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I

De los celtas

Es 1990 y seguirían emprendiéndose los borradores. En uno de ellos se hallaba la Rana Libertadora frente al castillo de Oxafreen para buscar al monje Rand. El monje era todavía un personaje robado de uno de mis libros juego (Los monjes del templo de la luna oscura, de Chris Martindale), pero “Oxafreen” sobrevivía los años para ser la palabra élfica que significara “Rana Libertadora”. En otro borrador en una colina de pinares (que soñé, con escarpadas laderas y lagos) en una cabaña, el héroe le ponía a Lionel su cinturón para hacer de ella una persona libre, como era el signo del hombre libre entre los vikingos en la Edad Media… (¿dónde había escuchado eso?)

En ese episodio de pronto quise incluir detalles de verosimilitud del entorno y descubrí que no sabía cómo eran sus ropas, ni cómo eran sus casas, ni qué comían, ni en qué creían, ni qué tipo de nombres o de convenciones sociales tendrían… Descubrí pues, que mis lecturas episódicas no me alcanzaban y aunque Tierra Media estaba muy detallada y ya me había asomado con nitidez a la Krynn de Dragonlance y a las Moonshaes de Faerun, debía buscar las fuentes de Tolkien para cultivar una civilización viva y real como había hecho él.

En las novelas sobre las Moonshaes, de Douglas Niles.

Pero… ¿Quiénes eran los pueblos de la Edad Media? Muchas naciones, sí… ¿Y todos los que no vivían en castillos eran vikingos?

Y así fue como paré los borradores de la Rana Libertadora por no menos que 18 años: cuando supe que no sabía nada y que debía aprender; y de pronto la duda se convirtió en un abanico imparable de posibles escandinavos, germanos, nórdicos, normandos, ibéricos, bretones, britanos, pictos, anglosajones, lusitanos, godos, ostrogodos, visigodos, iberos, galatas, helenos, romanos…

 Pero a la búsqueda, un pueblo medieval se fue perfilando en mi interés una y otra vez, y que fui descubriendo su inigualable influencia en Tolkien, Dungeons & Dragons, en Willow y casi cada relato de hadas y duendes que más me interesaban:

Los celtas.

Así que dedicaría los siguientes años a investigar de ellos (y de entre ellos, cada vez más seducido por los cymry de Gales) y en esa búsqueda me adentré en la historia antigua y la mitología universal. Desde Gilgamesh a Napoleón, los descubrí por esa búsqueda… Que, dicho sea de paso: ¡viva por lo más alto los sumerios que inventaron la escritura, el pan y la cerveza con El Gilgamesh tan extraordinario relato cuento cuentos para adultos! Y el portento terrible y extrañísimo de Napoleón, sin el que no habría habido independencia de México. Celtas, sumerios y mexicas, resultaron a la postre mis civilizaciones preferidas.

Tres guerreros celtas de acuerdo a testimonios romanos

II

De vuelta al borrador definitivo

Empero, si la narrativa sobre la Rana Libertadora tal cual tendría que esperar 18 años para escribirse, en cambio hubo abundantes borradores e intentos de crónicas y relatos de Merywm, en donde cada tanto volvía para atisbar un episodio a detalle, sobre todo con su vida discriminado entre los enanos, acuñando cada vez más detalles del mundo de Vellory que exploraba y cultivaba a través del juego de rol con el colectivo de Tierra de Quimeras.

Jugando rol con mi querido amigo escritor Benjamín Mariñarela. Atrás el escritorio donde comencé a escribir.

            No obstante, ninguno de esos proyectos con Merywm prosperó, porque parecía que la prosa detallada requeriría mucho contar de las desazones menores de mi halfling/hobbit mucho, mucho antes de que apareciera la Rana Libertadora entre las páginas.

Tendrían que pasar más de 15 años más de juego de rol y todo el proceso de escritura de la primera y segunda versión de La Biblioteca, antes de lograr entrar, a mis 32 años, a la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, a la carrera de Creación Literaria para poder encontrar las coyunturas que me permitieran cosechar de nuevo lo necesario para atreverme a intentar contar la saga del héroe de los más, de los humildes.

Patio del plantel del Valle de mi alma mater, la Universidad Autónoma de la Ciudad de México

El primer golpe de timón ocurrió en la clase de Novela II en un semestre magistral y anecdótico con interesantísimo grupo (¡entre los que se encontraba mi padre como alumno!) bajo la tutela de la escritora Adriana Jiménez García: el 29 de noviembre de 2007 presenté a la clase unos capítulos de un libro juego basado en el Reino del Verano (en el mismo contexto que mi primer libro recién publicado con Delfín Editorial, Hadas: Damas de Poder, escrito como texto de divulgación, pero también como primer paso simple hacia el mundo de Vellory de mis narrativas), ensamblable a la narrativa de mi novela corta La diminuta mariposa morada; cuando un lector inteligente y cabal llamado Roberto, tras escuchar mi lectura dijo: “¿Y? Yo te escucho y noto que hay ritmo, que eres una buena persona, pero no me quedo preguntándome ¿y?, a mí como escritor, como ser humano, tu texto no me dice nada”.

La escritora Adriana Jiménez, una de las profesoras capitales en mi formación en la UACM

Fue sin lugar a dudas la opinión literaria más importante en toma mi carrera, porque si no estaba logrando decirle nada a un lector exigente e inteligente, entonces ¿Qué razón había en ese texto?

De regreso a casa caminando me pregunté: ¿Qué es en verdad lo más importante que tengo que contar sobre la condición humana?… El ascenso y la caída del Astado Señor de las Bestias y la insurgencia de la Rana Libertadora… ¿Podrían vincularse ambos?

Así, allí y entonces, aborté la otra novela corta y comencé a juntar las notas y a iniciar los diagramas para retomar, 18 años después de “Era una mañana nublada y triste…”, el proyecto de “novela total” sobre la Rana Libertadora, aunque aún me faltarían 3 años más de macerar ideas, estilo y contenidos, para poder empezarla, y 5 años más para poder terminarla, 11 años más para poder publicarla y 15 años para su versión en ebook que ahí viene a la vuelta.

Así que mejor iniciar temprano que tarde.

III

De vuelta al borrador definitivo

Al siguiente semestre a inicios de 2008 durante la clase de novela III con Mónica Lavín, inicié y presenté las primeras páginas. La memoria que tengo de las sesiones es siempre como si hubiera tomado clase debajo de los oscuros ramajes de los robles en la penumbra en el salón de clases. Así lo recuerdo porque así la evocación de ese arranque de novela: si había que contar le asunto del Astado, entonces debía arrancar con el remolino de cuervos persiguiendo al hombre desnudo con máscara de pizarra.

La escritora Mónica Lavin, autora de «Yo, la peor», sobre Sor Juana Inés de la Cruz

            Empero, desde las primeras lecturas del taller la profesora, una gran escritora, famosa de talla, halló demasiado convulso el texto; por una parte mi prosa barroca y por otra el tema del universo narrativo exótico a presentar. Ese obstáculo a mis páginas no me era desconocido, pues tras mi estilo puro y personal de novela de La Biblioteca, me había esforzado mucho en depurar otro estilo más llano y simple de divulgación para las criaturas fantásticas para mis bestiarios del Reino del Verano de Delfín Editorial, que fueron mis primeros amados libros que publiqué.

La oscuridad del texto provenía sobre todo de un punto más delicado: no lo sentía del todo auténtico, no percibía su arte rezumar en la conmoción que la palabra me provoca y evoca, y cuyo rapto es la razón de que no soy feliz si no puedo estar escribiendo.

Y aquello correspondía a una razón: Merium (Merywm) ël mördyn (mis hobbits-halflings apócrifos) era ya un desconocido para mí.

Ese halfling mutado del Landon Brion de la infancia, que más tarde fue mi primera identidad en el juego de rol, era tan sólo una versión ni siquiera adolescente sino puberta, de un tipo fanaticoide y mordaz armado de identidad mía, que se había disuelto con mi paso a la madurez. Mi alter ego verdadero había sido ël mördyn patético y pusilánime de La Biblioteca, o incluso el Merdo palurdo de La Diminuta mariposa morada, apuntando al campesino simplón del arquetipo de Sam Gamgee.

Merywm Davirom, que era a quien siempre había querido para ser el cronista de La Rana Libertadora me era ya pues un completo desconocido.

 Necesitaba redescubrirme.

Para descubrir a Merywm, sin embargo, tendría que redescubrir mi propia infancia y hacer las paces con ella.

Figurita de Merywm Davirom para el juego de rol fabricada en 1993 por el artista plástico Emiliano Ortega Rousset

La clave me la ofreció una materia del ciclo básico de la carrera de Creación Literaria, de las que algunos escritores pedantes de mi universidad quieren saltarse creyendo que nada pueden aprender de ellas. Cuando ingresé a la UACM, digámoslo ooootra vez, ya había escrito una novela, mi novela personal eje, La Biblioteca; y luego durante los primeros semestres en que comencé a publicar mis primeros libros: Hadas: Damas de Poder y Elfos, trasgos, gnomos, trolls y otras criaturas del rincón… pero el crecimiento como autor estaba en la humildad, y la prueba es que harían falta otros 10 años de extenuante trabajo para lograr dar el siguiente paso profesional de publicar en mi propia editorial la otra novela tanto tiempo añorada de la Rana Libertadora.

De tal guisa que vuelta a la disciplina de agachar la cabeza y aprender en la materia de primer contacto, llamada ICA, la profesora de filosofía María del Rayo nos conminó a hacer una larga tira de papel con el listado de toda cosa alguna que hubiéramos aprendido en la vida.

Y así fui hacia atrás, rastreando a la primera memoria de la conciencia de Medardo en una cronología lineal que comenzaba dentro del volkswagen gris de mi familia, enfrente de un campo baldío de grava negra (donde ahora se alza la alianza francesa de Texcoco de mis queridos amigos Scarlet y Stephane); porque allí recordaba con frustración que a los 6 años todavía no me dejaron entrar a los scouts que se reunían allí…

Y un poco más atrás, mi primer pensamiento voluntario y consciente recordado: yö pertenecía a la especie enemiga del mundo, que había exterminado al pájaro Dodo, porque aquella inocente y buena ave no sabía que tenían que ocultarse de los marinos que pasaban enfrente de sus islas, en las galápagos, y quienes burlándose de que no huían, los mataron a todos al pasar por las costas desde sus barcos.

Esa es verdaderamente mi primera memoria consciente: mi resentimiento a la humanidad por ser el enemigo de los animales. El enemigo del mundo natural.

De pronto me hallé ante la revelación de porqué había abrazado la opción de la fantasía para ser una criatura que no fuera humana, así fuera un halfling taaaan parecido a un humano, pero que no lo es. Todo menos que un humano.

Allí habitaba mi profundo amor a los animales y a la naturaleza, tan extensamente amada y personalizada por la literatura fantástica. Quien ama la obra de Tolkien, termina amando a la naturaleza, sí o sí. Allí nacía el desdén del niño aborrecible que fui con mis semejantes, mis compañeros de la primaria del colegio Juan Ruiz de Alarcón a los que les tiraba los colores o los obligaba a rascarme la espalda. Allí estaba la causa primera de mi crueldad con mi hermano Mabeygnac, disfrutando la impunidad de ser más fuerte. Y la aspereza con la que trataba a mis propios padres, avergonzado de los desplantes de cariño público.

Despreciaba profundamente a la humanidad y, resentido con su daño a la ecología, tenía una muy pobre opinión de mi propia pertenencia a la especie enemiga, por mucho que me creyera un niño listo y soberbio.

Pero siempre amé a los animales. Y en mi ignorancia no supe cuidar a muchos de ellos que compraba para mascotas y que murieron de formas terribles que me llenan de vergüenza, por lo que me juré llorando esas muertes, una tras otra, que no volvería a tener ningún animal que no quisiera estar conmigo. Como los perros. Los perros y yö hasta el fin. Soy, en el fondo, tan sólo, un perro callejero.

Mi hermano perro, “El Amigo” 13 años estuvo a mi lado hasta esa última mirada entre nosotros el 5 de noviembre de 1995.

Allí dolía. Allí había verdad. Hería la condición humana: ése debía de ser el origen de Merywm Davirom ël mördyn proto hobbit.

 Y así fue como y porqué, de camino al metro a mi hermoso trabajo como profesor de Creación Literaria en el triple H. DIF Vicente Guerrero, del 6 al 8 de octubre de 2008, escribí la baladita infantil de 12 estrofas de 4 versos, para iniciar la historia de la vida de Merywm en este dilatadísimo umbral a la Rana Libertadora apenas redescubriendo a su cronista, con el mínimo de un cuento infantil de fantasía genérica que también homenajearía a los orígenes de la literatura fantástica en las epopeyas versificada del Gilgamesh.

Bajo la colina. Y lo ilustraría mi entonces muy querido amigo Ari Aboytes que había visto evolucionar mi fantasía con el gusto de pagarle el trabajo gráfico con la beca que mi hermosa universidad me proveyó.

A partir de ese instante, todo progreso de proyecto literario dejaría de ser la obra solitaria del artista ensimismado y buscaría, paso a paso, tener una salida editorial que me permitiera ir dejando migajas al lector y a mi historial profesional, hacia la Rana Libertadora.

I

Los libros juegos y las primeras ideas

            Era una mañana nublada y fría en el castillo fortaleza de Esgaroth fue la primera frase que escribí en los primeros tiempos de mi secundaria entre abril y mayo de 1989 (a los 15 años) en el salón de Estructura Metálicas, en donde encerraban a casi 60 pubertos de tres grupos (a veces bajo llave) con ventanas de barrotes para contenernos, mientras el profesor, ebrio, aparecía sólo de tanto en tanto, a pedirnos unos dibujitos de muebles y a señalar a quién había de darle pamba. 

            Allí me clavaron un compás en la pierna. Eran los años antes del concepto del “acoso escolar” y la aspereza de la secundaria se lidiaba obligándose a pelear. Y no se grataba de ganar, sino de que vieran que no te dejabas. Y yo había escogido el talle de “Estructuras metálicas” porque tenía la ilusión de construir un pequeño submarino, como el “Turtle”, que inventaron para intentar rescatar a Napoleón de la Isla de Elba. Murió antes de que se completara.

Diagrama del «Turtle» el primer submarino

Había una sola mujer entre los cincuenta y tantos alumnos del taller, Blanca se llamaba y era una señorita muy linda, morena y comenzando, vaya, muy bien, a redondear su edad; empero y afortunadamente en lugar de que esta joven dama sufriera el acoso insolente de tanto y tantos, ella se sentaba en una de las mesas altas de madera del taller, como abeja reina, gobernando sobre los punzantes e hirvientes líbidos de los secundariantes, de modo que en ausencia del maestro, era Blanca quien señalaba a quién había que zapear.

            Y se sentaba también en la mesa enfrente de mí, sus mallas blancas entalladas y yo la miraba azorado, aturdido y ruborizado por una pulsante inquietud indomable que no terminaba de entender, sin saber si mirar y mirar sus muslos y cadera frente a mí o esconder la cara tras mi portafolio negro para algo… y ese algo fue alguna vez escribir: “Era una mañana nublada y fría en el castillo-fortaleza de Esgaroth”… y en homenaje a este primer proto inicio del proyecto de la obra es que así comienza Encrucijada de Cuervos:  “Era una mañana nublada y fría en la sucia ciudad de Lonerain”.

            Yo quería escribir al fin, una novela. Había transcrito mis dos libros juego preferidos: La Montaña de los Espejos y Retorno a Brookmere, añadiendo detalles durante la gozosa transcripción. Siendo ambos protagonista un elfo llamado Landon y otro elfo llamado Brion, había acuñado mi propio alter ego juvenil con el elfo Landon Brion y lo quería de protagonista para intentar revivir, lo que no sabía era el entusiasmo estético que había percibido en lo mejor de mis libros juego: la intuición de armonía en sus partes, de emoción narrativa, y de contundencia dramática de lo que alguna vez entendería se trataba de un relato bien escrito, del sublime primer asombro ante una obra de arte como  lo fue sin duda sin duda para mí La Montaña de los Espejos de Rose Estes.

Estos dos libros juego de Roses Estes y Dungeons & Dragons me hicieron amar a los elfos y a los halflings antes de conocer a Tolkien.

Y como no había leído El Hobbit todavía, trataba de atar el contexto de todos los libros juego en una sola narrativa, donde todos los villanos tenían una alianza en un castillo al centro de un reino, y todos los protagonistas de los libros a su vez tenían una compañía de héroes que los derrocarían. La Guerra de las Alianzas se llamaba y el capítulo 1 “Una llamada de auxilio”. Y tres versiones de borradores incompletos más seguirían creciendo durante los siguientes cinco años. Incluso años después uno de esos borradores lo presenté en la preparatoria para pasar la materia de Historia con el profesor Constantino de la Vega Membrillo, que después sería insigne presidente municipal de Texcoco.

            Era pues, la idea inicial de los valles de Lonerain y de la corte del tirano, entre quienes el hombre rata Frang el Descuartizador, sobreviviría casi íntegramente hasta Frangh el Desollador, amo del bajo mundo loneriano. La insurgencia más tarde combinaría la idea ilustrada de la masonería con la Revolución Francesa para cuajar a la Cofradía de los Caminantes de la Lluvia.

Frang el Descuartizador de «Retorno a Brookmere» homenajeado de una manera descarada en Franngh el Desollador, jajaja.

Fueron los días en que había decidido dedicarme a explorar con la pluma y las letras los confines de Faerië por el resto de mis días, así que adopté el nombre del primer elfo que conocí y amé: Landon. Mi pseudónimo de escritor. De bautizado en Faerië.

El elfo Landon del libro La montaña de los espejos, de Rose Estes

II

De los hobbits

         Años después, ya declarada por siempre mi devoción y fruición a la obra de Tolkien como la influencia cultural más importante en la construcción de mi persona, por decir lo menos, una tarde de 1988 salí de ver la película de Willow en el cine Latino de Texcoco, en los tiempos en que uno veía dos películas en la misma función de permanencia voluntaria, en amplias salas con vestíbulo de madera barnizada (Años más tarde, el 2 de octubre de 1990 escribiría de un tirón Aventuras Mágicas senado afuera de las cortinas de ese cine. Malísima novela corta, ¡pero que fruición de felicidad escribirla!… Pasaban la memorable película The untochables, de Kevin Constner).

            La película me impactó de muchos modos. George Lucas, al considerar que “El Señor de los Anillos era imposible de llevar al cine, había hecho su propia versión de El Hobbit, en una película que me resultó profundamente entrañable e inspiradora como casi niño, pubertoide, porque me había revelado lo que mi adolescencia grandilocuente me impedía aceptar de la obra magna de Tolkien que ya era mi alfa y omega: el heroísmo de los pequeño, sutil y humilde; y que en realidad, mi único posible alter ego, podía y debía ser un hobbbit, no un elfo, siempre amados, pero demasiados distantes a mi burda torpeza… Y si George Lucas había inventado su Willow como un hobbit apócrifo ¿por qué yo no podía inventar el mío?

            Esa noche al regresar del cine decidí transformar mi tal Landon Brion en un hobbit, en un halfling de cabellos dorados (aún no sé por qué me pareció muy claro desde el principio, no que era rubio, sino de rizos dorados incluso) llamado Mer + algo, como el diminutivo de mi nombre en casa: “Mer”.

            Y así nació Merium (más tarde renombrado Merywm, cuando el -ium me pareció demasiado latino y me enamoraría entrañablemente de las grafías figurativamente protocéltico gales), y la siguiente vez que leí El Señor de los Anillos, ya no miré el libro a través de los ojos de Legolas, de quien ya sabía no estaría nunca a la altura (aunque ahora pienso que nunca estaré a la altura de los hobbits tampoco), sino de un hobbit. Durante una lectura entera primero de Merry Brandybuck, que sonaba muy parecido a Mer-ium, que era el más protocéltico, y que portaría un cuerno de plata como mi dios preferido de Arda: Oromë.

Merywm Davirom por Ari Boytes en su aventura en el libro «Bosque adentro» (2014)

Claro que después de esa primera lectura a través de Merry, con el paso de los años fui aprendiendo mi propia pequeñez y limitación y comencé a admirar y a amar cada día más a la quinta esencia de lo simple hobbit (que también es espejo de cualquier rural sencillo de cualquier parte del mundo) hasta que finalmente asumí todas mis lecturas posteriores de El Señor de los Anillos desde el que sería desde entonces, no sólo mi personaje preferido de toda la literatura, sino mi guía personal en las adversidades y la cotidianidad:

Sam Gamgee.

Claro que Merywm quedaría muy, pero muy lejos por debajo de cualquier primo lejano de Sam, pero eso no evita que cualquier niño tenga el derecho de querer ser Batman; así como Julio César quería ser como Alejandro Magno, y Alejandro Magno quería ser como Aquiles.

            Se mira a lo más alto para luego tropezar con el drama propio. Porque los elfos ya estaban muy lejos en las estrellas.

III

De la Rana Libertadora

Siguieron nuevas transcripciones de nuevos libros juego; y profusos arrebatos de novelas cortas que escribía de una plumada embriagado por el placer de escribir… claro que no eran más que ejercicios literarios, hoy bastante vergonzosos, que no eran más que pastiches de más pegostes de cosas que leía, porque… a esa edad ¿qué podía yo reflexionar sobre la vida o la condición humana? ¿Y qué estilo podía yo aún tener sino estas pirotecnias gozosas de imitatio auctoris de los consiguientes autores de fantasía que hallaba a cada paso?

            No obstante, cada tanto, año tras año, volvía a intentar el proyecto de lo que me parecía entonces a mis quince años, “la novela total”, con todas las alianzas y todos los siniestros.

En los borradores comenzaron a dibujarse más ideas con peso propio que hallarían sorprendente longevidad: no era una “alianza de siniestros”, sino un sólo tirano cruento, absolutista, fascista, nazista, priista y conservador. Todo él, encarnación de lo que poco a poco el despertar de mi conciencia ciudadana era el omnipresente yugo de la tiranía nacional del PRI.

También “el castillo fortaleza” se transformó en una ciudad y luego esa urbe en la capital de un reino. En obvia referencia tolkiriana, si edain era el plural para los humanos, acuñé la voz lon-edain>Lon-erain para la gran ciudad de los hombres. Habíade también en estas versiones primeras la bella hija de un druida (que se bañaba en una tinaja en su primera aparición) y yendo a la Escuela Preparatoria Texcoco en mi primer año, recuerdo en el camión cruzando el puente hacia Texcoco (El Puente del Norte en la Wennllyr en mi novela de Póquer de Cuatrillizos), cuando decidí que sería más bella oscura: Laionel>Llyönell, la doncella amada de Merywm… O porque, ya enamorado y despreciado por el fracaso enamoramiento adolescente con mi vecina, quería distanciar esta otra versión para amar, de la imagen castaña de la vecina.

Dibujo de Laionel, luego Llyonëll

En la transcripción de aquel borrador para pasar la asignatura de Historia con el profesor Constanzo de la Vega Membrillo (con 10, afortunadamente) ya aparecían las Tierras Erosionadas y el tirano ofreciendo una amnistía para conducir a todas las fuerzas del reino contra el dragón rojo Cronnyn (El sonido del líder de los kender llamado Kroonin me pareció insuperable): un tema presente en el final mismo de la saga de la Rana Libertadora, pues el vuelo del dragón provocado por el tirano caería sobre el reino debilitando la corona, permitiendo ulteriormente la victoria de la insurgencia, tal como una alegoría del desastre ecológico producido por la avaricia de la humanidad.

Y un líder debía haber entre los campeones contra el tirano. Un campeón de la justicia y protector de los desamparados.

Uno que no fuera uno de los personajes copiados y raptados de los libros-juego. Ni tampoco mi alter-ego tampoco de halfling cronista; sino uno humilde a admirar, uno que me permitiera acuñar lo que más amo de los héroes (tan lejos de mi mediocre pusilanimidad), para estar destinado a ser el más grande héroe de mis crónicas.

La Rana Libertadora.

¿Le puse así porque el dibujito que hice del encapuchado con agujeros en la tela parecía un batracio? ¿Por qué mi hermano mayor Mafaldo era apodado “La Rana”? …Desde ése primer dibujito que hice, ya portaba una capucha negra, espada, daga y cota de mallas. Y si era el más notable héroe y el más justiciero gallardo y protector de los miserables, debía de vestir de negro, como El Zorro. La idea de la capucha del héroe que trasciendo al hombre lo tomé a todo abrazo de la serie maravillosa de mi otro héroe preferido: Robin of Sherwood de Richard Carpenter, producido por la BBC de 1984. Ese es mi Robin Hood.

Dígase tan sólo que en 1990 ya había nacido la Rana Libertadora.

Dibujo original de la Rana Libertadora que hice en la secundaria en 1987
Portada de Encrucijada de cuervos, Tomo I de las Crónicas de la Rana Libertadora. Arte de Rita Vega. Diseño de María Flores.

El colofón del libro dice así: «Esta obra se terminó de imprimir el día 30 de junio del 2018, efeméride de la victoria de los aztecas en la Noche Alegre y de la partida al oeste del Bravo Maza, héroe del 68». Y este es el desglose de los varios pequeños misterios allí anunciados.

I

...Esta obra se terminó de imprimir el día 30 de junio del 2018… Se publicó hace 3 años ya. Casi el mismo tiempo que tiene este blog sin entradas. Porque al día siguiente, el 1 de julio de 2018 fueron las elecciones presidenciales en México y a las 10 de la noche que contábamos los votos de la casilla, me habló mi dama para confirmarme la victoria de Andrés Manuel López Obrador a la presidencia. Lo imposible. El milagro: al fin, y sin violencia, el proyecto social de izquierda obtenía la victoria, contra toda esperanza tras 70 años de imposición, contra 40 años de ruina de la opulencia e impunidad. Me fui al fondo del patio de la escuela donde estaba la casilla, para hincarme al pie de un árbol y rezar. Y llorando alegre, decirle a mi padre, que había fallecido 3 años atrás. que al fin la lucha de toda su vida, se había logrado.

Después, gracias al Dragón de Hiedra y a la Reina de las Hadas, la vida me dio la oportunidad de sumarme a colaborar con ese gobierno de esperanza y renovación, de sensibilidad social, de atención a los más marginados que en México es la deuda que todos los próceres de nuestra historia han tenido por los más pobres. Así pues la honra de ser funcionario público, chiquito, mínimo, en el área de fomento a la lectura, la asumí como la tarea profesional más importante de mi vida. Para procurar servir a la ciudadanía con todo mi denuedo, como yo hubiera deseado que hubiera un burócrata de grato trato. Abracé pues, la burocracia y dejé al escritor de lado. Para servir a la patria. Para servir a los más.

Empero, vino la tormenta del covid al mundo, acaso en azote porque la humanidad no ha hecho casi nada por merecerse al mundo y la naturaleza le respondió a la civilización con este arrebato, con esta advertencia, con esta triste consecuencia del quebranto dejado por la humanidad sobre el mundo… y mi capitanía burocrática de servicio de fomento a la lectura, comencé a operarla, como muchos, como tantos, a distancia… Y de pronto, lo que antes era el tiempo de desplazamiento a mi trabajo, lo ocupé en volver a leer. Y volver a escribir, aunque fuera poquito, poquito y naderías de catarsis y consuelos… que de pronto florecieron en la preparación de la versión digital de «Encrucijada de cuervos»… y luego en la preparación editorial del Tomo II «El valle de las bravas»… y de pronto entonces decidir que quizá, quizá, quizá, también era servir a mi patria, y a los más, si en mi tiempo libre podría volver a mis novelas.

Quizá, pensé, incluso en mis redes sociales podría compartir un poco del proceso, como me ha consolado todos los domingos Tad Williams, mi autor preferido vivo, leyendo fragmentos de su obra en Facebook Live. Quizá incluso grabar en Youtube los capítulos fragmentados de Encrucijada de cuervos en lecturas dramatizadas. La comunicación del mundo en un año pasó a lo digital masivamente al ritmo de una película de ciencia ficción de bajo presupuesto pero de mucho contenido, y así de pronto también yö con lo propio, en chiquito claro. Un trébol de obra debajo de la sombra del árbol de cuentos de Tolkien y de la hiedra florecida de Tad Williams.

Y ya me daba con resuelto a los ecos de mis novelares en esas dos plataformas que uso con frecuencia, cuando el día de hoy me enteré que la extraordinaria pintora Rita Vega que hizo el arte de la portada de Encrucijada de cuervos, hoy terminó el cuadro para la portada del tomo II, El valle de las bravas…. y de pronto recordé que en este, mi querido blog, que fue mi voz digital durante varios años cuando no había para mí ningún otro viso de ser mirado en letras por los públicos, que aquí tan sólo anuncié hace años que ya estaba en proceso mi novela en la producción.

Así que aquí me hallo, extendiendo la hiedra astral de las palabras feéricas del mundo de Vellory, a mi viejo jardín.

Para ti.

II

…efeméride de la victoria de los aztecas en la Noche Alegre… Como escritor mexicano, soy texcocano, crecido en las faldas de las colinas evanescentes del Tlaloc (¿Tlallöc entre los feéricos?), amante de sus bosques, con una abuela nahua, con una bisabuela tzotzil, con un orgullo palpitante por la hermosa historia de México y por tanto, con una total simpatía por la Triple Alianza y la antigua Anáhuac que enfrentó la invasión de Cortés. Y digo Cortés y no España, porque me refiero a un momento y un lugar de la historia donde un capitán de armas que no me es simpático para nada y que me hace torcer la boca su recuerdo, tuvo la visión y la fortuna de aprovechar el talento de la Malinche para entender las intrigas locales, la suerte para que la viruela arrasara Tenochtitlán y para que sus manobras políticas lograran que los demás pueblos indígenas de la región, conquistaran a los mexicas para él. 100 mil guerreros indígenas aliados de los 600 españoles. Tlaxcaltecas que sitian la ciudad en el lago. Otomíes que lo salvan de la destrucción en los llanos de Apan.

Y digo Cortés y no España, porque el cuento de Iberia es más largo y sus grandezas son descomunales. Pienso en España y digo Cervantes, Digo Cervantes y repito a Tolstoi: Cuando llegue el final de los tiempos y el Todopoderoso le pregunte a la humanidad qué hizo para merecer su existencia, señalaremos a un sólo punto: el Ingenioso Hidalgo don Quijote de la Mancha. Digo Cervantes y digo mi hogar, donde fue el libro fundamental para mi padre, para varios de mis hermanos. El pilar, junto a Tolkien, del umbral de lo que soy, como individuo y escritor. Digo Cervantes y todas las letras son vivas y cantan del Caballero de la Triste Figura.

Pero también digo España y digo la migración de niños, de mujeres, de ancianos, de artistas, de intelectuales, de humildes y de grandes que vinieron a México como exiliados de la República en la guerra civil española. Y que vinieron a hacer la vida cultural y social de México, más hermosa. Como aquel joven que se hallaba en el campo de concentración en Francia donde el gobierno de Vichy encerró a los que huyeron de la caída de Barcelona, en la travesía que no completó Antonio Machado, partiendo de Colliure al infinito. En ese campo de concentración, antes de que el gran embajador mexicano Gilberto Bosques lograra sacar con sus visas a México a más de 40,000 personas a todo lo largo del proceso de la segunda guerra mundial y entre ellos a este joven, a este joven que tenía una cajetilla de cigarros que un señor le cambió por un libro. Un libro que le sirvió de almohada y de consuelo. Un libro que le salvó la vida y el alma, luego dijo.

Ese joven era Eulalio Ferrer, y ese libro era el Quijote, y por él en Guanajuato creó el Museo iconográfico del Quijote y el Festival Cervantino.

Así que la noche del 30 de junio, la fecha en que falleció mi padre 495 años después, los mexicas tuvieron gran y gloriosa victoria derrotando al cruento Cortés y llevándolo, según la leyenda, a llorar al pie de un árbol ahuehuete en lo que se conoció como la Noche Triste… Como la Noche Alegre, para mí, que es la antigua Anáhuac y Tenochtitlán de mi más grande querencia.

Digo Noche Alegre y digo viva Texcoco y viva don Quijote de la Mancha.

III

…y de la partida al oeste del Bravo Maza, héroe del 68. Y sí, mi padre Jorge Maza murió en el aniversario de la Noche Triste, y de la publicación de mi novela en la víspera de la victoria de Andrés Manuel López Obrador, una victoria política y social que su generación sembró durante el 1968 mexicano. En 68 que fue la quinta esencia de la vida de mi padre. Su tema preferido. Su gran batalla que completó con el hecho de que pocos años antes de morir logró activamente como parte del sindicato de su universidad, la UACM ( y mi universidad, pues el daba clases allí mientras yo estudiaba, en la Universidad Autónoma de la Ciudad de México, que dicho sea de paso, construyó también López Obrador cuando fue gobernador de la capital) que a 600 trabajadores de limpieza no se les subcontratara, sino que tuvieran trabajo de plaza, con lo que 600 familias de gente sencilla y trabajadora tuvo esta dignidad que se merecía. Tres encantadoras señoras de la limpieza que lo conocían, por este hecho llevaban un cuadro de mi padre consigo.

Y en el 68 mi padre fue uno de los fundadores de la Prepa Popular. Y «la escuela imposible» (Así se llama un libro que hizo junto con su amigo Fernando Castillo, sobre la fundación de la Prepa Popular) se consolidó a la mitad del 68, antes de que comenzaran las marchas. Antes de que mi padre se uniera al Consejo General de Huelga para las manifestaciones históricas que vendrían. Sobrevivió a la masacre en Tlateloco, y luego dos años después que el grupo paramilitar del gobierno denominados «Halcones» irrumpieron en las calles para matar, reprimir y aterrorizar, le hicieron con una botella una herida en la frente que portó en cicatriz Jorge Maza con honor el resto de su vida.

Esta profunda vocación social de mi padre, Jorge Maza, por supuesto que es el espíritu de insurgencia y rebeldía de mi novela sobre la Rana Libertadora, un protagonista al tipo de mis héroes preferidos, El Zorro y Robin Hood, que tiene también este campeón de marginados en su talante características de mis hermanos y hermana Mafaldo, Mabeygnac, Ardarel y Molay. Son las Crónicas de la Rana Libertadora una saga de insurgencia contra la tiranía, la opulencia, la injusticia, en código de literatura fantástica épica, pero en tono de marginales, sutileza y bajo presupuesto.

Es pues, este abrazo a los desamparados de mi patria esta novela. Por eso la quise terminar antes de la jornada electoral.

Y ahora también, que la lucha por los derechos de los más humildes deben seguir siendo defendidos, es que vuelve mi pluma de hobbit a la tarea, en los espacios en que pueda escapar algún tintarazo entre mis deberes de burócrata del fomento a la lectura.

A mucha honra ambos. Y cuando digo ambas, digo: por los más.

Hadas en Chapultepec_Medardo Landon Maza Dueñas_pdf libre

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Doce voces doce: escogiendo la estructura de la novela

 

Cada vez que se escribe una novela, es saludable pararse en un lugar distinto como autor para emprenderla, para evitar repetirse en una zona de confort que de pronto nos parece “eficaz”. La estructura de Póquer de Cuatrillizos es pues, muy distinta a las de mis demás novelas… quizá incluso la más singular en juegos de estructura en lo que al montaje de capítulos se refiere.

En la publicación anterior de Escribiendo Póquer de Cuatrillizos, relaté cómo un trabajo triste me estimuló a refugiarme en lo que terminaría siendo esa novela. Bueno, justo es también decir alguna vez fue un trabajo muy hermoso, cuando todavía estaba a cargo mi muy querido amigo Othón Cabrera Guillén, alquimista de la vida, quien me asignó la elaboración de tres novelas cortas que se publicarían en blog para el juego en línea Broken Reality Online (sobre esas novelas cortas y el juego mismo habrá algunas publicaciones posteriores). En esas novelas cortas se presentaría un sólo evento a través de la perspectiva de cada una de las facciones del juego: ciber-humanos de ciencia ficción, gore-zombis de terror gótico y monstruos y feéricos de fantasía épica (evidentemente me tocó diseñar a estos últimos). Cada una de esas blog-novel (o blooks) publicaría en cada una de esas entradas la perspectiva de un personaje distinto sobre el evento central que ponía a las tres facciones en encuentro.

Así, después de que Othón fue absorbido por otras tenaces empresas y, sin él el ensueño del proyecto se tornó en mezquindades, concluiría mi relación laboral pero esta estructura de los blooks terminó por combinarse con la historia que mis paseos en camellón rumbo al trabajo ya hervían. De tal guisa que Póquer de Cuatrillizos también está constituida de doce capítulos, cada uno con la perspectiva de un personaje distinto en torno al nacimiento de los cuatrillizos de una profecía que acarrearían el final de un cacique cruento.

Pero en la maleza barroca de mi cerebro, esa estructura comenzó a tejerse de capas y capas de cebolla y a engrosar su corteza y afilar sus retoños: Si la novela se trataba del enfrentamiento entre unos insurgentes y el contraespionaje, entonces asigné seis capítulos a los revolucionarios y seis capítulos a la corona. El siguiente paso era obvio: se intercalarían las voces: uno a la libertad y el otro al yugo.

Y como cada voz debía ser un personaje distinto, entonces cada uno de los personajes presentaría la perspectiva de una distinta capa de la sociedad en su historia; y con eso hubiera sido suficiente, pero ¿hasta dónde podría profundizarse aún más esa estructura?… Bueno, pues ahora cada uno de los capítulos sería escrito homenajeando a un tipo de subgénero literario distinto, como por ejemplo el noir o novela negra del primer capítulo con los dos líderes de los insurgentes y el contraespionaje jugándose a la baraja en una bodega la vida de sus agentes; en el capítulo dos apuntando a lo gótico con la historia de una niña con poderes sobrenaturales que por el abuso de su padre se refugió en el interior de su mente; en el capítulo tres el cuento de hadas al modo de animalillos que hablan y criaturas de los rincones con el hijo del capitán insurgente y sus amigos; el capítulo once a modo de teatro farsico desde la perspectiva animada y ligera de los más privilegiados y mimados por la corona: los militares.

O el diálogo interno de una narrativa solipsista contemporánea en el último capítulo, con el cacique siniestro condenado por la profecía, jugando ajedrez tan sólo, todo el capítulo, mientras mueve una pieza… (¿Y cómo construir un final esperanzador cuando la última voz de la novela le corresponde a la corona?)

Empero, las reglas que me hube impuesto para contar un sólo evento visto por doce personajes distintos contenía dos retos importantes: debía avanzar el tiempo, no quedarse en tan sólo un retrato de un instante con múltiples testigos. Y, debía presentarse a los personajes y a sus circunstancias para que tuviera sentido que participaran en la crisis de la profecía de los cuatrillizos.

Así que cada uno de los capítulos se escribió con la misma estructura: abre la página con un instante crítico donde el protagonista debe tomar una determinación y se hace entonces una digresión en el tiempo para hablar de ese personaje en particular, en algunas ocasiones resultando de más relevancia su historia personal, o familiar o incluso orígenes míticos; y hacia el final del capítulo, regresar al presente inicial y concluir la escena. Esta estructura sin embargo, tiene su caducidad, porque una vez desatado el clímax del capítulo 8, las digresiones podrían matar el ritmo del desenlace; así que el presente y las acciones expeditas se apodera de los capítulos finales, donde ya tenemos el escenario conocido por las demás voces.

¿Qué tal?

Habría sido suficiente juego estructural ¿no?…. Pero no. Ya borracho por las experimentaciones de esta novela, decidí arriesgarme más e incluirle otros dos juegos menores presentes, esas sí, en algunas de mis demás obras: epígrafes y apéndices de minificciones.

Cada capítulo comenzaría con un epígrafe de una supuesta otra fuente imaginara que proporciona información pretendidamente enciclopédica, como en los capítulos de Fundación de Isaac Asimov y su enciclopedia galáctica. Y en relación a las minificciones, si esta novela como algunas otras de un servidor, se servían de los apéndices de herencia Tolkiriana con listas de nombres personajes, lugares o cosas; me pareció que cada entrada de esas listas debían ser mucho más gozosas y lúdicas para merecer ser leídas, porque por supuesto, Tolkien es un árbol frondoso en el bosque de la literatura universal y yo, quizá en mi mayor potencia, nada más que un trébol a su sombra.

Así que, como decía, para que merecieran la pena ser leídas esas listas de nombres, se buscó completar en ellos las historia tangenciales de los personajes apenas mencionados, con pequeñas cuentecillos que tuvieran valor estético por sí mismos.

Les comparto para concluir, el de la madre de los cuatrillizos de la profecía, la esposa del molinero, que sale en escena ya muerta en el parto y de la que una sola vez se menciona su nombre y que en este caso denuncia al modo de un cuento popular, la miseria rural de los tiempos del tirano:

Barca: Hija de Espewa y madre de los cuatrillizos de la profecía de la bruja cwarna de Wennllyr. Novena hija de un miserable labriego: la primera hija murió en el parto; a la segunda se la llevaron los lobos; al tercer hijo lo tomó de esclavo la corona; al cuarto hijo lo mató un capataz a palos; a la quinta hija se la llevó la guardia como prostituta; el sexto hijo murió a los pocos años de fiebre negra; la séptima hija se perdió bosque adentro en las fiestas de Llama Fresca, y la octava hija fue reclamada por un abad como su sirvienta.

Barca, la novena hija, creció como una industriosa doncella y se casó a los doce años con Prullw, el cargador, que ganó el pequeño molino del río gracias a que, de tres hermanos que lo poseían, los dos mayores se dieron muerte por una carreta, y el tercero perdió el molino en la baraja contra Prullw, buscando unas monedas de cobre para sostener su vicio a la cerveza. Dwesdo unió a Prullw a La Cofradía de los Caminantes de la Lluvia, aprovechando su talante honesto y peleonero, para utilizar el molino en sus tráficos de mercancías escondidas en los sacos de harina.

Sin embargo, tarde o temprano el talante pendenciero de Prullw lo llevó a morir en una riña a cuchillos contra un capataz (el mismo que había asesinado a uno de los hermanos de Barca) en defensa de un niño yuntero, y si entonces no le expropiaron el molino a Barca, fue porque Dwesdo logró convencer al amo del capataz, que Prullw era el esclavo sexual del abad Gliterann de Osorno, que en algún momento reclamaría el molino para sí. Barca murió en el parto de los cuatrillizos, pero de su vientre surgió la venganza de los oprimidos.

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El empiezo de una novela

I . Por dónde arrancar una novela

Hay magníficos escritores que con una sola idea que les brota a la mente comienzan a escribir una novela, descubriendo qué pasa a cada paso. Yo pertenezco exactamente a la otra estirpe: como todas mis novelas (y cuentos y baladas narrativas y hasta campañas de juego de rol, para el caso) se encuentran entrelazadas en un mismo universo imaginario, cada obra es primero kilos y kilos de libretas con diagramas y listas.

Porque como para el mundo de Vellory tengo cinco eras descritas, con sus clímax y ruinas e hitos históricos, podría redactarse una abundante e inútil colección de cinco libros con detalles como los amores de las hadas de las estaciones, la descripción de los demás planetas del sistema solar donde se encuentra o la historia local de una isla particularmente picarescas (tengo varias islas picarescas. Los procesos históricos que generan los circuitos cerrados son un terrarium de gran entretenimiento).

Así que lo primero que necesito determinar, es qué cosa en particular quiero contar y entonces limitarme al mínimo necesario para que la acción, la tensión y la resolución (el final, lo más importante es el final, siempre. Ya hablaré de ello en la última publicación sobre Póquer de Cuatrillizos); y entonces sí, comenzar a escoger los ingredientes para comenzar a explicar al lector este nuevo universo proto-medieval post-tolkiriano, con las mismas bases canónicas de Tolkien: sugerir detalles del mundo de Vellory lo suficiente para que un lector que no haya leído ni conocido nada de fantasía, pueda imaginárselo cabalmente, y al mismo tiempo eliminar cualquier detalle que no sea absolutamente imprescindible para algún efecto literario (aunque claro, unos de mis experimentos literarios para Póquer de Cuatrillizos fue ver cuánto detalle y contexto del mundo podría insertarse sin ser insufrible. Quizá fallé, queda al lector la decisión y, sobre todo, la promesa de que, como cada una de mis novelas tienen un uso estilístico distinto, no se volverá a repetir esta fórmula, fallida o no).

Pero no importa cuántas libretas de notas elabore, cuantos resúmenes de la acción, guiones coreográficos de combates (aportación inigualable del juego de rol, entre muchos otros… ya dedicaré una publicación al tema de cuánto y cuánto me ha aportado como escritor el juego de rol), cuántos diálogos esbozados; no importa en absoluto, cuando uno comienza la redacción verdadera de la palabra invocadora, cuando la gramática comienza a desbordarse con los ecos de la intuición lírica, cuando finalmente ya no tengo idea de dónde estaba parado cuando comencé a escribir y termino en una banqueta sin llegar a ninguna parte, sin recordar a donde iba, cuándo comienzo a ver la tierra, el atardecer, los árboles, los arrabales del interior de mi novela, entonces comienzan a  ocurrir cosas en la trama que nunca jamás podría haber imaginado, que ni siquiera entonces parece idea mía, sino la novela viva que, una vez que en la maceta recibió agua, sol y abono, no te pregunta a donde dirige sus zarcillos. Y no eres más el amo de la obra: es tal la maravilla, la conmoción, la ira, la desdicha, y tan fácil que estés riendo sólo y llorando en la calle, que recuerdas una vez más, porqué decidiste ser escritor. Recuerdas una vez más porqué es lo que más amas hacer en la vida por sobre todas las cosas. Porqué lo consideras el deber de tu existencia a través de lo cual determinas como amar, como amistarte, como reaccionar políticamente… cómo acariciar a los árboles, hablarles a los perros o intentar comprender a tus semejantes.

Todas las alegrías parecen meros consuelos. La arrebatada felicidad de escribir vale tu vida entera.

Así que, querido lector, si no eres feliz si no escribes, manda a la chingada cualquier temor sobre si vale o no la pena lo que estás escribiendo, si puedes o no vivir de escribir, si es eso o no lo que quisieras hacer de tu vida. Escritor es el que escribe, decía mi padre. Escritor es el que no es feliz sino escribe. Corre y hazlo. A la pluma, al teclado, al watts-up: corre y hazlo.

Pero ya.

 

II . Por dónde arrancar Póquer de Cuatrillizos

La tal página en blanco. Es quizá el momento más difícil de una novela (ah, y los títulos para mí, que dejo hasta el final; tal como se puede ver con el título tan críptico y quizá tan desafortunado de Póquer de Cuatrillizos, que no le dice nada a nadie aunque todo sí gira en torno a una partida de póquer y al nacimiento de unos cuatrillizos).

Como decía: objetivo narrativo. En este primer capítulo todavía no me parecía necesario introducir nada del mundo de Vellory al lector. Tan sólo presentar la situación: dos amigos juegan baraja en una bodega del mercado negro. Uno es el líder secreto de los revolucionarios locales, el otro es el líder secreto del contra espionaje fascista de la corona. Que los dos sean una especie apócrifa de hobbits, que estén en un tal condado de Wennllyr inspirado en una versión onírica de la encrucijada de Chapingo en Texcoco, que la daga del revolucionario se llama Rama Azul; nada de eso es importante todavía.

Importa que son dos amigos que se quieren y que descubren que se tienen que matar. Allí está toda la premisa y punto. Nada de rayos de magia y vuelos de dragones. Menos es más. Mi mantra literario establecido por mis autores preferidos, Tolkien y Cervantes, Tad Williams y Homero, Robert Holsdtock y Machado, Peter Beagle y Hugo Hiriart ( y uno de mis directores de cine preferidos, Night Shyamalan) me lo han enseñado: sutileza. Condición humana. Un hada que se sospecha en un trébol es mucho más hermosa que doce páginas de glamour.

Así que sólo importa que estos dos amigos juegan baraja en una bodega y que hay una tensión política detrás. Y es entonces que entre el humo de las pipas, es una escena que homenajea (como se comentó en otra publicación: cada capítulo de Póquer de Cuatrillizos es un guiño a subgéneros literarios) a la novela negra, policiaca y noir: tenemos un ambiente sórdido, personajes socialmente rotos, bajo mundo, personalidades carismáticas y brutales. Armas bajo las mesas, humo sobre la baraja, un prisionero en un baúl y entre un lenguaje altisonante, masculinizante a lo aguerrido, el tímido modo de dos machos para decirse que se aprecian y que se van a romper su madre (o su hetero-padre, como se elija, jaja).

Y entonces me regocija pensar que así, esta escena, antes de saber dónde estamos, podría haber ocurrido en la Ciudad de Guanajuato en 1810 previo a la Independencia de la Nueva España con la conspiración de Hidalgo. O en una bodega de París en 1943 con la Resistencia Francesa. O en 1975 en la Guerra Sucia contra la guerrilla de Lucio Cabañas en Guerrero.

Tal sólo condición humana. Porque si no, no podemos atrevernos a apostar que, sin importar el género literario, puede haber una propuesta artística, literaria en cualquier obra, cuente lo que cuente.

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Baño, camellón y oficina: una novela que fuerza a su autor a escribirla

Mi primera novela publicada, Póquer de Cuatrillizos, me exigió que la escribiera. No estaba en los planes.

Habíade publicado mis primeros cuatro bestiarios de criaturas fantásticas con Delfín Editorial y me encontraba preparando para escribir una novela que venía planeando desde que era niño en 1987 (y que tardé toda mi juventud en tener las herramientas de estilo y experiencia en construir un universo narrativo para consolidar), cuando en 2008, mientras hacía algunas notas en el pequeñísimo baño de donde vivía, descubrí que los padres de uno de los protagonistas se habían sacrificado con tal convicción y bizarría, formando parte de una insurgencia secreta contra un tirano, que me sacudió profundamente el deber de darles voz a esos humildes bravos.

Durante un tiempo me resistí. Escribir una novela son lustros de amasar una idea, no menos de uno o dos años en escribirla y pueden ser, de menos, otro tanto para corregirla y reconstruirla, antes siquiera plantearse las posibilidades de publicarla, un lustro de esfuerzo después. Diez años en ese proceso, fácil (como puede comprobarse que hable hoy de ella, en 2018 tras escribirla en 2008), y cómo había tardado tanto tiempo en juntar fuerzas y ánimos para emprender esa ooootra novela, me desanimaba pensar que primero tenía que cumplir con este otro “deber” para con la cronología de una novela que el público ni sabía que existía…

Pero por entonces tenía un trabajo triste bajo el patético látigo de un pequeño oficinista para llevar a casa el pan, el huevo y la leche de un modo más solvente que vendiendo mis primeros bestiarios al final de tomar mis clase de Creación Literaria en la UACM (Disculpe profesor, ¿me da permiso de venderle a mis compañeros?) y el mejor momento del día era cuando, de camino al trabajo en la Colina del Valle de Eje Cinco a la oficina, me iba caminando por el camellón de División del Norte entre los arbolillos polvosos y los pastos amarillentos y comencé, mañana a mañana a pensar una vez más en aquellos padres de un personaje: Dwesdo y Milla, en su revolución, en su sacrificio sin dudar, por los miserables de sus tierras y en las insólitas circunstancias que caminata a caminata descubría.

Y así fue el rapto. Así se escribe una novela después de todo. Viene por ti y es tu íntimo y absoluto deber, porque es una tarea que nadie más puede llevar a cabo y nada, nada, nada me devuelve tanto la esperanza.

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Poética del colofón

quijoteacrostico

Había una ciudad jónica que, se decía, podía determinar el final de una guerra: Colofón.

Así nació la palabra que consigna, de menos y hoy en día, el acta de nacimiento de un libro con la identidad de la imprenta, su domicilio, el tiraje y la fecha de la impresión; a veces con las características del tipo y el papel también requerido. Se trata de un paratexto, cual se nombran a todas aquellas partes de un libro objeto que acompañan al texto: el título, la portada, la cuarta de forros, los índices, los apéndices, las dedicatorias, la página legal, las ilustraciones o cualquier otro similar; que casi nunca son obra del autor, sino de un colectivo de obreros editoriales que nunca verán la inmortalidad literaria en la memoria del lector.

Así pues, desde el anonimato, desde hace miles de años, desde antes de que existieran los libros como los leemos ahora, hubo esa diminuta ventana por la que se asoman los humildes obreros de la escritura como una voz en el rabillo del ojo para recordarnos que el colofón es, en realidad, la última experiencia estética de un lector ante el libro impreso.

Estamos ante esos breves versos técnicos, donde se cuenta cuál y cuánto se hizo para que acabárase bien el libro. Estamos ante el verdadero final de una obra, donde los humildes en cuyos hombros se pararon Homero, Cervantes y Victor Hugo han maniobrado en ese mínimo espacio lúdico para saludarnos un solo instante antes de olvidarlos para siempre.

Y desde siempre sí, desde Mesopotamia hace 5000 años antes del Cristo cuando en las Tablillas de Baal se anotaba que uno era el autor del texto mítico, Atanu-Purliani y otro era el escriba Ilimilku, que le reproducía la obra en barro cocido; desde un Egipto donde 3000 antes de nuestra era se anotaba al filo de la última línea del rollo cuántas hojas pegadas contenía, contando las columnas y las líneas que lo compusiera, proporcionando los primeros datos editoriales.

Rodaron los milenos y nació el códex entre los romanos, que no hallaban cómo leer en sus literas de viaje rollos de pergaminos sin terminar envueltos en un desbarajuste de tiras. Este revolucionario invento sigue vigente en su básica tecnología, tanto como sus acueductos que aún llevan agua a Roma. En el códex se cosían pliegos de pergamino y luego papel, doblados a lo cuadrado, con tapas cosidas, para pasar las primeras páginas de los primeros libros amanuenses.

Así, los colofones en aquella época gozaban de robusta salud, en la que lo apretado de los tratados en las páginas les otorgaba el honor de presentar nada menos que al autor y al título de la obra y, ya en tan grato señorío, se les honró con expresiones devotas y agradecimientos en los que incluso pedían a los lectores que por ellos rezaran. Era aquel un jardín de oportunidad en el que incluso se llegó a incluir los créditos del miniaturista o iluminista de aquellos tan escasos libros, que todo un año tandábanse en copiar y que costaban lo mismo que hoy equivaldría a un automóvil último modelo.

Del linaje de los códex vendría su más grande hora con el ingenio de Gutenberg, que otorgó a los más el don de la lectura masiva, que terminaría por transformar la historia (y dígase también aquí de puro contento que en esas primeras reproducciones impresas se dejaban espacio en blanco para que las letras capitulares fueran iluminadas a mano), aunque aquella, su primera Biblia, no llevare colofón. El corpus máximo de la mitología judeocristiana no admitía ninguna voz perpendicular que no fuera la suya.

Empero, de vuelta a los libros sensatos que sí se tienen que cursivear, Gutenberg otorgaría el primer colofón impreso al Catholicon en 1460 de Johannes Balbus de Gauna, consignando orgulloso en la página 372r el tiraje de 300 ejemplares y aqueste primer libro como tal colofoneado había sido producido sin ayuda de cálamo o de pluma alguna, sino por entero con el diseño, la proporción y ajustes de moldes y matrices.

De allí al Quijote y a Pedro Páramo.

Y, tal cual como contra el Caballero de la Triste Figura, la censura de la Inquisición embistió al colofón y casi lo dio por tierra; porque en 1501 el Vaticano expidió una bula contra todo aquello impreso que no llevare su autorización: bien sabían que la palabra imaginada era la puerta de los libertos. Y así nacieron las portadas modernas, porque en esta censura debía mostrarse al sol y al escrutinio quién escribía, cuál era el título y peor aún: sobre quién caería la responsabilidad de haber publicado aquello con la calle de la imprenta y sobre todo el permiso eclesiástico de la impresión… Por ello fue que el primer libro en español, el Sinodal de Aguafuerte, impreso en Segovia en 1472 por Johannes Parix de Heildeberg, no llevaba colofón.

Una vez más, ante la iglesia, no se admitía ninguna voz perpendicular que no fuera la suya.

Pero esta historia, desde Mesopotamia, también llegará al reino del águila y la serpiente, y aquí hasta la cerveza lleva limón, por lo que muy a gusto el primer libro publicado en la Nueva España, la Doctrina breve muy provechosa de las cosas que pertenecen a la fe católica y a nuestra christiandad sí que tiene colofón y no cualquiera, que allí se dice sin contradicción que un día, y no cualquiera, sino un 14 de junio de 1544 nacía el libro en la tierra de la Tonantzin de Guadalupe.

Y si ya tiene limón… ¿Qué feo se le hace al chamoy y al chile piquín? Luego incluso los colofones tendrían una versión en español, otra en latín y otra en náhuatl y otra consignare su lugar de impresión como “la Gran Tenochtitlan”, en ocasiones intercediendo el autor para justificar por qué dejaba un tema suelto o por donde se podría investigar más; y así como Bernal contó cómo los invasores se azoraran ante la ciudad en el lago teniéndola como cosa de encantamiento cual en el Amadís de Gaula, así quizá (que ya quién sabe) vinieron en el siglo XVIII a sofisticarse los colofones hispanoamericanos desde la metrópoli con escudos de impresores con grabados o marcas de la casa, en forma sus versos técnicos, en pirámides invertidas acompañados de una leyenda, y unos sí y otros también la palabra “fin”.

Qué duda cabe de que andare ocupado por entonces el Caballero de la Triste Figura, o si no ¿quién le otorgare tanta gracias a los humildes?

Pero en los tiempos previos a que Napoleón abatiera a la corona española permitiendo el nacimiento del México independiente, la corona sufrió de escasez de papel y la necesidad comenzó a situar los colofones en la misma página del fin de la obra y en ocasiones simplemente suprimiéndose como terminarían haciendo muchos libros hasta nuestros días, a la usanza de la tradición anglosajona.

Y hoy los colofones se siguen utilizando de vez en vez porque la ley del 12 de abril de 1917, en su artículo 15, señala la obligatoriedad de dar por sentado en los libros el nombre de la imprenta, su domicilio, el tiraje, el nombre del autor y el responsable de la edición; que aunque no se especifica en qué parte de la publicación debiere de ir y que podría la legal cumplir con la ley en esto, sin embargo, por la tradición libresca, se siguió utilizando el colofón para asentar también el tipo, las fuentes y el gramaje del papel, emulando a los Talleres Gráficos de la Nación.

Con limón.

Qué duda cabe de lo grande de lo pequeño.

La próxima vez que lea, vuestra merced, no lo olvide.

 

Jamás.

 

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BIBLIOGRAFÍA

 

CRUZ Soto, Rosalba, Los principios del final: el colofón <https://encuadre.org/los-principios-del-final-el-colofon/&gt;

FORRADELLAS, Joaquín y Angelo Manchese, Diccionario de retórica, crítica y terminología literaria, Barcelona, Ariel, 2000.

ZAVALA Ruiz, Roberto, El libro y sus orillas. Tipografía, originales, redacción, corrección de estilo y pruebas, FCE, México, 2012.

Diccionario de la lengua española (Real Academia Española), Espasa, Madrid, 2001.

Diccionario de uso del español (María Moliner), Gredos, Madrid, 2004.

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Hobbit de las Colinas Evanescentes,

montaraz de biblioteca de los bosques de allende,

excavador de calabozos, arqueólogo de mitos y leyendas,

bardo de hadas y perro de los elfos.

 

 

D&amp;D 1sth

Portada legendaria de Larry Elmore para el Manual del Jugador de Dungeons & Dragons, Primera Edición. Esta imagen publicitada en los Libros Juego, fue mi primer encuentro con el juego de rol. Aún me estremece.

 

*

El Teatro de Hadas de Tolkien o la aplicación del modelo de los paratextos de El Señor de los Anillos en la construcción de los universos interactivos del juego de rol.

 *

 Yo pensaba que los personajes maravillosos de las leyendas salían en busca de aventuras porque querían tenerlas, y les parecían excitantes, y en cambio la vida les parecía  un tanto aburrida: una especia de juego, por así decir. Pero con las historias que importaban de veras, o con esas que uno guardia en la memoria, no ocurría lo mismo. Se diría que los protagonistas se encontraban de pronto en medio de una aventura, y casi siempre ya tenían los caminos trazados. Supongo que también ellos, como nosotros, tuvieron muchas veces la posibilidad de volver atrás, sólo que no lo aprovecharon.

J.R.R.Tolkien, Las Dos Torres.

 

…Dijo Sam Gamyi alguna vez. Y nos cambió la vida a los millones de lectores y a los millones de jugadores de rol del mundo. Pero vamos con calma, que no conozco a la mitad de ustedes, ni la mitad de los que querría, y lo que querría es más de la mitad de lo que la mitad de ustedes merece.

They have a cave troll

Ilustración del magnífico artista español Tomás Hijo. www.tomashijo.com

Definamos, que para ello se acuñan palabras nuevas, el juego de rol puede ser un performance interactivo de narración oral en el que el juguete, los dados, determinan la posibilidad de conseguir en equipo, la mejor de las vidas y la mejor de las muertes imaginarias.

Seguramente ustedes definirán el juego de rol muy a su sazón con otras tantas salazones de sus mesas de juego donde, sin importar la edad, el género o la clase social, se descubrieron siendo quiénes podrían ser ustedes de verdad, apostando la vida de voz y papel con sus hermanos de espada y llorando de risa y riendo de llanto por las extraordinarias eucatástrofes inesperadas, al final una de esas campañas, de cuyo gozo estético no podemos decir menos sino que se trataba de arte.

Y todo gracias a Tolkien.

Y a Gary Gygax y David Arneson, por supuesto y por todo lo alto, que justo de eso se trata esta disertación de un servidor, con corazón de halfling ladrón, perro de los elfos y bardo de hadas.

Refiramos, que para ello estos juguetes de ideas y máquinas de pensar, los ensayos son: Roger Callois[1] clasifica los juegos en cuatro impulsos esenciales: Agón, los de competencia de voluntad y habilidades, como los más de los deportes, desde dos niños jugando espadazos con unos palos hasta el mismísimo ajedrez; Alea, o los juegos de azar donde el individuo se rinde al destino, los dados[2], la ruleta, la baraja y todos aquellas apuestas dejadas a la suerte, desde un volado, a la fruición de las acciones en la bolsa; Mimicry o los de imitación, desde unos niños jugando a ser señores con sus tacitas o el teatro mismo, sin más regla que fascinar al espectador; e Ilinix o los juegos de vértigo como los (infectos) juegos mecánicos o los adolescentes (estúpidos) conteniendo la respiración para suicidarse. Arrojarse de un paracaídas. Tener tres patas en el acelerador en la carretera.

Bueno, pues resulta que el juego de rol es el único donde están contenidos armónicamente los cuatro impulsos de juego: el agón del combate contra los orcos del calabozo a los que se les hace frente a través del aléa de los dados, mientras interpretamos no sólo las voces y los gestos de nuestros personajes en pura mimicry, sino que incluso sus pensamientos y sentimientos y, finalmente el ilinix de cuando haz cumplido con tu turno y quedas a la jugosa merced de la narración del Dungeon Master, que te desplaza de un episodio a otro entre posibles sorpresas, carcajadas o indignaciones.

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¿Habrá por allí un halfling ladrón jugando conmigo como personaje?

Pero la grandeza del rol no se queda allí. Es el único juego en el que no es necesario que nadie gane o, mejor dicho, en el que pueden ganar todos, los jugadores al resolver una campaña y el narrador satisfecho de haber dejado brotar, sin saber cómo –no importa cuántas veces lo haga- y sin importar qué tanto prepare la narrativa en sus notas, el resultado de la aventura que no suele ser jamás lo que planeó. Ése es el vértigo del Dungeon Master. Asombro absoluto. Por eso estamos sentados 12 horas seguidas. Cada que se pueda. Durante años. Hasta que se pueda, pues incluso si la jugada o la campaña culminó en una derrota pasmosa, si ésta ocurrió en armonía con la trama, la catarsis es de tal tamaño, que nos levantamos de la mesa asintiendo y aplaudiendo lentamente ante ésa muerte trágica en el juego, que nos honra como jugadores tanto como nuestros desposeídos del reino devueltos a la esperanza.

Porque la relación de los personajes con la trama suele ser acaso la única fibra imprescindible del juego de rol, y no es casual que la manifestación más alta de una campaña de rol sea su adaptación a novela,[3] porque precisamente el origen del juego de rol proviene directamente de uno de los libros más notables y excepcionales de la historia de la literatura universal.

Porque este arte narrativo, damas y caballeros, es el Teatro de Hadas de Tolkien.

Así lo vislumbraba[4] en 1937 en su ensayo Sobre cuentos de hadas,[5] que son las reflexiones sobre su poética mientras preparaba El Señor de los Anillos:

Ese Teatro de Hadas –Faerie Drama– puede reflejar la Fantasía con un realismo e inmediatez que escapan al alcance de la tramoya humana. No es pues, de extrañar que su efecto normal en el hombre sea el de sobrepasar la Creencia Secundaria. Si asistimos a una obra de teatro élfica, nos encontramos, o así lo creemos, metidos de lleno en el Mundo Secundario. La experiencia puede ser semejante a la de un Sueño y, al parecer, con él lo ha confundido a veces el hombre. No obstante el Teatro de Hadas nos hunde en un sueño tejido por otra mente, y puede que la noción de este hecho inquietante se nos escape. La experiencia directa de un mundo Secundario es brebaje harto fuerte y le concedemos Credibilidad Primaria, a pesar de que los hechos sean maravillosos. Quedamos así burlados. Que tal sea la intención de los elfos en todas o en algunas ocasiones, ésa ya es otra cuestión. En cualquier caso, ellos no quedan burlados.

Pero el Dungeon Master sí.

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Escudo de armas de Idril Celebrindal dibujado por Tolkien.

La Creencia Secundaria, nos dice Tolkien, es la verosimilitud que le atribuimos nosotros a un Mundo Secundario de creación artística, desde el Mundo Primario de la realidad como la conocemos. La Fantasía, apunta Don Ronaldo, es tan antigua como el lenguaje:[6]

No hay en Faërie hechizo ni encantamiento más poderoso que el adjetivo (…). La mente que pensó en ligero, pesado, gris, amarillo, inmóvil y veloz también concibió la noción de magia que las haría ligeras y aptas para el vuelo, de cosas pesadas que convertiría el plomo gris en oro amarillo y la roca inmóvil en arroyo veloz. Si pudo hacer una cosa, también la otra; e hizo las dos inevitablemente. Podemos poner el verde de la hierba en el horrendo rostro de un hombre y obtener un monstruo; podemos hacer que brille una extraña y temible luz azul; o podemos hacer que los bosques se pueblen de hojas de plata y que los carneros se cubran de vellocinos de oro; y podemos poner fuego ardiente en el vientre del helado saurio y obtener el primer dragón. Es el inicio de la Fantasía. El Hombre se ha convertido en Subcreador.

Esta subcreación es el Arte. Esta subcreación es la invocación bárdica del Dungeon Master. La “otra mente” que teje el sumergimiento en el “Mundo Secundario” de la campaña a la que los jugadores le otorgan Credibilidad Secundaria a través de sus personajes.

Pero la creación del juego de rol a partir de Tolkien no es tan sólo la brisa de esta curiosa coincidencia de una poética narrativa, sino que se trata de una semilla concreta en el reino específico de Winsconsin en 1974, donde Dungeon & Dragons germinó de una semilla directa del Árbol del Señor de los Anillos. Así lo relata Steve Darlington en su Historia del Juego de Rol por Astinus, de 1989:[7]

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A finales de los años 60 había una poderosa y estable sub-cultura de wargammers (o recreadores de batallas históricas con figurillas en mesas), lo que permitió un ambiente estimulante que fue el principio de mucha creatividad y experimentación entre sus miembros. Era justo este tipo de exploración el que sería el combustible para el fuego del juego de rol. Pero una chispa era todavía requerida. Y esa chispa fue El Señor de los Anillos.

Publicada a todo lo largo de Estados Unidos en 1966, cambiaría por siempre la literatura mundial y así mismo el mundo de millones de adolescentes varones de clase media; y como 90 % de los wargammers eran adolescentes varones de clase media, hace falta poca imaginación para saber qué pasaría a continuación: Los jugadores ya no querían más recrear la batalla de Gettysburg sino la del Abismo de Helm. Las guerras napoleónicas fueron descartadas por la Guerra del Anillo. Trasgos y orcos remplazaron a la infantería y a la caballería; y la gente quería saber cuánto daño podía hacer un balrog y cuál era el rango de un hechizo de relámpago.

Parecía tan sólo cosa de tiempo para que el primer juego, específicamente ubicado en el mundo de Tolkien, saliera al mercado. Había, sin embargo, un pequeño impedimento para ello: Había muy pocos buenos wargammers capaces de lidiar con lo medieval también como con la magia y los dragones. Al paso del destino caminaron dos hombres: Ernest (Gary) Gygax y David Arneson.

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Gary Gygax

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David Arneson

Una noche los jugadores acudieron por una tradicional noche de batalla napoleónica y vieron la mesa cubierta con un enorme castillo. Se preguntaron si algo así habría correspondido a las planicies de Polonia y pronto se descubrieron en el interior de un oscuro, profundo y siniestro calabozo de lo que pronto se convertiría en la campaña de Blackmoor en  Greyhawk.

Millones de lectores querían (y quieren) vivir un día más en la Tierra Media al terminar la novela y, ansiosos de atisbar un poco más del otro lado de las montañas nubladas, los apéndices han provisto de un solaz para estar, de menos, un día más en la Comarca. Y esos apéndices contenían el secreto que se necesitaba para democratizar la subcreación de Faerie: los paratextos.

Los paratextos son todas aquellas partes de un libro que acompañan un texto: el título, la portada, la cuarta de forros, los índices, los apéndices, las dedicatorias, las notas a pie de página, el colofón, la página legal, las ilustraciones o cualquier otro similar.  Los paratextos de El Señor de los Anillos son utilizados estratégicamente como un instrumento literario de verosimilitud, ofreciéndole al lector inesperadas fronteras culturales de su universo narrativo, creando esa profunda noción de “verdad literaria”.

Mapas de regiones, cronologías, listas de reyes, árboles genealógicos, apéndices históricos, diagramas astronómicos, tratados lingüísticos  de dos lenguas élficas y notas sobre el idioma de los hobbits, los enanos, los orcos, los ents, los rohirrim, los dunledinos, los numenoréanos y la supuesta lengua original del Westron de donde Tolkien “tradujo” el libro al inglés; dos sistemas íntegros de escritura, ilustraciones de las letras élficas en el interior del Anillo Único, las runas de la tumba de Balin, el escudo de armas de la puerta de Moria… e, incluso, diseñó e ilustró varias portadas para El Hobbit y El Señor de los Anillos, que fueron descartadas en las primera ediciones pero que hoy se publican en versiones conmemorativas.

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Página del libro de Mazarbul elaborada por el mismisísimo  Tolkien. Nótese la última línea de Ori al final «they are comming».

Así que al fin, Gygax y Arneson, descubrieron que los paratextos de El Señor de los Anillos proporcionaba una cartografía poética, un manual de construcción de universos imaginarios proto-medievales y proto-tolkirianos, un modelo canónico extraordinario que ofrecía todas las claves arquetípicas para adentrarse, bosque adentro en cualquier mitología, para sembrar la semilla de su propio árbol-mundo de campaña.

El mapa de Tierra Media germinaría a los mapa mundis de Greyhawk, Faerun, Krynn, Athas, Spelljammer o Sigil, y estas cartografías imaginarias en los campaign settings, sembrarían a su vez los mapas de los mundos personales caseros de miles de miles de Dugeon Masters alrededor del mundo. De las letras élficas tengwar y las runas cirith, vendrían una miríada de alfabetos misteriosos y antiguos para cada mundo, ya fueran por ejemplo el dethek, spruar y thorass de Faerun o el código hechizo y casero que los narradores inventaban para los acertijos de sus jugadores en los calabozos, como la comunidad del anillo ante las puertas de Moria. Cronologías de las eras mitológicas y las fechas históricas de los reinos se tornaron imprescindibles para presentar el contexto narrativo de las campañas de rol y todo mundo y cada quien, tuvo la libertad y la inspiración directa para crear su propia mitología si los de los paquetes de juego oficiales no los satisfacían.

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Las Islas Moonshaes de la novela de Douglas Niles en el mundo de Faerun de Dungeons & Dragons (A la derecha se puede ver Baldurs Gate, sitio del extraordinario juego de computadora, véase: https://www.beamdog.com/)

 

¡Y los bestiarios! Inspirados en los arquetipos de Tolkien de los elfos, los enanos, los orcos y por supuesto, los hobbits –quitaesencia de toda esta aventura cultural-, que ahora habitarían siempre muchos mundos sembrados por Arda; Dungeon & Dragons ofreció, edición tras edición, unos parámetros generales para ir integrando a las campañas criaturas fantásticas de los mitos y leyendas de numerosas civilizaciones: el rakshasa indú, el kenkú japónes, la serpiente emplumada mesoamericana, el grifo persa, el leviatán hebreo, el pegaso griego, el unicornio medieval. Cualquier mitología se tornó digna hermana de compartir aventuras para todos, para los más.

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Campaña de rol basada en las novelas homónimas de Douglas Niles. 

Para los más. Y esta es la propia semilla de plata que Gygax y Arneson sembraron para la cultura popular y que no es cosa menor; porque tras Tolkien, por supuesto que hubo toda una escuela de escritores que a la zaga y sombra verde del árbol de cuentos de Tierra Media, sembraron sus propios árboles de novelas extraordinarias y cabales para la literatura universal, como Tad Williams con Añoranzas y Pesares, Robert Holdstock con Bosque mitago, Ursula k. Leguin con Terramar, Peter Beagle con El último unicornio, Llyod Alexander con Las Crónicas de Prydain, Roger Zelazny con Dilvish y Ámbar, por mencionar a algunos… ¿A cuántos? A docenas de escritores extraordinarios, a cientos de escritores notables, a miles de escritores olvidables…

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Portada  feérica del extraordinario Michael Whelan  http://www.michaelwhelan.com/

Pero son millones los que quieren habitar en Tierra Media todos los días.

Y la semilla de plata del juego de rol de Dungeons & Dragons permitió que, con la interpretación de la realidad a través simples y sencillos dados, instrucciones precisas para los narradores sobre el posible guión de juego y un sistema de reglas con el que los jugadores conocerían las potencias y evolución de sus conceptos arquetípicos de personaje, de pronto brotaron sombras verdes de Tierra Media doquiera los amigos desempacaran sus campaing setting o que armaran sus propios sistemas y mundos caseros.

El Teatro de Hadas democratizado.

Una Arda personal para millones y millones de individuos soñadores y aventureros en el mundo, dispuestos a encontrar un hermano en el desconocido que se sienta a su lado y en explorar sin temor las entrañas de su personalidad en el gesto que sólo puede hacer su personaje principal.

Millones. Cualquiera. Con sólo abrir el cofre de los unicornios y dragones.

Los elfos estarían felices. Lo están. Y ustedes lo saben.

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BIBLIOGRAFÍA

 CALLOIS, Roger, Man, play and Games, The Free Press of Glencoe, Nueva York, 1961.

CARPENTER, Humphrey J.R.R. Tolkien: Una biografía, Barcelona, 1991.

DARLINGTON, STEVE, “The History of role-playing by Astinus” en la revista online Places to Go, People to Be, http://ptgptb.org/0001/history1.html (1998).

TOLKIEN Christopher, La caída de Númenor, Historia de la Tierra Media VI, Barcelona, 2002.

TOLKIEN, John Ronald Reuel,

Las dos torres, El señor de los Anillos, Tomo II, Minotauro, México, 1986.

-“Sobre los cuentos de hadas” en Árbol y hoja, Minotauro, Barcelona, 1997.

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NOTAS

[1] Roger Callois, Man, play and Games, The Free Press of Glencoe, Nueva York, 1961.

[2] Aunque ya bien saben ustedes que lo que pasa con los dados en una mesa de juego no tiene ninguna lógica para las estadísticas… pero las fronteras que rozan la impresión de sobrenatural en el rol, ha de ser otra campaña para otra mesa de coloquios.

[3] Como Dragonlance de Margaret Weis y Tracy Hickman, Las Moonshaes de Douglas Niles o Baldus Gate incluso.

[4] Sin más intención que la anécdota, en torno a “vislumbrar el futuro”, ocurre que Tolkien escribió el borrador de una novela llamada Los Papeles del club Notion, donde su personaje llamado Arundel –versión sajona de Eärendil, por cierto- arrebatado por una visión sobre  su vida pasada en Númenorë, salía corriendo en la noche gritando hacia la costa durante una tremenda tormenta… Lo extraordinario es que Tolkien escribió este texto en 1944 y la acción de la historia transcurría en el año futuro de 1987 –tal cual, ciencia ficción de anticipación-; y¡Tan sólo por cuatro meses, Tolkien falló la fecha de una de las más terribles tormentas que azotaran Inglaterra en el siglo XX, el 12 de junio de 1987!. Christopher Tolkien, La caída de Númenor, Historia de la Tierra Media VI, Barcelona, 2002, p. 86.

[5] John Ronald Reuel Tolkien, “Sobre los cuentos de hadas” en Árbol y hoja, Minotauro, Barcelona, 1997, p. 66.

[6] Idem, 33-34.

[7] http://ptgptb.org/0001/history1.html

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Producciones Creativas Aralain es, entre otras cosas, una editorial. Esta es su historia como mejor me sale contarla: como una balada épica, en donde se intercalan los hechos reales, con su versión imaginaria. Si hay un «Quiénes somos, misión y visión» de nuestra empresa, es esta, muy a nuestra sazón…

Equipo Aralain

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DEL BARCO TORTUGA DE LA GHALATA ARALAIN Y EL BOSQUE DE LOS LIBROS SOBRE SU LOMO

I

La música en las alas del viento 

(De donde se cuenta como el prominente doctor Adrián morales Maravilla –El Sitris-, decidió volver a intentar ser escritor, como era la latencia de su juventud, y como este retorno a las letras fue a través de su novelan de fantasía “La música en las alas del viento”)

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El viejo rey Fledjar volvió a las ruinas sobre la colina.

Habíade sido gran guerrero, azote de las sirpes de las miasmas.

Habíade sido el sanador, con sus manos, de la sangre podrida de los críos.

Pero él hubíerade querido ser un bardo de cando alto y cuento hondo.

Y así volvió a las ruinas de la torre De Antor, allende el mar,

En lo alto de la colina, no más que tres restos de sombríos resquebrajos.

Cruzó Fledjar el umbral sin techo y zanqueó el musgo entrebolado.

Volvió a reencontrar en un recodo al Crolianar,

al roble de su juventud donde en la corteza estaba escrito con limo

la música en las alas del viento del berenjenar de la cuega Laidaer.

La música que le había rescatado el alma y atado a su amada dama,

la música de donde habían brotado los nombres de sus hijas.

 

 

II

El gemelo sirpe

(Donde se cuentan las dificultades que tuvo el doctor para, en sus cuarenta, reconocerse de nuevo como escritor y recuperar la esperanza de terminar las novelas que le acuciaban y acaecían, lo quisiera o no)

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Hincó rodilla en tierra el viejo Fledjar ante la hojarasca del Crolianar.

Quitóse el yelmo simple y herrumbroso para mirar al árbol, humilde.,

Con las manos ásperas que curan y hienden, acarició las raíces.

Y, cuando abrió de nuevo la voz para cantar el amor de sus días,

Sisiearon entre las ruinas la cola negra de cobra y una espada en desenfunde;

Giróse el rey desenvainando la propia e, irguiéndose sorprendido:

Érade el hombre serpiente, el gemelo de su pesadilla, una vez más.

“He venido a cantar esta vez” díjole el rey en guardia, casi cordial.

“Tres veces te detuve, tres veces más fallarás” respondió la sirpe tras el escudo.

“Alabado por humilde, temido por cruentos y amado en tu hogar”

Siguió la sirpe humana “No quieras también ser bardo, tu contar no será ni murmullos”.

Suspiró el rey: “Tú eres yo sin esperanza” y se caló el yelmo.

 

 

III

Vientos de acero sobre la hojarasca 

(Donde se cuenta el enfrentamiento del doctor y sus escasísimos tiempos libres para, queriéndose creer escritor, embatió la empresa de escribir, pasara lo que pasara)

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Apuntó la sirpe contundente mandoble sobre el roble del contar.

Saltó el rey a cubrirlo. Trabaron aceros. Chirriaron guardas. Se olieron los alientos.

“Nunca serás bardo y el contar de este árbol será negra hojarasca”,

Siseó el sirpe girando y probando nuevo tajo para decapitar al rey.

“Títere del olvido, canalla de mi terror, holganza de mi desespero”,

respondióle Fledjar desviando el golpe y silbando brecha al cuello.

“!Ínflamo de arrogancia! ¿Qué te crees que tus ayeres valen la luna?”,

replicó la sirpe al eco del escudo que cubría y la punta que estocaba.

El rey malamente apartó a un lado y la espada hendió al roble;

batido en ira y desespero, cargó el rey a la sirpe que entonces le rodeaba,

ensartándolo del cinto a la espina con tal brío, que le clavó al árbol.

Y los ramajes temblaron su hojarasca, herido de vientos de acero.

 

 

IV

Canta el rey un llanto de ayer 

(Donde el doctor, si bien hallándose al fin de nuevo escritor, se lamenta ante la herida dificultad de hacerse publicar con tan esforzada ruta y con tan poca holganza)

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Desensartando su pesadilla y de nuevo en un hincar pesaroso,

Fledjar rodó el yelmo y apartó la espada para cantar al roble,

Sangrado de savia, herido por la ponzoña del hombre sirpe.

Abrazó al árbol y le comenzó a susurrar de cerca su lectura

Lo que el limo iba trazando, lo que en verde la corteza contaba,

Sobre aquellos días de la vieja Etia de antaño y allende,

Cuando conoció a la doncella ciega Laidaer en una danza de verano,

Murmurándole, como al roble, cuanto veía entonces en  los danzantes,

Y corrió su canto el resto en la noche que se adentraba umbrosa.

 

 

V

El ayudante mágico sin magia, que es para lo que nos alcanza 

(Donde se cuenta como el doctor mostró su novela “Música en las alas del viento” a su amigo de la adolescencia, el escritor Medardo Landon Maza Dueñas)

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Los árboles son libros. Los libros son árboles.

Las plumas siempre revolotearán sobre las hojas, en trino y tinta.

Los bosques son bibliotecas. Las bibliotecas son bosques.

Hay montaraces académicos, aventureros de la lectura.

Hay hadas en los libros y hay libros en las hadas.

Driadas. Damas Verdes vestidas en limo de canto y cuento.

Y mördyns, patones patilludos, bardos rurales de daga y pipa.

Uno hay, amado de hamadriada, perro de elfos, de capa verde,

que escuchó en la hondanada de la serranía el canto del rey,

y trepando lentas breñas a la luna hacia la escucha, fue,

hasta hollar, sigiloso, las ruinas de la Torre De Antor,

y hallar a Fledjar abrazando el roble, mejilla al tronco y al llanto.

 

 

VI

De una sola morada para los árboles de los contares

(Donde se cuenta como se unió Medardo Landon a la iniciativa del doctor para autopublicarse ambos, las novelas que les ignoraran los premios y las editoriales)

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El mördyn, conmovido por el canto y sin hallar como honrarlo,

Recogió la espada del cuerpo de la sirpe y la limpió en su capa.

“Aquí la tuya, hermano Fledjar. Que sea para sembrar semilla del Crolianar”,

“!No te me advengas tan a la sombra!”, díjole el rey respingando sorprendido,

“Pero es tal tu sigilo y tanto tu lay, que ahora te conjuro, hermano mördyn,

no tengo tiempo ya para ver sembrar y ver crecer la semilla de mi cuento,

más de portentos tú habrás visto ranas libertadoras y pókares de cuatrillizos,

¿Me ayudarías, hermano, a buscar como sembrar entero este árbol

en otro allende y cómo atar en un sólo soto otros árboles en limo escritos?

¡Porque así podríamos tener un bosquecillo de contares y

Que sea su hojarasca, río abajo, ayeres finos para los más.

¡Anda! ¡Saca tu oficio y metichéz y colectemos un bosque de renombre!”

 

 

VII

El Lobo de nueve oficios

(Donde se cuenta cómo fue que se unió al proyecto de la editorial el economista y gestor Ángel Roberto Flores Durán, conocido por sus amigos como “El Lobo”)

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Quedándose el rey Fledjar a cuidar y restañar la herida del roble,

ël mördyn bajó pensativo la colina deambulando toda la noche,

escudriñando las leyendas de portentos que pudieran dar la traza,

a los más, acuñando la idea de amistarse de un gigante cordial

que se amarrara al cinto y al lomo enormes ollas y macetas

para sembrar a los árboles contares y llevarlos juntos al mañana.

Y así lo encontró pensativo comiendo queso en un arroyo

una mañana de sol y bruma al viento, un viejo amigo astuto,

El Lobo, le llamaban, obvio can que andaba en dos patas,

vestía túnica azul, gaita de vejiga y espada buena al cinto.

A medias bardo, a medias mago, a medias sacerdote de tres dioses,

amigo de gnomos burócratas y de cierto gran regateador.

 

 

VIII

La gran tortuga ghalatta

(Donde se cuentan las gestiones administrativas del licenciado Flores para formar la editorial de forma oficial, como una empresa capaz de emitir libros formales al mundo y de atender otros negocios pertinentes al ramo)

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“Vaya empresa de ingenios que requisitas, hermano mördyn”

Dijo el Lobo: “Y con alegría ayudaré al ayudante del viejo Fledjar,

¡Pero cesa el plan del gigante, que es un esperpento de mil errores!

Y escucha este otro proyecto que se desenrrollará en nueve lunas!”

Y así subió El Lobo a la colina en ruinas junto al Crolianar y al rey,

a tomar gaita, cerveza, pipa y dados para su invocación,

Porque comenzó a despertar a una ghalatta de otrora olvidada,

una de aquellas enormes tortugas y pequeñas fastitocalones de tierra

que suelen parecer colinas o islotes repletos de helechos y de aves,

invocando a una de nombre Aralain, a que viniera a recoger al Crolianar,

convenciéndola con buenos chismes y chistes de asteroides romanceros

 de recoger sobre su lomo los árboles de leyendas en querencia.

 

 

IX

El árbol petrificado del manco

(Donde se cuenta como entonces el dramaturgo Martín López Bríe, otro más otro tanto largamente conocido, tomó el riesgo de arrojar su dinero al pozo de la incertidumbre para que su novela “El Señor de la Tormenta” fuera el producto fundacional de la editorial)

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Y como la invocación de la ghalatta muy larga sería,

ël mördyn fue a buscar otro árbol que amistara con el Crolianar en verso.

Y tras mucha bruma encontró anegado a la orilla de un gran lago

los restos de un árbol petrificado, alcanzado por un rayo antiguo,

donde en el limo se contaban las crónicas del manco Coriambo

Cuando ël mördyn comenzó a leer en él, despertó la lluvia.

Cuando ël mördyn se enteró del Señor de la Tormenta, crujió el trueno.

Cuando ël mördyn se enteró de la rebelión contra los trasgos tiranos,

Un manco en harapos y espada se arrastró fuera de un agujero en el árbol,

perseguido por un trasgo gris, agrio, alto, escueto y de sable intolerante.

Ël mördyn desenvainó la daga y junto al manco franquearon a pinchotazos

Al trasgo hasta abatirlo, no sin que antes les hiriera brazos y rodillas.

 

X

El lento despertar

(Donde se cuenta como ya listos los negativos para impresión de “El Señor de la Tormenta”, se hubo de retrasar la impresión no menos de diez meses hasta que se completara el trámite de registro de la empresa y se obtuviera el derecho al ISBN del libro, durante meses repletos de sin sabores y hostilidades)

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Tendido el trasgo, el manco contó su desconsuelo entre las ramas rotas

Y, montaraz de biblioteca como ël mördyn, se hallaron extraños muy comunes.

De tal traza que al acto accedió Coriambo a que el árbol de su leyenda

Se uniera al soto del Crolianar para escudriñar futuro de follaje trenzado.

Y allí lo dejó ël mördyn a la espera, siguiendo su ruta exploradora,

Porque El Lobo seguía cantando, seguía invocando, seguía siendo,

Pero la tortuga ghalatta de tierra era lenta, muy lenta en despertar.

Soplaron las flores y las nieves hojarascas hasta que la ghalatta parpadeó.

Se alzó la nieve con jauría de lobos con ojos de bullente electricidad,

Acosando al rey Fledjar que se defendió de espaldas al roble Crolianar,

Aterrido, Coriambo trepó a las ramas petrificadas a morar entre ladridos

Y corrió ël mördyn, perseguido, aullando la muerte de su padre.

 

 

XI

La barca y colina ghalatta

(Donde se cuenta como, al obtenerse el formal registro de “Producciones Creativas Aralain S.A. de C.V.”, al fin se reactivó la gestión editorial para que “E Señor de la Tormenta” tuviera su feliz encuentro con sus lectores)

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Y, entre las flores glaciares la ghalatta Aralain despertó.

Se arrastró como una pequeña colina entre la foresta

hasta alcanzar por debajo las ruinas de la torre De Antor

y llevarse consigo en gran asombro, la cima, al rey y al Crolianar.

Bogando entre la maleza con inaudita destreza hasta el lago,

tomando consigo al petrificado árbol de Coriambo entre truenos,

y hundirse en las aguas para atravesar la bruma hacia los mares.

Y allí van ahora el rey, el lobo, ël mördyn y el manco,

viajando como un navío de pequeña loma con bosquecillo y ruinas,

a la zaga de otros árboles, otros contares, para su foresta de leyendas,

que cante sobre aquellos  otroras y allendes dispersos e insospechados,

que cuentan las crónicas de la lluvia imperecedera del limbo.

 

 

XII

De los prontos allendes

(Donde se cuenta del tallo y linaje de los colaboradores iniciales más cercanos a Producciones Creativas Aralain: el ilustrador Sergio Bordón, el fotógrafo Marco Lara, el poeta Bermeo Picone y de las próximas publicaciones que se atisban: “El duende de los tres deseos”, póstumo de Jorge Maza y la novela “La Biblioteca: El Libro de la Dama”, de Medardo Landon)

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Y allá yendo ya, la ghalatta Aralain, otros marineros se han unido

A la tripulación que navega los mares del improperio y la oportunidad:

Bordón-Bastón, el pintor de los óxidos del linaje de sur, cabeza abajo,

Que las letras capitulares y cubiertas de libros jardineréa con sus colores.

Un alquimista de la luz y las sombras, Ciro de Yorikia el muy escrutante,

Que atrapa en cristales instantes para compartir en orbes de bolsillo.

Un aeda pendenciero y de muchas damas y botellas recorrido,

Que los poemas dispersa entre las aves, anunciando el paso de la ghalatta,

Y media docena más que ya atisban su propio mote en el mismo norte.

Boga ahora la ghalatta Aralain buscando al duende de los tres deseos en un pino,

Y ël mördyn al fin se atreve a su esperanza más entrañada que huele a hadas:

La Biblioteca en un fresno, donde hay hadas en los libros y libros en las hadas.

***

PRÓXIMANTE: La versión imaginaria de las imágenes, por el artista plástico Ari Aboytes Cortpes (Argahen) !No tarde en clickearnos!

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