asociadas con “libertad”, tal como se emplea la palabra en la actualidad (…), la propaganda ha abusado tanto de la palabra que ha dejado de tener valor alguno para la razón y se ha convertido en mera dosis emocional para generar calor. En el mejor de los casos parecería implicar que los que dominan a uno, deberían hablar (como lengua nativa) el mismo idioma; que es en última instancia a lo que se reducen las ideas de raza, nación; o de clase.

Si se oponía al nazismo, no era simpatizante del comunismo, ni del imperio británico y su Common Wealth, ni de la ascendente estrella del liberalismo norteamericano ¿Cuál era entonces su simpatía política, si acaso?

Él mismo se lo explica a su hijo en una de estas notables cartas[13]:

Mis opiniones políticas se inclinan más y más hacia el anarquismo (entendido filosóficamente, lo cual significa la abolición del control, no hombres barbados con bombas), o hacia la monarquía inconstitucional. Arrestaría a cualquier persona que empleara la palabra Estado.     

Ponderemos la segunda parte de esta afirmación, en lo concerniente a la “monarquía inconstitucional” y esta vez sí, ejerceremos el derecho, no a la alegoría sino, como Tolkien decía: “a la aplicabilidad” de la experiencia del lector ante la multitud de significados de una obra de arte: y el caso es Bardo de Esgaroth y la meritocrácia.

Tras la caída de Smaug y de la Ciudad del Lago, el gobernador es una muestra de los típicos vicios de la burocracia de una democracia moderna donde, tras una supuesta legitimidad de voto popular (de voto oligárquico, para ser más precisos, de “los ancianos y los sabios”, dice el gobernador), estos políticos hacen negocios personales con recursos públicos, con gran gozo de su enriquecimiento ilícito y, peor aún, ante una crisis mayúscula, el gobernador se desentiende del resto de sus conciudadanos sobre los que tiene una responsabilidad, arrinconándose en su campamento, buscando la mayor cantidad de comodidades posibles, entre el fuego y la comida, tratando despóticamente a sus sirvientes y abandonando a su suerte a los enfermos, las mujeres y los niños. Su único mérito es su habilidad demagógica con la que logra salvarse de la indignación del pueblo enfurecido, redirigiendo astutamente la furia de la multitud, contra Thorin y compañía.

En contrate, Bardo no es solamente un héroe épico capaz de dar muerte al dragón por los hechos de las armas, sino que es, como Aragorn y Faramir, un guerrero que sin reparar en sus privilegios o en su gloria, se vuelca al servicio de sus semejantes con la misma convicción, tornando su anterior pasión guerrera, en industriosa compasión, atendiendo a los desposeídos sin mayor intención de protagonismo, sin proclamar su evidente liderazgo para su propio beneficio e, incluso, actuando pese a todo en nombre del gobernador, desplazando a un lado el posible botín político en beneficio de su comunidad. Es sólo hasta entonces cuando se revela  como un verdadero servidor público, en la mejor tradición política de los próceres de diversos países.[14]

Y sólo también hasta entonces, se revela que es descendiente de la casa de Girion, señor Del Valle. No es la alcurnia de la sangre lo que hereda jerarquía y bonhomía –como prueban la caída de Isildur o Denethor-, es la meritocrácia y la empatía por sus semejantes, como se ha dicho, a través de la humildad y el servicio, lo que entrona con sus hechos a Theóden en los campos de Pelenor o de Aragorn, entrando en sigilo en la noche a las Casa de Curación, o la cabalidad de Faramir permitiendo la partida de Frodo y Sam, para ellos no hubo más ley o constitución que se requiriera, salvo la convicción de los individuos para cumplir con lo que consideraban su deber para con sus semejantes.[15]

Ahora bien, volvamos con la primera afirmación de las palabras de Tolkien al respecto del anarquismo. Una anarquismo autogestivo como el de Flores Magón -si se me permite el localismo a modo de ejemplo y la tan basta simplificación de sus ideas-, en donde la única solución para el género humano es la ulterior confianza en que cada uno de los individuos de una sociedad, sea responsable de sus actos, acatando sus obligaciones voluntariamente y ejerciendo sus derechos y libertades si atropellar a los de su semejante, y sin la necesidad de un Estado que tenga que ejercer “el legítimo uso de la violencia” para obligar a sus ciudadanos a convivir, sino viviendo todos los actos de un existencia en congruencia con las palabras de Benito Juárez: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.

Independientemente de lo utópico o no que pudiera resultar este planteamiento de anarquismo autogestivo más allá de un pequeño grupo de personas, es importante resaltar que es así como se plantea la vida cotidiana en La Comarca, con instituciones casi simbólicas y farsicas en este estado de cosas, tal como dice Eduardo Segura: “La autarquía anárquica (…) en la Comarca manda un alcalde, y luego está el jefe de correos y todo lo demás es llevarse bien con tu vecino”.[16] Y este estado de cosas buscan recuperar los hobbits tras el saneamiento de La Comarca, en lugar de algún otro pretendido ascenso de notables héroes al que hubiera conducido la trama de algún autor menor y más convencional que Tolkien, e incluso como suele ocurrir en los cuentos de hadas. Pero no, tras la victoria contra la invasión fascista de Zarquino-Saruman, los héroes hobbits en cambio, se preocupan primordialmente por la curación de los más desamparados e, incluso, Sam opta por la restauración de una Comarca para todos, esparciendo las arenas sagradas que le regalara Galadriel, en la Piedra de las Tres Cuadernas, el centro simbólico de La Comarca.

Y más aún, Frodo incluso invita a Saruman y a Lengua de Serpiente, a dejar las armas y a tener un lugar entre ellos, como libres, iguales y ciudadanos, sin importar su especie, cultura, linaje o siquiera sus hechos, invitándolos a vivir asumiendo sus responsabilidades y hechos, autogestivamente como el resto de los hobbits de la Comarca.                “Has crecido” le responde aturdido, Saruman a Frodo.

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Tolkien by Tony Diterlizzi

Tolkien by Tony Diterlizzi

2

Tolkien y las especies

Hace varios lustros, deambulando en una librería de Coyoacán en la sección de literatura fantástica, pasó por allí una pareja mayor y, el vetusto caballero, con tono de solvente conocedor le dijo a la arrugada dama a su lado: “Ah, sí. Este tipo” señaló a los libros de Tolkien junto a mí- era racista. Los orcos son negros, los buenos son rubios y los africanos y la gente del este son malos”. Me cocí en indignación, sin tener entonces la presencia de ánimo para meterme en una conversación ajena, ni la racional argumentación de lo que sabía en las entrañas era falso, pero más aún, quedé absolutamente azorado de escuchar tal disparate. Fue la primera vez que escuché una acusación de ese tipo y desde entonces, de tanto en tanto, brotan tales efluvios.

Así que al fin, con algo que decir al respecto, abordemos el tema civilizadamente…. O al menos lo intentaré (no abordarlo, sino ser civilizado).

El racismo es un infecto concepto que se basa en la supuestamente innata superioridad de un grupo humano sobre otro o, como diría María Moliner en su diccionario de uso del español: “exclusivismo de raza. Discriminación, nazismo, segregación racial”.[17]

Veamos pues: ¿Por qué encontramos primordialmente individuos de  tipo caucásico en El Señor de los Anillos y más aún, en el Árbol de cuentos de Amalión de los relatos de Tolkien?

Bueno… ¿Quizá porque las historias ocurren en el ancestral noroccidente europeo, buscando construir una mitología para Inglaterra? ¿Quién se pregunta porque son todos mayas de cobre en el Popol-Vuh; u oscuros barbados en los textos mitológicos semíticos de la biblia, el Corán y la Torá; u ojigrandes oliváceos en el Ramayana; u oblongos mirares en los contornos del Rey Mono en China o cuerpos de ébano en los mitos de África primordial de donde todos provenimos?

Y sí, hay rubios entre los elfos de la casa de Finarfin, los hombres rohirrim de la casa de Eorl, los Barbirubios hijos de uno de los siete padres de los enanos o los hobbits de la rama alba, pero… ¿en verdad son superiores a sus hermanos de cabellos oscuros, como el tremendo Feänor –y todos los noldor que marcarán la pauta cultural de los Días Antiguos-; Beren, Lúthien, Aragorn, Arwen,[18]o los castaños pelirrojos de Frodo y Sam que serán la liberación de la sombra de aquellos días? Ah, pero ¿el asunto es que todos los anteriores pueden ser llamados todavía de un fenotipo “caucásico occidental”?

Bueno, veamos otros ejemplos de los llamados “casos étnicos” (cualquier cosa que eso signifique) y más aún, comencemos por los orcos, “negros y malos”.

Como mencionábamos previamente, hay quienes declaran de un plumazo, juicios fáciles como que El Señor de los Anillos es una obra maniquea donde sólo hay un enfrentamiento entre el bien y el mal. Este juicio suele ser emitido principalmente por quienes no han leído los libros, en vista de que ignoran que en la obra de Tolkien, nada fue malo en un principio y que, por tanto, no hay ni tal maniqueísmo, ni tal supremacía de algo tenido por “bueno” por sobre otro tenido por “malo”.

Morgoth fue antes Melkor y era un Valar cabal. Sauron fue Annatar y sirvió a Aulë como un ainur al servicio de su forja primordial. Los matices de grises están presentes a todo lo largo de la obra: desde la snob y mezquina Lobelia Sacovilla-Bolsón, al final de la Guerra del Anillo liberada en aplausos por ser la única en haberse enfrentado a los sicarios de Zarquino; o la desesperación de los gobernantes humanos ante la muerte de sus primogénitos y la oscuridad de los días que les toca vivir, que conducen a Denethor a la locura, mientras que Theóden, casi condenado a la misma suerte, logra sobreponerse y tener un final digno de sus más épicos ancestros. Así mismo, el error está siempre presente en los protagonistas: Gandalf equivoca su confianza en Saruman, a Aragorn se le desbanda la Comunidad del Anillo en Rauros, Galadriel casi cae en la tentación de tomar el Anillo Único y Sam, en un arrebato de prejuicioso sarcasmo, arruina la redención de Gollum para siempre.

Redención. Esa es la palabra clave. Boromir caído en desgracia se redime con su muerte valerosa, tal como Lobelia con su bravura ante el invasor; y más aún, el verdadero salvador de la Tierra Media es el patético asesino, traicionero, zalamero y adicto Gollum Sméagol. Y esta redención siempre está abierta, sin importar el grado de la caída. Los Valar se la ofrecieron a Morgoth y a Sauron, tanto como Gandalf se la ofrece a Saruman en las ruinas de Orthanc y luego se la ofrece una vez más Frodo junto a Lengua de Serpiente en la devastada Comarca.

¿Y los orcos? ¡Ah! Es que ellos no nacieron “malos” tampoco, sino que fueron en sus orígenes elfos a quienes a través del dolor y la desesperación se les corrompió –como a Gollum, o a Denethor-, primero en los calabozos de Uttumo y luego, en edades posteriores, Sauron “refinó” sus linajes infamados, con sangre humana.

En tanto, podría parecer que la discriminación ocurre más bien entre los humano ante lo élfico, con su talla ética, su sensibilidad artística, su empatía ecológica y su belleza feérica y, ciertamente, los más grandes de cada uno de los héroes que representan a una especie en El Señor de los Anillos, lo son por su filiación a lo élfico: Frodo es el más “élfico” de los hobbits, Aragorn el más “élfico” de los humanos y Gimli el más “élfico” de los enanos… Pero son los hobbits y no los elfos, los únicos capaces de cumplir con una la más esforzada misión en la historia de la Tierra Media; el Beren el humano el único capaz de tomar los Silmarils de la corona de Morgoth (la otra más esforzada empresa) y de ganarse el corazón de la más bella doncella de Arda; es Eärendil el semielfo el único en hallar la ruta a Valinor y traer la liberación de Beleriand y, cuando emerge el balrog de Moria y Gimli cae de hinojos y Legolas se cubre la cara en desesperación, son los humanos, Aragorn y Boromir, quienes desenvainan y se paran junto a Gandalf dispuestos a morir en armas.

No obstante, los orcos no son menos capaces de grandes proezas en la guerra: un solo campeón de Moria se libra de Aragorn y Boromir alancenado a Frodo –los mismos capitanes capaces de desenvainarle al balrog-; el vivales de Shagrat logra escabullirse de la masacre en la torre de Gorgor, huyendo con la cota de mithril  y la daga tumularia, para entregarlos en Barad-dûr; Grishnákh es hábil en desentrañar el misterio del “tesoro élfico” de los hobbits y de huir de los terribles Urûk-hai; y de entre los orcos voluntariosos,el pequeño Snaga –no más que un hobbit en talla y posibilidades físicas-, prevaleciendo con su arco contra la amenaza de un orco más poderoso y bruto, que le amenaza. Azog el terrible derriba y decapita al mismísimo rey enano Thór y la estrategia aguerrida y suicida de los orcos en los Campos Gladios, dan por tierra con un pelotón de numenoreános que logran detener la huida y matar humillantemente en el fango, a Isildur, nada menos que quien viera caer a Sauron y tomara el Anillo Único de su propia mano.

¿Suficiente con la potencia épica orca? un orco halló marca en el ojo de Arathorn en el combate, dejando huérfano a Aragorn. Las cimitarras de la guardia de Bolg matan a Fili y a Kili, hiriendo de muerte a Thorin y Celebrían, la madre de Arwen, que se exilia de Tierra Media por las torturas que sufrió bajo sus manos.

No. Los orcos no son “menores” al resto de los pueblos de la Tierra Media, pero sí decadentes, como lo demuestra su uso del lenguaje, soez, depravado, cacofónico, abusando del argot sin amor alguno por las palabras, de tal güisa que, para entenderse entre las tribus orcas, se veían obligados a usar la Lengua Común porque, su idioma no fue fruto de su historia mitopoética, sino un artificio que Sauron inventó para ellos.

De hecho, si hubiera alguna categoría de distancia entre los pueblos, no es el color de la piel o la disposición genética con la que hubieran nacido, sino la diferencia entre los lenguajes, porque así como la Lengua Negra impuesta a un pueblo torturado es de poco gozo, en cambio los idiomas élficos constituyen uno de lis pilares líricos de toda la obra, pero ni aún así es sólo la talla estética lo que se impone sobre otras lenguas, porque los enanos en kuzûl, los jinetes de Rohan en rohirrim, los hobbits en sus coloquialidades, hacen del uso de las lenguas una descripción cultural, no la predominancia de un pueblo sobre otro.[19]

Volvamos entonces al problema “humano” y a los rincones de las supuestas difundidas diferencias racistas entre los proto caucácicos de las tres casa de los Atani ante el resto de los pueblos de los humanos de la Tierra Media: se acusa que otras variantes étnicas son malas o estúpidas en comparación con los descendientes de los Atani, porque son servidores de Sauron.

Los hombre de Harâd al sur, de clara referencia proto-africana (“oscuros y de lenguas rojas”), así como los variags del este en sus carros de guerra en probable referencia de proto-mongoles, ambas ejércitos enviados a la lid, sirven a Sauron acaso por una simple razón que no tiene que ver no con su sangre, ni con su cultura: sus reinos están demasiado cerca de Mordor y la dominación cultural del señor oscuro resulta demasiado avasalladora; del mismo modo en que los ejércitos romanos se constituían de celtas de la Galia, de germanos de más allá del Rhin, de egipcios, de hebreos o de habitantes de cualquiera de sus colonias.[20]

Esa dominación, se basa sobre todo en Tierra Media, en el engaño y las mentiras, precisamente racistas sobre lo que “los otros” de lo que los occidentales eran o debieran ser hacia ellos, como es el caso de los dunledinos prisioneros tras la batalla del Abismo de Helm, que se sorprenden de ser tratados con dignidad, porque les habían dicho que los “cabezas de paja” eran crueles y que quemaban vivos a sus prisioneros.

Es aún más evidente esta diferencia basada únicamente en los engaños del enemigo, cuando Sam, tras contemplar la emboscada de los montaraces de Faramir a los guerreros de Harâd del Olifante, se pregunta al mirar a aquellos que han ido a morir tan lejos de su hogar[21]:

Era la primera vez que Sam veía una batalla de Hombres contra Hombres, y no le gustó nada. Se alegró de no verle la cara al muerto. Se preguntó cómo se llamaría el hombre y de dónde vendría; y si sería realmente malo de corazón o qué amenazas lo habrían arrastrado a esta larga marcha tan lejos de su tierra, y si no hubiera preferido de verdad quedarse allí en paz.

Y hay quien podría rebatir: “Ah, pero ¿es que se les toma por tontos como para caer en los engaños del enemigo?”. Bueno, pues las mentiras de la Sombra no tienen barreras “étnicas”: Denethor desespera por lo que la palantir le ha hecho creer; el rey Elú Thingol somete a tan dura prueba a Beren por los prejuicios que él tiene contra los humanos, y Feänor desenvaina la primera espada en Valinor contra su hermano, por las mentiras del enemigo.

Si hay un aspecto democrático claro en el árbol de relatos de Tolkien, es que todos tienen la misma posibilidad de caer, sin importar cuán grandes e, incluso más aún: cuán más grandes y portentosos sean los personajes, más se encuentran al filo de la ruina; así que sin importar la especie, etnia, nacionalidad o clase social, todos tienen el derecho de caer estrepitosamente a su ruina: Melkor. Annatar. Feänor. Los numenoreanos. Denethor. Boromir. Frodo y, como se ha dicho, el más humilde indigente y arrabalero de los caídos, que aún en su mejor momento no fue más que un pescador rivereño, Gollum-Smeágol, es susceptible, con su caída, de salvar a todos cuantos son en su relato.

Ahora bien, así como todas las civilizaciones humanas tienen derecho a la misma dignidad y “derecho al mal” , [22] el caso más singular de respeto a lo “étnico” es el del jefe tribal Ghân-Buri-Ghân en el bosque de Drúadan: claramente no son tratados por el narrador como “salvajes” ignorantes. Antes que cualquier rohirrim, Ghân-Buri-Ghân percibe en el cambio del viento[23] –como Legolas-, el advenimiento de una nueva marea en la guerra, con la buena voluntad de los Valar de su lado; y participan los drúadan en la contienda a su manera sutil, guiando a los jinetes de Rohan al atajo a los campos de Pelenor, permitiendo con ello, la salvación de Minas Tirith al filo de la hora.

Más aún, no son tenidos estos aborígenes como una cultura menor a los que tienen que “civilizar” los victoriosos hombres de Gondor, porque viven en un estadio inferior de desarrollo, en tanto a la caída de Sauron, no se les impone una lengua y no se les fuerza a vivir de un modo u otro instalando MacDonalds en sus villas ni talando sus bosques para hacer minas o sembradíos –por referirnos a ejemplos contemporáneos de un colonialismo dolorosamente vigente en nuestros días-, sino que el rey Elessar Telcontar declara el derecho de los drúadan a vivir en sus modos y tierras ancestrales, tal como mandará también el derecho a la identidad e independencia cultural en La Comarca.

Finalmente, ha de ponderarse que las diversas especies de la Tierra Media, elfos, orcos, enanos, hobbits, son todos ellos manifestaciones de una única condición humana:[24]

Los Hobbits, por supuesto, representan una rama de la raza específicamente humana (ni Elfos, ni Enanos); de allí que las dos especies puedan vivir juntos (como en Bree), y se llaman Gente Grande y Gente Pequeña. Están totalmente privados de poderes sobrehumanos, pero se les considera como en contacto más íntimo con la “naturaleza” (la tierra y otras criaturas vivientes, las plantas y los animales) y anormalmente libres, según lo que es corriente en los humanos, de ambiciones o la codicia de la riqueza.

Se les hace pequeños (…) en parte para exhibir la mezquindad del hombre estrecho de miras y poco imaginativo; aunque no con la pequeñez ni con el salvajismo de Swift y sobre todo para mostrar en criaturas de muy escasa potencia física, el asombroso heroísmo de los hombres ordinarios “en caso de apuro”. Por supuesto, aunque esto es un hecho exterior en mi historia, los Elfos y los Hombres son sólo aspectos diferentes de los Humano y representa el problema de la Muerte vista por una persona finita, aunque con voluntad y consciente de sí (…) Los Elfos representan, por así decir, los aspectos artísticos y puramente científicos de la Naturaleza Humana elevados a un nivel más alto del que se ve de hecho en los Hombres.     

Así que, la Comunidad del Anillo, en su hermandad, manifiesta el reencuentro de diversas expresiones culturales y étnicas de la humanidad, donde incluso los más antagonizados por su propia historia, como los elfos y los enanos, pueden llegar a reconciliarse –y con ellos, a sus pueblos y al pasado de sus pueblos-, con su gran amistad.

Así fue como la dama Galadriel intercedió por su enamorado Gimli para concederle, también a él, al primero de los enanos, paso franco al Oeste Bienaventurado.

POSDATA: Tolkien, cuando habló en su discurso de despedida de Oxford al respecto de la separación artificial que la academia tenía entre estudios lingüísticos y estudios literarios, lo dijo en estos términos: [25]

Desde luego, hay otras tierras bajo la Cruz del Sur. Yo nací en una de ellas, aunque no reclamo ser el más erudito de los que han venido aquí del Continente Negro. Pero llevo el odio al apartheid en los huesos; y detesto por encima de todo, la segregación o separación entre Lengua y Literatura. No importa a cuál de los dos consideren el Blanco.

Quizá hubiera bastado ésta sola cita en lugar del resto de la ponderación al respecto del tema del racismo, así que disculpen ustedes mi fascinación a mascullar sobre Tierra Media.

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Tolkien & Edith

Tolkien & Edith

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Tolkien y las mujeres narradas  

La literatura ha sido (hasta la novela moderna) un asunto en general masculino, y en ellas se trata abundantemente de la “bella y la falsa”. Esto es, en conjunto, una calumnia. Las mujeres son seres humanos y, como tales, capaces de perfidia. Pero dentro de la familia humana, en comparación con los hombres, no son en general, ni por naturaleza, más perversas. Más bien lo contrario.  

Tolkien, Cartas.[26]

Ante la acusación de misoginia en Tolkien en donde Galadriel es una “representación ideal e irreal” y que Eowyn era “sólo un hombre sin falo”, que la escases de personajes femeninos en El Señor de los Anillos impedía que las mujeres se vieran identificadas y de que “lo femenino” en Tierra Media estuviera sólo manifestado en la Naturaleza, mi dama esposa estalló indignada y respondió: “¿Y qué los hace creer que yo no tengo derecho a identificarme con Faramir?” –su preferido- “¿Y qué tipo de mujer se cree que se tiene que ser para que ser una para definir la femineidad sólo por la Naturaleza?”

Pero antes de la pertinente honra al caso específico de la Dama Blanca Galadriel y la doncella guerrera Eowyn, acaso sea pertinente observar la relación que el autor tuvo con lo femenino y las mujeres.

J.R.R. Tolkien solía decir que, aunque se le conociera por su apellido paterno, él se sentía mucho más identificado por su herencia materna Suffield.[27]Su madre no era el caso tan común del siglo XIX de una mujer anulada en voluntad y potencia por los regímenes patriarcales de su hogar: Mabel Suffield de joven había viajado a África a evangelizar a las concubinas del harem del sultán de Zanzibar y había seguido a su marido medio mundo hasta Sudáfrica.  A la muerte del padre de Tolkien, Mabel se había resistido a dejar el catolicismo, pese al chantaje de la familia adinerada de su esposo, que le costó que la abandonaran y la dejaran morir en la pobreza. La hermana de Mabel, Jane Neave, con quien estuvo en contacto Tolkien toda su vida, fue una de las primeras mujeres inglesas en obtener un título universitario en ciencias y vivía en un lugar llamado Bag End (“Bolsón Cerrado” en la traducción en español).

El Señor de los Anillos se escribió porque a Tolkien le pidieron en Allen & Unwin una continuación de El Hobbit, y el viaje de ida y vuelta de Bilbo Bolsón no se habría publicado si Elaine Griffiths, una alumna del profesor Tolkien, no hubiera pedido y leído el borrador, que se lo prestó luego a otra dama crucial, Susan Dagnall, que gestionó la posibilidad de que el texto fuera dictaminado por Allen & Unwin. Muchos años más tarde, cuando El Señor de los Anillos era ya un éxito mundial y la fama obligó a Tolkien a vivir en el anonimato, su único contacto con el mundo exterior fue a través de su agente Joy Hill, quien por cierto, tenía que aplicar técnicas de secrecía casi de espionaje de la Guerra Fría, para poder mantener a raya a los fanáticos que importunaban al profesor.[28]

Y sí, ciertamente la formación académica de Tolkien se desarrolló en un ambiente meramente masculino y los grupos literarios con los que convivió durante largos periodos de su vida (los T.C.B.S, los Coalbiter y los Inklings) fueron círculos primordialmente constituidos por varones, tal y tanto como correspondía a su ´época en su país.

Y otra vez sí, la proporción de personajes femeninos en El Señor de los Anillos es numéricamente breve (y en El Hobbit nulo), pero ha de tomarse en cuenta que es un relato de guerra proto medieval, y tanto como en las épicas de la antigüedad que tanto amó y estudió Tolkien –como en la Primera Guerra Mundial en la que participó-, la guerra era un territorio primordialmente masculino; y de hecho, distintos discursos feministas han puntualizado que durante los posibles matriarcados prehistóricos, acaso hubo una paz más sostenida entre el género humano y que, precisamente, la preeminencia del patriarcado fue lo que giró la historia hacia la guerra, arrinconando a la mitad de la humanidad femenina a la esclavitud de las labores domésticas y desterrándolas de la construcción activa de la historia, primordialmente constituida en los últimos siete mil años por los conflictos bélicos de los varones. Desde esta perspectiva, la guerra no sólo es un territorio primordialmente masculino, sino un fenómeno generado y sostenido por la masculinidad. No obstante, como se ha apuntado, tanto en lo familiar como en lo profesional, la presencia y opinión de las mujeres era mucho más relevante para Tolkien que para muchos de los varones, ilustrados o no, del siglo XIX y XX en cualquier lugar de occidente.

El caso particular de la presencia de su esposa y de su hija en su literatura, es obviamente más significativa, como podrá deshebrarse más adelante a partir de preguntarse entonces ¿qué papel tiene la mujer en el Árbol de cuentos de Tolkien? ¿Y qué tipo de femineidad es la que representa?

A saber: los personajes femeninos en su obra no son pasivas figuras románticas, amorosas y maternales como figuras medievales del amor cortés, pero tampoco son las destructivas Medeas (El arquetipo de la madre devoradora de sus propios hijos se traslada en Tierra Media hacia la figura monstruosa del demonio araña Ungoliath y su descendiente Ella-laraña) o seductoras devoradoras de hombres, tramposas taimadas de las que hay que desconfiar, sino individuos siempre notables y voluntariosos, desde Aredhel en el Silmarillion, cabalgando sola, eligiendo su camino fuera de su familia y luego escapando de su raptor que le tomó por esposa, a Morwen, [29]orgullosa en la pobreza; Aerin que asume ser esposa de un bandido para salvar al resto de su casa, Haleth, la princesa guerrera; la doncella Nellas que reta a  rey Elú Thingol en la defensa de Túrin, [30] o Elwing arrojándose a la mar transformada en gaviota, guiando a Eärendil a Valinor para la salvación de Beleriand entera; hasta las mujeres ents que han abandonado las tierras de los varones ents porque ya no se entienden con ellos y no tienen porqué someterse a sus designios; la reina Erendis, autogestiva, que critica la superficialidad caprichosa de los semielfos, o la snob y ya vieja, Lobelia Sacovilla-Bolsón, que es la única hobbit en oponer una digna resistencia contra los salteadores de Zarquino.

Uno de los casos más paradigmáticos de presencia femenina en Tierra Media es la historia de Lúthien Tinúviel, la más bella doncella de la Tierra Media, personaje inspirado en Edith Bratt, la esposa de Tolkien, de tal guisa que incluso en su tumba se encuentra labrado el nombre “Lúthien” y en la de Tolkien, el de “Beren”. Lúthien elige a quien amar (a un hombre mortal y pobre por añadidura, dos veces despreciado por los prejuicios aristocráticos del rey elfo) y, cuando su padre se lo prohíbe y la encierra en lo alto de un árbol, ella se escapa y rescata (dos veces) a su amado y lo conduce a la morada del Maligno mismo; su mascota derrota a Sauron en combate singular y las artes mágicas y artísticas de Lúthien son tales, que logran confundir y encantar al Negro Enemigo del mundo, logrando además, robarle una de las joyas silmarils de su corona.

Tras la muerte de su amado Beren, ella, como Orfeo, canta a los dioses tal y tanto, que  los convence de devolverlo a la vida durante el periodo de longevidad de un humano y al final de esa vida, ella renuncia a su inmortalidad para asumir el mismo destino mortal de Beren y que su espíritu se disuelva en la máxima incógnita del tiempo.

Este sacrificio vuelve a presentarse en otro personaje: Arwen, y también la prohibición de amor por parte del padre a que no se pueda consumar el amor mientras el pretendiente no emprenda una misión de gran envergadura,[31] esta vez, en el caso de Aragorn, enfrentando a Sauron, sirviendo a Frodo en la Compañía del Anillo y habiéndose tornado en el más notable de los reyes humanos hasta esos días.

Mientras el heroísmo de Lúthien es evidentemente activo, el de Arwen transcurre con sutileza al enfrentar tres terribles problemáticas: elige su propio camino y al hombre de su gusto, contra todos los deseos de su padre, por muy hijo de Eärendil y Elwing que haya sido. Como Lúthien, renuncia a la inmortalidad y aún si la Guerra del Anillo resultara bien librada, ella enfrentará la sombra de la muerte humana y, finalmente, ella regala además su pasaje al Oeste Bienaventurado de Valinor, simbolizando en la piedra blanca que lega a Frodo, otorgándole al pequeño y esforzado casi santo hobbit, la muy merecida esperanza de un consuelo a sus tantos sufrires y sin sabores.

Así como Lúthien fue inspirado en la esposa de Tolkien, el personaje de Eowyn lo creó para su hija, Priscilla. La doncella guerrera es la clara muestra  del porqué de la ausencia femenina en el relato de la guerra de la humanidad en occidente; la sociedad a la que pertenece la circunscribe a sufrir lo que muchas y tantas mujeres han padecido en su situación: en primera instancia, el acoso sexual de Lengua de Serpiente, con la impunidad del cargo de consejero del rey. En segunda instancia, sólo por ser mujer en esos tiempos de necesidad de su pueblo, se ve destinada a que su participación histórica se circunscriba a hacerse cargo del tío senil y, aún cuando Theóden se recupera y lleva a la guerra, no hay razones de por medio que permitan a Eowyn ejercer su derecho a defender su nación o a su familia, pese a su cabalidad con la espada y su vigor a toda prueba, y cuando se le ofrece un consuelo de “ver acción en las armas”, es porque toda esperanza de salvación se habrá perdido y podrá ella morir en combate junto con los restos de su pueblo, cuando se extingan.

Así que, como Lúthien, Arwen o Galadriel, se rebelan al sino encadenando al que las condena, no ya sus enemigos sino, peor aún, los que las quieren; y Eowyn se tiene que disfrazar de hombre para poder tomar parte anónima en el combate y entonces, porque ella ha padecido la discriminación a su valor y su temple sólo y únicamente por cómo luce, es quien le concede la oportunidad a Merry de cabalgar él también a la perdición en el campo de batalla que Eómer y Theóden le han negado a ambos.

Y, llegada la gran hora del encuentro entre los mayores capitanes de la Guerra del Anillo, equivalente dentro del texto al duelo entre Héctor y Aquiles, Arturo y Mordred, Beowulf y Grendel, Don Quijote y el Caballero de la Luna, no es un campeón masculino y portentoso como Aragorn, ni un mago notable como Gandalf, quien hace frente al Rey Brujo en los campos de Pelenor. Es una mujer. Y la clara revelación de la femineidad, con ayuda de un rural humilde es la condenación del jinete negro, es la preeminencia de lo femenino contra la sombra y la presencia de lo pequeño y lo simple para derrotar a uno de los peores daños del mundo, lo que está contenido en la profecía que derriba a Khamûl, el Rey Brujo.

No es gloria lo que mueve a Eowyn, sino su amor a su tío y a su pueblo, y hablando de amor, también es singular su transformación romántica, porque no se presenta como “una mujer presa de sus emociones” sino como alguien con capacidad de madurar en sus relaciones, pasando del enamoramiento inicial a Aragorn (impetuoso, absorto y adolescente), a la mutación y asimilación de ese sentimiento en una admiración agradecida en las Casas de la Curación y, finalmente allí logra encontrar al amor más empático, maduro y correspondido con Faramir, nada más y nada menos que el varón más anhelado de las lectoras después de Aragorn (o lectores, cada quien su derecho a su propia y cabal intimidad).

En esta obra la femineidad se manifiesta acaso con ecos vibrantes de la mitología céltica, donde la mujer tenía derecho a la palabra, la sensualidad y las hazañas sin tener que renunciar a una por la otra, en contraste con el código simbólico sobre la mujer del mundo grecolatino, que postulan que si una dama rompe el molde de “la hembra reproductora del hogar” ejerciendo el intelecto y la ciencia, como atenea, o la solvencia en las armas y la libertad en el campo, como Artemisa, pierden con ello su derecho a la sexualidad y al amor correspondido,[32] sin tener que padecer “el castigo” de quebrantar su lugar, como en el caso de las amazonas, Atalanta entre los argonautas y Pentesilea entre los troyanos, donde su cabalidad con las armas la hubieron de pagar en sus tragedias amorosas. Eowyn sí combate y ama.

Y vence en las dos, derribando al más terrible de los capitanes de su tiempo y conquistando al más anhelado de los capitanes de sus días.

De modo que, en respetuosa respuesta a la polémica al inicio de este texto, después de la Doncella Guerrera, corresponde atender el caso de la Dama Blanca: Galadriel.

Desde un inicio, es singular, no sólo entre las mujeres, sino entre los elfos mismos. Parte de Valinor, no manipulada en la locura de Feänor que sí influyó a tantos contemporáneos cabales suyos –el mismo Fingolfin, Daño de Morgoth, entre ellos-, sino por sus propios deseos de conocer la Tierra Media, pero no es indiferente a la Matanza de Hermanos y es ella quien delata a los noldor ante Melian, provocando la furia de Elú Thingol (que prohibirá desde entonces que se hable su lengua, el quenya, tornándose el habla de los noldor en lengua “muerta” de la ciencia).

Es hermana de Finrod Felagund[33]y gana su corazón un cantor sindar de la corte de Elú Thingol (Celeborn, por supuesto). A la caída de Beleriand, se resiste a  volver a Valinor (acaso por el orgullo o quizá aún ansiosa y curiosa de ver maravillas, y probablemente las dos cosas) y es ella también la inspiración de Celebrimbor para forjar los anillos élficos y más aún, se torna en a portadora de uno de ellos, cargando con las consecuencias de ejercer el poder y la necesidad de mantener inmóvil y a salvo del espacio y del tiempo, la tierra que ama, acarreando con ello la tristeza que colapsará, con el Anillo Único, la burbuja de aire de Beleriand que había sido preservada en Lothlórien, Rivendel y los Puertos Grises. Sabia, Galadriel desconfía de Saruman en el Concilio Blanco siglos antes de que Gandalf descubriera su traición por el peor modo, y pone ella a prueba al Portador del Anillo, resultando de la prueba burlada y puesta a su vez a prueba, al filo de cumplir todos sus afanes con el Anillo Único y de extender la beatitud y poderío que el anillo élfico le había dado sobre Lórien, para poder ajustar las fuerzas naturales de toda Tierra Media y moldearla como si fuera una obra de arte hacia la beatitud que ella conoce y anhela… siguiendo el mismo anhelo de artista en guerra contra lo efímero, que llevó a Melkor a revelarse contra Ilúvatar, el Eru.

Sólo que, a Galadriel se le ofrece esta oportunidad libremente, sin tener que obligar a nada o a nadie.

Y ella, la Dama Blanca, como sólo Bilbo, Gandalf y Sam lograron sobreponerse, ella también se trasciende a sí misma, resistiendo la tentación al Anillo Único, cifrando con ello, la esperanza del mundo.

¿Es pues ella, el arquetipo de la Reina de las Hadas, una simple evocación “plana y medieval”, pura, impoluta, imposible e inalcanzable imagen de una mujer?

No. Como dulcinea del Toboso, también suda y huele a cebolla.

Y no obstante, es ella la inspiración de la historia entera de los Días Antiguos, porque la luz viva que desprendía sus cabellos fue lo que dio a Feänor la idea de forjar sus silmarils, y cuando le pidió a Galadriel uno de sus cabellos para analizarlo en su taller, ella, irritada por la arrogancia y la vanidad el más poderoso de todos los elfos, se lo negó.

Pero en cambio, le dio tres a Gimli.

Y le consiguió pasaje al Oeste Inmortal junto a Legolas.

Me pregunto que habría opinado Celeborn al respecto…

Ah, y el único diálogo de Rosie Cotton en su reencuentro con Samzagaz, no son palabras de romance barato tan altamente merecidas, sino que, mirando azorada a Sam en su cota dorada y Aguijón a la vaina, le dice a quemarropa:

-¡Bueno, vete! –dijo Rosita- Si has estado cuidando al señor Frodo todo este tiempo ¿cómo se te ocurre dejarlo sólo ahora, cuando las cosas se ponen más difíciles? Aquello fue demasiado para Sam. O necesitaba una semana para contestarle, o no le decía nada. Bajó los escalones y volvió a montar el pony.

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Primera edición de "El Hobbit" en español, dedicado  por Tolkien a Edith

Primera edición de «El Hobbit» en español, dedicado por Tolkien a Edith

Bibliografía

PEARCE, Joseph, Tolkien: hombre y mito, Barcelona, Minotauro, 2000.

MACHADO, Antonio, Poesías completas, Austral, Barcelona, 2001.

MOLINER, María, Diccionario del uso del español, Tomo I, Madrid, Gredos, 1998.

PLANK, Robert, “The scouring of the Shire: Tokien view of fascism” in A Tolkien Compass, Open Court, 2003.

TOLKIEN, John Ronald Reuel,-El Señor de los Anillos Tomo I: La comunidad del Anillo, México, Minotauro, 1992. –El Señor de los Anillos, Tomo II: Las Dos Torres, México, Minotauro, 1992. -“Sobre los cuentos de hadas”, “Hoja de Niggle” y “Mitopoeia” en Árbol y hoja, Barcelona, Minotauro, 1997. –Cartas, Barcelona, Minotauro, 1993. -“Discurso de despedida” en Los Monstruos y los Críticos, Minotauro, Barcelona, 1998.


Tokien handwritting about The Hobbit chapter

Tokien handwritting about The Hobbit chapter

Notas

[1] J.R.R. Tolkien, Cartas, Minotauro, Barcelona, 1993, p.p 116-117. Y, Joseph Pearce, Tolkien: Hombre y mito, Barcelona, 2000, pp. 84-88.

[2] Antonio Machado, Poesías completas, Austral, Barcelona, 2001, pp. 465-466.
[3] Joseph Pearce, apunta el paralelismo entre el padre Morgan, prohibiéndole a Tolkien y a su enamorada adolescente Edith Pratt, que se vieran hasta que él cumpliera 21 años; y Thingol y Elrond (ambos nobles pero severos señores), prohibiendo la mano de Lúthien y de Arwen respectivamente, hasta haber completado esforzadas tareas. Y también apunta Pearce, que acaso el matrimonio de Sam tan dilatado al final de la ora, pero tan gozoso, pudiera ser un guiño de su propia experiencia.
[5] Cartas, p. 79.
[6] Robert Plank, “The scouring of the Shire: Tokien view of fascism” in A Tolkien Compass, Open Court, 2003, pp. 108-109.
[7] J.R.R. Tolkien, El Señor de los Anillos I: La Comunidad del Anillo, Conaculta, México, 2010, pp. 11-12.
[8] Cartas, p. 49.
[9] Cartas, p.114.
[10] Cartas, p. 96.
[11] Cartas, p.139
[12] Cartas, p.113.
[13] Cartas, p.79
[14] Como la generación de la Reforma, que derrotó a la invasión francesa y restituyó la República en México en los años 60 y 70 del siglo XIX. Muchos poetas que tomaron las armas o humanistas honestos que nunca robaron las arcas de su país e incluso, algunos de ellos, como Guillermo Prieto, que se fue a la tumba con el saco raído después de haber sido Ministro de Hacienda o el general Zaragoza, que habiendo sido sastre, le cosía los botones a sus soldados.
[15] Dirían algunos: El imperativo categórico kantiano.
[16] Concepto de poder, ley y traditio en la mitología de Tolkien (minuto1:04:15, 1:06:53) :https://www.youtube.com/watch?v=QZyqa2Y42yA&list=LLJ5KjVqW4Hl0TGDEYA53hUA
[17] María Moliner, Diccionario de uso del español Tomo II, Gredos, Madrid, 2007,p.2473
[18] Ambas parejas íntimamente identificados con el propio Tolkien y su esposa Edith.
[19] Tema que además, tenía muy claro Tolkien, retomando un fragmento de la cita ya antes mencionada: “…Las ideas asociadas con “libertad”, tal como se emplea la palabra en la actualidad (…), la propaganda ha abusado tanto de la palabra que ha dejado de tener valor alguno para la razón y se ha convertido en mera dosis emocional para generar calor. En el mejor de los casos parecería implicar que los que dominan a uno, deberían hablar (como lengua nativa) el mismo idioma; que es en última instancia a lo que se reducen las ideas de raza, nación; o de clase…”.
[20] Tal como los tlaxcaltecas y otros pueblos indígenas mesoamericanos que participaron en la conquista española de las islas Filipinas o los argelinos en el ejército francés de la intervención francesa en México.
[21] J.R.R.tolkien, Las Dos Torres, Minotauro, Barcelona, 2002, p.369.
[22] Esta expresión hace referencia a las palabras de una feminista –cuyo nombre no he logrado aún recapitular- que, a mediados del siglo XX, se quejaba de que en la política, si se descubría a un varón corrupto, se le atribuía a sus actos, pero si en cambio era una mujer la hallada en corrupción, se le disculpaba en la opinión pública como “seguramente engañada en amores” dando por hecho que, sin poder acuñar maldad en ellas, habían sido manipuladas por un hombre para sacar beneficio a través de ellas. Esta activista feminista declaraba que ese paternalismo era igualmente discriminante y que mientras no se reconociera también en la mujer “su derecho al mal”, no sería tenda por igual. Y lo mismo podría aplicarse a cualquier grupo minoritario en desgracia que, visto con paternalismo discriminatorio, se le evita la posibilidad de ser igualmente humano en lo turbio y en lo avieso, como en lo virtuoso y portentoso.
[23] Antes bien, recordando el comentario inicial sobre los personajes notables inclinados hacia lo élfico, en tanto lo élfico se puede encontrar en la íntima y armónica relación del individuo con la naturaleza, los drúadan con su forma de vida más cercana a los bosques, acaso se encuentren en un estado de mayor cercanía a lo élfico (y a la única que podemos denominar “gracia”) que los hombres de Gondor o Rohan.
[24] Cartas, p. 277.
[25] J.R.R.Tolkien, “Discurso de despedida” en Los Monstruos y los Críticos, Minotauro, Barcelona, 1998, p.282.
[26] Cartas, 64.
[27] Tal como Bilbo (su más evidente alter ego) ante lo convencionalmente burgués de su lado Bolsón (Tolkien) y su parte salvaje y aventurera Tuk (Suffield). Incluso, así como el viejo Tuk, Tolkien tuvo un abuelo Suffield que pasó de los 90 años y que tuvo muchos hijos, algunos de ellos ya  avanzada edad.
[28] Como un grupo de norteamericanos que acamparon en su patio y que lo vitoreaban en cuanto asomaba la cabeza… (¡Váyase a saber que insensatez también habría hecho el que esto escribe de haber coincidido en el espacio y el tiempo con él!)
[29] Con muchos paralelismos con la propia Mabel, la madre de Tolkien. La historia de Túrin Turambar le resultaba al profesor de una importancia cardinal que, a título personal, acaso se pueda entender como el ascenso y la caída de la humanidad entera en ese pobre, valiente y compasivo guerrero desgraciado por su arrogancia, talante iracundo, y claro está, abundantes dosis de mala suerte imbuida por el negro enemigo del mundo.
[30] Doncella que me es tan personal, que le dediqué el relato de fan-fiction: La Partida de Celeborn. Dispensen el atrevimiento y falta de elegancia de quien escribe con esta mención tan fuera de lugar, pero para quien me honrase con su curiosidad, aquí dejo el vínculo a mi blog para leer el relato completo: https://elmordyn.wordpress.com/2014/02/26/la-partida-de-celeborn/
[31] Joseph Pearce apunta el paralelismo entre el padre Morgan, prohibiéndole a Tolkien y a su enamorada adolescente Edith Pratt, que se vieran hasta que él cumpliera 21 años; y Thingol y Elrond (ambos nobles pero severos señores), prohibiendo la mano de Lúthien y de Arwen respectivamente, hasta haber completado esforzadas tareas. Y también apunta Pearce, que acaso el matrimonio de Sam tan dilatado al final de la ora, pero tan gozoso, pudiera ser un guiño de su propia experiencia.
[32] Aunque Atenea parece haberse enamorado de Odiseo, como lo muestra que ante los demás se aparece con el aspecto del anciano Mentor y sólo ante él se muestra como mujer. Más aún: cuando al fin entrega a Odiseo frente a Penélope, Atenea  enfurece y lo abandona al peligro de los pretendientes armados, acaso como una adolescente que, ignorando lo que es el amor, es arrebatada rabiosamente por los celos y, sin saber cómo reaccionar, abandona a Odiseo sólo para volver con él poco después en su auxilio, arrepentida, quizá viviendo voyeristamente (¿o qué no se dice que son tan humanos los olímpicos?) la consumación de su amor con el astuto de Ítaca a través del reencuentro con Penélope en el tálamo del final feliz.
[33] En opinión de quién esto escribe, el más grande de los elfos de Arda, junto a su hermana aquí tan cariñosamente honrada. El primero en descubrir a la humanidad y en amarlos por lo que son. Siguió a Beren en su empresa enamorada, dando la vida luchando con las manos contra un licántropo de Sauron, para que Beren tuviera la esperanza de seguir adelante al encuentro de Lúthien. Y así fue.
Mexico versión mapa Tierra Media

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