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"Quijote y Sancho & Frodo y Sam" de Medardo Landon Maza Dueñas, primer lugar en el Certamen de Ensayo Vida y Obra de J.R.R. Tolkien "Premios Aelfwine 2014"

«Quijote y Sancho & Frodo y Sam» de Medardo Landon Maza Dueñas, primer lugar en el Certamen de Ensayo Vida y Obra de J.R.R. Tolkien «Premios Aelfwine 2014»

-!Ay!-respondió Sancho Llorando- (…) Mire no sea perezoso,
sino levántense de esa cama, y vámonos al campo vestidos
de pastores, como tenemos concertado.

Miguel de Cervantes Saavedra,
El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.

*
Sam respiró profundamente. –Bueno, estoy de vuelta en casa- dijo.

J.R.R. Tolkien, El retorno del rey

Miguel de Cervantes Saavedra según Juan de Juareguí

Miguel de Cervantes Saavedra según Juan de Juareguí

J.R.R.Tolkien según Donato Giancola

J.R.R.Tolkien según Donato Giancola

1
Cervantes y Tolkien
(A modo de introducción)

En un primer vistazo al título y los epígrafes en obvia referencia a Cervantes y a J.R.R.Tolkien, podría parecer una elección caprichosa que sólo correspondiese a filias personales, comparar de algún modo la obra de estos escritores, titanes; el padre de la novela moderna –padrastro, diría Cervantes- y el padre de la fantasía épica contemporánea –romances, apuntaría Tolkien-, por significar lo menos de los dos y de sus obras, separados por cuatrocientos años, en naciones más que distintas, dispares y sin mucho registro de los biógrafos de Tolkien, de que hubiera leído el Quijote.


No obstante, quizás alguna evidencia harto circunstancial podría iniciar el guiño: es en Inglaterra donde comenzó la crítica literaria del Quijote, donde primero se lo tradujo y de donde muchísimos de sus estudiosos han provenido durante siglos (recordemos Tristam Shandy). Además, el padre Morgan, tutor del huérfano y joven Tolkien, era mitad galés y mitad español y lo llevó a buscar aprender algo de español. Así lo cuenta su biógrafo Humphrey Carpenter:

Su tutor hablaba un perfecto español y Ronald le había pedido a menudo que le enseñara el idioma; no fue así, pero podía utilizar con toda libertad los libros. Los leyó nuevamente y empezó a trabajar en un lenguaje inventado que llamó “Naffarin”.

Y Tolkien mismo lo relata de este modo en una de sus cartas:

Mi tutor era en parte español, y yo, a comienzos de mi adolescencia, cogía sus libros e intentaba aprender esa única lengua romance que me procuraba el placer particular del que hablo: no es exactamente lo mismo que la mera percepción de la belleza; siento la belleza (…); se parece más bien al apetito que se siente por el alimento necesario.

Así que, como connotado mitógrafo que era desde temprano Tolkien, habría podido ser una elección natural emprender o asomarse “de entre los libros de su tutor” a la obra cumbre de la lengua española: El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha, plagado de caballeros y aventuras que desde entonces lo fascinaran.


¿Qué trascendencia pudiera tener el comentario anterior? Si establecemos algunos paralelismos en las biografías de Cervates y Tolkien, podría ser tan caprichoso y anecdótico como comparar a otros escritores de armas y letras de mentes progresistas, como a Stendhal con Ignacio Manuel Altamirano, que pudiese resultar un juego del todo estéril pero que, acaso sólo por diversión, valdría la pena.


Ambos –Cervantes y Tolkien, ya no Stendhal y Altamirano-, hombres de letras que emprendieron sus obras cumbres después de los cincuenta años; que pese a lo innovador de sus textos, fueron despreciados como autores por sus colegas contemporáneos y que estuvieron rodeados de singulares mujeres de carácter.


Los dos tomaron parte de las más terribles batallas de sus tiempos, en Lepanto y en el Somme respectivamente , de las que los dos resultaron heridos o enfermos, y cuya participación en tales hechos históricos fue motivo de gran orgullo durante todas sus vidas.


Fue una batalla terrible. Bilbo no había pasado nunca por una experiencia tan espantosa, y que luego odiara tanto, y esto es como decir que por ninguna otra cosa se sintió tan orgulloso, hasta tal punto que fue para él durante mucho tiempo un tema de charla favorito, aunque no tuvo en ella un papel importante.


Escribió Tolkien. Y Cervantes:

Pero fuele la fortuna contraria, pues donde la pudiera esperar y tener buena, allí la perdió, con perder la libertad en la felicísima jornada donde tantos la cobraron, que fue en la batalla de Lepanto.

Tanto don Ronaldo como don Miguel tuvieron estrecheces económicas toda la vida, lo cual los obligaba a escribir contrabandeando tiempo, y que sólo hasta la publicación de sus obras maestras comenzaron a tener los recursos y la holganza para atender sus proyectos previos que se tornaron póstumos, como Los trabajos de Persiles y Segismunda o El Silmarillion.


Sus protagonistas tienen claros dejos autobiográficos. En el Quijote hay un nítido viso del viejo soldado Cervantes, como en Bilbo Bolsón hay un mucho del Tolkien escritor del Libro Rojo y de chalecos brillantes. Ambos personajes, emprendieron su gran aventura después de los cincuenta, emparentando, como se ha dicho, la edad en que los autores los emprendieron a ellos.


Más aún, sus obras cumbres surgen de una lectura abundante y acuciosa que los condujo a la renovación artística en innumerables textos de caballeros, doncellas, reyes portentosos, espadas mágicas, monstruos, criaturas proto-humanas o temibles hechiceros antagonistas. Frestón y Saruman, podrían mirar al otro de reojo a sus espaldas.


Pero, el paralelismo más notable -y acaso también casual fruto de la observación de la condición humana de sus experiencias durante la guerra -es el parecido entre la dupla contrastante de sus protagonistas: El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y su magnífico escudero Sancho Panza, el señorito burgués Frodo Bolsón y su leal jardinero Samzagaz Gamyi.


De esas parejas de contrarios diserta este breve texto: del amo idealista que fueron Frodo y Alonso el Bueno y de sus escuderos coloridos.


De ellos, solos contra el mundo.

Alonso Quijano por Gustavo Doré

Alonso Quijano por Gustavo Doré

2

El hidalgo y el burgués

Alonso Quijano (o Quesada, como algunos afirman), era un “hijo de algo”, un miembro de la baja aristocracia rural española, que tres cuartos de su hacienda gasta sólo en alimentos (y el resto, bien sabemos, en libros de caballería).

Frodo Bolsón es, por su parte, un reflejo de la burguesía rural de la Inglaterra victoriana ascendente, hasta alcanzar a la baja aristocracia venida a menos.

Frodo ante Galadriel por Jian Guo

Frodo ante Galadriel por Jian Guo

Los dos, hijos de la clase acomodada rural, pasados de los cincuentas, afectos a los paseos campestres con libertad para hacer y desfazer y muy a las lecturas de hadas, caballeros y dragones, claro que para Don Alonso las ficciones de los libros de caballerías constituirán el universo narrativo de su delirio, en tanto que para Frodo esos relatos constituyen los legítimos mitos y leyendas de la sólida historicidad del corpus mitopoético de los grandes hechos de su tiempo.


Hombres de letras, humanistas de ideales que se ven forzados por su propia conciencia a aplicar todo lo leído y a transformarse para llevar a la acción las más hermosas ideas en las que se han formado:


(…)le pareció convenible y necesario, así para aumento de su honra como para el servicio de la república, hacerse caballero andante y irse por todo el mundo con sus armas y caballo a buscar las aventuras y a ejercitarse en todo aquello que él había leído (…) deshaciendo todo género de agravios(…)

Y tal se inició en La Mancha, mientras en La Comarca:

Por el momento, parece que soy un peligro para mis vecinos. No puedo conservar el anillo y quedarme aquí. Tengo que salir de Bolsón Cerrado, abandonar la Comarca, abandonarlo todo e irme. –Suspiró-. Me gustaría salvar la Comarca, si pudiera, aunque alguna vez pensé que los habitantes eran tan estúpidos que un terremoto o una invasión de dragones les vendría bien.

Abandonan la seguridad de su hogar (tan similar a la de un lector moderno) para emprender, cada uno, la más disparatada de las empresas antes vistas por sus semejantes: salir a los caminos a tornarse caballero andante “que mucha necesidad hay de ellos” o a deshacerse de la más poderosa arma para vencer a un enemigo invencible, arrojándola en la mismísima guarida de la sombra del mal.


Y a este propósito, en marcha y peripecia se hacen, adentrándose en el mundo de la aventura tal como hombres de letras que son, a través de las palabras, renombrándose a sí mismos en el nuevo cuento de leyendas en que se adentran (o creen que se adentran).


Así, el Quijote sí y sólo sí puede ser él y no Alonso Quijano a través de nombrar a su caballo Rocinante, a su dama Dulcinea (¿Dulce Idea?) y, así mismo, primero Don Quijote de la Mancha y, más tarde, ya en mote de armas y hazañas probadas, como el caballero de la Triste Figura.
En tanto, Frodo habla la lengua de la Edad de Oro en que no había “lo tuyo y el mío” , el élfico que hermana a través de la palabra, con el pueblo de los Eldar, con los caminantes de los sueños, con los moradores de los bosques; y este conocimiento lingüístico es en sí mismo una potencia de transformación de la realidad: el canto a Elbereth lo salva de los jinetes negros, y escuchar el canto élfico de Sam en la Torre de Cirith Ungol, lo salva del cautiverio.


Además, en reflejo biográfico con sus autores, ambos son escritores en potencia. Frodo será el cronista de gran parte del Libro Rojo que contiene a El Señor de los Anillos y Alonso Quijano, antes de decidirse por ser caballero:


(…) muchas veces le vino el deseo de tomar la pluma y dalle fin al pie de la letra como allí se promete; y sin duda alguna lo hiciera, y aun saliera con ello, si otros mayores y continuos pensamientos no se lo estorbaran.

Una vez desplegados y armados con sus nombres y voces, se van al encuentro de numerosos y extraordinarios personajes entre los que se ha de resaltar a su mayor antagonista que terminará por derrotarlos, constituido de su otro yo, de su sombra jungiana de lo que podrían haber sido de no haber escogido la virtud.


El Caballero de la Blanca Luna y posteriormente el Caballero de los Espejos, es el (infame) bachiller Sansón Carrasco que, en la vorágine de la imaginación de Alonso Quijano, termina afectando en su realidad al modo en que hace surgir a otro caballero como el mismo, pero este otro en cambio, es un caballero de mentiras y mala entraña, opuesto por entero al caballero de la Triste Figura y quien, como dice León Felipe: “en las playas de Barcino frente al mar”, lo derrotó y lo mandó al exilio de sí mismo, que ulteriormente le causará la muerte.


Así mismo, Gollum es la sombra de Frodo. Un hobbit como él, que también fuera portador del Anillo Único y, por tanto, la única persona capaz de entender su fascinación y obsesión por la posesión que la maligna voluntad que el anillo genera y que, cuando en las grietas del monte Destino Frodo fracasa (inevitablemente), al entronarse a sí mismo con el Anillo Único, es Gollum quien logra arrancarle el anillo y, al despeñarse a la lava, salvar con ello a toda la Tierra Media.


De tal guisa que, tanto El Quijote como Frodo, son derrotados en sus apoteosis y pruebas finales, y su regreso de las aventuras al hogar es un retorno, a un tiempo, a la muerte y la inmortalidad. A la muerte de Alonso el Bueno y al Oeste inmortal de Frodo, pero también a la inmortalidad de Cervantes y del Quijote de la Mancha.


Paradójicamente, en esta aparente derrota y retorno a la despedida, se encuentra quizá la más notable eucatástrofe, como llamaba Tolkien al giro inesperado de los acontecimientos hacia un súbito final feliz, hacia la esperanza.


Y esa eucatástrofe está en Samzagaz Gamyi que, transformado por la compañía y los ideales de su amo, se ha tornado, de una a una, en héroe, en bardo y, más importante quizá, en esposo, en padre, en alcalde y en el jardinero, ya no de Bolsón Cerrado, sino de la Comarca entera, sembrando el único árbol mallorn al oeste de las montañas, para memoria de los Eldar de los cantos y los cuentos.


Eucatástrofe en un Sancho Panza que, postrado a la cama de su señor, le ruega que se tenga en pie para volver a los caminos a desfazer entuertos.


Pues tanta falta hacen los caballeros andantes en el mundo.


Y él lo sabe y ahora es uno de ellos.

Sancho Panza y Rocín por Gustave Doré

Sancho Panza y Rocín por Gustave Doré

3
El escudero y el jardinero

Sam y Sancho a la distancia, podrían confundirse. Fornidos, bajos, rechonchos, vestidos en humildes atavíos campesinos que, de más cerca, nos dan la faz de espesas barbas de rural de la Mancha o las pecas y rizos de la colinas entre Oxford y Gales.


Sí, claro que son proverbialmente conocidos por ser los fielísimos acompañantes de sus insignes señores hacia la inmortalidad literaria, pero también son recordados por sus diálogos repletos de ingenuidad e ingenio, refranes y retruécanos, representados por sus autores con un notable colorido, fruto de la recreación oral del habla cotidiana del campo de sus patrias.

Posible Sam Gamyi por Ari Aboytes Cortés

Posible Sam Gamyi por Ari Aboytes Cortés


Si hay en Alonso Quijano y en Bilbo, el tío de Frodo, un posible ánimo autobiográfico de parte de Cervantes y Tolkien, acaso en Sam y Sancho se trata del encuentro con el otro. Quizá un Don Miguel, tras todos los años de recorrer España en aquella tamaña y amarga tarea de cobrar impuestos de la corona, viendo de cerca la miseria y la necesidad de los humildes, que le resultara en claras simpatias por ellos, gestando de ese encuentro con lo agudo, simple, ingenuo y honesto a Sancho Panza, flor del campesinado del mundo entero.


Sobre el origen de Sam Gamyi, el propio Don Ronaldo nos cuenta:

Mi Sam es en realidad un reflejo del soldado inglés, de los asistentes y soldados rasos que conocí en la guerra de 1914 y que me parecieron tan superiores a mí mismo.

A diferencia del Quijote y Frodo, habitantes de los cielos de las ideas, Sancho y Sam, arraigados a la tierra –en el sentido de lo mundano y del elemento alquímico al mismo tiempo, como transformadores de la sustancia en vida, como campesino y jardinero-, sí tienen (o tendrán) esposas e hijas. Son hombres de familia que establecen una entrañable amistad con sus monturas que, si bien toscas, son sorprendentemente suertudas y perspicaces: Rocín el burro y Bill el pony, a quienes los escuderos extraviarán durante sus aventuras, pero que ulteriormente recobrarán con gran ternura y alegría.


Pese a su sencillez (o precisamente por ello), los dos tienen un encuentro singular, casi privilegiado, con la dama más bella, virtuosa y preponderante de sus respectivos relatos: Sancho Panza es quien, con la imaginación -y una vez más en la marea de alcanzar y tintar la realidad del Quijote con sus lecturas-, se transforma de escudero en subcreador, e inventa el encuentro con Dulcinea del Toboso, figurándola con una mezcla de posible gallardía señorial con el referente directo de Aldonsa Lorenzo y su olor a cebollas.


En el caso de Sam, es uno de los pocos miembros de la Compañía del Anillo que no sólo pasa la prueba de la mirada poderosa al conocer a Galadriel, sino que incluso tiene también el privilegio del íntimo encuentro con el espejo de Galadriel y las visiones de Frodo y más aún: recibe de regalo de sus manos, no un artilugio de guerra (como Legolas) o una joya singular (como Aragorn), sino una semilla de árbol élfico y tierra de Faerie.


Así pues, entre semillas y cebollas, los escuderos son dignos de tan grato encuentro con los equivalentes simbólico de la Reina de las Hadas en sus propios reinos narrativos.


Este notable par reconocido por su sólido sentido común y sus perspectivas continuamente prácticas ante los problemas -en tanto sus señores los ven desde otras honduras-, son representados en un tono muchas veces fársico, en contraste con la solemnidad e idealismo de sus amos (contraste al que se volverá más adelante) y, no obstante, pese a tener los pies tan firmemente en la tierra, siguen al Quijote y a Frodo a las más disparatadas y desesperanzadas de las empresas y ellos abrazan la causa con todo su empeño y, primero por amor a sus señores y más tarde, por la convicción propia que se les hubo forjado a través de las travesías y peripecias.


Así mismo, cuando las circunstancias los separan de sus amos e inmensas responsabilidades quedan en sus manos, Sam y Sancho despuntan entre los grandes sin desmerecer en absoluto el legado ético y épico de Frodo y el Quijote.


Sancho cuando, por argucia de los duques es dispuesto como gobernador de la Ínsula Barataria en pretendida mofa de lo que un común pudiera hacer de estropicios (como sí es la perspectiva de El Buscón, de Quevedo), despunta con sabiduría y justicia, y su sentido común para lo diario se sublima en una empírica aplicación humanista, mas que de la ley, del bien común.

Y esto lo diera firmado de mi nombre si supiera firmar, y yo en este caso no he hablado el mío, sino que se me vino a la memoria un precepto, entre muchos otros que me dio mi amo don Quijote la noche antes que viniese a ser gobernador de esta ínsula, que fue que cuando la justicia estuviese en duda me decantase y acogiese a la misericordia, y ha querido Dios que ahora me acordase, por venir en este caso como de molde.


(…)


aquella tarde la pasó Sancho en hacer algunas ordenanzas tocantes al buen gobierno de la que él imaginaba ser ínsula; y ordenó que no hubiese regatones de los bastimentos en la república; y que pudiesen meter en ella vino de las partes que quisiesen, con aditamento que declarasen el lugar de donde era, para ponerle el precio según su estimación, bondad y fama; y el que lo aguase o le mudase el nombre, perdiese la vida por ello. Moderó el precio de todo calzado, principalmente el de los zapatos, por parecerle que corría con exorbitancia. Puso tasa en los salarios de los criados, que caminaban a rienda suelta por el camino del interese. Puso gravísimas penas a los que cantasen cantares lascivos y descompuestos, ni de noche ni de día. Ordenó que ningún ciego cantase milagro en coplas si no trújese testimonio auténtico de ser verdadero, por parecerle que los más que los ciegos cantan son fingidos, en perjuicio de los verdaderos. Hizo y creó un alguacil de pobres, no para que los persiguiese, sino para que los examinase si lo eran; porque a la sombra de la manquedad fingida y de la llaga falsa andan los brazos ladrones y la salud borracha. En resolución, él ordenó cosas tan buenas que hasta hoy se guardan en aquel lugar y se nombran ”Las constituciones del gran gobernador Sancho Panza.”

En tanto, Samzagaz, tras la traición de Gollum y la caída de Frodo, se ve en solitario, enfrentando con daga élfica a la araña demoniaca de Ellalaraña y luego, tornándose en portador del Anillo Único, logra rescatar a Frodo de la torre de Cirith Ungol con una combinación de astucia, prudencia, arrojo y sensibilidad poética, pues es a través de una canción élfica entonada en la desesperación, como ya se hubo mencionado, que encuentra a su amo. Y como Sancho, también le toca a Sam ser alcalde en la Comarca –siete veces reelecto-, donde otro tanto se encumbra con su compasión y sabiduría:

La mano de Sam titubeó. Ardía de cólera, recordando pasadas felonías. Matar a aquella criatura pérfida y asesina sería justo: se lo había merecido mil veces; y además, parecía ser la única solución segura. Pero en lo profundo de su corazón, algo retenía a Sam: no podía herir de muerte a aquel ser desvalido, deshecho, miserable que yacía en el polvo. Él, Sam, había llevado el Anillo, sólo por poco tiempo, pero ahora imaginaba oscuramente la agonía del desdichado Gollum, esclavizado al Anillo en cuerpo y alma, abatido, incapaz de volver a conocer en la vida paz y sosiego. Pero Sam no tenía palabras para expresar lo que sentía.


(…)


Sam plantó retoños en todos aquellos lugares donde había árboles especialmente hermosos y queridos (…) recorrió la Comarca, a lo largo y ancho, haciendo este trabajo (…) y al terminar, descubrió que aún le quedaba un poco del polvo (de Galadriel), y fue a la Piedra de las Tres Cuadernas, que es por así decir, el centro de la Comarca, y lo arrojó al aire con su bendición.
La primavera colmó con creces las más locas esperanzas de Sam.

Y sobre esta transformación del humilde hobbit, Tolkien apunta en sus cartas:

Sólo encontramos hobbits en íntimo compañerismo, los que tienen una gracia o un don: una visión de la belleza, una reverencia por cosas más nobles que ellos mismos, en guerra con su autocomplacencia. !Imaginen a Sam sin la educación que le impartió Bilbo y la fascinación que le produce lo élfico!

Y mientras los escuderos se encumbran como alcaldes y gobernadores, en su ausencia, Frodo yace herido y torturado, mientras el Quijote llora sin poder coser sus propios calcetines.


Pero más aún y como ya se ha mencionado anteriormente, al final de las novelas, encontramos al campesino y al jardinero transformados por sus aventuras y por la influencia de los ideales de sus señores, hablando en nuevos modos y con nuevas ideas que los han sublimado. Han hallado sus propias convicciones de compasión y justicia a través de sus hazañas que los han tornado en humanistas que ejercen sus ideales en sus acciones.


Héroes cotidianos

Portada_El Quijote_1605

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4
El ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha y
El Señor de los Anillos
(A modo de conclusión)

Más allá de los paralelismos (¿forzados?) entre los autores y los protagonistas (¿pretendidos?) hay también algunos recursos estilísticos similares en las poéticas de Cervantes y Tolkien, aquí muy ínfimamente esbozadas, con la venia -espero- de sus notabilísimos críticos literarios y la disculpas del lector, por tocar temas que merecerían cien veces más abundancia y precisión que en este breve texto.


Tanto en El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha como en El Señor de los Anillos el narrador se separa del autor y se constituye en un personaje, mostrándose solamente como un traductor o un compilador.

Portada_Comunidad del Anillo_edición 1973

Portada_Comunidad del Anillo_edición 1973

Es, por tanto Cide Hamete Benengelí el erudito árabe quien se supone relata los hechos del caballero de la Triste Figura, y bien conocido es el episodio en que se detiene el combate contra el vizcaíno porque se le ha acabado a Cervantes el supuesto texto traducido, y cuenta como hubo de salir a buscar la continuación en pliegos extraviados en un mercado.


En el Señor de los Anillos el fenómeno se multiplica, y dice Tolkien que él solo tradujo lo que un cronista llamado Findegil preparó una edición para el rey Eldarion, basado en El Libro Rojo de la mano consecutiva de Bilbo, Frodo y Sam.


Como se ha mencionado previamente, en ambas novelas hay un circundante universo de maravillosos portentos, hechicería, reyes, espadas mágicas, hadas y caballeros, eso sí, claro está, en manifestaciones distintas del concepto de Fantasía o Faerie: en el caso del Quijote, constituyendo un universo del delirio fársico inspirado en los desproporcionados libros de caballería con un ánimo paródico y burlesco (“el gigante Caraculiambro, señor de la ínsula Malindrania”) que, paradójicamente, termina afectando la realidad, manifestándose en verídicos no sólo en el Quijote que lo vive, sino en Dorotea o la princesa Micomicona y caballero de la Blanca Luna/de los Espejos que lo burlan e incluso en Sancho que lo vive como verdadero y que por tal, se verá envuelto en la ínsula Barataria tornándose en un gobernador de portento para los más y los simples que allí viven.


Faerie se ha manifestado más allá de todas las esperanzas, por convicción pura.
En tanto, en El Señor de los Anillos, la realidad se constituye a partir de la construcción del pasado mítico del Silmarillion en donde, en lugar de la parodia, es la solemnidad la que da por cierto paratextos abundantes (mapas, lenguas, cronologías, árboles genealógicos) constituyendo su verosimilitud…


Ah. Y como en El Quijote, el contraste.


Esa es la palabra clave, y uno de los más memorables recursos estilísticos que comparten Cervantes y Tolkien pues, en el Quijote se fusionan con inigualable maestría dos géneros narrativos tenidos por menores en el tiempo de Cervantes: el tono idílico de la novela bucólica y el realismo burlesco de la novela picaresca, representado el uno en el Quijote de la Mancha, y el otro en Sancho Panza, y logrando esa fusión de encumbramiento en profundidad y significado muy superior a sus predecesoras, donde lo idílico choca con el realismo y la picaresca con el idealismo, resultando en un pícaro humanismo que fundará la novela moderna, sembrando una contundentísima imagen de contraste complementario de tal eficacia, arte y envergadura, que 400 años más tarde, en el imaginario popular de millones de personas que jamás han leído el Quijote, sólo en silueta y estampa son identificables los hijos de la Mancha de calidad inmortal que, como dijo alguna vez Tolstoi, cuando llegue el Juicio Final y El Supremo pregunte a la humanidad qué hizo para merecer su existencia, todos a una señalaremos a un solo lugar:


El ingenioso hidalgo don Quijote de la Mancha.


Y así y en tanto, en El Señor de los Anillos, tal como apunta Tom Shippey, Tolkien produce un extrañamiento generador de poderosa verosimilitud con el contraste de lo cotidiano y lo épico. Del entorno de los hobbits afín al mundo burgués del siglo XIX con el que el lector contemporáneo, hijo de la posmodernidad, puede identificarse, enfrentado contra el escenario, los temas y el tono de una épica que sabe a ancestral, no sólo renovando el género epopéyico sino, en humilde opinión de quien esto escribe, generando una potencia mitopoética que supera con mucho a sus fuentes mitológicas -que suelen ser narrativamente inconexas por las miles de voces que les dieron forma-, causando un asombro y una fascinación que uno asume en el acto como verdad, con tamaña inenarrable potencia mítica como no se hubo visto desde Homero.


Pero sin dejar de mirar el reloj en la repisa con un pañuelo en el bolsillo… o quizá precisamente por ello.


Y más aún: acaso en este encuentro de contrastes entre lo bucólico y la picaresca, la posmodernidad burguesa y la épica ancestral, resalta en una lectura contemporánea una propuesta de interpretación esperanzadora:


Hay, entre el caballero andante y el escudero, el académico señorcito y el jardinero, tal amor e influencia del uno sobre el otro, que en ellos parecen reconciliarse los siempre muchos pobres con la aristocracia siempre privilegiada, en estas amistades proverbiales de dos seres humanos donde, como dice el Quijote entre los cabreros, “no existe el tuyo y el mío” y en armonía somos y estamos con nuestros semejantes diferentes, cuando el “otro” al fin es comprendido como el “nosotros”.

***

OTROS ARTÍCULOS SOBRE TOLKIEN DEL MISMO AUTOR:

1. Porqué Tolkien no era reaccionario, ni racista, ni misógino

https://elmordyn.wordpress.com/2014/03/24/porque-tolkien-no-era-reaccionario-ni-racista-ni-misogino/

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2. Poética mínima de Tolkien

https://elmordyn.wordpress.com/2012/03/25/poetica-minima-de-tolkien/

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3. Historia mínima de la literatura collen: fantasía épica contemporánea

https://elmordyn.wordpress.com/2012/03/04/historia-minima-de-la-literatura-collen-fantasia-epica-contemporanea/

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4. Tom Bombadil y un breve atisbo de la ayuda divina en la Guerra del Anillo.

https://elmordyn.wordpress.com/2014/09/11/tom-bombadil-y-un-breve-atisbo-a-la-ayuda-divina-en-la-guerra-del-anillo/

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5. La partida de Celeborn (novela corta fan-fiction, premio accesit del Premio Gandalf 2012)

https://elmordyn.wordpress.com/2014/02/26/la-partida-de-celeborn/

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Mexico versión mapa Tierra Media por "Sam de Somniator"

Mexico versión mapa Tierra Media por «Sam de Somniator»

Bibliografía
CARPENTER, Humphrey, J.R.R.Tolkien: una biografía, Barcelona, Minotauro, 1997.
CERVANTES Saavedra, Miguel de, El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, Punto de Lectura, Perú, 2008.
DE MADARIAGA, Salvador, Guía del lector del “Quijote”, Espasa Escalpe, Madrid, 2005.
SHIPPEY, TOM, El camino a la Tierra Media, Minotauro, Barcelona, 2002.
TOLKIEN, John Ronald Reuel,
– El Hobbit, Minotauro, Barcelona, 1990.
-El Señor de los Anillos Tomo I: La Comunidad del Anillo, México, Minotauro, 1992.
-El Señor de los Anillos, Tomo III: El Retorno del Rey, México, Minotauro, 1992.
-“Sobre los cuentos de hadas” en Árbol y Hoja, Minotauro, Barcelona, 1997.

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