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Portada legendaria de Larry Elmore para el Manual del Jugador de Dungeons & Dragons, Primera Edición. Esta imagen publicitada en los Libros Juego, fue mi primer encuentro con el juego de rol. Aún me estremece.

 

*

El Teatro de Hadas de Tolkien o la aplicación del modelo de los paratextos de El Señor de los Anillos en la construcción de los universos interactivos del juego de rol.

 *

 Yo pensaba que los personajes maravillosos de las leyendas salían en busca de aventuras porque querían tenerlas, y les parecían excitantes, y en cambio la vida les parecía  un tanto aburrida: una especia de juego, por así decir. Pero con las historias que importaban de veras, o con esas que uno guardia en la memoria, no ocurría lo mismo. Se diría que los protagonistas se encontraban de pronto en medio de una aventura, y casi siempre ya tenían los caminos trazados. Supongo que también ellos, como nosotros, tuvieron muchas veces la posibilidad de volver atrás, sólo que no lo aprovecharon.

J.R.R.Tolkien, Las Dos Torres.

 

…Dijo Sam Gamyi alguna vez. Y nos cambió la vida a los millones de lectores y a los millones de jugadores de rol del mundo. Pero vamos con calma, que no conozco a la mitad de ustedes, ni la mitad de los que querría, y lo que querría es más de la mitad de lo que la mitad de ustedes merece.

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Ilustración del magnífico artista español Tomás Hijo. www.tomashijo.com

Definamos, que para ello se acuñan palabras nuevas, el juego de rol puede ser un performance interactivo de narración oral en el que el juguete, los dados, determinan la posibilidad de conseguir en equipo, la mejor de las vidas y la mejor de las muertes imaginarias.

Seguramente ustedes definirán el juego de rol muy a su sazón con otras tantas salazones de sus mesas de juego donde, sin importar la edad, el género o la clase social, se descubrieron siendo quiénes podrían ser ustedes de verdad, apostando la vida de voz y papel con sus hermanos de espada y llorando de risa y riendo de llanto por las extraordinarias eucatástrofes inesperadas, al final una de esas campañas, de cuyo gozo estético no podemos decir menos sino que se trataba de arte.

Y todo gracias a Tolkien.

Y a Gary Gygax y David Arneson, por supuesto y por todo lo alto, que justo de eso se trata esta disertación de un servidor, con corazón de halfling ladrón, perro de los elfos y bardo de hadas.

Refiramos, que para ello estos juguetes de ideas y máquinas de pensar, los ensayos son: Roger Callois[1] clasifica los juegos en cuatro impulsos esenciales: Agón, los de competencia de voluntad y habilidades, como los más de los deportes, desde dos niños jugando espadazos con unos palos hasta el mismísimo ajedrez; Alea, o los juegos de azar donde el individuo se rinde al destino, los dados[2], la ruleta, la baraja y todos aquellas apuestas dejadas a la suerte, desde un volado, a la fruición de las acciones en la bolsa; Mimicry o los de imitación, desde unos niños jugando a ser señores con sus tacitas o el teatro mismo, sin más regla que fascinar al espectador; e Ilinix o los juegos de vértigo como los (infectos) juegos mecánicos o los adolescentes (estúpidos) conteniendo la respiración para suicidarse. Arrojarse de un paracaídas. Tener tres patas en el acelerador en la carretera.

Bueno, pues resulta que el juego de rol es el único donde están contenidos armónicamente los cuatro impulsos de juego: el agón del combate contra los orcos del calabozo a los que se les hace frente a través del aléa de los dados, mientras interpretamos no sólo las voces y los gestos de nuestros personajes en pura mimicry, sino que incluso sus pensamientos y sentimientos y, finalmente el ilinix de cuando haz cumplido con tu turno y quedas a la jugosa merced de la narración del Dungeon Master, que te desplaza de un episodio a otro entre posibles sorpresas, carcajadas o indignaciones.

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¿Habrá por allí un halfling ladrón jugando conmigo como personaje?

Pero la grandeza del rol no se queda allí. Es el único juego en el que no es necesario que nadie gane o, mejor dicho, en el que pueden ganar todos, los jugadores al resolver una campaña y el narrador satisfecho de haber dejado brotar, sin saber cómo –no importa cuántas veces lo haga- y sin importar qué tanto prepare la narrativa en sus notas, el resultado de la aventura que no suele ser jamás lo que planeó. Ése es el vértigo del Dungeon Master. Asombro absoluto. Por eso estamos sentados 12 horas seguidas. Cada que se pueda. Durante años. Hasta que se pueda, pues incluso si la jugada o la campaña culminó en una derrota pasmosa, si ésta ocurrió en armonía con la trama, la catarsis es de tal tamaño, que nos levantamos de la mesa asintiendo y aplaudiendo lentamente ante ésa muerte trágica en el juego, que nos honra como jugadores tanto como nuestros desposeídos del reino devueltos a la esperanza.

Porque la relación de los personajes con la trama suele ser acaso la única fibra imprescindible del juego de rol, y no es casual que la manifestación más alta de una campaña de rol sea su adaptación a novela,[3] porque precisamente el origen del juego de rol proviene directamente de uno de los libros más notables y excepcionales de la historia de la literatura universal.

Porque este arte narrativo, damas y caballeros, es el Teatro de Hadas de Tolkien.

Así lo vislumbraba[4] en 1937 en su ensayo Sobre cuentos de hadas,[5] que son las reflexiones sobre su poética mientras preparaba El Señor de los Anillos:

Ese Teatro de Hadas –Faerie Drama– puede reflejar la Fantasía con un realismo e inmediatez que escapan al alcance de la tramoya humana. No es pues, de extrañar que su efecto normal en el hombre sea el de sobrepasar la Creencia Secundaria. Si asistimos a una obra de teatro élfica, nos encontramos, o así lo creemos, metidos de lleno en el Mundo Secundario. La experiencia puede ser semejante a la de un Sueño y, al parecer, con él lo ha confundido a veces el hombre. No obstante el Teatro de Hadas nos hunde en un sueño tejido por otra mente, y puede que la noción de este hecho inquietante se nos escape. La experiencia directa de un mundo Secundario es brebaje harto fuerte y le concedemos Credibilidad Primaria, a pesar de que los hechos sean maravillosos. Quedamos así burlados. Que tal sea la intención de los elfos en todas o en algunas ocasiones, ésa ya es otra cuestión. En cualquier caso, ellos no quedan burlados.

Pero el Dungeon Master sí.

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Escudo de armas de Idril Celebrindal dibujado por Tolkien.

La Creencia Secundaria, nos dice Tolkien, es la verosimilitud que le atribuimos nosotros a un Mundo Secundario de creación artística, desde el Mundo Primario de la realidad como la conocemos. La Fantasía, apunta Don Ronaldo, es tan antigua como el lenguaje:[6]

No hay en Faërie hechizo ni encantamiento más poderoso que el adjetivo (…). La mente que pensó en ligero, pesado, gris, amarillo, inmóvil y veloz también concibió la noción de magia que las haría ligeras y aptas para el vuelo, de cosas pesadas que convertiría el plomo gris en oro amarillo y la roca inmóvil en arroyo veloz. Si pudo hacer una cosa, también la otra; e hizo las dos inevitablemente. Podemos poner el verde de la hierba en el horrendo rostro de un hombre y obtener un monstruo; podemos hacer que brille una extraña y temible luz azul; o podemos hacer que los bosques se pueblen de hojas de plata y que los carneros se cubran de vellocinos de oro; y podemos poner fuego ardiente en el vientre del helado saurio y obtener el primer dragón. Es el inicio de la Fantasía. El Hombre se ha convertido en Subcreador.

Esta subcreación es el Arte. Esta subcreación es la invocación bárdica del Dungeon Master. La “otra mente” que teje el sumergimiento en el “Mundo Secundario” de la campaña a la que los jugadores le otorgan Credibilidad Secundaria a través de sus personajes.

Pero la creación del juego de rol a partir de Tolkien no es tan sólo la brisa de esta curiosa coincidencia de una poética narrativa, sino que se trata de una semilla concreta en el reino específico de Winsconsin en 1974, donde Dungeon & Dragons germinó de una semilla directa del Árbol del Señor de los Anillos. Así lo relata Steve Darlington en su Historia del Juego de Rol por Astinus, de 1989:[7]

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A finales de los años 60 había una poderosa y estable sub-cultura de wargammers (o recreadores de batallas históricas con figurillas en mesas), lo que permitió un ambiente estimulante que fue el principio de mucha creatividad y experimentación entre sus miembros. Era justo este tipo de exploración el que sería el combustible para el fuego del juego de rol. Pero una chispa era todavía requerida. Y esa chispa fue El Señor de los Anillos.

Publicada a todo lo largo de Estados Unidos en 1966, cambiaría por siempre la literatura mundial y así mismo el mundo de millones de adolescentes varones de clase media; y como 90 % de los wargammers eran adolescentes varones de clase media, hace falta poca imaginación para saber qué pasaría a continuación: Los jugadores ya no querían más recrear la batalla de Gettysburg sino la del Abismo de Helm. Las guerras napoleónicas fueron descartadas por la Guerra del Anillo. Trasgos y orcos remplazaron a la infantería y a la caballería; y la gente quería saber cuánto daño podía hacer un balrog y cuál era el rango de un hechizo de relámpago.

Parecía tan sólo cosa de tiempo para que el primer juego, específicamente ubicado en el mundo de Tolkien, saliera al mercado. Había, sin embargo, un pequeño impedimento para ello: Había muy pocos buenos wargammers capaces de lidiar con lo medieval también como con la magia y los dragones. Al paso del destino caminaron dos hombres: Ernest (Gary) Gygax y David Arneson.

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Gary Gygax

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David Arneson

Una noche los jugadores acudieron por una tradicional noche de batalla napoleónica y vieron la mesa cubierta con un enorme castillo. Se preguntaron si algo así habría correspondido a las planicies de Polonia y pronto se descubrieron en el interior de un oscuro, profundo y siniestro calabozo de lo que pronto se convertiría en la campaña de Blackmoor en  Greyhawk.

Millones de lectores querían (y quieren) vivir un día más en la Tierra Media al terminar la novela y, ansiosos de atisbar un poco más del otro lado de las montañas nubladas, los apéndices han provisto de un solaz para estar, de menos, un día más en la Comarca. Y esos apéndices contenían el secreto que se necesitaba para democratizar la subcreación de Faerie: los paratextos.

Los paratextos son todas aquellas partes de un libro que acompañan un texto: el título, la portada, la cuarta de forros, los índices, los apéndices, las dedicatorias, las notas a pie de página, el colofón, la página legal, las ilustraciones o cualquier otro similar.  Los paratextos de El Señor de los Anillos son utilizados estratégicamente como un instrumento literario de verosimilitud, ofreciéndole al lector inesperadas fronteras culturales de su universo narrativo, creando esa profunda noción de “verdad literaria”.

Mapas de regiones, cronologías, listas de reyes, árboles genealógicos, apéndices históricos, diagramas astronómicos, tratados lingüísticos  de dos lenguas élficas y notas sobre el idioma de los hobbits, los enanos, los orcos, los ents, los rohirrim, los dunledinos, los numenoréanos y la supuesta lengua original del Westron de donde Tolkien “tradujo” el libro al inglés; dos sistemas íntegros de escritura, ilustraciones de las letras élficas en el interior del Anillo Único, las runas de la tumba de Balin, el escudo de armas de la puerta de Moria… e, incluso, diseñó e ilustró varias portadas para El Hobbit y El Señor de los Anillos, que fueron descartadas en las primera ediciones pero que hoy se publican en versiones conmemorativas.

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Página del libro de Mazarbul elaborada por el mismisísimo  Tolkien. Nótese la última línea de Ori al final “they are comming”.

Así que al fin, Gygax y Arneson, descubrieron que los paratextos de El Señor de los Anillos proporcionaba una cartografía poética, un manual de construcción de universos imaginarios proto-medievales y proto-tolkirianos, un modelo canónico extraordinario que ofrecía todas las claves arquetípicas para adentrarse, bosque adentro en cualquier mitología, para sembrar la semilla de su propio árbol-mundo de campaña.

El mapa de Tierra Media germinaría a los mapa mundis de Greyhawk, Faerun, Krynn, Athas, Spelljammer o Sigil, y estas cartografías imaginarias en los campaign settings, sembrarían a su vez los mapas de los mundos personales caseros de miles de miles de Dugeon Masters alrededor del mundo. De las letras élficas tengwar y las runas cirith, vendrían una miríada de alfabetos misteriosos y antiguos para cada mundo, ya fueran por ejemplo el dethek, spruar y thorass de Faerun o el código hechizo y casero que los narradores inventaban para los acertijos de sus jugadores en los calabozos, como la comunidad del anillo ante las puertas de Moria. Cronologías de las eras mitológicas y las fechas históricas de los reinos se tornaron imprescindibles para presentar el contexto narrativo de las campañas de rol y todo mundo y cada quien, tuvo la libertad y la inspiración directa para crear su propia mitología si los de los paquetes de juego oficiales no los satisfacían.

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Las Islas Moonshaes de la novela de Douglas Niles en el mundo de Faerun de Dungeons & Dragons (A la derecha se puede ver Baldurs Gate, sitio del extraordinario juego de computadora, véase: https://www.beamdog.com/)

 

¡Y los bestiarios! Inspirados en los arquetipos de Tolkien de los elfos, los enanos, los orcos y por supuesto, los hobbits –quitaesencia de toda esta aventura cultural-, que ahora habitarían siempre muchos mundos sembrados por Arda; Dungeon & Dragons ofreció, edición tras edición, unos parámetros generales para ir integrando a las campañas criaturas fantásticas de los mitos y leyendas de numerosas civilizaciones: el rakshasa indú, el kenkú japónes, la serpiente emplumada mesoamericana, el grifo persa, el leviatán hebreo, el pegaso griego, el unicornio medieval. Cualquier mitología se tornó digna hermana de compartir aventuras para todos, para los más.

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Campaña de rol basada en las novelas homónimas de Douglas Niles. 

Para los más. Y esta es la propia semilla de plata que Gygax y Arneson sembraron para la cultura popular y que no es cosa menor; porque tras Tolkien, por supuesto que hubo toda una escuela de escritores que a la zaga y sombra verde del árbol de cuentos de Tierra Media, sembraron sus propios árboles de novelas extraordinarias y cabales para la literatura universal, como Tad Williams con Añoranzas y Pesares, Robert Holdstock con Bosque mitago, Ursula k. Leguin con Terramar, Peter Beagle con El último unicornio, Llyod Alexander con Las Crónicas de Prydain, Roger Zelazny con Dilvish y Ámbar, por mencionar a algunos… ¿A cuántos? A docenas de escritores extraordinarios, a cientos de escritores notables, a miles de escritores olvidables…

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Portada  feérica del extraordinario Michael Whelan  http://www.michaelwhelan.com/

Pero son millones los que quieren habitar en Tierra Media todos los días.

Y la semilla de plata del juego de rol de Dungeons & Dragons permitió que, con la interpretación de la realidad a través simples y sencillos dados, instrucciones precisas para los narradores sobre el posible guión de juego y un sistema de reglas con el que los jugadores conocerían las potencias y evolución de sus conceptos arquetípicos de personaje, de pronto brotaron sombras verdes de Tierra Media doquiera los amigos desempacaran sus campaing setting o que armaran sus propios sistemas y mundos caseros.

El Teatro de Hadas democratizado.

Una Arda personal para millones y millones de individuos soñadores y aventureros en el mundo, dispuestos a encontrar un hermano en el desconocido que se sienta a su lado y en explorar sin temor las entrañas de su personalidad en el gesto que sólo puede hacer su personaje principal.

Millones. Cualquiera. Con sólo abrir el cofre de los unicornios y dragones.

Los elfos estarían felices. Lo están. Y ustedes lo saben.

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***

BIBLIOGRAFÍA

 CALLOIS, Roger, Man, play and Games, The Free Press of Glencoe, Nueva York, 1961.

CARPENTER, Humphrey J.R.R. Tolkien: Una biografía, Barcelona, 1991.

DARLINGTON, STEVE, “The History of role-playing by Astinus” en la revista online Places to Go, People to Be, http://ptgptb.org/0001/history1.html (1998).

TOLKIEN Christopher, La caída de Númenor, Historia de la Tierra Media VI, Barcelona, 2002.

TOLKIEN, John Ronald Reuel,

Las dos torres, El señor de los Anillos, Tomo II, Minotauro, México, 1986.

-“Sobre los cuentos de hadas” en Árbol y hoja, Minotauro, Barcelona, 1997.

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NOTAS

[1] Roger Callois, Man, play and Games, The Free Press of Glencoe, Nueva York, 1961.

[2] Aunque ya bien saben ustedes que lo que pasa con los dados en una mesa de juego no tiene ninguna lógica para las estadísticas… pero las fronteras que rozan la impresión de sobrenatural en el rol, ha de ser otra campaña para otra mesa de coloquios.

[3] Como Dragonlance de Margaret Weis y Tracy Hickman, Las Moonshaes de Douglas Niles o Baldus Gate incluso.

[4] Sin más intención que la anécdota, en torno a “vislumbrar el futuro”, ocurre que Tolkien escribió el borrador de una novela llamada Los Papeles del club Notion, donde su personaje llamado Arundel –versión sajona de Eärendil, por cierto- arrebatado por una visión sobre  su vida pasada en Númenorë, salía corriendo en la noche gritando hacia la costa durante una tremenda tormenta… Lo extraordinario es que Tolkien escribió este texto en 1944 y la acción de la historia transcurría en el año futuro de 1987 –tal cual, ciencia ficción de anticipación-; y¡Tan sólo por cuatro meses, Tolkien falló la fecha de una de las más terribles tormentas que azotaran Inglaterra en el siglo XX, el 12 de junio de 1987!. Christopher Tolkien, La caída de Númenor, Historia de la Tierra Media VI, Barcelona, 2002, p. 86.

[5] John Ronald Reuel Tolkien, “Sobre los cuentos de hadas” en Árbol y hoja, Minotauro, Barcelona, 1997, p. 66.

[6] Idem, 33-34.

[7] http://ptgptb.org/0001/history1.html

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http://www.aralain.com/

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produccionescreativasarlain@gmail.com

Producciones Creativas Aralain es, entre otras cosas, una editorial. Esta es su historia como mejor me sale contarla: como una balada épica, en donde se intercalan los hechos reales, con su versión imaginaria. Si hay un “Quiénes somos, misión y visión” de nuestra empresa, es esta, muy a nuestra sazón…

Equipo Aralain

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DEL BARCO TORTUGA DE LA GHALATA ARALAIN Y EL BOSQUE DE LOS LIBROS SOBRE SU LOMO

I

La música en las alas del viento 

(De donde se cuenta como el prominente doctor Adrián morales Maravilla –El Sitris-, decidió volver a intentar ser escritor, como era la latencia de su juventud, y como este retorno a las letras fue a través de su novelan de fantasía “La música en las alas del viento”)

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El viejo rey Fledjar volvió a las ruinas sobre la colina.

Habíade sido gran guerrero, azote de las sirpes de las miasmas.

Habíade sido el sanador, con sus manos, de la sangre podrida de los críos.

Pero él hubíerade querido ser un bardo de cando alto y cuento hondo.

Y así volvió a las ruinas de la torre De Antor, allende el mar,

En lo alto de la colina, no más que tres restos de sombríos resquebrajos.

Cruzó Fledjar el umbral sin techo y zanqueó el musgo entrebolado.

Volvió a reencontrar en un recodo al Crolianar,

al roble de su juventud donde en la corteza estaba escrito con limo

la música en las alas del viento del berenjenar de la cuega Laidaer.

La música que le había rescatado el alma y atado a su amada dama,

la música de donde habían brotado los nombres de sus hijas.

 

 

II

El gemelo sirpe

(Donde se cuentan las dificultades que tuvo el doctor para, en sus cuarenta, reconocerse de nuevo como escritor y recuperar la esperanza de terminar las novelas que le acuciaban y acaecían, lo quisiera o no)

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Hincó rodilla en tierra el viejo Fledjar ante la hojarasca del Crolianar.

Quitóse el yelmo simple y herrumbroso para mirar al árbol, humilde.,

Con las manos ásperas que curan y hienden, acarició las raíces.

Y, cuando abrió de nuevo la voz para cantar el amor de sus días,

Sisiearon entre las ruinas la cola negra de cobra y una espada en desenfunde;

Giróse el rey desenvainando la propia e, irguiéndose sorprendido:

Érade el hombre serpiente, el gemelo de su pesadilla, una vez más.

“He venido a cantar esta vez” díjole el rey en guardia, casi cordial.

“Tres veces te detuve, tres veces más fallarás” respondió la sirpe tras el escudo.

“Alabado por humilde, temido por cruentos y amado en tu hogar”

Siguió la sirpe humana “No quieras también ser bardo, tu contar no será ni murmullos”.

Suspiró el rey: “Tú eres yo sin esperanza” y se caló el yelmo.

 

 

III

Vientos de acero sobre la hojarasca 

(Donde se cuenta el enfrentamiento del doctor y sus escasísimos tiempos libres para, queriéndose creer escritor, embatió la empresa de escribir, pasara lo que pasara)

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Apuntó la sirpe contundente mandoble sobre el roble del contar.

Saltó el rey a cubrirlo. Trabaron aceros. Chirriaron guardas. Se olieron los alientos.

“Nunca serás bardo y el contar de este árbol será negra hojarasca”,

Siseó el sirpe girando y probando nuevo tajo para decapitar al rey.

“Títere del olvido, canalla de mi terror, holganza de mi desespero”,

respondióle Fledjar desviando el golpe y silbando brecha al cuello.

“!Ínflamo de arrogancia! ¿Qué te crees que tus ayeres valen la luna?”,

replicó la sirpe al eco del escudo que cubría y la punta que estocaba.

El rey malamente apartó a un lado y la espada hendió al roble;

batido en ira y desespero, cargó el rey a la sirpe que entonces le rodeaba,

ensartándolo del cinto a la espina con tal brío, que le clavó al árbol.

Y los ramajes temblaron su hojarasca, herido de vientos de acero.

 

 

IV

Canta el rey un llanto de ayer 

(Donde el doctor, si bien hallándose al fin de nuevo escritor, se lamenta ante la herida dificultad de hacerse publicar con tan esforzada ruta y con tan poca holganza)

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Desensartando su pesadilla y de nuevo en un hincar pesaroso,

Fledjar rodó el yelmo y apartó la espada para cantar al roble,

Sangrado de savia, herido por la ponzoña del hombre sirpe.

Abrazó al árbol y le comenzó a susurrar de cerca su lectura

Lo que el limo iba trazando, lo que en verde la corteza contaba,

Sobre aquellos días de la vieja Etia de antaño y allende,

Cuando conoció a la doncella ciega Laidaer en una danza de verano,

Murmurándole, como al roble, cuanto veía entonces en  los danzantes,

Y corrió su canto el resto en la noche que se adentraba umbrosa.

 

 

V

El ayudante mágico sin magia, que es para lo que nos alcanza 

(Donde se cuenta como el doctor mostró su novela “Música en las alas del viento” a su amigo de la adolescencia, el escritor Medardo Landon Maza Dueñas)

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Los árboles son libros. Los libros son árboles.

Las plumas siempre revolotearán sobre las hojas, en trino y tinta.

Los bosques son bibliotecas. Las bibliotecas son bosques.

Hay montaraces académicos, aventureros de la lectura.

Hay hadas en los libros y hay libros en las hadas.

Driadas. Damas Verdes vestidas en limo de canto y cuento.

Y mördyns, patones patilludos, bardos rurales de daga y pipa.

Uno hay, amado de hamadriada, perro de elfos, de capa verde,

que escuchó en la hondanada de la serranía el canto del rey,

y trepando lentas breñas a la luna hacia la escucha, fue,

hasta hollar, sigiloso, las ruinas de la Torre De Antor,

y hallar a Fledjar abrazando el roble, mejilla al tronco y al llanto.

 

 

VI

De una sola morada para los árboles de los contares

(Donde se cuenta como se unió Medardo Landon a la iniciativa del doctor para autopublicarse ambos, las novelas que les ignoraran los premios y las editoriales)

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El mördyn, conmovido por el canto y sin hallar como honrarlo,

Recogió la espada del cuerpo de la sirpe y la limpió en su capa.

“Aquí la tuya, hermano Fledjar. Que sea para sembrar semilla del Crolianar”,

“!No te me advengas tan a la sombra!”, díjole el rey respingando sorprendido,

“Pero es tal tu sigilo y tanto tu lay, que ahora te conjuro, hermano mördyn,

no tengo tiempo ya para ver sembrar y ver crecer la semilla de mi cuento,

más de portentos tú habrás visto ranas libertadoras y pókares de cuatrillizos,

¿Me ayudarías, hermano, a buscar como sembrar entero este árbol

en otro allende y cómo atar en un sólo soto otros árboles en limo escritos?

¡Porque así podríamos tener un bosquecillo de contares y

Que sea su hojarasca, río abajo, ayeres finos para los más.

¡Anda! ¡Saca tu oficio y metichéz y colectemos un bosque de renombre!”

 

 

VII

El Lobo de nueve oficios

(Donde se cuenta cómo fue que se unió al proyecto de la editorial el economista y gestor Ángel Roberto Flores Durán, conocido por sus amigos como “El Lobo”)

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Quedándose el rey Fledjar a cuidar y restañar la herida del roble,

ël mördyn bajó pensativo la colina deambulando toda la noche,

escudriñando las leyendas de portentos que pudieran dar la traza,

a los más, acuñando la idea de amistarse de un gigante cordial

que se amarrara al cinto y al lomo enormes ollas y macetas

para sembrar a los árboles contares y llevarlos juntos al mañana.

Y así lo encontró pensativo comiendo queso en un arroyo

una mañana de sol y bruma al viento, un viejo amigo astuto,

El Lobo, le llamaban, obvio can que andaba en dos patas,

vestía túnica azul, gaita de vejiga y espada buena al cinto.

A medias bardo, a medias mago, a medias sacerdote de tres dioses,

amigo de gnomos burócratas y de cierto gran regateador.

 

 

VIII

La gran tortuga ghalatta

(Donde se cuentan las gestiones administrativas del licenciado Flores para formar la editorial de forma oficial, como una empresa capaz de emitir libros formales al mundo y de atender otros negocios pertinentes al ramo)

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“Vaya empresa de ingenios que requisitas, hermano mördyn”

Dijo el Lobo: “Y con alegría ayudaré al ayudante del viejo Fledjar,

¡Pero cesa el plan del gigante, que es un esperpento de mil errores!

Y escucha este otro proyecto que se desenrrollará en nueve lunas!”

Y así subió El Lobo a la colina en ruinas junto al Crolianar y al rey,

a tomar gaita, cerveza, pipa y dados para su invocación,

Porque comenzó a despertar a una ghalatta de otrora olvidada,

una de aquellas enormes tortugas y pequeñas fastitocalones de tierra

que suelen parecer colinas o islotes repletos de helechos y de aves,

invocando a una de nombre Aralain, a que viniera a recoger al Crolianar,

convenciéndola con buenos chismes y chistes de asteroides romanceros

 de recoger sobre su lomo los árboles de leyendas en querencia.

 

 

IX

El árbol petrificado del manco

(Donde se cuenta como entonces el dramaturgo Martín López Bríe, otro más otro tanto largamente conocido, tomó el riesgo de arrojar su dinero al pozo de la incertidumbre para que su novela “El Señor de la Tormenta” fuera el producto fundacional de la editorial)

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Y como la invocación de la ghalatta muy larga sería,

ël mördyn fue a buscar otro árbol que amistara con el Crolianar en verso.

Y tras mucha bruma encontró anegado a la orilla de un gran lago

los restos de un árbol petrificado, alcanzado por un rayo antiguo,

donde en el limo se contaban las crónicas del manco Coriambo

Cuando ël mördyn comenzó a leer en él, despertó la lluvia.

Cuando ël mördyn se enteró del Señor de la Tormenta, crujió el trueno.

Cuando ël mördyn se enteró de la rebelión contra los trasgos tiranos,

Un manco en harapos y espada se arrastró fuera de un agujero en el árbol,

perseguido por un trasgo gris, agrio, alto, escueto y de sable intolerante.

Ël mördyn desenvainó la daga y junto al manco franquearon a pinchotazos

Al trasgo hasta abatirlo, no sin que antes les hiriera brazos y rodillas.

 

X

El lento despertar

(Donde se cuenta como ya listos los negativos para impresión de “El Señor de la Tormenta”, se hubo de retrasar la impresión no menos de diez meses hasta que se completara el trámite de registro de la empresa y se obtuviera el derecho al ISBN del libro, durante meses repletos de sin sabores y hostilidades)

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Tendido el trasgo, el manco contó su desconsuelo entre las ramas rotas

Y, montaraz de biblioteca como ël mördyn, se hallaron extraños muy comunes.

De tal traza que al acto accedió Coriambo a que el árbol de su leyenda

Se uniera al soto del Crolianar para escudriñar futuro de follaje trenzado.

Y allí lo dejó ël mördyn a la espera, siguiendo su ruta exploradora,

Porque El Lobo seguía cantando, seguía invocando, seguía siendo,

Pero la tortuga ghalatta de tierra era lenta, muy lenta en despertar.

Soplaron las flores y las nieves hojarascas hasta que la ghalatta parpadeó.

Se alzó la nieve con jauría de lobos con ojos de bullente electricidad,

Acosando al rey Fledjar que se defendió de espaldas al roble Crolianar,

Aterrido, Coriambo trepó a las ramas petrificadas a morar entre ladridos

Y corrió ël mördyn, perseguido, aullando la muerte de su padre.

 

 

XI

La barca y colina ghalatta

(Donde se cuenta como, al obtenerse el formal registro de “Producciones Creativas Aralain S.A. de C.V.”, al fin se reactivó la gestión editorial para que “E Señor de la Tormenta” tuviera su feliz encuentro con sus lectores)

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Y, entre las flores glaciares la ghalatta Aralain despertó.

Se arrastró como una pequeña colina entre la foresta

hasta alcanzar por debajo las ruinas de la torre De Antor

y llevarse consigo en gran asombro, la cima, al rey y al Crolianar.

Bogando entre la maleza con inaudita destreza hasta el lago,

tomando consigo al petrificado árbol de Coriambo entre truenos,

y hundirse en las aguas para atravesar la bruma hacia los mares.

Y allí van ahora el rey, el lobo, ël mördyn y el manco,

viajando como un navío de pequeña loma con bosquecillo y ruinas,

a la zaga de otros árboles, otros contares, para su foresta de leyendas,

que cante sobre aquellos  otroras y allendes dispersos e insospechados,

que cuentan las crónicas de la lluvia imperecedera del limbo.

 

 

XII

De los prontos allendes

(Donde se cuenta del tallo y linaje de los colaboradores iniciales más cercanos a Producciones Creativas Aralain: el ilustrador Sergio Bordón, el fotógrafo Marco Lara, el poeta Bermeo Picone y de las próximas publicaciones que se atisban: “El duende de los tres deseos”, póstumo de Jorge Maza y la novela “La Biblioteca: El Libro de la Dama”, de Medardo Landon)

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Y allá yendo ya, la ghalatta Aralain, otros marineros se han unido

A la tripulación que navega los mares del improperio y la oportunidad:

Bordón-Bastón, el pintor de los óxidos del linaje de sur, cabeza abajo,

Que las letras capitulares y cubiertas de libros jardineréa con sus colores.

Un alquimista de la luz y las sombras, Ciro de Yorikia el muy escrutante,

Que atrapa en cristales instantes para compartir en orbes de bolsillo.

Un aeda pendenciero y de muchas damas y botellas recorrido,

Que los poemas dispersa entre las aves, anunciando el paso de la ghalatta,

Y media docena más que ya atisban su propio mote en el mismo norte.

Boga ahora la ghalatta Aralain buscando al duende de los tres deseos en un pino,

Y ël mördyn al fin se atreve a su esperanza más entrañada que huele a hadas:

La Biblioteca en un fresno, donde hay hadas en los libros y libros en las hadas.

***

PRÓXIMANTE: La versión imaginaria de las imágenes, por el artista plástico Ari Aboytes Cortpes (Argahen) !No tarde en clickearnos!

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Medardo Landon

Medardo Landon Maza Dueñas, escritor mexicano de Faerië

(Entrevista de la escritora Samantha Grisel Ugarte Jusepe a un servidor sobre mis orígenes como escritor, proceso creativo y mi afortunado encuentro con la carrera de Creación Literaria en la UACM)

  1. Primero me gustaría saber a qué edad te diste cuenta de que querías ser escritor de profesión

Yo como muchos niños,  pensaba todo el día en dinosaurios, amaba desde entonces profundamente a todos los animales, me  atraían los reptiles e Indiana Jones fue mi ídolo infantil más importante (¿No se me nota?), así que me vislumbraba a futuro como una especie de Indiana Jones zoólogo o paleontólogo.

Pero un día de 1987 mi padre llegó a casa con un libro juego llamado Las Cavernas del Terror ¡Que un amigo suyo a su vez se lo había dado porque no sabía si era apropiado para sus hijos!… Aún recuerdo el sol en la puerta y yo bajando de las escaleras, cuando me extendió el libro… Lo abrí y no hubo vuelta atrás. Yo era un caballero –me decía la segunda persona de la narración- y de pronto no era sólo ese libro, sino los demás de esa maravillosa colección que Timun Mas tradujo en los años 80… Esa fue la primera navidad en que no pedí juguetes, sino más libros… Y como la línea editorial de esos libros estaba inspirada en el juego de “Calabozos & Dragones”, a su vez inspirada en la obra de Tolkien, pues resultó que esos libros estaban repletos de elfos, enanos y hobbits y, otro día mi padre me llevó la Revista de Revistas sobre un señor que “Había inventado la lengua de los elfos”. Ése fue un gran ¡¡QUÉ!! En mi vida. Fuimos a la Gandhi. Desde Texcoco por entonces era un viaje laaaargo y especial. Fue lo primero que conocí de la Ciudad de México. Me compró los primeros libros de Tolkien y decidí, desde ese momento hasta entonces, que dedicaría mi vida a estudiar esos libros. Así fuera lo único que hiciera, tenía una resuelta convicción al respecto.

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Y luego comencé a leer toooodo lo que me pareciera medieval o fantástico y así comencé un largo viaje hacia las mitologías del mundo y la literatura de la antigüedad… pero no necesariamente a escribir. PERO los libros de fantasía eran caros y, tarde o temprano me leí todos los que tenía a mi alcance… así que si quería más de hadas y dragones, sólo había una solución: Debía escribirlos yo… pero ¿estaba preparado para ser escritor con la misma convicción que ser lector de Tolkien?

“¿Cómo sabes que quieres ser escritor?” le pregunté a mi padre, “Si un final no te gusta y crees que tú podrías hacerlo mejor” me respondió. Y vaya que sí había y hay muchos finales con los que no estoy a gusto. Quizá es en el fondo, la razón principal de mi pluma actual: buscarle un mejor final a todo, comenzando con lo que puede tener sentido entre mis manos: Mi poética. Final de esperanza; sino ¿para qué intentarlo?

Y así fue como decidí que también me llamaría Landon: como el caballero elfo de ese primer libro juego . Aunque hobbit es lo único que soy. Un hobbit con nombre de elfo.Me nombré como habitante de Faerie porque ahora iba a ser un escritor. Medardo Landon.

Ah. Aún no he respondido la pregunta. Ése libro lo leí en 1987 cuando yo tenía 13 años. Lector tardío si consideramos que fue el primer libro que leí completo en mi vida. Ese mismo año comencé el primero de numerosos cuentitos pastiche que marcaría esas primeras jornadas de escritor hasta emprender una pieza literaria verdadera, hasta 1993, pero esa es otra historia.

  1. ¿Nos puedes contar un poco de cómo es tu proceso creativo?

Los procesos creativos de los artistas son una de mis fascinaciones máximas. Suelo ver en las películas en mi casa, todos los detrás de las cámaras posibles y voy preguntando siempre aquí y allá a escritores, pintores, músicos o lo que sea, cómo es que ocurre en fenómeno en su psique.

Como escritor, estoy justo del otro lado del escritor que se deja llevar por lo desconocido y que va descubriendo la historia mientras conjuga en tinta o teclado. Casi el 60% o el 70% de mi labor de escritor es la “investigación” previa.  Investigación que va de lo real (por ejemplo, años y años a saber del folklore de las hadas, sobre los celtas, sobre los dragones, sobre la Ilíada, sobre la Era de Juárez o Aztlán) y, al mismo tiempo la “investigación” tipo Tolkien, buscando “descubrir” en mi propio universo narrativo, los misterios de la historia mítica ficticia; y para ello elaboro docenas y docenas de mapas mentales, mapas de la geografía imaginaria y, sobre todo y esencialmente, resúmenes. Ése es el corazón de mi proceso.

Es decir, una vez vislumbrado el proyecto de una novela, acudo a mis libretas de notas, les saco copias a los fragmentos que creo pueden resultar pertinentes y con ello comienzo a elaborar diagramas de la trama, concentrándome de antemano en discernir el objetivo narrativo central de cada capítulo, para no desviarme en la fascinación de los detalles del universo narrativo, y a un tiempo comienzo a apuntar el tipo de estilo, de efecto literario, de voz narrativa, de guiño de meta-literatura, de capas de significación, del ritmo que debe implementar y, como si fueran lonjas en un torno de tacos al pastor, todas estas capas las comienzo a insertar en el eje del objetivo narrativo del capítulo; y entonces y sólo hasta entonces, comienzan los resúmenes y resúmenes y resúmenes, buscando que cada vez sea más detallado, buscando los huecos de mi investigación, de mi imaginación, de lo que tengo que leer de literatura, de historia, de los museos o lugares que tengo que visitar. Y este proceso puede llevarme años en un sólo proyecto. Veinte para iniciar mi novela de La Rana Libertadora, por ejemplo. Seis para Hadas en Chapultepec. Ahora mismo, mientras escribo una novela, corrijo otra y estoy por empezar una novela corta –esas me salen más fácil y rápido- estoy colectando y preparando material para otra novela cuyo borrador escribí en 1992 y que quizá emprenda en prosa hasta dentro de cinco años… o más.

Mapas & Lunita

Pero esto es apenas el 60% o 70% y, pese a lo que suene, es laborioso, sí y tardado, muchísimo, pero me resulta muy fácil de hacer. Y sobre todo, muy entretenido. Por eso traigo mi libreta a todos lados desde 1992 y escribo en el microbús, en el metro, en la clase, en las conferencias, en la cola de las tortillas, en las reuniones familiares. Quien me haya visto escribir por aquí y por allá, las más de las veces no estoy escribiendo propiamente nada  de prosa poderosa e inspirada, sino notas y notas, resúmenes sobre resúmenes, en libretas que busco sean de forma francesa, para que me quepan en el morral, de pasta dura, para que me aguanten, de cuadro grande, porque tengo la letra chiquita. Voy en la libreta número 99 en estos momentos.

Y entonces,  cuando los resúmenes, como un techo inundado que termina por desfondarse sobre la casa, de pronto la nota cernida y cernida con disciplina, en el cansancio, como juguete, en el baño; cuando DE PRONTO la única forma posible del siguiente resumen es la prosa poética de lo que ya será la novela… entonces me detengo.

Me detengo porque el siguiente proceso es la razón de ser escritor. El paso que sigue es la experiencia más hermosa que me he dado a mí mismo en la vida. Lo siguiente es, ahora sí, sobre los resúmenes, invocar lo ignoto. Descubrir al escribir,  sólo las palabras conjugadas sobre la trama, en la risa de los personajes que me mueven al llanto en el transporte público, cuando de pronto la evocación e invocación de las atmósferas hacen que olvide donde carajos estaba y qué hora es y quién soy yo, cuando aparecen ahora sí, los personajes que jamás imaginé con ningún resumen, la metáfora que jamás pude haber conjugado salvo en el bosque de ese fuego de letras; es cuando me tengo que detener.

Porque es extremadamente agotador. Porque puede que tenga una labor académica o familiar o laboral que requiera mi atención y, una vez que empiece, no hay vuelta atrás: No llegaré a tiempo a ninguna clase. No llegaré a tiempo a trabajar. No llegaré a casa a tiempo; terminaré en una banqueta, en una estación de metrobús, en un parque ignorando a todo y a todos mientras Medardo ha desaparecido y soy tan sólo Landon, el hobbit, el mördyn, el duende patón y criatura de los arbustos, testigo y cronista de lo que tengo que legar de Faerie.

Y, así, concluido el capítulo, iniciar de nuevo. Paso a paso. Pieza a pieza. Escribiendo diario nota esperando el día que toque a la prosa poética y a la lírica narrativa llevarme de nuevo a Faerie para traer de allá, la lluvia de cristal verde de relatos para los más.

Después del borrador, seguirán la transcripción a Word, imprimir y corregir, imprimir y corregir… durante meses, durante años, más aún si tengo varias novelas en camino como ahora… Esa parte puede parecer tediosa pero es sorprendéntemente alegre: es cuando uno se sorprende de la palabra invocada y, sobre todo, junto a los resúmenes, es laborioso pero fácil. No hay nada más difícil para mí que invocar la palabra verdadera. Y no hay nada más hermoso en mi profesión tampoco.

De la carrera

  1. ¿Cómo te enteraste de la UACM y por qué quisiste estudiar aquí?

Después de haber intentado en la UNAM por más de 10 años de pagar el 26 % de materias mientras algunos profesores y muchos compañeros me trataban cuando no con condescendencia, con franca hostilidad y desdén por querer dedicarme a Tolkien –que para ellos en los años 90 era como querer estudiar a Stephany Meyer de Crepúsculo-, abandoné el proyecto de estudiar y me dediqué a vagar y trabajar de cosas diversas y dispersas entre aventuras urbanas y desventuras rurales.

Años más tarde, en 2005 mi mejor esperanza como escritor era conseguir un trabajo de burocratillo en mi pueblo, en Texcoco y escribir en mis ratos libros. Fue mi padre el que me llevó el tríptico sobre la carrera de Creación Literaria y no pude creer lo que veía: una escuela pública. Una carrera para ser novelista. Materia del Quijote. Materia de Novela I,II, II, IV… Presenté mis papeles y no me quedé en el sorteo, lo cual me sirvió de pretexto para boicotearme, porque por entonces estaba recuperándome de una larga y angustiosa enfermedad y estaba aún débil y asustado en mi pueblo, habiendo abandonado la vida previa que había tenido, pero sin atreverme a emprender una nueva vida.

Pero me hablaron en 2006 de la UACM para decirme que ya tenía mi lugar. Me llené de terror. Y envenenaron a mi amado perro genio Reynaldo (Al que hice personaje de mi novela Hadas en Chapultepec, por cierto) que murió en mis brazos el 21 de septiembre de 2006 y que era mi pretexto para no querer salir de mi pueblo: lo habrían matado otros perros sin mi protección.

Pero ya sin Reynaldo, volví a la ciudad. Entré a la UACM. En un año había publicado mi primer libro. Al segundo año conseguí las clases de Creación Literaria para niños en el DIF-DF que aún imparto. Tardé siete años en completar la carrera, paso a paso, trabajando y estudiando.

UACM_Del Valle

  1. ¿Cómo te titulaste?

Cuando yo entré a la carrera, ciertamente llevaba 19 años escribiendo. Había terminado recién mi primera novela seria, La Biblioteca, que tarde 14 años en escribir –y que publicaré este año en mi nueva editorial- pero era, en muchísimos sentidos, un profesional salvaje. Sólo y gracias a la carrera y mis profesores comprendí lo que llevaba haciendo empíricamente y descubrí las inmensas potencias de todo el espectro de los géneros literarios –la poesía y el ensayo me son particularmente entrañables- y, más aún, del circuito del libro.

Así pues, fui construyendo mi proyecto de titulación, del mismo modo que elaboro mis novelas: desde la mitad de la carrera vislumbre mi proyecto de titulación y procuré que cada uno de mis trabajos de certificación apuntaran en esa dirección para poder emprender ese ensayo de largo aliento que tendría que ser un inmenso privilegio: poder hablar y hablar y hablar sin parar sobre mis libros y sobre lo que me inspiró a hacerlos y sobre los recursos estilísticos que los conllevan. Me daba culpa de lo bien que me la pasaba hablando de mis letras y de sus fuentes.

Así, mis cuatro libros de las Gestas Oníricas de las Colinas Evanescentes, las propuse a proyectos estudiantiles y luego logré publicarlos en Delfín Editorial un par de años antes incluso, del examen de titulación. Tan sólo con vislumbrar a tiempo, disciplina y amar la palabra propia.

"Póquer de cuatrillizos" novela de fantasía para adultos de Medardo Landon Maza Dueñas.

  1. ¿Qué es lo que más te ha ayudado, de la carrera, en tu vida profesional?

¿Lo que más? Los dones y bendiciones del universo:

La mujer extraordinaria que me ama como soy y que me da el respaldo de no sentirme hueco para poder emprender las palabras y que, es hada musa omnipresente en casi toda mi obra.

La familia cabal y académica que me dio desde niño el respeto y amor al conocimiento y a  los libros, al mismo tiempo que el respeto y amor a mis semejantes y que me permitieron curiosear y salir a buscar el mundo sin mayores heridas emocionales.

Familia Mazdue

A mi padre por supuesto; tres veces y por siempre. No sólo por lo concerniente a mi formación y guía juvenil literaria, sino como un patrocinio verdaderamente completo de la “Fundación Jorge Maza” que me permitía usar su cubículo para escribir mi tesis, que me daba de comer cundo venía a clase, que podía tenas de humanidad con el café de al tarde para cernir muchas de los temas académicos que me requeriría mi proyecto de titulación, mi carrera, los siete años difíciles y maravillosos que duró mi carrera.

 

Ah, por supuesto, mis profesores. Faro y espejo del conocimiento, descubrimiento, generosidad y cordialidad. Es todo un don.

Y la UACM como institución. Por la existencia de la carrera, por el personal de Espacio Estudiantil, por los Proyectos Estudiantiles, por la beca, por el apoyo para imprimir la tesis, por proporcionarme un proyecto de vida tan hermoso.

De la profesión

  1. ¿Cómo conseguiste tu primer trabajo relacionado con la literatura?

A finales de 2007 el jefe de gobierno del DF, Marcelo Ebrard, implementó el programa de Niño Talento en el que se les otorga una pequeña beca a los alumnos de primaria y secundaria de escuelas públicas con promedio de 9 y 10, y se les da, una vez a la semana, una clase que puede ser de computación, inglés, deportes, teatro, música, ciencia, artes plásticas, danza o creación literaria. Para conseguir a los profesores para atender a casi 100,000 niños en los 56 centros DIF de la ciudad, el gobierno de la ciudad convocó al Poli, a la UNAM, a la UAM, al CUT, para llamar a sus filas a profesionales del rubro.

Para creación literaria se llamó a SOGEM primero, que cogió los 30 puestos viables y a la UACM, donde Oscar Martínez Vélez consiguió 5 puestos de profesor. Así que el Gargolario dio un curso especial para enseñar creación literaria a niños a casi 50 postulados de donde, tras un examen, escogieron a 5, de donde tuve la fortuna de ser uno de ellos.

Al día de hoy, en el programa sólo quedan 15 profesores de creación literaria. 12 son de la UACM. Yo fui uno de ellos.

  1. ¿Y cómo fue el proceso de publicación de tu primera obra?

Una serie de acontecimientos afortunados que me tendieron una oportunidad a la que me aferré con ambas manos: El ex esposo de hermana trabajaba de ilustrador en Delfín Editorial. Un día en la editorial publicaron un libro de temas fantásticos que no satisfacía al dueño. Mi padre le habló al dueño de mí, como experto en el tema. Me hablaron para corregir el libro. Era pésimo. Para corregirlo, había que reescribirlo “¿Y cómo lo harías tú?” Me preguntó el dueño.

Y mi respuesta fue proponer, no mis libros ya escritos (ya tenía terminada mi primera novela que lleva 11 años concluida y sin publicar aún… pero ya pronto, sino el año que viene) sino sintetizar en vocabulario de libro de divulgación, un poco de información de criaturas fantásticas que combinaran mis investigaciones de literatura y mitología con mis propias propuestas de universo fantástico que llevaba para ese momento 19 años en marcha. Así salió Hadas: Damas de Poder. Me pagaron tan sólo 1,800 $ por escribirlo. Gustó. Me pidió los otros 3 libros del ciclo y me gané la confianza del dueño de tal guisa que a todo lo largo de mi carrera me insistió que me fuera a trabajar con él y, así, cuando concluí mis créditos, además de dar clases me integré a su editorial donde tan generosamente me extendía las puertas.

HADAS: DAMAS DE PODER por Medardo Landon Maza Dueñas

         Así que, ya de pasante, en los dos años del proceso de corregir mi tesis y registrarla, fue que Delfín Editorial publicó los 4 libros más de mi proyecto de titulación.

  1. ¿Qué consejo nos darías a los estudiantes de Creación para sacarle máximo provecho a la carrera?

Que en cuanto antes comiencen a plantearse su proyecto de titulación y que busquen que todos sus trabajos de certificación apunten en esa dirección, tomándose en serio a ellos mismos como escritores y como académicos. Si ellos mismos no se convencen de su propio amor al oficio, no hay mucho que hacer, pero si se entregan a las letras sin mirar atrás, de poco a poco las oportunidades tomarán su lugar frente a ellos.

Inicio Señor de los Anillos

Zen en el arte de escribir

 

Todos los hombres son intelectuales.

Cada hombre despliega una cierta actividad intelectual,

 o sea, es un “filósofo”, un artista y participa en la concepción del mundo.

 

Antonio Gramsci, Cuadernos de la Cárcel

 

 

Parafraseando al gran Antonio Gramci, no hay tal cosa como la necesidad de que “unos siembren papas, para que otros puedan sembrar ideas”; todos somos seres culturales y el arte es un derecho humano de expresión.

No obstante, en la docencia enfocada a las humanidades y, en particular a las letras, surge una pregunta ante la vulnerabilidad de preparación de los estudiantes de educación básica y media: ¿Cómo enseñar a escribir sobre sus propias experiencias y emociones a una persona que no tiene el hábito de la lectura?

Considerando los modelos de comunicación Mario Kaplún[1], los jóvenes de las escuelas públicas se encuentran en nuevas encrucijadas y dificultades educativas y un breve diagnóstico quizá también nos arrojen algunos espacios de oportunidad.

Atendiendo a los tres elementos fundamentales de Emisor, Mensaje y Receptor, el primer modelo de énfasis en el mensaje, en el que el Emisor es el único legítimo dueño del contenido y el Receptor se limita a ser tan sólo el decodificador de la información, suele estar presente durante la mayor parte de la formación de los alumnos, muchas veces en hogares donde la autoridad es quién da las instrucciones sobre cómo se debe vivir, sin espacio a la negociación o a la discusión: “y tú te mandas sólo hasta que te mantengas, pero esta es mi casa”; podríamos resumirlo.

Una relación similar de comunicación unidireccional ocurre en el salón de clases donde muchos profesores se encuentran con el reto de lidiar con grupos de 40 o 50 alumnos, ya sea repletos de la energía infantil de la primaria, en plena efervescencia hormonal en la secundaria o ante el muro de rebeldía de la preparatoria y, encima, tratar de cumplir con programas que no suelen tener la flexibilidad de adaptarse a la población a la que se imparten. En consecuencia, es común que el control de grupo se imponga sobre las estrategias pedagógicas y que sea el maestro el único Emisor autorizado en las aulas.

El segundo modelo de comunicación que tiene su énfasis en los efectos del Mensaje con la clara intención de moldear, influir o, si se quiere, de manipular al Receptor, rodea a los jóvenes con toda ubicuidad, sobre todo en las poblaciones urbanas, al encontrarse rodeados diario y en todos los aspectos de su vida, de publicidad en las calles, comerciales en televisión, salas de cine, redes sociales y hasta en los celulares; situación todavía más delicada cuando las televisoras abiertas de nuestro país suelen transgredir su original objetivo de concretarse al modelo 1 de tan sólo informar, y que en las últimas décadas han tomado partida directa en la política, con lo que el énfasis de la manipulación mediática incluirá rápidamente a los jóvenes en edad de votar, en nuevas clientelas del tan inquietante “producto” de la política.

El modelo 3 intersubjetivo de la comunicación, otorga la esperanza de una vida pública donde las relaciones humanas se restablezcan con la reciprocidad entre Emisor y Receptor, como interlocutores de Mensajes que puedan constituir una existencia individual y social comunitaria; y que suelen constituir las experiencias docentes más eficaces, en las que, de manera constructivista, el conocimiento en el salón de clases se constituye a partir de la relación mayéutica entre los estudiantes y los profesores. Es el diálogo el modo más ancestral de enseñanza del pensamiento humano, tal como instaura en la tradición Platón con sus Diálogos. Es natural que, incluso en una conferencia en la que esperaríamos que tan sólo el ponente sea el poseedor del Mensaje en un modelo de comunicación 1, en realidad muchas de ellas suelen abrirse a sesiones de preguntas y respuestas que de manera natural mutan al modelo 3.

No obstante, en las redes sociales pareciera haber un cierto retroceso en este respecto.

Es innegable e inevitable que el contacto mundial a través de Facebook, Twitter, Instagram o cualquier otra red social, ha transformado la vida pública de la humanidad, sobre todo en las áreas urbanas. En 2011 le permitieron a la ciudanía del Medio Oriente librarse del modelo de comunicación 1 y 2 de los gobiernos autoritarios del norte de África, con el monopolio de la información para, a través de estas mismas redes sociales, integrarse en un colectivo de modelo 3 que permitió, sin más caudillos que la comunicación colectiva, la liberación de Túnez y el inicio de nuevos procesos políticos inéditos en Egipto, Libia y Siria.

Es innegable la potencia de las redes sociales para otorgarle el consuelo de la comunicación a distancia a numerosas familias separadas por fronteras y océanos, o la posibilidad de negocios y relaciones amorosas o amistosas de personas marginales que del otro lado del mundo encuentran a mentalidades afines; sin embargo también hay otra cara de la moneda cibernética: tal pareciera que, ante la extraordinaria posibilidad de la humanidad de una comunicación mundial con un sentido de horizontalidad donde uno y cada uno puede ser tanto Emisor como Receptor en la misma potencia, lejos de privar la responsabilidad y el respeto en las redes sociales, es frecuente descubrir que, como en la novela de El Señor de las Moscas de William Golding, muchas personas ante la ausencia de alguna autoridad o reglamentación de conducta a qué a tenerse, suele actuar con hostilidad siguiendo los viejos patrones de acoso escolar de ovacionar a las personalidades populares y agresivas, uniéndose en turba cibernética contra opositores detectados como vulnerables, algunos argumentando que “no es gente real” la que se hayan en línea, acaso sin caer en cuenta que en un futuro cercano la gran realidad social de las juventudes serán las redes sociales: allí estarán sus amigos, sus amores, sus enlaces escolares, sus vínculos académicos. Acaso no hay o habrá cosa más real para ellos que la palabra dicha y sentida en línea.

Esto por supuesto, no quiere decir que sea la única cotidianidad en las redes sociales, donde sus usuarios son Receptores y Emisores recíprocos, sino que se busca tan sólo apuntar que, los jóvenes en la actualidad no necesariamente gozan de la posible emancipación del modelo 3 de Kaplún, aun cuando probablemente escriban muchísimo más que las generaciones previas, ahora que los celulares y las redes sociales los hacen presentes a través de su palabra escrita.

Lo que nos lleva al cuarto modelo de comunicación, con énfasis en los procesos culturales,  donde los sujetos, ya sean individuales o colectivos se encuentran en una pugna por la significación; donde los espacios culturales se encuentran en constante negociación por la identidad personal, local, nacional. En una lucha por comprenderse a sí mismo en una época en la que la Historia en los salones de clases es más temida y repudiada que las matemáticas después de la continua degradación de los programas de educación pública tras las coyunturas políticas de 1994 y el año 2000. [2]

Es esta una lid que rodea a los jóvenes de educación media en la búsqueda de su identidad y de la construcción de posibles motivaciones sociales o filosóficas que les resulten más importantes que su propia cotidianidad. Es en este campo de batalla por el sentido donde puede resultar un instrumento de ayuda capital, el desarrollo de las habilidades de lector-escritura.

Los estudiantes, en tanto seres humanos, llevan consigo todos los días y a todo momento la literatura, lo sepan o no, lo quieran o no.[3] Somos una especie narrativa: los chismes tienen personajes principales, inicio, desarrollo y final. También los chistes. Decía Ray Bradbury:[4]

 

Ah, para muchos es un trabajo duro y difícil meterse con el lenguaje. Pero yo he oído a granjeros hablar de su primera cosecha de trigo en la primera granja de un estado, recién llegados de otro, y aunque no eran Robert Frost parecían su primo tercero. He oído a conductores de locomotora hablar de América en el tono de Thomas Wolfe, que recorrió nuestro país con estilo como lo recorrían ellos con acero. He oído a madres contar la larga noche de su primer parto y el miedo de que el bebé muriese. Y he oído a mi abuela hablar de la primera pelota que tuvo, a los siete años. Y, cuando se les entibiaban las almas, todos eran poetas.

Aunque no lo se sepan, quienes no tienen el hábito de la lectura, están a una esquina de papel de la libertad. De comparar su vida con la del Principito o de Ana Frank, -con los que ocurre que a veces comienzan muchos lectores adultos- y, quizá pensar “!Zaz! Quizá no me va tan mal en casa como a esta pobre niña” o al contrario “!Ey! Por qué hasta el Principito tiene un amigo de a de veras y yo no”… “Si tu vienes, por ejemplo, a las cuatro de la tarde, desde las tres empezaré a ser feliz”,[5] le dice el Zorro al Principito y de pronto este atisbo, cualquier atisbo de letras poderosas, puede ser un chispazo de condición humana en donde de pronto, palabras que escribieron personas que vivieron hace miles de años en civilizaciones que ya no existen, puede hacernos mirar nuestra vida diaria con nuevo ceño: Príamo besando las manos del asesino de su hijo para que Aquiles le devuelva el cadáver de Héctor y poder enterrarlo de nuevo; el Quijote desenvainado su espada para proteger a la pastora Marcela enarbolando el derecho que ella tiene de ser quien quiera sin tener que casarse con quien no quiera; de Pedro Páramo duro y áspero como las piedras, como todo padre que abandona, como todo gobierno que somete… Y, de pronto, cuando el joven lector vuelva a tener que tomar una decisión en su vida, quizá no se deje llevar, como en otras ocasiones, por el condicionamiento de lo que le parecía estaba obligado en su vida; acaso si comparando su vida con la de sus lecturas, critica su devenir y toma otras opciones que las que le parecían predestinadas, la condición humana de la lectura le ha extendido una llave hacia la libertad.

Quizá, si. Pero… ¿Cómo comenzar a extender el hábito de la lectura entre estudiantes cuya dimensión y horizonte es su celular y sus compañeros y no parecieran querer hallar más que ellos?

Italo Calvino decía[6] que más valía una buena lectura de un mal libro, que una mala lectura de un buen libro. Y añadía que todo lector tenía el derecho de abrir 100 libros y volverlos a cerrar. El derecho a no leer lo que no se quiere… porque ya llegaría el libro 101 a cambiarle la vida al lector…. y Proust quizá añadiera que hay 3 libros que nos esperan para cambiarnos la vida.

Es decir, en el tema del fomento a la lectura, probablemente es preferible que cualquier joven empiece por donde pueda, por donde le alcancen sus circunstancias aunque sean letras que el canon no considere arte por ningún rincón; por supuesto que las generaciones que comenzaron con Dumas, Verne, Salgari, sin duda invitaron a otros libros a su vida, pero hoy en día la oferta literaria de las librerías depende de factores más emparentados con la publicidad del 2 modelo de comunicación de Kablún. Empero, si es Crepúsculo, Las 50 Sombras de Grey, Divergente o el Caballero de la armadura oxidada; acaso le corresponderá la oportunidad al profesor, al facilitador del conocimiento en el modelo 3 de diálogo entre los dos Emisores-Receptores (Emirec), develar lo que el alumno no sabe que sabe: que las estructuras arquetípicas del Viaje del Héroe y la armonía estética de Aristóteles, se encuentra imbuido detrás de todas las telenovelas, detrás de todas las caricaturas, detrás de todas las películas e incluso detrás de todos los juegos de computadora.

Puede ser entonces en el aula o en una simple plática peripatética, que el profesor abra la nuez sagrada de los recursos literarios, para que el alumno pueda analizar sus propias lecturas con nuevos ojos y cernir nuevas posibilidades de interpretación de sus libros y hambriento de curiosidad, pasar entonces de Crepúsculo a Drácula de Bram Stocker, de Las 50 Sombras de Grey al Marqués de Sade o de Divergente a Canek, de Ermilio Abreu.

Y quizá entonces, develada la cortina de los más básicos recursos literarios detrás de La Rosa de Guadalupe, de Halo, de los Avengers o Freddy Krugger, sepa entonces el alumno que, aún sin haber leído, es un experto en la función dramática de los triángulos amorosos, en la eficacia de la acción de guerra o sexual para agilizar una narración y que los diálogos internos de los Caballeros del Zodiaco son, por una parte quizá el primer escalón para Kafka o el eco de la retórica de Homero ante los campos de Troya.

Ese puede ser el momento en que el Mensaje tenga su forma más inspiradora de la mano del profesor Emisor, porque quizá entonces, quizá, cuando el alumno sienta por un momento su condición humana bullirle y necesite darle un nombre y un lugar a su rabia, a su humillación, a sus celos, a su deseo, a su enamoramiento, a su vulnerada autoestima, que sepa que Gramsci tenía razón.

Y que no se trata de estudiar literatura para ser escritores.

Y que no se trata de escribir necesariamente para publicar.

Sino porque pueden significarse.

Sino porque tienen derecho a curarse el alma simplemente diciendo lo que son.

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                                                           BIBLIOGRAFÍA

 

BRADBURY, Ray, Zen en el arte de escribir, Minotauro, Barcelona, 1994.

 

CALVINO, Italo, Si una noche de invierno un viajero, Siruela, Barcelona, 1992.

 

GRAMSCI, Antonio, Cuadernos de la Cárcel: Intelectuales y la organización de la cultura, Juan Pablos Editor, México, 2010.

 

MANGUEL, Alberto, Una historia de la lectura, Joaquín Mortíz, México, 2006.

 

KAPLÚN, Mario, “Modelos de educación y modelos de comunicación”, en El comunicador popular, Lumen-Humanitas, Argentina,1996.

 

SAINT-EXUPÉRY, Antoine de, El Principito, Porrúa, México, 2012.

[1] Mario Kaplún, “Modelos de educación y modelos de comunicación”, en El comunicador popular, Lumen-Humanitas, Argentina,1996.

[2] Simplemente ya no existe para muchos de ellos, para dar un ejemplo, la pugna por la historiografía liberal contra la historiografía conservadora que determinó las identidades de nuestro país desde su fundación y que aún ahora se hayan presentes en las coyunturas políticas y sociales de nuestro tiempo.

[3] Alberto Manguel, Una historia de la lectura, Joaquín Mortíz, México, 2006.

[4] Ray Bradbury, Zen en el arte de escribir, Minotauro, Barcelona, 1994, pg. 18.

[5] Antoine de Saint-Exupéry, El Principito, Porrúa, México, 2012, p.71

[6] Italo Calvino, Si una noche de invierno un viajero, Siruela, Barcelona, 1992.

Anakin

En tanto Star Wars como fenómeno de mitología mundial mediática, es un honor presentar los siguientes artículos al respecto del EPISODIO VII del siguiente muy queridos colaborador:

RODRIGO MARTÍNEZ PEÑA Egresado de la Asociación Mexicana de Cine Independiente, Biólogo de la Facultad de Ciencias de la UNAM, estudiante de Maestría en el Centro de Resiliencia de Estocolmo, y narrador en juegos de rol.

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Este texto es una respuesta a aquellos que consideran que “The Force Awakens” es un obsesivo reboot involuntario, o una mezcla entre reboot y remake. Pienso que quienes la han denominado así, lo han hecho como una forma de evidenciar el fracaso de la secuela, pero a mi parecer no han sido suficientemente explícitos. Por ello escribo este breve análisis con el deseo de que se sume al descontento colectivo y que redunde en un nuevo remake redentor del Episodio VII de J.J. Abrams. Los argumentos que usaré, son primordialmente narrativos.

Bastantes críticas se han hecho ya al trabajo de los coescritores J. J. Abrams, Lawrence Kasdan y Michael Arndt, de manera que no me adentraré en el tema de las fuerzas mercadológicas que moldearon el guión en un intento de destilar una “receta del éxito” de Star Wars, y aplicarla para perpetuar ingresos millonarios en la nueva edición de la franquicia. Andrew O`Hehir, un columnista estadounidense que detalla la excesiva similitud que Episodio VII tiene con las anteriores películas, me hace pensar que en la mente de los productores debió surgir una receta que decía algo así como “ponga un huérfano en el que la fuerza es intensa y hágalo habitar en el desierto, agregue un droide con un mensaje secreto, integre un antagonista enmascarado con voz distorsionada como parte de un ejército de apariencia nazi cuyo líder es un anciano espectral, ponga una porción de pilotos extraordinarios que a bordo de X-wing entran al corazón del arma del mal, espolvoreé una pizca de viejo Jedi exiliado en un planeta lejano, bata una relación de padre e hijo al punto de la confrontación, agregue actores de las películas anteriores para que adquiera consistencia y mezcle todo al ritmo de la música de John Williams”.

Si bien estoy convencido de que se intentó aplicar una fórmula, me gustaría dar mi aporte a la crítica colectiva pidiéndoles que observemos la coherencia del guión. En especial, en la evolución de los personajes y de la trama general.

Cualquier escritor de guión o novela durante sus primeros cursos, aprende la importancia de que los personajes evolucionen. Pensemos en una película de nuestra preferencia y será muy clara la importancia, en la Historia Sin Fin, Sebastián se atreve a creer que el libro que está leyendo habla de él mismo, en Matrix, Neo debe decidir si abandona o no la cómoda vida que conoce, o si prefiere enfrentar una realidad desalentadora, en Kung Fu Panda, Po adquiere autoestima después de un entrenamiento que lo lleva a enfrentar a un enemigo que es tremendamente superior.

Parte de la grandeza de los episodios IV, V y VI, fue la capacidad de sus escritores para crear personajes entrañables y hacerlos evolucionar ante nuestros ojos. Se nos mostró a un Han Solo que es un mercenario independiente que evoluciona para formar parte de la rebelión contra el imperio, a una Leia Organa como una de las cabezas de la finalmente triunfante Rebelión que se enamora de alguien de otra clase social, y nace un incipiente romance entre ambos.

¿Qué sucede con la evolución de estos personajes en Episodio VII?. Han Solo sigue perdiendo al Halcón Milenario y contrayendo deudas con bandidos espaciales como parte de una vida de forajido, y la princesa Leia sigue al frente de una Rebelión que ya había triunfado, y su romance se encuentra estacionado en el mismo nivel de relación.

La omisión del crecimiento de estos personajes es un desperdicio narrativo, había todo un universo de posibilidades para explorar. Las más obvias eran que Han Solo se volviera el máximo general de los rebeldes, que la princesa Leia asumiera su posición política de princesa en la reconfiguración de la República y desarrollar su potencial como una Jedi encubierto, y mostrar que tremendas personalidades hacen equipo en un romance maduro. Pero esta es sólo una de muchas otras opciones de evolución que pudieron haberse explorado. Pero se optó por dejar las cosas como se habían visto aunque fuera antinatural, para garantizar que la fórmula del éxito funcionara.

Encima de que estos personajes fueron despojados de su crecimiento y, por lo tanto, fue como si su historia se hubiera ignorado. En cambio, otros personajes sufrieron cambios inverosímiles. Claro que es posible plantear que Luke Skywalker se autoexilie después de fracasar como maestro de su sobrino, pero hay que considerar todas las implicaciones que eso tiene. En primer lugar, hablamos de un personaje que después de un largo entrenamiento de autocontrol encaró con compasión al mal personificado en la figura de su padre al que pudo tenerle resentimientos por abandono, pero en lugar de matarlo, controló su ira y odio para perdonarlo. ¿Es posible que un personaje así, abandone a su hermana y amigos en la lucha contra el Primer Orden, porque no soporta la culpa de haber entrenado mal a su sobrino? Más aún, ¿es posible que Luke, como Jedi que conoce el abandono pero a la vez entiende el concepto de familia, sea incapaz de entrenar a un niño al que lo abandonó su padre? ¿Es posible que incurra en el mismo error de Obi Wan Kenobi cuando cuenta con su sabiduría, la de Yoda y la de Anakin mismo, en forma de fantasmas consejeros?. Por supuesto que es posible, pero era necesario que se cuente la historia que lo produjo. Por ejemplo, es posible que un asesino se vuelva buena persona, pero es necesario que veamos que él cree haber experimentado una intervención divina en su vida (Pulp Fiction).

Este ejemplo también muestra lo necesario que resultaba describir cómo es que un personaje que es un storm trooper, decide dejar de ser un soldado cuando su historia de vida está homogenizada, casi clonada, por su crianza y entrenamiento al punto de que su nombre es un número, y su identidad se encuentra diluida dentro de un casco que es idéntico al de todo el ejército ¿por qué si a él le sucedió, no le sucede siempre a los storm troopers?. No es que sea una mala idea, es que la contradicción necesita explicación, así se logra que exista Hell Boy, un príncipe del infierno que hace el bien. Igualmente inverosímil resulta el despertar de los poderes Jedi en Rey, que en una escena logra un aprendizaje que a Luke le tomó tres películas, sin explicación alguna, como, Mabeygnac Maza lo ha señalado con más detalle en este mismo blog.

Y en términos de trama, los escritores fueron incapaces de dar consecución al hecho de que la república triunfó. Podrían haber planteado un nuevo escenario político de separatismo, o nuevas problemas en el senado y rutas comerciales, pero en su lugar, simplemente ignoraron la victoria de la rebelión, y plantearon el mismo ambiente político que ya habíamos visto en los episodios IV, V y VI, con el mismo tipo de arma de planetaria, que terminó siendo destruida de la misma manera.

Es así, en medio de un déjà vu de trama, con un Han Solo y una Leia Organa despojados de la evolución que habían tenido en la primera trilogía, con un Luke Skywalker que sin explicación ha sido replanteado como un viejo incapaz de vencerse a sí mismo después de cometer el mismo error de su maestro, a una Rey que sin entrenamiento Jedi puede lograr lo que a Luke le tomó tres películas, y a un storm trooper con conflictos éticos, que creo la película es una secuela malograda. Los escritores no fueron fieles a la trama ni a los personajes, ni supieron plantear la complejidad que expusieron. Y en esa dinámica propusieron al hijo de Han Solo y Leia como antagonista, convirtiendo su rol de héroes al de padres fracasados, ¿de verdad ese es el tono de Star Wars? Y finalmente, se presentó la muerte de Han Solo. En primer lugar, me parece un poco inverosímil que un antagonista que es incapaz de manejar la frustración de que el droide que mandó perseguir escape, pueda enfrentar aquello que es el origen de su resentimiento. Lejos de ser el equivalente del extraordinario giro inesperado que se logró en “El Imperio Contraataca” cuando supimos que Vader era padre de Luke, fue un forzado giro en sentido opuesto que terminó por convertir una mala secuela, en el hito de una obra malograda. En lugar de ver al padre que se redime porque su hijo decide no matarlo, tenemos al hijo que se condena al matar al padre que intenta rescatarlo. Ese momento invierte por completo el significado de Star Wars.

La esperanza de los padres en los hijos se convirtió en desesperanza. Y casi como si fuera una burla, sucedió ante los ojos de incontables seguidores que desde su niñez esperaron este momento y llevaron a sus hijos a ver la película. No estoy juzgando moralmente a una obra artística por transmitir ese tipo de mensajes. Sólo me parece que los escritores retomaron Star Wars con tan poco entendimiento, que el nivel de inverosimilitud impide que realmente podamos considerar “The Force Awakens” como una secuela, o un reboot, o un remake, es sólo un mal ensayo de una obra que requiere volver a ser rehecha.

Lo que nos confunde un poco es que la presencia de Hamil, Ford y Fisher en la película parece avalar la legitimidad de la secuela. Pero al final lo importante es que la historia tenga coherencia interna con el planteamiento de la obra.

Al contemplar una secuela que ignora tanto la conclusión de la historia que le antecede, como la evolución que tuvieron sus personajes, que tiene planteamientos que por ir en contra del relato conocido, resultan inverosímiles, y cuyo mensaje final es opuesto a la obra de Lucas, me pregunto ¿cómo es posible que “The Force Awakens” se considere legítima?. Creo que parte de la respuesta es que Disney invirtió mucho dinero en imitar el trabajo de Lucas. Cada vez que sentimos que la obra se rompe, algo aparece para mantenerla unida, la música de Williams, la presencia de los actores de la primera trilogía, o los paisajes y criaturas. Pero al final, el resultado es un cúmulo de fragmentos que construyen a un imitador opuesto en significado. ¿Por qué algunos no pueden verlo?, ¿es que el mundo está tan lleno de matrimonios fracasados que es fácil de creer que Leia y Han hayan terminado así, de hijos resentidos que desean acabar con la figura de su padre como hizo Kylo Ren, de una profunda necesidad de sentirse especial sin aprender con esfuerzo y disciplina el camino de la rectitud, como hizo Rey?.

Tal vez vivimos en una sociedad más descompuesta, pero aún vale la pena que Star Wars nos siga mostrando lo mejor que pueden ser las cosas, que nos muestre una “nueva esperanza”, pero no la misma. Y si no, aún podemos volver a poner los capítulos IV, V y VI, encontrar un nuevo sentido a las palabras de Yoda e identificarnos en nuevos personajes después estos años que han pasado, y con un poco de suerte, las nuevas generaciones quieran compartir con nosotros esos momentos.

 

LukeObiWanDagobah

En tanto Star Wars como fenómeno de mitología mundial mediática, es un honor presentar los siguientes artículos al respecto del EPISODIO VII del siguiente muy queridos colaborador:

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MABEYGNAC MAZA DUEÑAS Maestro en Filosofía por parte de la Facultad de Filosofía y Letras de la UNAM. Eje de investicagión: Ética griega, Hermenéutica y Filosofía del Hombre. Tiempo completo como Docente Tutor e Investigador para el Instituto de Educación Media Superior del D.F

I

No tiene mucho que leí un artículo en el que se habla del crucial papel de un mentor en el proceso educativo de un estudiante. Como modelo y arquetipo de esa relación, el artículo refería al mentor icónico de la cinematografía: Obi Wan Kenobi. No me resultó en lo absoluto sorprendente la alusión, ni mucho menos me pareció informal la referencia. La cinematografía como todo arte tiene una potencialidad mimética, (representativa), que sintetiza de manera universal un contenido. Bien lo declara Aristóteles en su obra La Poética: “el arte es imitación (representación) arquetípica de una acción”. Obi Wan Kenobi y Luke Skaywalker representan modélicamente el acto constitutivo que transforma a un sujeto. Es decir, G. Lucas refiere a uno de los procesos más fundamentales en la vida ser humano: la educación, y la expone en términos simbólicos en una orden caballería de ciencia ficción.
Dimensionemos por un instante el aspecto educativo. Werner Jaeger en su obra Paideia, explica que a través de la educación es como el ser humano transfiere toda su esencia cultural a las siguientes generaciones, reproduce el ethos (carácter) propio de cada sociedad. Por medio de la educación, el ser humano se autotransforma, por medio de la educación el Hombre puede cambiar los errores de su tiempo, promueve un concepto ideal de si mismo.
Este acto fundamentalmente transformativo en el ser humano es bellamente planteado en Episodio IV, Una nueva Esperanza. El título en sí habla claramente de la importancia que menciono, la nueva esperanza descansa precisamente en la idea fundamental de que un Mentor, pueda guiar con ejemplo y consejo, a un joven que enfrentará un camino de nuevas dificultades, es decir, la esperanza consiste en la formación y preparación de un Caballero Jedi que eventualmente pueda vencer las fuerzas de la oscuridad. El detalle universal no pasa por alto, todos en algún momento de nuestra vidas somos aprendices o maestros. Veamos el proceso educativo en el arquetipo poético del Aprendiz – Maestro Jedi.
Episodio IV relata la iniciación de un aprendiz que inevitablemente es arrojado por la fuerzas del destino fuera de su hogar, para que paulatinamente y con guía de su maestro, abrace nuevas enseñanzas que le permitan sortear exitosamente sus desventuras. El punto es claro, los avatares de la vida pueden sacudir drásticamente la vida como la tenemos concebida, y hace falta un guía que nos ayude primero, a entender qué esta pasando, que nos muestre con ejemplo un conjunto de ideas rectoras que nos permita reconstruir nuestra vida, que nos muestre que es posible poseer un código de principios por los que vale la pena luchar y, más importante, que nos instruya en la adquisición de un criterio que nos ayude a pensar la vida para decidir por nosotros mismos.

Luke pasa entonces de ser un joven campesino con aspiraciones para convertirse en piloto, a un aprendiz de Jedi que se une a la Rebelión. Su horizonte de vida ha sido ampliado considerablemente, no se reduce al ensimismamiento de sus aspiraciones personales, sino abraza para sí, la misión de Caballero de su maestro de ver por los demás, de luchar desde la luz contra la oscuridad. Pero el camino para convertirse en un Jedi es largo. Al final de la película, Luke Skywalker tiene su máximo logro al aprender nada más a confiar en sus instintitos para hacer mejor lo que antes ya hacía, volar un nave y atinar con precisión su disparo para destruir la estrella de la muerte. (Nótese que en esta película sólo es el Maestro Obi Wan Kenobi quien tiene dominio del arte Jedi, en el manejo de la Fuerza o con el Sable de Luz).
Episodio V narra el demandante proceso educativo para convertirse en un Jedi. Con la magistral aparición del Maestro de los Maestros Jedi, la encarnación caballeresca de la sabiduría: Yoda. Indiscutiblemente otro ícono del Mentor cinematrográfico. En esta película se establece los preceptos fundamentales para concebir qué es la Fuerza, o entender qué es verdaderamente un Jedi, así como la exigente autotransformación que se requiere. No olvidemos las palabras del Maestro Yoda: “… el Jedi debe tener el más profundo compromiso, la mente más seria…” Más allá de la telepatía o la telequinesis, cualidades por todos conocidas en los poderes Jedi, la temática de su educación se centra en un punto ético crucial y de sobra conocida desde la Grecia Clásica: vencerse a sí mismo. El aprendiz se ve enfrentado con su propia oscuridad, lo que permite conocer su condición humana de contradicción, de fragilidad.

Es ahí un punto trasformador de la educación: conocer, reconocer cómo dominar nuestra propia naturaleza. Aprendizaje que le permite sobrevivir a su prueba máxima: Darth Vader. En un duelo con pocas acrobacias de sus contrincantes, se cierne en contraste una tensión psicológica. El sable de luz adorna con excelencia la lucha de voluntades, el combate de la Luz contra la Oscuridad. Nuestro protagonista descubre caro sus limitaciones: todavía no es tan fuerte como Darth Vader y, pierde por ello, la mano, en una de las escenas dramáticas más famosas de la cinematrografía, en donde el temible Lord Sith, se revela inesperadamente como su padre. Lo que añade un problema ético compartido por las tragedias griegas como la de Orestes ante su madre. El dilema de Luke es que su deber es matar a su némesis, pero ello implica, al mismo tiempo, cometer parricidio. ¿Qué es lo correcto entonces?
Episodio VI, El Regreso del Jedi. Nuevamente el título refiere con contundencia y claridad sobre la importancia de la autotransformación del Jedi. Luke Skywalker ya no es el joven inexperto de la primera película o el aprendiz desesperado de la segunda. Nuestro personaje ha cambiado por completo, ha evolucionado, es otro. Ahora ha abrazado para si, la formación educativa de sus maestros, ha hecho suyo el código Jedi. Con un carácter templado y circunspecto, despide en ejemplo, el paso a la Fuerza de su Maestro Yoda, situación que lo deja en suma fragilidad. Con serenidad decide también enfrentar su destino y llevar a cabo el propósito para el que fue entrenado: vencer la fuerzas de la oscuridad desde las prácticas de la Luz.

El último Jedi se enfrenta a los Sith. En una tensión dramática magistral, el combate Luke versus Vader se desarrolla como su película antecesora, sin una gran coreografía de esgrima (o por lo menos para lo que estamos acostumbrados) y se concentra nuevamente en la temática de la lucha de voluntades, en el del desarrollo del combate de la luz contra la oscuridad. Los sables de luz brillan en la oscuridad para acompañar artísticamente la tensión encontrada entre padre e hijo. Resultado inesperado. Luke vence a Darth Vader en voluntades, pero eso no le alcanza para vencer a su otro alevoso enemigo, Darth Sidius o el Emperador.

Pero más que las habilidades físicas del Jedi, es su capacidad de autodominio, como su bondad, lo que le otorga la indirecta victoria. Luke vence a su padre pero no lo mata. Se percata de su frágil condición al cortarle la mano como Vader lo hizo con él en la película anterior. Decide en ese momento humano, crucial, en la toma de conciencia de su fragilidad y contradicción, dominar sus pasiones y perdonarle la vida a su padre. Su asidua instrucción cobra por fin frutos. Ese acto de autodominio permite que Vader perciba la bondad de su hijo y se atreva hacer lo que en cinco películas anteriores no pudo: enfrentar y vencer al Emperador.

El balance de la Fuerza en el Retorno del Jedi, no se basó solamente en las habilidades físicas, sino en una destreza mental en forma de una conciencia moral, lo que permitió la contundencia de las verdaderas habilidades del Jedi: su posibilidad de autodominio, su capacidad de autotransformación. Sólo hasta este pasaje, Luke Skywalker es enteramente un Jedi. Recordemos cómo Yoda, antes de unirse a la fuerza, le dice a Luke que será el último Jedi una vez que él haya muerto, éste contesta: “entonces ya soy un Jedi”. “Todavía no”- le responde Yoda en los estertores de su larga vida- “debes confrontar a Vader, allí, y sólo allí un Jedi serás”. Hace falta para ser Jedi, para vencerse a uno mismo, enfrentar aquello a lo que más tememos.

El problema se hace mayor, la pura confrontación con Vader no resuelve nada, es más, es parte del problema: ¿Cómo vencer a los Sith sin odio? ¿Cómo luchar sin perderte en la violencia, en el resentimiento, en la pérdida completa de tu conciencia, de tu humanidad? O en términos aristotélicos: ¿Cómo evitar el error trágico (hybris)? ¿Cómo evitar la catástrofe?.
“Nunca, nunca me uniré a lado oscuro. Falló alteza, soy un Jedi, como mi padre antes que yo”. Con ese diálogo, en este escena, al final de la película, al final de la saga, es por fin cuando Luke Skywalker se convierte verdaderamente en un Jedi. Nuestro protagonista ha logrado luchar con rectitud, ha podido distinguir y conocer los límites de su propia contradicción. Y en ese punto de conciencia, la voluntad le ha sido suficiente para dominarse a si mismo.

El código Jedi que ha seguido durante tres películas se concreta en una decisión que cambia y define por completo su destino, y el de la galaxia también. El vencimiento de su propia oscuridad para elegir el camino de la Fuerza, de la compasión, de la Luz, le ha mostrado al padre el desafío donde el fracasó, le recuerda con nostalgia lo que una vez fue, y le muestra con claridad, lo que pudo haber sido. En eucatástrofe (término tolkiano contrario de catástrofe) Vader se regresa a la instrucción que le trajo tantos logros, y abandona por fin una camino de dolor que lo llevó a someterse a otra voluntad y, olvidar por ello, lo que fue una vez.
Tres películas, una saga, una vínculo Aprendiz-Maestro, un protagonista que completa su destino, son los elementos universales que G. Lucas mimetiza, representa en su arquetipo de caballero de ciencia ficción. La historia de los Jedi, es una historia de Mentor-Estudiante, es un relato sobre la función transformadora de la educación, es una narración simbólica que sostiene que la educación nos prepara para la vida, para sus inesperadas dificultades, y que en el vencimiento de uno mismo, podemos alcanzar nuestro destino, podemos convertirnos todos, en esencia, en Jedi.

II

Episodio VII, El despertar de la Fuerza. El título en sí causa desconcierto. ¿Acaso la “Fuerza no fue despertada” claramente en Episodio IV con Luke Skywalker?. La orden Jedi estaba extinta y pasaron veinte años en los que Obi Wan Kenobi vigiló “el despertar de la Fuerza” al ver por el bien de Luke, es decir, la “nueva esperanza” es encontrar un Jedi que devuelva a la Orden a su dignidad. De manera que si episodio VI termina con la victoria de uno de los más poderosos Jedi en la historia milenaria de la Orden, por qué no hablar más bien de que “el despertar de la Fuerza”, sea la nueva constitución de la cofradía Jedi. Más aún, hay otra Skywalker que también puede ser Jedi y que es una princesa con un poder político crucial: Leia.

Es decir, qué mejor escenario para el resurgimiento de los Jedi, que tras salvar a la Republica, los famosos héroes cuentan con todos los recursos humanos, políticos, económicos y sociales para su restablecimiento. Después de treinta años de ese probable apoyo ¿cómo se explica de manera justificada que no haya una nueva orden Jedi?.
Se argumenta que Luke se autoexilia porque el entrenamiento Jedi con el sobrino no resulto como pensaba. Y cabe preguntar: ¿dónde queda todo el aprendizaje educativo que se exploró en las tres películas anteriores?. Precisamente el planteamiento principal de la trilogía predecesora, es que a partir de la educación, podemos cambiar nuestra conducta, nuestro destino, nos podemos hacer mejores personas. ¿Por qué entonces los grandes paladines de la República, que con amor y virtud forjaron su amistad, y lograron vencer contra todo pronóstico las adversidades acaecidas, fallan de manera tan injustificada en la sencilla educación de Kylo Ren? Han Solo y Leia fallando sin más como padres, ¡los dos!.

Y Luke, uno de los más grandes Jedi, fallando como Maestro. El error trágico o hybrys, (en términos aristotélicos) de Obi Wan, fue precisamente el tratar de hacer algo que no estaba en su capacidad. ¿Por qué Luke, con la gran enseñanza de sus Maestros, que le permitió vencer a la oscuridad, no pudo educar bien a su sobrino? Cualquier profesor o padre de familia puede distinguir claramente la importancia de la educación. “Educa a los niños y no tendrás que castigar a los hombres” sostuvo Pitágoras.
Considero que es simple y sencillamente inconcebible, pensar la saga de Star Wars sin Jedi, si bien la historia no se reduce a ello, si es claramente evidente que estos peculiares caballeros son el hilo conductor de la historia. Por tanto, no sólo sorprende que este vínculo Aprendiz-Maestro, que tanto he exaltado, no se encuentre en Episodio VII, el despertar de la Fuerza, (y que también se trabaja en los episodios I, II y III,) sino que de manera ampliamente desconcertante, es la primera película de toda la saga, donde ni siquiera aparece un Jedi. Hay que decirlo, Rey no es un Jedi, no ha recibido una educación o preparación para ello.

Si bien la apariencia Skywalker (por si luego se descubra que es hija de Luke, Leia o nacida de la Fuerza como Anakin) es agradable, y la protagonista femenina se agradece, no ha recibido el personaje en lo absoluto un entrenamiento Jedi. De la misma manera en la que una persona no se hace atleta olímpica por solo vestir ropa deportiva o empezar salir a correr treinta minutos en las mañanas, de igual forma un Jedi no puede ser aquél que no ha sido ampliamente educado para esas enseñanzas. Contémplese que es hasta la segunda película, tras todo un entrenamiento con Obi Wan Kenobi, que Luke, torpemente puede atraer la espada hacia sí para salvarse de una bestia de las nieves. Y será tras el arduo entrenamiento con Yoda que puede usar la telequinesis con relativa facilidad, y eso, hasta al final de la película.

Rey lo hace en el primer intento, sin vacilar, sin entrenamiento, es más, sin quererlo de manera consciente, sin siquiera saber que puede hacerlo. Fue hasta la tercera película, que veremos por fin a Luke usar todas sus habilidades Jedi, una de ellas es el control mental. Rey, sin motivo alguno, y de súbito, “sabe”, de la nada, que puede dominar mentes. Y mientras que a Luke le costó tres películas obtener esa habilidad mental, Rey lo logra en una sola escena. Dicho personaje femenino tiene un desarrollo sumamente infortunado. Parece más bien una mutante de Marvel que ante una situación de estrés, descubre sus “poderes mutantes de la Fuerza”. (Y que además resulta ser de manera excesiva, y de la nada, mejor piloto que Han Solo en su propia nave con el Halcón Milenario).
El sable de Luz, arma de Caballeros, para “tiempos más civilizados”, es la insignia por excelencia Jedi. La carismática elegancia de su hoja (que corta casi todo), plantea en si mismo, el fino y exigente dominio de una persona entrenada, de una mente sumamente disciplinada, instruida en equilibrar la fuerza y habilidad de cada movimiento. Con armas menos letales como los cuchillos, gente inexperta en su uso tiene accidentes, cuánto más una larga hoja que corta todo y que usas por primera vez. El arma Jedi, en sí misma, en su dificultad para maniobrarla, refiere a la excelencia de su entrenamiento. Luke la maneja como espada, más que como herramienta, hasta el final de la segunda película, insisto, tras dos películas de entrenamiento. Rey, desarrolla una vez más sus “poderes mutantes de la fuerza”. Sin previo entrenamiento, sin experiencia, sin siquiera tener tiempo pues, para saber dónde puede apretar el botón para encender la espada, se revela en la primera película, como una esgrimista experta, que no sólo no sufre accidentes para maniobrarla, sino que incluso puede vencer a un personaje que se supone tiene un entrenamiento Jedi.

Tal descuido, deja implícitamente descartada la metáfora del dominio de la arma Jedi como reflejo de poseer una disciplina impecable, del dominio de uno mismo. Se descarta además el duelo simbólico del sable de luz como un combate de voluntades, como una arma para la lucha del bien contra el mal, o mínimo, como una carismática arma que acompañe una tensión de una escena psicológica o dramática. Y en cambio, se vuelve un combate simplón entre un adolescente resentido (“Darth berrinches”, le llaman en una crítica) contra una chica con “poderes mutantes de la Fuerza”. (Por no decir que es sumamente pobre la coreografía de esgrima en la que no se ven más de cinco minutos de sables de luz en toda la película. ¿No más de cinco minutos de sables de Luz? ¿En Star Wars?)
Alguien puede argumentar que es una película y que por eso “todo vale” o que así son algunas de ellas y punto. Para tal opinión considero evocar a Aristóteles que sostiene un principio poético: preferible lo fantástico verosímil, que lo real sin verosimilitud. Es decir, es preferible hablar de monstruos míticos, que no existan, pero que en su propio planteamiento, sus acciones y habilidades tengan coherencia, no pueden hacer más de lo que son. Ejemplo, el Pegaso de los mitos griegos vuela, eso es fantasioso, pero no por ser fantasioso, se puede decir que puede hacer cualquier cosa, como decir que además de que vuela, pueda volar a la velocidad de la luz. Y, por otro lado, de nada nos sirve hablar de algo real, concreto, si sus acciones o habilidades no son verosímiles.

Es decir, no es verosímil decir que un personaje que no hace ejercicio y que en una semana de entrenamiento, se convierta en un atleta olímpico. Por tanto, el hecho de que Star Wars sea ciencia ficción, no implica que por ser un mundo imaginario, se pueda proponer cualquier cosa, debe haber verosimilitud, si se ha dicho que un Jedi requirió un arduo entrenamiento a lo largo de tres películas para lograr telequinesis y control mental, como Luke ¿cómo es posible que Rey lo realice en un escena, sin previo entrenamiento, sin vínculo transformador Maestro-Aprendiz, y en la completa ignorancia de lo que puede ser un Jedi?.
Rey es simplemente, un triste producto de una mercadotecnia cinematográfica que desconoció por completo el valor filosófico artístico de la obra. Mucho se escribe en este momento al respecto. Rey como personaje fílmico ignora que es un Jedi porque Abrams ignora o decide ignorar por intereses mercadotécnicos, el valor de la fuerza cultural de la propuesta artística-filosófica de los Jedi. Si simplemente fuera una película mediocre más de ciencia ficción, no habría en lo absoluto necesidad de comentario alguno, más allá de la reseña de un periódico. Pero nos encontramos ante un fenómeno cinematográfico que rebasa la simple fama de ser un conjunto de películas que generan millones de dólares.
Episodio VII, es una película que no cuenta en lo absoluto con los elementos artísticos-dramáticos-filosóficos de sus predecesoras. Y que lejos de eso, ignora los elementos universales que hicieron tan exitosa las tres primeras películas que se filmaron. Si se considera que el vínculo Mentor-Estudiante ya está tratado en las películas anteriores, entonces el reto es plantear ese tema (que como he sostenido es crucial en la temática esencial de Stars Wars) desde otra perspectiva, por ejemplo, presentar con la nueva generación, el debate de si los Jedi pueden contraer matrimonio o no, y lo los desafíos que eso presenta.
Episodio VII, tenía ante sí posibilidades de exploración Jedi sencillas e importantes. Salvo en series animadas de televisión, nunca se ha visto en una película cómo un Jedi construye su sable de luz, o cómo es una ceremonia para otorgarle a un Padwan el rango de caballero, o incluso explorar el origen de los Jedi, -en orden de reconstruirla-. ¿No hubiese sido atractivo ver cómo un Padwan construyese, en un momento decisivo de la película, su sable de luz? ¿No hubiese sido dramáticamente importante que el final de la película terminara con la ceremonia de un Padwan alzándose al rango de Caballero, donde Luke Skywalker empiece gradualmente a pasar la estafeta? Y ver entonces lo que todos sabíamos y nadie vio y, por ello, presentar la fuerza dramática, poética, filosófica y artística de esos posibles temas.
Dicho de otro modo, J.J. Abrams tenía el desafío de continuar con las temáticas que durante seis películas se expusieron. La clave de dicha continuidad, considero, descansa primero, en preservar el espíritu de la propuesta, la esencia y las prácticas Jedi. Y segundo, que la nueva continuidad aporte algo distinto y que complete al mismo tiempo lo expuesto en sus predecesoras.

No solamente no retoma ninguna continuidad, sino como varios han comentados en diversos textos, elabora un pésimo reboot, tomando en desorden y sin coherencia los elementos de la saga anterior, para repetirlos de manera precipitada y gratuita; como la chica sola en el desierto que sale a la aventura, un ejército que la expulsa de su cotidianidad, la necesidad de que un joven se convierta en Jedi, la mala instrucción de un maestro, la tensión de relación de padre e hijo. Dichos elementos no solo ya se trataron, sino que se logró de forma magistral, con un alcance incluso universal, y no presentado de manera apresurada y repetitiva.
Peor aún, que el Maestro Jedi que aprendió a dominar la Fuerza contra todo obstáculo, y que su instrucción lo llevó a vencer a los agentes de la obscuridad en el personaje de Luke Skywalker, ahora abandone a su suerte a la galaxia que en primera instancia salvó, (tras tres películas de esfuerzo para lograrlo), no sólo resulta inverosímil, sino que es una traición al espíritu de la saga que forjó al personaje en primer lugar. No sólo no se presenta la continuidad de la trama Jedi, sino que por encima de eso, ni siquiera aparecen. Y el desarrollo ya tratado del aprendiz que busca crecer, no se desenvuelve al modo Jedi, sino como se ha mencionado, se trata como el inicio de un “superhéore” que empieza a descubrir sus “poderes mutantes de la Fuerza” bajo situación de estrés y no por instrucción, traicionando también, los planteamientos originales de la obra fílmica antecesora.
Inclusive los Sith, grandes maestros del manejo del odio y de la violencia, saben que deben ser templados y tener control sobre sí mismos, el propio Palpatine lo confiesa a Anakin Skywalker en episodio III: “los Siths y los Jedi son similares casi en todos los aspectos”. Semejante a la comparación en la tradición filosófica de la Grecia Antigua en los relatos platónicos, lo que diferencia a un filósofo de un sofista (ambos modelos de instrucción), es que el primero busca la verdad para la práctica de la virtud, mientras que el segundo, sólo busca su propio beneficio. De igual forma, el Jedi como el Sith, requieren de sumo entrenamiento, de la más exigente instrucción, del control de las emociones.

Uno para hacer el bien, el otro para lograr sus propios fines. Los cuatro Sith que se vieron durante seis películas; Darh Sidius o el Emperador, Darth Moul, el Conde Dooku o Darth Vader, son personajes temibles por la disciplina de su instrucción, como por el control de sí para aprovechar la mejor circunstancias a su favor. Kylo Ren muestra los rasgos de un adolescente resentido (¿de qué? no se sabe. Lo paradójico para su inclinación al mal es que sus padres y su maestro salvaron la galaxia) con un carácter pusilánime que le impide manejar con serenidad las frustraciones, expectativa elemental que se aprecie de cualquier persona que esta en una temprana edad adulta. ¿Realmente nos podemos imaginar a Darth Siduios o Darth Vader haciendo uso de su temible sable de luz para hacer una “rabieta”? Además, resulta extraño que el hijo de Han Solo aspire a ser, no como sus heroicos padres, sino como el abuelo que nunca conoció y que al final de la historia, logró derrotar al emperador y, con ello, por fin lograr equilibrar la Fuerza. Obsérvese también, que la calidad de la rivalidad en las películas anteriores hacen los duelos interesantes. El Emperador lucha contra cuatro Jedi y Yoda, Darth Maul pelea contra dos Jedi al mismo tiempo, Conde Dooku contra Obi Wan, Luke y también a Yoda, y de sobra sabemos las hazañas de Darth Vader. En cambio, Kylo Ren es tan, pero tan malvado, que pelea con esfuerzos con una joven no entrenada y que por encima de todo lo vence.

III

Por todo lo anterior, considero que Episodio VII, El despertar de la Fuerza, es una película apócrifa de la Saga de Star Wars. Sea en la ignorancia de la temática principal de los Jedi que tanto he resaltado, o en la falta del desarrollo dramático de los personajes, o en el repetitivo contexto de su trama o por la carencia de continuidad que debía explorar, la película ignora y tergiversa los elementos cruciales, poéticos, filosóficos que vivimos durante décadas.

No aporta elementos artísticos, cinematográficos, poéticos o filosóficos que contribuyan a la mitología de Star Wars. Su falta de originalidad, de autenticidad, ante una obra que propuso paradigmas a lo largo de los años, resulta no solamente pobre, sino que incluso es casi ofensivo. Qué visionario fue J. R. R. Tolkien, cuando advirtió al decir, y parafraseo: “Por favor que Disney no haga la versión en película de El Señor de los Anillos”. No sólo no vemos la muy esperada continuación de la mitología de Star Wars, sino que J. J. Abrams logra banalizar los aspectos simbólicos-artísticos de la obra en un producto que representa los aspectos pueriles de la mercadotecnia cinematográfica. Ahora me doy una idea de lo que Cervantes debió haber sentido cuando se publicó el libro Apócrifo del Quijote de Avellaneda. ¿Qué hizo Cervantes? Sencillo, hizo la segunda obra de El Quijote de la Mancha para completar su obra magistral.

Finalmente, la saga Stars Wars en las primeras seis películas (especialmente Episodios IV, V, y VI) es una expresión cinematográfica que alcanza el nivel de un fenómeno cultural extraordinario a nivel mundial. La mitología Star Wars es una creación artística con una valor universal, que propuso en el pleno entretenimiento de las salas cinematográficas, paradigmas que han permitido enlazar a generaciones. Los primeros que vieron las películas que tuvieron la visión del hijo, del aprendiz, hoy son padres o maestros que disfrutan del entretenimiento de las películas con sus hijos o alumnos, y lo disfruten por igual, de ahí que uno de los factores que hace que se considere a Star Wars como una película clásica.

Y lo clásico, como bien pensó H. G. Gadamer, “es un presente intemporal que tiene simultaneidad con cualquier presente (..) dice algo a cada presente como si se lo dijera a él particularmente”. La Saga Star Wars tiene precisamente ese alcance generacional, mundial, clásico, en el que espectadores de distintas edades y diversas latitudes a lo largo de sus casi cuarenta años, han gozado de ver los carismáticos sables de luz, o sus extravagantes razas alienígenas, o las acrobacias de las naves espaciales. La obra de G. Lucas, logra un resultado fílmico que además de ser entretenido, aporta un mensaje con actualidad. Por ello se disfruta plenamente la originalidad de una Orden Caballería espacial que nos recuerda lo mejor que hay en cada uno de nosotros, y que a través de algo sencillo y cotidiano como es la instrucción de la relación Estudiante-Mentor, se representa metafóricamente la preparación de un individuo para enfrentar los grandes retos de la vida: el vencimiento de uno mismo, la adquisición de la excelencia de nuestras capacidades, así como la victoria de la luz sobre la oscuridad. Star Wars es, pues, una obra cinematográfica magistral, una agradable representación poética que divierte y que propone además, cómo una educación humanista, puede cambiar el mundo para bien.

Es cuanto.

 

 

 

 

 


Hubiera preferido jamás haberla visto.

Para mí, lo mejor de la película fue la comitiva maravillosa que me llevó a verla en una noche hermosa de sutiles y sencillas aventuritas de sentir.

Sí, por supuesto que amé a BB8 a los 3 minutos y me lo quería llevar a casa. ¿Y cómo no, si es como un perrito, si es como Wall-E? Y sí que Rey y Finn están bien construidos y son entrañables. ¿Y cómo no, siendo tan marginales y desposeídos?

Y no hay duda de que la dirección es impecable, de que la cinematografía (su fotografía, pues) está al punto… PERO, si iban a destruir los postulados del final de El Retorno del Jedi, si se iba a desechar la trama de la mitología moderna más extendida en el mundo, debía ser para hacer una obra maestra. Kieslowsky espacial. No menos de 2001. Blade Runner. La Ciudad de los Niños Perdidos.

Pero no estamos hablando de arte, por supuesto. Estamos hablando de un Reboot. De hacer como que no pasó el final de la historia y volver a hacer otra vez, desde el principio, las películas del Hombre Araña. Ahí les va un nuevo Batman. Como he escuchado por aquí: “Lo peor de Star Wars era George Lucas”. Así que mejor nos quedamos con la idea y le quitamos lo ingenuo, acartonado, mal dirigido de las películas anteriores y decidimos transformarlo en Game of Thrones…. o, en realidad, en una telenovela que nunca acaba, para tener los dividendos de la franquicia más popular de la historia, para hacer una película de Star Wars cada año hasta que la vaca cósmica se pueda exprimir. Como Marvel… pero sin el respeto y la congruencia narrativa de Marvel (ya me decía mi corazón que mejor esperara con tanta ilusión Civil War).

Congruencia y respeto narrativo. Eso, porque si se quería hacer un Reboot, mejor de verdad haber hecho un casting de un nuevo Luke, Han, Leia y con el traje insuperable de Vader; y quizá así lo hubiera respetado más y disfrutado mucho mejor.

Porque lo que no es, sin lugar a dudas, es una continuación. Al final del Retorno del Jedi, el imperio se ha colapsado y la República galáctica, por tanto, se restaurará. Ese es el final. Lo amamos aquellos a quienes nos gustan las eucatástrofes (término para finales felices acuñado por Tolkien, por decir lo menos); se aguantan aquellos a los que les fascina el tremendismo. Ese es el final.

PERO la película inicia con una Rebelión, como si no hubiera caído nunca el imperio. No tendría por qué haber ya ninguna “rebelión” y ninguna “alianza”; porque no hay adversario alguno. Se ha legitimado la resistencia en la restitución del antiguo orden democrático de la República. No obstante, para hacer la historia “interesante”, a la rebelión se la encierra en la adolescencia; como en un capítulo de los Simpson, empieza la trama con la tensión dramática del episodio IV: A que la rebelión es débil y los fascistas bien chingones y poderosos, para darle emoción. Situándola pues, tal cual, en la situación dramática de regreso, ya no en el episodio VI, sino en el IV, para reiniciar “ahora sí, chin-chin, sin cursilerías, ni boberías” como SI DEBE ser derrotado el lado oscuro ooootra vez. Pero esta vez sin Lucas. (¡Cómo añoro y revaloro la grandeza de George Lucas ahora, en contraste, incluídos los episodios1-3!)

De tal guisa, el imperio, contra la rebelión: uuuy, qué malos; mientras la restauración de la república se ha negado en el final que le correspondía. Esta Nueva Orden ha crecido, al parecer, mientras Luke, Han y Leia han dejado de lado la convicción de lucha de las películas anteriores (junto a Niem Nub, Akbar, Wicket y mi buen Arturito), quizá tan sólo jugando ajedrez en el Halcón milenario, sin ver, ni oír, ni hablar, para, muy a modo, entronarse la Nueva Orden con supuestas “cenizas” con MUCHO MÁS PODER del que le costó a Palpatine, paso a paso, película a película desde el episodio I al VI, ascender en potencia para consolidar el imperio y pisotear la República.

Y no sólo son más poderosos, con una Estrella de la Muerte más grande, sino que el universo narrativo de Coruscant, Naboo, Bam, en una sola escena, vámonos. Lo que no pudo Palpatine en 6 películas, en una sola secuencia… Finito. ¿Para qué? Para que se sienta la precariedad de la rebelión, lo avasallante de los adversarios… tal como al principio del episodio IV. Porque cada película en Hollywood hay que salvar al mundo de una amenaza más grande, más poderosa, más absurda e inflar al marinerito es mucho más barato que apostar al guión.

Ejem. ¿Lo avasallante de los adversarios? Darth Vader es una de las imágenes de la cultura popular más poderosas de nuestro tiempo. Más universal que Obama. Más mítica que Matrix, incluso. Es la quinta esencia de la figura del mal, mucho más que cualquier representación de Satán aunque, paradójicamente, no sólo no es tan malo, sino que su redención salva la galaxia entera. Quizá esto lo hace más temible incluso para todos los bandos.

Bueno, todos vimos cómo Darth Vader era un huérfano triste que pierde a su madre, que pierde a su esposa en una malísima combinación de furia, arrogancia y poca inteligencia. Es el ícono de la caída y redención de la humanidad. Tal como Túrin Turambar -relato que le pareció crucial a Tolkien y al que le dedicó muchos años y versiones, claro que Túrin no era tan bobo como el buen Ani… ¿Se habría llamado en verdad “Anivdelarev”?-. No sólo nos explicamos su maldad, sino que deseamos y desesperamos porque alcance la redención. Él. Todos nosotros. Esta empatía en el relato, capaz de conmover a millones durante años y años, es, damas y caballeros, el poder del mito. Star Wars, tal como deciamos, constituído como el mito moderno más poderoso que el de los superhéroes; más extendido, sí, que Tierra Media en el planeta -imagínense lo que me costó decir eso… Que no dije que me gustara más, sino que es mundialmente más extendido y conocido-.

¿Y Kylo Ren? Un niño mimado y malcriado. ¿Las razones de su maldad? La superficialidad de nuestros tiempos de redes sociales donde el resentimiento puede sublimarse y transformase en ser “Cool” si eres troll. ¿Que era nieto de Vader? Cuidado con irnos por allá, porque si pasamos al asunto de la maldad genética, no habrá quien no diga que cierta etnia o grupo social puede estar determinado por la genética en su comportamiento, y ahora sí ya vieron cómo nos vamos todos al infierno una vez más.

Pero supongamos que la respuesta es que es un psicópata. Sin importar quiénes fueron sus padres, es una persona cuya química cerebral no puede modificarse y tenemos un caso de “Tenemos que hablar de Kevin”. Aaaah, entonces, ¿no hubiera sido mucho más interesante explorar su sensación de inferioridad ante la figura de Vader y la tentación de “The light side of the Force”? Ambas posibilidades se plantearon en la película, pero ¿cuál es, en cambio, la solución dramática?

El asesinato de Han Solo.

Y no digo la muerte, sino el asesinato. Un mero sacrificio mediático. Para redondear la adolescencia forzada de la Rebelión, la absurda y anticlimática desaparición de Coruscant y la República, el ridículamente inflado Nuevo Imperio.

Para causar tan sólo, más allá de la verdad narrativa, golpe de efecto matando “al héroe que no creías que podíamos matar” para, de aquí en adelante, sin que se resuelva nunca nada, hacer, como decíamos, películas al infinito. Capítulos al infinito. Game of Thrones se ha apoderado de la galaxia muy, muy lejana.

Y así, no muere Han Solo como William Wallace, como Bruce Willis en “Doce monos”, como Boromir. No muere porque todas las entrañas del universo narrativo nos dicen que el único final posible es que Daniel Day Lewis le dispare a Duncan Heyward en el “último de los mohicanos para liberarlo”. No muere ni siquiera en la construcción aterradora y patética de las víctimas de “Das Experiment”.

No, tan sólo Han Solo, el mito amado del héroe y figura cambiante, es sacrificado para causar efecto.

Se asesina el mito moderno de Star Wars, para que, muerto el rey, viva el nuevo rey de la secuela infinita, colgados de la esperanza de que “Ahora sí, chin-chin” estos SÍ son los héros que esta vez SÍ le van a traer el orden a la galaxia.

Y no con ewoks-hobbits festejando en nostalgia y melancolía, mirando los espectros de los maestros caídos e idos, al fin del imperio y el inicio de la esperanza, de la República.

Preferiría no haberla visto jamás.

Al menos ya vendrá Civil War, y si resulta un chasco, siempre puedo contar con que alguien me relate una nueva versión para juego de rol.

Al menos, mi padre, que amaba Star Wars, no tuvo que verlo.

Al menos, el 17 de diciembre que se estrenó, se cumplían también 78 años de que Tolkien escribió la primeria línea del Señor de los Anillos.

Devastado mi corazón de Ewok, me retiro de nuevo a Beleriand y Vellory, donde pertenezco. Ahí nos daremos un abrazo cuando pasen por las encrucijadas del bosque.